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sábado, 2 de marzo de 2019

PADRES EXAGERADOS

En repetidas ocasiones he tenido la oportunidad de escuchar la frase: ¡mamá (a veces papá), eres una exagerada!

Los hijos, sobre todo cuando aún son adolescentes, juzgan que los papás son  exagerados por  estar al pendiente de su situación de salud, alimentación, vestimenta, higiene personal, vida social e incluso adicciones entre otras circunstancias que condicionen este vehemente reclamo.

¿Por qué es común y frecuente  tan severa apreciación?

Los adultos sabemos que se necesita acumular experiencias para aprender a tener precaución, y como padres podemos percibir la vulnerabilidad de nuestros hijos ante el peligro. Cuando el ser humano es de temprana edad, descubre, aprende, juega y experimenta. Este desarrollo le permite identificar que el agua caliente quema y que si tira humo es porque  precisamente está caliente, que los objetos puntiagudos causan dolorosas punzadas, que el correr con los ojos cerrados tendrá como consecuencia  una caída y muchas vivencias que por experiencia propia que  se vuelven aprendizaje.

Sin embargo, cuando uno ya lleva algunos años recorridos en la vida, aprende a conocer las situaciones de riesgo y  prevenir los daños derivados de éstas. Es por ello que los padres,  en un afán de protección hacia los hijos, insisten  en evitar que realicen temerosos actos que vayan en perjuicio de su salud o su integridad física.

En muchas ocasiones, los adolescentes y jóvenes se impacientan ante las recomendaciones de los adultos, al grado de  librar verdaderas batallas campales que causan  distanciamiento en la relación, situación que los chicos expresan como hartazgo. Tal pareciera que la insistencia de los padres tiene el motivo principal de arruinarles la vida, coartar su derecho a opinar o restringir su libertad, pero esto no es así, lo cual asimilan solamente conforme los niños y adolescentes van creciendo, pues es cuando logran entender el trasfondo de la actitud de sus padres.

Pero la realidad de estas exageraciones de los papás, están relacionadas con el amor que se siente hacia los hijos. Es mucho más fácil que un papá diga: Ya te dije, es tu problema el que no me hagas caso. En cambio, la mamás, son más insistentes en aconsejar, pues existe un vínculo de amor más estrecho y no es para menos: 9 meses de embarazo que corresponden a 280 días dentro del cuerpo de mamá, sentir sus primero movimientos, soportar los malestares propios del embarazo y el dolor del parto, amamantarlos y estar pendientes en todo momento de que están bien los primeros meses de vida son las condiciones perfectas para que el amor de una madre sea indisoluble, que pueda persistir a pesar de todos los sin sabores y malos momentos que se puedan vivir en la relación con los hijos.

Sin embargo, el ser impositivos e imperativos son conductas que  no ayudan a que estas exageraciones den fruto de forma inmediata en la conducta de los hijos. El dialogo amoroso, explicar el  porqué de estas recomendaciones, retroalimentar cuando se producen las situaciones advertidas por no escuchar consejo, el estar pendientes cuando no hacen caso, son la mejor manera de conseguir que los hijos entiendan y atiendan las recomendaciones de los padres.

Aunque también existe el otro lado de la moneda, cuando hay padres que caen una sobreprotección extrema de los hijos y no les permiten el aprendizaje por experiencia. La sobreprotección es la mejor forma de volver a los hijos inseguros y en algunas ocasiones, disculpando el término, adultos mediocres, sin aspiraciones. 

Un ejemplo que habitualmente manejo en mi práctica profesional es el de los pájaros en la jaula, en el cual explico que las aves que se encuentran enjauladas, se les da de comer todos los días y se les protege de los depredadores al estar encerrados, sin embargo, también se le limita la capacidad de la autosuficiencia para buscar su alimento o defenderse. Por eso, cuando un pájaro escapa de la jaula, probablemente muera de hambre por no poder conseguir su alimento o ser presa fácil del depredador. 

En mi trabajo me encuentro con papás que viven preocupados por las enfermedades de sus hijos, preocupación que raya en lo patológico, como el estar llamando o acudiendo al médico ante la menor circunstancia de salud de los niños fuera de lo habitual, o el estar desesperados porque los medicamentos administrados no surten efecto en los niños a la velocidad del rayo, midiendo a cada minuto la temperatura o medicando a los niños a dosis y horarios diferentes a los prescritos en las recetas. Cierto es que hay enfermedades en las cuales se debe mantener una vigilancia estrecha de la evolución, pero esto deber ser sin caer en  paranoia, conducta que puede estar propiciada por una información inadecuada, escueta o incluso inexistente del médico tratante con respecto a la evolución de la enfermedad tratada.  Es por eso la importancia de acudir con el médico que te ha demostrado capacidad resolutiva, con el que se tiene buena relación médico-paciente y disponibilidad.

Decía mi padre: Ya verás cuando tengas tus propios hijos y me darás la razón de lo que te digo, ¿saben? Papá ten?a mucha razón. Y no dudo que en algún momento de nuestras vidas, cuando ejercemos el rol de padres, nos damos cuenta de que lo que nos decían era cierto y lamentamos esos reproches y malas contestaciones. Y como un ciclo sin fin, ahora nosotros damos esos consejos  que muchas veces condicionan angustia y desesperación al no ser escuchados y o atendidos por los hijos.

Pero no decaigas en tu esfuerzo de cuidar a tus hijos, sigue siendo un padre exagerado, pues tu exageración les hará saber el día de mañana, cuanto los amas.



Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Marzo del 2019







jueves, 1 de marzo de 2018

¿PAREJAS FELICES?

¿Cuál es la fórmula que las parejas deben poner en práctica para tener una relación conyugal duradera y feliz? Es una pregunta muy interesante que un paciente me planteó durante el desarrollo de una consulta.

El paciente, con gesto de angustia, me refirió que cuando decidió unirse a su esposa, inicialmente lo hicieron en unión libre a una edad muy joven. Al principio todo era maravilloso a pesar de que no existía una solvencia económica. La precariedad era algo de todos los días, sin embargo, vivían una vida llena de ilusiones. Con el paso de los meses, su mujer resultó embarazada, situación que no se esperaban pues no habían planeado tener hijos, pero tampoco habían llevado algún método de planificación familiar.

Al estar embarazada su pareja, deciden casarse por el registro civil y de forma religiosa a fin de que ella pudiese disfrutar de los beneficios de la seguridad social que él como trabajador tenía. 

El embarazo de su esposa fue de alto riesgo, con complicaciones que ameritaron que tuviera reposo y en consecuencia se le prohibiera tener relaciones sexuales. En este tiempo del embarazo, ellos vivían solos en esta ciudad, lejos de sus familias de origen.

Refiere mi paciente, que se experimentaba angustiado y agobiado ante los problemas económicos que se acrecentaban, además de que su relación de esposos se había vuelto distante ya que la esposa lo rechazaba físicamente al estar sumamente aprehensiva por su condición de salud.

Finalmente nació una hermosa niña que vino a llenar de alegría sus vidas, pero también a incrementar la carga económica al aumentar los gastos en casa, por lo que él tuvo que buscar un segundo trabajo que lo mantenía fuera de su hogar durante el día. Al término de su jornada llegaba demasiado cansado y además a recibir las quejas de su esposa por los apuros económicos. También se presentó una situación que vino a agravar su ya deteriorada relación de pareja: La esposa continuaba rechazándolo en la intimidad, argumentaba estar cansada y adolorida por cuidar y amamantar a su bebé. Cuando él la convencía de tener relaciones sexuales, de forma automática, la bebé empezaba a llorar ocasionando que la esposa abandonara de inmediato el tálamo nupcial para acudir a cuidar a su hija, dejando perplejo y mal humorado al esposo. Sin embargo, él recapacitaba en que la hija era de ambos y pues que tenía que hacer un esfuerzo y sacrificio, así como entender a su esposa, por lo que callaba su molestia e intentaba descansar, situación que era un tanto difícil pues la nena sufría cólicos del recién nacido que le causaban llanto frecuente y alimentación pronta de seno materno, así que al levantarse la esposa a cada rato, condicionaba que también su esposo se despertara, por lo que al día siguiente se sentía más cansado que la noche anterior.
Los problemas económicos continuaron, situación que los llevó a decidir dejar a su niña en una guardería (que era parte de sus beneficios de seguridad social) para que la esposa pudiera trabajar. 

Poco a poco fueron solventando sus necesidades primarias y empezaron a prosperar. Sin embargo, las discusiones entre ellos eran frecuentes, pues su diálogo de esposos casi siempre eran reclamos y desavenencias.

En consecuencia, el empezó a retardar su regreso a casa, se iba con sus compañero de trabajo a beber o a realizar actividades deportivas que lo alejaban más del hogar. Cuando regresaba, ya sabía que sería recibido con reproches y quejas. En consecuencia, su relación marital se fue debilitando al grado tal que se sentía prisionero en su hogar, se decía continuamente así mismo que su hija merecía un hogar y papás como él los tuvo en su infancia.

Este debilitamiento en la relación condicionó que empezara a socializar con una compañera de su trabajo, la cual pasó de ser amiga a confidente y sin darse cuenta ya estaba involucrado en una relación extramarital que vino a causar más ansiedad al temor de verse descubierto por su esposa. Después de un tiempo, terminó esta relación con su amante sin ser descubierto lo que le dio confianza para continuar con este tipo de relaciones.

Al paso de los años, ha continuado junto a su esposa, no existe una buena relación, los pleitos son constantes incluso en presencia de su hija quien ya es adolescente, misma que tiene mala conducta, tiene bajo aprovechamiento escolar y múltiples reportes. 

En palabras del paciente, todo lo anterior le hace experimentar una vida miserable.

En este breve relato podemos observar las consecuencias de las malas decisiones, como el no hacer una adecuada planeación del matrimonio y unirse muy jóvenes, la falta de orientación en la planificación familiar, el desconocimiento de las diferentes etapas críticas del desarrollo de la familia que corresponden a su ciclo familiar acompañadas de sus crisis normativas y paranormativas (Crisis normativas: situaciones convencionales que cada familia presenta durante su desarrollo. Crisis paranormativas: problemas que presentan de forma inesperada durante el desarrollo del ciclo familiar), de la falta de comunicación a través del diálogo, las crisis económicas, la infidelidad, la falta de entendimiento, todos éstos son factores que propician el fracaso en la pareja, que tarde o temprano termina en ruptura. Pero mientras esto sucede, se generan en los integrantes de la familia, condiciones idóneas para infelicidad, enfermedades, adicciones y deterioro de la economía familiar. 

Los hijos, mudos testigos de esta problemática,  adquieren modelos de vida que  repetirán en su etapa de adultos y los expone en la adolescencia a caer en  adicciones, embarazos tempranos y no deseados, deserción escolar, delincuencia e incluso suicidio como consecuencia de esta VIOLENCIA FAMILIAR. Hacer felices a los que amas debe ser una de las metas principales en nuestra existencia.

Asesorarse sobre sexualidad, métodos de planificación familiar, etapas del ciclo familiar son parte fundamental para que los jóvenes que deciden unir sus vidas, lleven a puerto seguro su unión conyugal. 

Un matrimonio que es feliz, tendrá hijos felices y buenos ciudadanos. Un matrimonio que vive en crisis constante, corre el riesgo de criar hijos con problemas que posteriormente traspolarán a su vida. 

Es en este momento donde participamos los Médicos Especialistas en Medicina Familiar, desafortunadamente, no existe en la población, la cultura de la educación en esta área. Se sigue acudiendo al médico cuando el problema ya está presente y es más difícil de solucionar.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Marzo del 2018.






domingo, 1 de enero de 2017

EL DÍA DE MAÑANA

Muchas veces he escuchado la frase ¡Mañana lo hago! y de ahí viene una pregunta obligada ¿Tienes seguro el mañana? ¡Por supuesto que no! Cierto es que lo único que tenemos seguro al momento de nacer es la muerte, pero nadie sabe el día ni la hora.

Me platicaba  una paciente de la séptima década de vida, que se sentía muy triste porque la conducta de sus hijos era diferente a lo que ella esperaba. Le pregunté ¿Quién los educó cuando eran niños? ¿Quién curó sus heridas? Me respondió que ella sola, pues su esposo los abandonó a pesar de la temprana edad de sus hijos, por lo que ella se encargó de darles sostén, comida, vestido y educación, de una forma precaria pero suficiente. Ante su respuesta, le cuestioné que si crio a sus  niños con tal esmero, por qué sufre ahora por sus conductas de adulto. Siendo ella mamá y papá a la vez, tuvo la responsabilidad de darles las herramientas necesarias para construir su futuro. Sin embargo, cada quién utilizará esas enseñanzas de acuerdo a su condición de vida y a su criterio. Por ejemplo, un martillo fue diseñado para clavar clavos, aunque también puede ser utilizado para aplanar un objeto metálico o romper una pared. Lo  cierto es que si no se utiliza como es debido  puede causar el aplastarte un dedo durante su uso y seguro  que el dolor que cause la herida logrará que se actúe con  más cautela  cuando se utilice  de nuevo  esta herramienta.  Con esta analogía quise decirle que lo mismo sucede con los hijos y que no valía la pena que  sufra por lo que hacen sus hijos de adultos;  más bien, piense que no hay un mañana seguro y dígales cuánto lo ama, cuánto disfrutó verles crecer y por qué no, dígales también que su conducta le hace sufrir si es que usted no está de acuerdo con su proceder. 

De nada sirve demostrar con lágrimas sobre un ataúd el amor que se siente por la persona que ha fallecido, como diría mi difunto padre: En vida hermano, en vida.

Sucede en ocasiones, que por las mañanas, ante las prisas de la rutina diaria, existen fricciones y desavenencias que condicionan salir enojados de nuestro hogar. Esto no debe ser así, pues no se sabe si al salir por la mañana de casa, se pueda regresar. La muerte  acecha en  cualquier momento ¿Te imaginas que triste debe ser que el último recuerdo que tengas de un ser amado sea un disgusto o un discusión?

Platicaba con un paciente que tuvo la confianza de contarme que se sentía triste pues no encontraba sentido a su vida. Se casó muy joven y seguía casado con la misma mujer. Su relación era poco afectiva y sus diálogos diarios eran sobre los pendientes de la casa, los apuros económicos y los hijos. Después de esto, él se sentaba a ver televisión solo, mientras  su esposa se dedicaba a terminar las labores domésticas y luego a platicar con su mamá ya que vivían en casa de sus suegros. Esta rutina era algo de casi todos los días.

Al contarme esto y percibir en él tristeza y hastío, le respondí si alguna vez le había expresado a sus esposa cómo se sentía y mejor aún, si alguna vez le había preguntado a su esposa cómo ella se sentía. El convivir juntos sin dialogar en sentimientos, pensando que el otro sabe cuánto lo quiero por lo que no es necesario decirlo con palabras, es una situación común de las parejas. El error está en dar por hecho lo que el otro siente. Aquí ajusta muy bien la expresión común y errónea de: Ella (él) sabe que la(o) quiero así que no es necesario que se lo diga. 

Lo mismo sucede con los hijos, la vida corre tan aprisa y estamos encismados en el diario quehacer que no nos damos cuenta lo rápido que crecen y cuando queremos acercarnos a platicar con ellos o disfrutar de su compañía, ya es demasiado tarde. Ellos rechazan a los adultos o simple y sencillamente ya no tienen tiempo para interactuar con sus padres. 

Es durante la niñez cuando los hijos aprenden a dialogar y a tener confianza en sus padres. Ya de adolescentes o adultos jóvenes, es más difícil el acercamiento con los adultos de su familia.

¿En alguna ocasión alguien te ha reconocido por un servicio de ti recibido?  Probablemente sí,  pero te puedo asegurar que te sobran dedos de las manos comparado con el número de ocasiones. Ahora te pregunto ¿Alguna vez le has reconocido a alguien de una forma espontánea tu agradecimiento o admiración por el servicio recibido? Es más factible que te hayas quejado por no estar conforme. Esta conducta no ayuda a reconocer el esfuerzo de los demás. No esperes hasta mañana.

Con todo lo anterior te quiero decir que no esperes para mañana para expresar amor, perdón, reconocimiento, alegría, orgullo, pues el día de mañana no es seguro pero el hoy sí.

Feliz inicio de año, mis mejores deseos para ti y tu familia.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Enero del 2017



¿Fiesta  próxima? CARUDA Canta y Baila te pone la música


martes, 1 de diciembre de 2015

AMOR QUE DAÑA

¡Por mis hijos daré la vida si es necesario! ¡Mientras viva, mis hijos no tendrán necesidad de nada! Me atrevo a decir, sin temor a equivocarme, que en alguna ocasión hemos escuchado estas frases en boca de papás que en su desmedido amor por sus hijos, pretenden solucionarles o evitarles problemas; más aún cuando  son menores de edad.  Un amor así puede en muchas ocasiones convertir a los hijos en adultos inútiles, irresponsables y en casos extremos, delincuentes.

En mi labor diaria, me he encontrado con adultos en fase de retiro angustiados por que el dinero de su pensión no alcanza, debido a que tienen un  hijo adulto que vive (de forma parasitaria) en su casa y lo mantienen. Están desesperados porque ya les han dicho que se vayan de la casa o mínimo que busquen un trabajo sin que les hagan el menor caso.

También he visto casos de cómo el patrimonio familiar conseguido a lo largo de  años de esfuerzo, se va diluyendo hasta volverse nada; a la vez que van aumentando las deudas de los adultos mayores,  poniéndose en una situación económica comprometida cuando se vive una etapa de productividad física y laboral limitada que no permite mayores ingresos.

Les aseguro que ustedes conocen historias de similares características en personas cercanas o incluso familiares.

¿Cómo se llega a esta situación?

Desde la infancia, a los hijos se les empieza a dar todo tipo de comodidades e incluso lujos, sin que lo pidan y peor aún sin que lo necesiten. Esto no es del todo malo y es respetable la decisión de cada padre respecto a lo que le da a sus hijos. Sin embargo, no debemos cegarnos por nuestro amor de padres que nos lleva a querer darle TODO a nuestros hijos y perder de vista una realidad: si a los niños  se les enseña a dar el justo valor a las cosas, a ganárselas,  cuidarlas,  merecerlas por su esfuerzo, los beneficios otorgados se convertirán en una fortaleza que favorecerá su desarrollo y autoestima. Pero, por el contrario, si se les otorga todo sin pedir nada a cambio, los convertimos en seres egoístas, los cuales no se preocupan de donde y como vienen los recursos. De igual forma les creamos necesidades innecesarias, cada vez más exigentes y difíciles de satisfacer, ya que como reciben sin dar el mínimo esfuerzo, sus expectativas no tienen límites y tampoco temen tomar riesgos, pues se acostumbran  a un nivel de vida irreal que no depende de su propia capacidad, sino de sus padres. Por consiguiente, cuando son adultos incapaces de continuar con ese estilo de vida pueden experimentar  frustración y fracaso.

Les pongo como ejemplo a esos pajarillos que nacen en cautiverio (hijos), viven en una jaula, reciben alimento y agua de forma rutinaria. Si un día los dueños (papás) deciden soltarlos por cualquier circunstancia, los pajarillos saldrán volando presurosamente, pero para encontrarse con que no saben buscar la comida, ni proveerse de abrigo y tampoco defenderse de los depredadores.

Una verdad innegable es que los padres no seremos eternos. Es absurdo pensar que viviremos para siempre. Por ello es preciso tener presente que si desde la niñez no otorgamos obligaciones a los hijos en el rol familiar, los arriesgamos a convertirse en pajarillos indefensos en el futuro.

Cuando  los padres de forma inconsciente adoptan las situaciones antes descritas, cometen un error que a la larga se puede revertir. Pero también puede suceder que si se sigue considerando  a los hijos adultos como seres indefensos, como niños grandotes que necesitan apoyo en todos los problemas que se les presenten, es un daño persistente por un amor mal entendido que cuesta mucho trabajo revertir.

En mis primeros años en la facultad de medicina, me enseñaron que inmediatamente después del parto, el cordón umbilical se corta separando al niño de la mamá. Entonces, ¿Por qué persistir con esa actitud sobreprotectora de los padres? Tal parece que existiera un cordón umbilical invisible y persistente que impide a los padres separarse de los hijos y viceversa, convirtiéndolos en parásitos de los padres y a falta de éstos de algún  hermano o familiar cercano.

Comentaba una mamá que conocí con respecto a su niño que no ayudaba en ninguna labor en el hogar y los días inhábiles se levantaba muy tarde: -Pobre, que no se levante y que no ayude, su única obligación es estudiar- Pasaron los años y el hijo mencionado no aprendió a valerse por sí mismo y peor aún, no terminó la carrera y se convirtió en una pesada carga para los papás. No basta sólo con estudiar. Cierto es que tienen la obligación los niños de hacerlo, pero asignarles otras responsabilidades es también en beneficio de ellos. Decía mi padre que la vida con estudios es dura, pero sin estudios es aún más difícil.

En la actualidad se ha acuñado el término de jóvenes nini: Ni estudian, ni trabajan. Personas que no han estudiado alguna carrera o que estudiaron sin una adecuada  orientación  vocacional y que en consecuencia  no ejercen porque no les gusta o no es factible de ejercer en el medio donde se desenvuelven.

No se trata de traer hijos al mundo y dejarlos en libre evolución o crianza. Se trata de educarlos, inculcarles principios, valores, pertenencia, fortalecer su autoestima, otorgarles apoyo a fin de que logren autonomía en sus decisiones, afronten la consecuencia de sus actos, corregirlos con amor  sin perder la dirección y autoridad, avalar con obras y actos lo enseñado con palabras.

En mi opinión personal, la problemática social que existe en la actualidad, la delincuencia, la drogadicción y el alcoholismo, los embarazos en adolescentes, la existencia de jóvenes Ninis, la violencia, son consecuencia de la pérdida de valores y principios, de la desintegración de los hogares, dañándose la célula principal de la sociedad que es la familia y en consecuencia a sus integrantes.

No permitamos que el amor de padres nos ciegue en la educación de nuestros hijos. Establezcamos roles en la familia, derechos y obligaciones, ayudemos, apoyemos, eduquemos con amor y paciencia pero sin ser permisivos. Esa es la tarea de los padres, formar hombres de bien, seres humanos ejemplares que honren nuestra vejez.

Cuando tengan oportunidad, observen un nido de pájaros, Al inicio la pájara empolla los huevos sin dejar por ningún momento el nido. El pájaro se encarga de proveer comida. Cuando los polluelos brotan, los pájaros alimentan de pico en pico a las crías. Cuando ya han salido las plumas, los pájaros papás con delicadeza los inducen con sus picos para hacerlos salir del nido y, parados junto a ellos, los empujan al vacío para que aprendan a volar, incluso algunas razas los acompañan en sus primeras horas de vuelo, pero después, los dejan solos.

El ciclo familiar es igual: Al inicio, la pareja en noviazgo se casa, tienen hijos, los educan y posteriormente los hijos abandonan el hogar, iniciando para los padres una etapa de retiro. Eso es lo habitual, igual al ciclo que viven los pájaros. Procuremos entonces favorecer el ciclo familiar, a fin de que nuestros hijos sean capaces de volar solos, buscar su alimento, defenderse de los depredadores y honrar a su padre y a su madre.

Podemos tener una sociedad mejor, sólo debemos retomar el rumbo en la formación de nuestros hijos. La educación se recibe en la casa, no en la escuela. Seamos en nuestro hogar, maestros de los niños en ejemplo y obra.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Diciembre del 2015







sábado, 1 de agosto de 2015

MALOS HIJOS

Ningún  niño  se acuesta a dormir siendo una criatura inocente y se despierta delincuente. Los padres que sin límites consienten, alimentan serpientes. Al escuchar tales afirmaciones en voz de alguien que con acierto habló, no pude evitar analizar mi proceder como padre en la educación de nuestros hijos ante dichas verdades.

En muchas ocasiones he escuchado a papás quejándose de que los hijos le salieron malos y que se portan mal; que a pesar de las reprimendas, castigos e incluso violencia física, los hijos continúan con su  mala conducta.

¿Será que los niños desde que nacen ya tienen predestinado la forma en la cual se comportarán? Definitivamente, cada niño nace con una personalidad característica que conforme a los principios y valores que se van inculcando en el seno familiar va forjando un carácter que los conducirá por la vida.

Los niños aprenden de forma directa e indirecta. Los hábitos, usos y costumbres se inculcan durante  la infancia como semilla en terreno fértil que a la larga determinará la forma de comportarse en la sociedad.

Los papás a veces tenemos conductas que no consideramos puedan ser perjudiciales en la formación de nuestros hijos. Un ejemplo usual se presenta al llevar a los niños a la escuela: si se ha hecho tarde, nuestra prioridad es llegar a tiempo y no nos importa si no respetamos los límites de velocidad, rebasamos por la izquierda, pasamos altos o cualquier otra imprudencia al conducir el automóvil que  incluso pueden poner en peligro la vida de nuestros pasajeros y los que están a nuestro alrededor.  Cuando se logra el objetivo experimentamos una sensación de júbilo y satisfacción. Pero no pensamos en el mensaje implícito que le transmitimos a los niños con nuestra conducta al llevarlos a la escuela, el cual puede traducirse como que violar las leyes de tránsito, ser descortés para conducir, poner en peligro a los demás, pasa a segundo término cuando  lo más importante es llegar a tiempo a la escuela no importando a costa de qué.  Esto se llama retroalimentación negativa. Como ejemplo, en más de una ocasión, al ir por mis hijos a la escuela, con tristeza veo como se hacen dobles filas para avanzar, algunos metiéndose de una fila a otra de forma poco amable e incluso contestando groserías cuando se les reclama su actitud, sin darse cuenta que están enseñando a sus hijos esa cultura vial y de falta de respeto hacia los demás de una forma tácita, pero mucho más impactante que miles de palabras juntas. Efectivamente, enseñamos con el ejemplo, si como adultos nos conducimos de forma violenta, poco tolerante, irrespetuosa, prepotente, es indudable que los niños que nos observan adquirirán ese tipo de actitudes que los volverán adultos con los mismos comportamientos. Luego no  nos quejemos de que los hijos nos salen malos.

Los niños y adolescentes adquieren conocimientos a un ritmo acelerado pues  tienen una necesidad de aprender más y más  para tener una identidad propia. Están expuestos a toda clase de información a través del internet por lo que es de vital importancia vigilar lo que están aprendiendo y de quién lo están adquiriendo, pues no todo lo que se publica en el ciberespacio es benéfico. Se necesita vivir para formar un criterio y poder discernir entre lo bueno y lo malo, y en muchas ocasiones, a pesar de que ya tenemos cierta experiencia en la vida, cometemos errores por falta de criterio y podemos ser fácilmente manipulables o influenciables.

Los niños y jóvenes observan, aprenden y adquieren formas de vivir de otras personas que posteriormente hacen propias. Ningún niño nace predestinado a ser de tal o cual forma. Al momento de su nacimiento, son como pequeñas masas de plastilina, sin forma, sin olor, sin color. Es en manos de los padres que se van moldeando esas plastilinas que forman parte del carácter de los niños. Es así como los podemos volver temerosos, independientes, aventados, incrédulos, irreverentes, pero también respetuosos de la vida y de los demás seres humanos, respetuosos de la ley y de las reglas de urbanidad y socialización. Todo va a depender de cómo nosotros les inculquemos valores y principios.

También existen víctimas de los errores de los adultos. Por ejemplo, los hogares con violencia familiar formarán niños que al paso del tiempo se convertirán en adultos violentos. Los hijos que crecen en hogares marcados por el divorcio, tienen un gran riesgo de ser adultos que se divorcien cuando llegue el momento. En los hogares en donde existen adicciones como ingesta de alcohol en exceso, drogas permitidas o no permitidas, crecen niños con un gran riesgo de padecer las mismas adicciones con las que convivieron.

En muchas familias, las condiciones de vida actual orillan a ambos papás a trabajar y dejar mucho tiempo solos a los hijos, condicionando que crezcan sin vigilancia de lo que ven en internet, en la televisión o de las compañías con las que conviven durante su ausencia. A veces es necesario valorar si efectivamente vale la pena  que los dos trabajen para tener una mejor solvencia económica. Desafortunadamente el tener más dinero no garantiza tener armonía familiar. Por mi trabajo he tenido la oportunidad de conocer gente con alto poder adquisitivo,  pero que son un caos como familia. También he sido testigo de cómo familias con un nivel socioeconómico precario, se prodigan cuidados, atenciones, respeto y apoyo.  Lo que confirma mi teoría de que para ser feliz no necesariamente se debe tener una gran suma de dinero en las cuentas bancarias.

Es importante también que los niños aprendan a dar el justo valor a las cosas. Muchas veces sucede que como padres queremos en nuestros hijos  cumplir las carencias que como niños tuvimos y los llenamos de comodidades (que la mayoría de las veces no piden), a las cuales se acostumbran pero sin el más mínimo esfuerzo. Cuando los niños deben aprender desde pequeños que para obtener bienes se requiere esfuerzo y trabajo, que los bienes son para disfrutarlos,  cuidarlos y hacer uso adecuado de ellos. Un dicho muy común y totalmente cierto que decía mi abuelito es que: lo que fácil viene, fácil se va. Otra forma de crear conciencia en los niños es asignarles responsabilidades en el hogar (aunque no sean necesarias) como  mantener limpia la casa o su habitación, guardar su ropa limpia, separar la ropa sucia, lavar trastes, limpiar zapatos, colaborar en general en las actividades del hogar e involucrarlos en su cuidado.  Es importante también,  establecer reglas y cumplirlas por todos los integrantes de la familia,  como horarios de entrada a casa, horarios de comida, reportarse frecuentemente cuando estén fuera de casa, mantenernos informados con quien salen, conocer a las personas con quien conviven e incluso a sus familias.

Hagamos un ejercicio rápido: Recuerda el nombre de cinco de los amigos de tus hijos ¿No los recuerdas o peor aún no los sabes? Pues este es un buen momento de interesarte por eso. En más de una ocasión he visto chicos que de niños eran excelentes hijos y cuando llegan a la adolescencia son víctimas de drogadicción, bajo rendimiento escolar a incluso problemas con la ley. Cuando se les cuestiona del porqué de su comportamiento la respuesta es A MI PAPÁ (MAMÁ) NO LE INTERESO, es una forma de llamar la atención.  Este reclamo es común y lo más grave del caso es que no es del todo cierto pues el papá o mamá se dedicó a trabajar para el hijo, pero olvidó compartir con él. Aunque suceden casos también en los cuales los papás no solo se olvidan de cuidarlos y educarlos, sino que también olvidan dar ejemplos de vida. ¿Con que calidad moral exiges a tu hijo que se porte bien si tú mismo no eres ordenado en tu vida? Es muy difícil, no existen los padres perfectos, pero tampoco existen los hijos perfectos. La perfección se logra creciendo día con día, practicando nuestros valores y principios, aprendiendo de nuestros errores y reinventándonos.

Si queremos una sociedad mejor, empecemos en casa. Los buenos valores nunca pasaran de moda, la felicidad es posible sólo cuando se logra un equilibrio emocional y una estabilidad familiar.

Nuestra responsabilidad como padres es hacer de nuestros hijos personas felices, plenos y respetuosos de la vida y de los demás.   

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas
Médico Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Agosto del 2015






jueves, 1 de mayo de 2014

Felicidad

¿Qué es la felicidad?  Acaso la felicidad, ¿es un sentimiento, un estado o una decisión? Esto va a depender de cada individuo y de la forma como quiera aplicarlo en su vida. Sin embargo, lo verdaderamente importante es que el ser humano necesita estar feliz para sentirse pleno.

Escuché de una paciente mayor la siguiente frase: ¡No permitas que un pasado que aceptaste, lastime tu futuro! Resulta que uno de sus hijos se casó con una mujer que ya tenía un bebé, a quien  él acepto como propio y el cual ha crecido con amor. Pero el día de hoy, tiene miedo de que el niño se entere  que no es su verdadero padre y no quiere que se sepa esta situación, aunque el resto de los familiares lo sabe. Cuenta con un buen trabajo que le permite tener una solvencia económica y también goza de unidad familiar, pero la sombra del pasado le agobia y no lo deja ser feliz.

En mi práctica profesional, después de estar atendiendo por mucho tiempo a las mismas personas, es fácil identificar los problemas familiares (crisis normativas y paranormativas) por los que atraviesan y que interactúan con su estado físico, desencadenando síntomas que no concuerdan con sus problemas de salud. En pocas palabras, puedo percibir que tienen un problema que probablemente no es físico.

Es común escuchar quejas sobre la economía, la inseguridad, la falta de oportunidades, el desempleo  y muchas otras cosas que son parte de la vida y que causan infelicidad en las personas. ¿Podemos cambiarlo? Tal vez sí hay situaciones que están en nuestras manos poder mejorar, pero también hay otras en las que no depende de nosotros generar este cambio. Sin embargo, lo que sí queda claro es que  no podemos vivir quejándonos de lo mal que está la vida. Aun tenemos un cielo y un sol que admirar por las mañanas, un aire que respirar.

Sin el afán de subestimar tus vivencias, cuando crees que en la vida te va mal, sólo mira a tu alrededor y te encontrarás con personas en peor situación que la tuya. Las desgracias de los demás no nos deben confortar, sino que más bien deben  hacer que valoremos lo que tenemos y le demos más importancia en lugar de estarnos quejando por lo adverso o lo que no tenemos.

En la actualidad la inconformidad es parte de la vida diaria. Quieres tener el teléfono más nuevo o el que tiene tu amigo, la tablet de última generación, el auto último modelo, la ropa de marca, etc. Es cierto que las comodidades hacen la vida más amena, pero no es sinónimo de felicidad. El tener muchas cosas, como una casa, un auto, un buen trabajo, la mejor ropa, los mejores perfumes, lo más avanzado de la tecnología; no te asegura ser feliz. Y tristemente nos damos cuenta que para muchas personas el bienestar está en relación a cosas materiales, sin enfocarse en el fortalecimiento de las relaciones intrafamiliares o interpersonales. Es ahí en donde radica la verdadera riqueza del hombre. Cuando nos preocupamos de lo material y no nos ocupamos de lo sentimental perdemos tiempo invaluable que en muchas ocasiones es difícil de recuperar. Lo material es efímero, transitorio, caducable. Las relaciones son duraderas si las sabemos preservar. Un claro ejemplo de esto sucede en las parejas de esposos, pues uno de los principales errores que comenten los matrimonios es interponer a sus hijos en su relación esponsal, convirtiéndolos en algo prioritario y el principal motivo de su vida. Pero como parte del ciclo familiar, los hijos tienen que emigrar del hogar, quedando los padres como al inicio de su  relación marital, ¡solos! Es entonces cuando vienen las crisis plateadas (en alusión a las canas), pues la relación de los esposos se debilitó al interponer a los hijos, pero al irse los hijos, la relación de pareja es muy difícil de retomar, situación que se complica con la menopausia, la cesantía,  el retiro y  las dificultades económicas.

Si por las mañanas al levantarte dices: ¡Qué flojera y tengo que trabajar!, ten por seguro que ese va a ser un día muy pesado. Por el contrario, si al levantarte, te regalas 1 minuto para asomarte por la ventana y ver el esplendor del amanecer o te paras frente al espejo y dices: ¡Hoy es un excelente día y va a estar súper!, te aseguro, sin temor a equivocarme, que así será. Y aunque en el transcurso del día se presenten dificultades, son pruebas que deberás afrontar con optimismo para que  al final de la jornada te sientas satisfecho y recuerdes las muchas cosas buenas que hiciste o recibiste. Si de plano el día tuvo muchos problemas, cuando reflexiones antes de dormir piensa que mañana será un día mejor y eso te dará tranquilidad. Todo es cuestión de vencer la negatividad que nos convierte día a día en seres inconformes, tristes o molestos con la vida.

En cierta ocasión iba conduciendo y me tocó hacer alto. El taxi que venía detrás de mi tuvo que frenar de repente pues no bajó su velocidad y no guardó su distancia. Afortunadamente no me impactó,  pudiendo evitar el golpe. ¿Cuál debió haber  sido mi actitud? ¿Insultar al taxista y recriminarle su imprudencia al conducir? O pensar: ¡qué bueno que no chocó contra mí, alguien pudo haberse lastimado y además, aunque yo no tuviera la culpa, también hubiese tenido un costo a mi bolsillo! Mi reacción dependerá de la actitud con la que afronte la situación.

¿En cuántas ocasiones te has encontrando (o tal vez tu mismo) a gente recriminando a otra por sus impericias, falta de respeto o descuidos? Seguramente en muchas. Pero en realidad, ¿se tiene la calidad moral de hacer reclamos? Todos cometemos errores, todos estamos expuestos. Luego entonces, no desperdiciemos tiempo y energía en enojos. Además, lo que nosotros como adultos hacemos, es un modelo de conducta que los niños adquieren y repiten. Seamos responsables en nuestro actuar, pues sin darnos cuenta, con nuestras actitudes preservamos la conducta equivocada que nos impide ser felices.

Leí en un pequeño libro (no recuerdo el nombre del autor) una frase que me conmovió y que les comparto: No des trascendencia a comentarios desagradables a tu persona, simplemente vive de tal manera que nadie los crea. Y es que debemos tener congruencia en nuestro decir y nuestro actuar. No te aflijas por lo que digan de ti, más bien preocúpate por lo que PIENSAS DE TI MISMO.

Dice una canción del cantautor mexicano José María Napoleón: NADA TE LLEVARÁS CUANDO TE MARCHES, CUANDO SE ACERQUE EL DIA DE TU FINAL, VIVE FELIZ AHORA MIENTRAS PUEDES, TAL VEZ MAÑANA NO TENGAS TIEMPO PARA SENTIRTE DESPERTAR. La canción se llama VIVE


La felicidad es un sentimiento, efectivamente, que nosotros mismos nos encargamos de construir cuando tenemos pensamientos y actitudes positivas.  No añores lo que no tienes, lo que tuviste o lo que algún día quizá tendrás. Mejor disfruta lo que tienes, lo que eres y de los que te rodean. En muchas ocasiones la felicidad la encontramos en las cosas más pequeñas y a nuestro alcance.

Está comprobado científicamente que las personas que no son felices son más susceptibles de padecer enfermedades porque su estado inmunológico se deprime (bajan sus defensas). Pero también es cierto que no todas las personas que están enfermas son infelices. Todo es cuestión de actitud.

Mi consejo: Sé feliz y haz feliz a los que te rodean.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Cancún, Quintana Roo, México. Mayo del 2014


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martes, 1 de abril de 2014

Tiempo de calidad

¡Más vale tiempo de calidad que de cantidad! Es la clásica aseveración que los padres utilizan para justificar cuando por cuestiones de trabajo están mucho tiempo fuera de casa y no se dedican lo suficiente al cuidado de sus hijos. Sin embargo, al escuchar tal argumento me pregunto ¿Será cierto? Y me atrevo a cuestionarlo porque en mi experiencia laboral, mis pacientes me han demostrado todo lo contrario.

Hace algunos años, la dinámica habitual en una familia tradicional se caracterizaba porque el papá trabajaba y la mamá estaba dedicada al cuidado de los hijos y supervisar su educación, tal vez hasta la preparatoria.

La vida actual ha condicionado que las dinámicas y roles familiares cambien por completo. Ahora papá y mamá trabajan, los menores de 4 años acuden a guarderías por más de 8 hrs y los escolares son atendidos por extraños o los hermanos mayores. Al final del día los padres llegan apurados con todos los pendientes del diario trajinar y la convivencia es nula. Tiempo de calidad ¿será? Es muy difícil que así sea, sobre todo cuando se tiene hijos adolescentes.

Decía mi abuelita, antes la vida era mejor que ahora. Posteriormente me tocó escuchar de mi padre la misma aseveración y hoy con temor repito que antes era mejor que ahora.

¿Qué ha pasado? ¿Hemos perdido los valores y principios de la sociedad? ¿Nos estamos volviendo malos, indiferentes o amorales?

En este cambio de usos y costumbres intervienen muchos factores. Les pongo como ejemplo lo siguiente. Los niños y adolescentes pasan mucho tiempo solos, susceptibles a ser víctimas de la delincuencia que siempre ha existido. La facilidad del acceso al internet sin supervisión de los padres es un gran factor de riesgo en la formación del niño-adolescente. Aunado a ello, están los programas televisivos tan explícitos, que se vuelven un modelo a imitar. Los hijo no logran comprender que papá y mamá están trabajando muchas horas por querer darles una vida mejor. Situación que se agrava cuando existe alguna adicción en el seno familiar, aderezada con violencia intrafamiliar.

Es la misma facilidad que existe en la difusión de noticias lo que ha condicionado que la violencia sea palpable. El estar en contacto constante con la violencia y la delincuencia, fomenta que la veamos como algo natural o normal y ya no nos espante leer la cantidad de muertes o agresiones que se publican en la prensa, se difunden por radio, televisión, redes sociales o internet.

Cuando el niño se está convirtiendo en adolescente, anda desesperadamente en busca de una identidad y una aceptación por parte de sus iguales en la sociedad. Sin la vigilancia adecuada, es presa fácil de las adicciones, del abandono escolar, del inicio temprano a la vida sexual.

He tenido oportunidad de atender a jóvenes que son llevados por sus padres a consulta por consumir marihuana, alcohol o cocaína. Lo extraño es que se trata de jóvenes con buen aprovechamiento escolar y con una aparente integración familiar. Entonces, la pregunta obligada es: ¿Por qué lo haces? La mayoría de los jóvenes ha respondido que por sentirse solos o bien por la necesidad de ser aceptados en sus grupos de amigos. Durante la contestación, es común ver el llanto de los padres al escuchar el relato de sus hijos y cómo es que llegaron a este punto.

Tal vez en un inicio, la guardería tuvo un buen papel en los niños, pero los padres nunca se dieron cuenta que sus hijos estaban creciendo y no se preocuparon por su entorno.

Hagamos un ejercicio: ¿Sabes cuáles son los nombres de al menos 5 amigos de tus hijos? ¿Conoces a los papás de estos amigos? ¿En qué trabajan? ¿Qué religión tiene? ¿Si son víctimas de adicciones o violencia intrafamiliar? ¿Cuál es el nombre de los profesores de tus hijos? Una manzana podrida, puede contaminar a toda la canasta.

Si tu hijo es adolescente y tiene acceso a redes sociales ¿Has leído sus publicaciones? ¿Conoces las fotos que sube? ¿Te permite ser integrante de su red social?

Si contestaste afirmativamente a estas preguntas, te felicito, estás haciendo bien la tarea. Si no es así preocúpate, pero mejor aún ¡OCÚPATE!

El ser humano es el resultado de una interacción de lo biológico, psicológico y social. Por tal motivo no solo es necesario atender la salud física, también es importante cuidar su desarrollo psicológico y social.

¿Les inculcas a tus hijos valores y principios? Si lo haces, ¿Cómo lo haces, de palabra o con ejemplos de vida? ¿Tiene congruencia tu decir con tu actuar? No se vale decir después ¡Mi hijo me salió malo! Eso no es cierto. Te pongo el ejemplo de los árboles con raíces profundas, aun cuando vengan huracanes, siguen erguidos ante el embate de la tormenta. Las raíces en los hijos son los valores y principios. Si estos no existen, ante la más leve ventisca, corren el riesgo de caer y no volver a levantarse.

El problema principal de nuestra sociedad es que se han hecho a un lado los valores y principios, ya que no existe tiempo para enseñarlos, aunque a nuestros hijos les demos TIEMPO DE CALIDAD. Hemos adoptado la conducta de considerar a las escuelas como guarderías, pero no es así, el principal aprendizaje se adquiere en el seno familiar. La escuela solo es un complemento académico, en un mínimo porcentaje de lo que representa la vida del ser humano.

¿Sabías que los hijos de padres divorciados, tienen más riesgo de un fracaso en sus relaciones de pareja que aquellos que vienen de un hogar bien cimentado? ¿Qué los niños que han sido víctimas de violencia familiar, acaban siendo agresores en la edad adulta? Simple y sencillamente son conductas adquiridas en un proceso de formación desde la infancia, pasando por la adolescencia y terminando en la edad adulta. El ser humano nunca deja de crecer en lo psicológico, a diferencia del cuerpo que tiene un periodo de caducidad, el espíritu sigue madurando día con día siempre y cuando las condiciones físicas así lo permitan.

No te sientas culpable si te das cuenta que no es del todo cierto ese TIEMPO DE CALIDAD, muchas veces no hay otra salida, pero se honesto y no olvides el motivo real de tu sacrificio al trabajar todo el día, todos los días y comparte tu tiempo libre con tu familia, con tu esposa, con tus hijos, con tus padres. El tiempo cobra factura y muchas veces es dolorosa en extremo la cuota a pagar.

De forma frecuente se preguntan los ancianos y adultos en retiro ¿Por qué mis hijos no me hacen caso? La respuesta es ¿Les hiciste caso cuando eran niños-adolescentes o solo te ocupaste de proveer cosas materiales?

Lo material caduca, expira. El que sembró raíces profundas en etapas tempranas de vida, tendrá en la vejez la fortuna de cobijarse a la sombra de un árbol frondoso e incluso podrá alimentarse de sus frutos.

Te recomiendo estas lecturas: VIOLENCIA EN LA FAMILIA y FUNCIONALIDAD FAMILIAR



Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Cancún, Quintana Roo, México. Abril del 2014




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