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domingo, 1 de diciembre de 2024

SEÑALES DEL CUERPO

 El cuerpo, una máquina maravillosa que tenemos la obligación de mantener en buen estado.

Me resulta increíble recibir en la consulta a pacientes que llevan más de 10 años sin acudir al médico. Y me pregunto: ¿Cómo es posible que te preocupes por llevar tu auto al servicio cada 5 o 10 mil kilómetros y con tu cuerpo no tengas ese cuidado?

Bajo el argumento de que no me siento mal o no estoy enfermo, las personas no acuden a un chequeo anual rutinario. También puede ser por desidia, ahorro mal entendido, temor a enterarse de que está enfermo o por estarse automedicando.

Sea cual sea la causa, no acudir al médico de forma rutinaria o atendiendo las señales del cuerpo, es un gran error.

Desde que nacemos, nuestro cuerpo empieza a envejecer, a presentar cambios a nivel celular, como lo es la Apoptosis que consiste en un proceso natural de muerte celular programada que el cuerpo utiliza para eliminar células innecesarias o anormales. Se trata de un tipo de muerte activa a lo largo de toda la vida que involucra la utilización de energía, actividad metabólica y, en ocasiones, síntesis proteica.

Es por eso que debemos estar vigilantes de los indicios que nuestro cuerpo manifiesta y asumir una actitud preventiva que nos permita gozar de buena salud y, en consecuencia, tener una mejor calidad de vida.

En muchas ocasiones he atendido pacientes que iniciaron con síntomas leves, los cuales no tomaron en cuenta, los minimizaron, se automedicaron, decretaron que no tenían nada, pero simple y sencillamente los dejaron avanzar.

Cuando escucho esas respuestas, les pregunto: Si vas por la carretera y te percatas de un ruido anormal en tu auto, ¿lo solucionas subiendo el volumen al equipo de sonido? Creo que no, porque sabes que ese ruido puede significar una descompostura que te pone en riesgo, o bien, si sigues avanzando el problema se complica y la reparación puede ser más costosa e incluso, en ocasiones, irreparable.

Y es que el cuerpo avisa. Nadie mejor que uno mismo conoce el funcionamiento de su cuerpo y se puede dar cuenta perfectamente que algo no está funcionando bien. sin embargo, al paso de unos días pudiera ocurrir que desaparecen las señales espontáneamente. Ante ello, no te distraigas pensando que ya pasó, que no fue nada y que todo está bien, por el contrario, mantente alerta y encuentra la causa de lo que te sucedió.

Pongo por ejemplo el caso de un paciente masculino que acude a consulta refiriéndome que, al momento de defecar, veía sangre en sus heces fecales, sin presencia de dolor o algún otro síntoma. Al preguntarle cuánto tiempo tenía con esta situación, me responde que hace más de 10 años y que no había acudido a consultar porque pensaba que era normal, además que como no le dolía, pues no dedicaba tiempo para recibir atención médica. Este caso finalizó en un cáncer de colon avanzado que desafortunadamente tuvo un desenlace fatal.

Haciendo un análisis de la enfermedad de este paciente, pensé que cómo podía ser posible creer que un sangrado del tubo digestivo bajo se considere normal. Si él hubiese acudido desde el inicio de los síntomas, probablemente seguiría vivo.

Cabe recordar que el cuerpo nos manda alertas, pero a veces las ignoramos o mal interpretamos, al pensar de manera coloquial que se trata de estrés, cansancio o falta de vitaminas.

El dolor en una de las alarmas más poderosas con las que el cuerpo cuenta y dependiendo de su intensidad es la prioridad con que nos indica acudir al médico.

Es muy común automedicarse con medicamentos para el dolor o en casos peores, incluso usar antibióticos por juzgar que son necesarios, pero esto es peligroso, ya que puede enmascarar síntomas y complicar las enfermedades.

Por eso es importante estar alertas ante la presencia de dolor, sobre todo cuando éste es persistente o poco controlable con analgésicos. Considerar que es normal o que se me va a pasar, es un pensamiento equivocado.

¿Te ha pasado que cuando sufres una herida en alguna parte del cuerpo, es justo ahí donde te golpeas nuevamente?

La explicación es que, al tener un área afectada, el cerebro tiene vigilancia estrecha de ese lugar y por tal motivo experimentas esa sensación de que ahí te vuelves a golpear ante cualquier roce o contacto.

Pero también existen enfermedades que no dan síntomas de ningún tipo y hasta en momentos de gravedad o de forma fortuita es que se hacen evidentes.

Un ejemplo de esto es la Hipertensión Arterial Sistémica, que consiste en la elevación de la presión arterial, la cual puede cursar por mucho tiempo asintomática, pero es en momentos de Crisis Hipertensiva que manifiesta dolor de cabeza, ruidos en los oídos y visión con luces brillantes. Una Crisis Hipertensiva que no se atiende, se convierte en una Urgencia Hipertensiva en donde ya se comprometen órganos como el cerebro, el corazón o los riñones. Esta urgencia puede llegar a ser mortal.

Más común es que, de forma asintomática, se curse con una elevación de la grasa en la sangre, enfermedad conocida como Dislipidemia y que se caracteriza por la elevación del Colesterol, Triglicéridos o ambos.

La Dislipidemia puede padecerse por largo período sin que se presente ningún síntoma, pero con el paso del tiempo, esta elevación de grasa en la sangre produce que dentro de las arterias se formen placas duras llamadas Ateromas que, al crecer gradualmente, aumentan el riesgo de sufrir infartos o embolias.

Los Ateromas reducen el calibre de las arterias, volviéndolas más rígidas y estrechas, lo que hace que cambie la morfología del vaso sanguíneo que, de ser liso, se convierte rugoso e irregular, como un camino pedregoso, que ocasiona que el paso de la sangre por estas arterias sea más complicado.

Si alguna placa de Ateroma se rompe y desprende, viaja a través del torrente sanguíneo hasta arterias más pequeñas, obstruyendo el paso y condicionando embolismos o taponamiento. Al no tenerse flujo de sangre, los músculos o tejidos sufren isquemias o infartos.

Como podemos darnos cuenta, es indispensable estar pendientes de las alertas de nuestro cuerpo y mejor aún, acudir de forma periódica a un chequeo médico, aunque pienses que estás sano.

Esta revisión médica se recomienda en los adultos a partir de los 25 años de edad, una vez al año. Consiste en el examen físico, análisis de laboratorio y estudios de gabinete acordes a tus factores hereditarios o de riesgo.

No ahorres en tu salud, por el contrario, invierte en ella. Tú eres el responsable de tu cuerpo, ¡cuídalo y previene!

 

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Diciembre del 2024

 

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viernes, 1 de enero de 2021

DOLOR DE RODILLA

Uno de los motivos más comunes de consulta en los adultos es la GONALGIA, nombre que se le otorga al dolor de rodilla. Aunque inicia en una rodilla, con el paso del tiempo puede afectar a ambas.

Las causas pueden ser muchas: traumatismos directos (golpes), traumatismos indirectos (como los que se producen cuando se realiza algún tipo de actividad física que condicione golpes da baja o alta intensidad de forma repetitiva), desgaste de las articulaciones, de los ligamentos o los músculos que componen la rodilla, lesiones tumorales, fracturas, luxaciones o inflamaciones, así como alteraciones en la columna vertebral u obesidad, entre otros.

Habitualmente el dolor inicia en una rodilla, lo que condiciona que de manera involuntaria se apoye más en la otra extremidad, causando que posteriormente se presente molestias en la que se está apoyando.

El dolor tiene varios grados de intensidad y depende de la sensibilidad que cada persona tiene para poder soportarlo. Por ello para muchas personas es un dolor tolerable que les permite continuar su dinámica de vida. Sin embargo, al no atenderse de manera oportuna ocasiona que sea más difícil de mitigar.

Por las características de nuestro país se pueden adquirir medicamentos en la farmacia sin presentar una receta médica, lo cual resulta una práctica peligrosa debido a que las personas se automedican minimizando un probable problema de salud, pues es necesario conocer el origen o causa del dolor para seguir el mejor plan terapéutico.

Son los AINES (antiinflamatorios no esteroideos) los más socorridos en este tipo de problemas, sin embargo, como he comentado, se debe evaluar por un profesional de la salud para determinar el tratamiento adecuado.

Entre los medicamentos que se pueden utilizar existe un tipo de desinflamatorios de tipo esteroideo que habitualmente la gente conoce como cortisonas, los cuales tienen un excelente efecto, pero que son de uso exclusivamente médico pues debe existir una valoración previa del paciente antes de utilizarlos.

No deben utilizar corticoides por auto prescripción las personas que padezcan:

-Diabetes Mellitus

-Presión Arterial Alta (Hipertensión Arterial)

-Glaucoma

-Problemas de micosis avanzada o severa (Hongos)

-Embarazos tempranos

-Enfermedades virales o bacterianas sistémicas activas (Infecciones)

-Tuberculosis entre otras condiciones de salud.

En algunas ocasiones, la cortisona viene combinada con AINES o relajantes musculares y su uso por largo tiempo puede condicionar problemas de salud como la elevación de la glucosa, presión arterial o una enfermedad conocida como Síndrome de Cushing.

Sin embargo, no debemos satanizar el uso de la cortisona ya que es un buen medicamento cuando se utiliza de forma correcta en las personas que pueden recibirla, pero desafortunadamente, existen gente poco profesional (o incluso gente sin conocimientos médicos) que abusan de este medicamento, aplicándolo de forma intraarticular (inyección directa en la rodilla en este caso), intramuscular u oral de manera frecuente y periódica, provocando la presencia de los efectos adversos ya descritos.

Con respecto a los AINES, su uso crónico o indiscriminado pueden condicionar úlceras gástricas y sangrados del tubo digestivo, gastritis, alteraciones en la coagulación de la sangre o problemas hepáticos.

El abuso, tomar dosis mayores con periodicidad inadecuada son presagio de una complicación secundaria segura.

Algo que se debe saber, es que no por tomar más cantidad de un mismo medicamento se obtendrá un mejor efecto. Los medicamentos tienen un tiempo de vida y una dosis máxima de absorción, de manera tal, que de nada sirve aumentarse la dosis con tal de obtener un efecto más rápido. Por el contrario, se puede sufrir la consecuencia de su abuso o uso inadecuado.

Cuando el dolor es de tipo traumático (por golpes, contracturas, esguinces o luxaciones), lo primero que se debe realizar es estabilizar la articulación. Se debe aplicar frío de forma inmediata como tratamiento inicial.

El calor tiene propiedades analgésicas muy buenas, por lo que se recomiendan compresas calientes en las articulaciones afectadas cuando ya han pasado 24 horas de la lesión inicial o cuando el dolor es de forma crónica.

El dolor leve puede ser fácilmente mitigado con calor, el cual es un método práctico, económico y fácil de utilizar, sin embargo, se debe tener cuidado de evitar quemaduras en la piel.

Así mismo, los vendajes inadecuados o el uso de rodilleras de forma prolongada pueden tener efectos adversos en los pacientes. Usar por largo tiempo una rodillera puede condicionar debilidad de los músculos de la pierna como la atrofia de cuádriceps.

Y a pesar de toda la terapéutica descrita, el mejor apoyo en el tratamiento y en ocasiones la mejor solución para esta patología es el BAJAR DE PESO. El tener un índice de masa corporal entre 19 a 24 kilos por metro cuadrado, es el peso ideal para mejorar el dolor de las rodillas. Se sabe que por cada kilo extra que tenemos de sobrepeso, nuestras rodillas cargan 5 a 7 kilos demás. Por tal motivo, antes de iniciar una rutina de ejercicio, es importante recibir una valoración médica a fin de prevenir lesiones de tipo deportivo por sobrecarga.

En síntesis, la GONALGIA es una patología que es más común de lo que imaginamos, que nosotros mismos o algún miembro de la familia pueden o han padecido, que automedicarse puede ser peligroso y que son los profesionales de la salud los que se deben encargar de atenderla.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Enero del 2021

 

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domingo, 1 de enero de 2017

EL DÍA DE MAÑANA

Muchas veces he escuchado la frase ¡Mañana lo hago! y de ahí viene una pregunta obligada ¿Tienes seguro el mañana? ¡Por supuesto que no! Cierto es que lo único que tenemos seguro al momento de nacer es la muerte, pero nadie sabe el día ni la hora.

Me platicaba  una paciente de la séptima década de vida, que se sentía muy triste porque la conducta de sus hijos era diferente a lo que ella esperaba. Le pregunté ¿Quién los educó cuando eran niños? ¿Quién curó sus heridas? Me respondió que ella sola, pues su esposo los abandonó a pesar de la temprana edad de sus hijos, por lo que ella se encargó de darles sostén, comida, vestido y educación, de una forma precaria pero suficiente. Ante su respuesta, le cuestioné que si crio a sus  niños con tal esmero, por qué sufre ahora por sus conductas de adulto. Siendo ella mamá y papá a la vez, tuvo la responsabilidad de darles las herramientas necesarias para construir su futuro. Sin embargo, cada quién utilizará esas enseñanzas de acuerdo a su condición de vida y a su criterio. Por ejemplo, un martillo fue diseñado para clavar clavos, aunque también puede ser utilizado para aplanar un objeto metálico o romper una pared. Lo  cierto es que si no se utiliza como es debido  puede causar el aplastarte un dedo durante su uso y seguro  que el dolor que cause la herida logrará que se actúe con  más cautela  cuando se utilice  de nuevo  esta herramienta.  Con esta analogía quise decirle que lo mismo sucede con los hijos y que no valía la pena que  sufra por lo que hacen sus hijos de adultos;  más bien, piense que no hay un mañana seguro y dígales cuánto lo ama, cuánto disfrutó verles crecer y por qué no, dígales también que su conducta le hace sufrir si es que usted no está de acuerdo con su proceder. 

De nada sirve demostrar con lágrimas sobre un ataúd el amor que se siente por la persona que ha fallecido, como diría mi difunto padre: En vida hermano, en vida.

Sucede en ocasiones, que por las mañanas, ante las prisas de la rutina diaria, existen fricciones y desavenencias que condicionan salir enojados de nuestro hogar. Esto no debe ser así, pues no se sabe si al salir por la mañana de casa, se pueda regresar. La muerte  acecha en  cualquier momento ¿Te imaginas que triste debe ser que el último recuerdo que tengas de un ser amado sea un disgusto o un discusión?

Platicaba con un paciente que tuvo la confianza de contarme que se sentía triste pues no encontraba sentido a su vida. Se casó muy joven y seguía casado con la misma mujer. Su relación era poco afectiva y sus diálogos diarios eran sobre los pendientes de la casa, los apuros económicos y los hijos. Después de esto, él se sentaba a ver televisión solo, mientras  su esposa se dedicaba a terminar las labores domésticas y luego a platicar con su mamá ya que vivían en casa de sus suegros. Esta rutina era algo de casi todos los días.

Al contarme esto y percibir en él tristeza y hastío, le respondí si alguna vez le había expresado a sus esposa cómo se sentía y mejor aún, si alguna vez le había preguntado a su esposa cómo ella se sentía. El convivir juntos sin dialogar en sentimientos, pensando que el otro sabe cuánto lo quiero por lo que no es necesario decirlo con palabras, es una situación común de las parejas. El error está en dar por hecho lo que el otro siente. Aquí ajusta muy bien la expresión común y errónea de: Ella (él) sabe que la(o) quiero así que no es necesario que se lo diga. 

Lo mismo sucede con los hijos, la vida corre tan aprisa y estamos encismados en el diario quehacer que no nos damos cuenta lo rápido que crecen y cuando queremos acercarnos a platicar con ellos o disfrutar de su compañía, ya es demasiado tarde. Ellos rechazan a los adultos o simple y sencillamente ya no tienen tiempo para interactuar con sus padres. 

Es durante la niñez cuando los hijos aprenden a dialogar y a tener confianza en sus padres. Ya de adolescentes o adultos jóvenes, es más difícil el acercamiento con los adultos de su familia.

¿En alguna ocasión alguien te ha reconocido por un servicio de ti recibido?  Probablemente sí,  pero te puedo asegurar que te sobran dedos de las manos comparado con el número de ocasiones. Ahora te pregunto ¿Alguna vez le has reconocido a alguien de una forma espontánea tu agradecimiento o admiración por el servicio recibido? Es más factible que te hayas quejado por no estar conforme. Esta conducta no ayuda a reconocer el esfuerzo de los demás. No esperes hasta mañana.

Con todo lo anterior te quiero decir que no esperes para mañana para expresar amor, perdón, reconocimiento, alegría, orgullo, pues el día de mañana no es seguro pero el hoy sí.

Feliz inicio de año, mis mejores deseos para ti y tu familia.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Enero del 2017



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jueves, 1 de agosto de 2013

Dorsalgia

De forma frecuente he tenido pacientes que acuden a consulta refiriendo sentir  un dolor de pulmones que les preocupa. Después de realizar un examen físico minucioso se encuentra que la mayoría de las veces este malestar no es más que una dorsalgia, es decir, dolor a nivel de los músculos que comprenden la espalda alta o dorso. Cabe hacer mención que es muy raro que los pulmones duelan.
Este dolor puede ser condicionado por contractura o inflamación de los músculos dorsal ancho, escaleno, trapecio, serrato, esplenio, elevador de la escápula, romboides e incluso hasta el esternocleidomastoideo. También la irritación, inflamación e infección de los nervios de la espalda alta; lesiones de la columna dorsal o torácica y huesos del hombro como lo son el omóplato o escápula. Los condicionantes para desencadenar las dorsalgias pueden ser diversos: malas posturas anatómicas al momento de sentarse, posiciones prolongadas, alzar objetos pesados de forma inadecuada.  En los niños y adolescentes es muy común que este dolor se presente por cargar mochilas escolares con mucho peso. El uso prolongado de computadoras, videojuegos, así como usar pupitres escolares improvisados también son un condicionante de los dolores de espalda. Recuerdo que siendo adolescente, sufría con las sillas escolares, pues al ser zurdo tenía que rotar el tronco del cuerpo para poder escribir, situación que condicionaba dolores en mi espalda. La solución  fue construirme en el taller de carpintería una silla escolar para zurdos (con la paleta en el otro lado).
Las madres sufren constantemente de dorsalgia por cargar durante mucho tiempo a sus bebés, situación que empeora cuando se trata de niños de gran tamaño o mayores de 1 año.
En los adultos jóvenes, la dorsalgia se presenta cuando existe una mala técnica para cargar objetos. Pueden ser debidas a contracturas musculares y en casos más delicados a hernias de disco o lesiones de la columna.
Los accidentes pueden dejar como secuela lesiones de la columna dorsal o torácica que al paso del tiempo condicionan dorsalgia.
El hacer ejercicio sin un calentamiento previo es un condicionante para que la dorsalgia se presente, siendo más expuestos aquellos deportistas de fin de semana que no llevan un entrenamiento de forma diaria.
Sin embargo, el no dar importancia a un dolor dorsal, puede constituir un gran error, pues pensando que se trata de una contractura muscular, se dejan avanzar enfermedades como el herpes zoster, que posteriormente son más difíciles de controlar o erradicar.
Existen enfermedades como la fibromialgia, cuya manifestación inicial es un dolor frecuente y poco controlable del área dorsal, tórax, cuello, espalda baja y muslos (no tiene que dar en todas estas áreas anatómicas al mismo tiempo).
Los tumores pueden propiciar dolor por compresión de ramas de paquetes nerviosos que los circunscriban.
Se ha descrito también que el estrés puede ser un condicionante de dorsalgia. Sin embargo una de las principales causas de ésta en los oficinistas es la mala distribución de su escritorio, su computadora, un asiento inadecuado y horas prolongadas en la misma posición.
Lo más común es tomar analgésico de tipo desinflamatorio, pero esta no debe ser la conducta inicial a seguir. Cuando se siente un dolor dorsal, el primer paso es identificar si se trata de un dolor muscular o neuropático. De acuerdo a lo encontrado se procede a la aplicación de antiinflamatorios no esteroideos, esteroides, relajantes musculares, calor local, electro-fisioterapia, ultrasonido, acupuntura, entre otros. De ahí la importancia de no automedicarse, a fin de obtener buenos resultados, la corrección del problema y en consecuencia evitar que este se vuelva crónico.
Cuando curses con un cuadro de dorsalgia, no pienses que son tus pulmones los causantes del dolor y evita automedicarte. Si el dolor persiste, es importante buscar ayuda profesional.
A continuación te dejo unos consejos que debes seguir para evitar dolor de espalda alta o dorsalgia:
-No cargues objetos pesados por tiempo prolongado. Recuerda que para cargarlos existe una técnica que no comprometa a la columna.
-Siéntate en una posición en la cual la espalda quede en 90 grados con respecto a tus muslos y que los pies descansen en el piso o en un descansa pies de la silla.
-Si llevas más de 2 horas sentado, levántate, relájate y haz movimientos de estiramiento.
-Acostumbra realizar ejercicios de calentamiento antes de iniciar alguna actividad deportiva. De igual forma se deben hacer ejercicios de relajación al terminar  la rutina. Si es factible, lleva un entrenamiento preferentemente a diario para la realización de tu ejercicio en competencia.
-Vigila que las mochilas de los menores y adolescentes no se encuentren con sobrepeso.
-El automedicarse es un arma de doble filo, por lo que lo recomendable es acudir al médico para que determine cuál será el mejor plan terapéutico a seguir. Si decides tomar analgésicos por autoprescripción y el dolor no cede, no esperes a que pase más tiempo y se presenten otro tipo de complicaciones.
-La prevención de accidentes en el hogar, trabajo y sitios de recreación son la piedra angular para evitar las dorsalgias.
-Los equipos de cómputo, televisores y video juegos deben estar en una posición adecuada. Evita el uso prolongado o por más de dos horas de estos equipos. La mayoría de estos aparatos actualmente traen información de cómo usarlos correctamente.
Recuerda que el mejor vigilante de la salud eres tú mismo.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Cancún, Quintana Roo, México. Agosto del 2013

viernes, 1 de febrero de 2013

El Dolor, aliado de nuestro cuerpo

Una de las principales alarmas que tiene nuestro cuerpo es el dolor. Existen muchas definiciones, pero la más apegada es la siguiente:

“Experiencia sensorial y emocional desagradable asociada a un daño real o potencial del tejido”

Y es que el dolor es una sensación que aprendemos a sentir conforme la vamos experimentando. Les pongo como ejemplo a los niños que nunca han recibido una inyección, se encuentran de lo más tranquilos en los brazos de su mamá y al momento de recibir el piquete, lloran por el dolor que en ese momento perciben, sin embargo para una próxima ocasión, el dolor que alcanzan a sentir es más intenso que el experimentado inicialmente. De ahí el comentario común de los pacientes que reciben tratamiento a base de inyecciones, que siempre la última es la más dolorosa.

De acuerdo al tiempo que dure el dolor puede ser agudo o crónico. El dolor agudo es pasajero y controlable. El dolor crónico es persistente, cede a la ingesta de analgésicos, pero al pasar el efecto de estos se vuelve a presentar.

La intensidad del dolor va a estar de acuerdo al daño recibido en alguna parte de nuestro cuerpo.

¿Cómo se origina? El ser humano cuenta con nervios que transmiten de forma sensorial hacia el cerebro los estímulos que se reciben, y este último a su vez lo convierte en dolor como medida de protección.

Cuando ponemos las manos sobre una superficie caliente, puntiaguda o filosa, los nervios transmiten esta información de forma inmediata al cerebro, que a su vez la devuelve codificada como dolor a la mano, haciendo que tengamos movimientos defensivos para suspender la causa, como sería el reflejo de retirarla velozmente de los objetos que provocan la sensación de dolor.

Un paciente puede estar con una fiebre muy alta y por su cuenta empieza a tomar medicamentos o hacer medidas caseras para disminuirla, pero es hasta que empieza a presentar dolor de las articulaciones o de la cabeza cuando decide ir al doctor.

Hacer caso omiso del dolor, puede traer consecuencias que pongan en peligro nuestra vida. En los casos de apendicitis, el síntoma inicial es un dolor en el vientre el cual va aumentando de forma gradual en intensidad, acompañándose de otros síntomas como la fiebre. Si el paciente toma medicamentos que controlen el dolor y la fiebre (generalmente los analgésicos comunes sirven para las dos cosas), puede disminuir o incluso quitarse el dolor, pero el proceso infeccioso sigue avanzando, por lo que al pasar el efecto de los analgésicos, el dolor aparece con mayor intensidad, aviso inequívoco de que la infección se ha incrementado e incluso se puede estar complicando.

El dolor es uno de los síntomas más comunes de las enfermedades. Cada individuo va a tener umbrales diferentes. Existen personas que estoicamente pueden aguantar al dolor más intenso sin necesidad de tomar analgésicos por lo que decimos que tienen un umbral de dolor alto. Por el contrario, hay personas que al más mínimo dolor se sienten morir. Esto es muy común sobre todo en los varones sanos. ¿Por qué? Las mujeres están más expuestas al dolor como lo son los cólicos menstruales, los partos, etc. Por el contrario, el varón no sufre de estos problemas, de tal forma que cuando se le expone al dolor, como el que le daría una simple gripe, se siente morir.

Existen enfermedades como la diabetes, que como complicación por su evolución dan otras patologías como la neuropatía diabética. Esta enfermedad se caracteriza por dar síntomas como una hipersensibilidad del dolor que se conoce como hiperalgesia, que deriva a un dolor exquisito de forma quemante que llama alodinia y degenera en un daño al nervio que condiciona disminución del dolor (hipoalgesia). De tal forma que el paciente con neuropatía diabética puede tener infecciones, heridas, objetos extraños en los pies y no sentirlos, pero en consecuencia se genera daño a los tejidos que acaban en infecciones, gangrenas (necrosis) y cuyo tratamiento por lo general es la amputación. Este ejemplo nos muestra la importancia de percibir el dolor, pues nos permite combatir las enfermedades o daños a los tejidos desde etapa iniciales y evitar las complicaciones. Y aunque no viene al tema, es importantísimo que durante la consulta mensual de diabetes, el médico revise los pies de sus pacientes ¿Su médico no lo hace? ¿Pregúntele por qué?

Existe una rara enfermedad que se llama “Insensibilidad Congénita al Dolor”, es hereditaria, poco frecuente, y afecta al sistema nervioso autónomo que es el que controla la presión sanguínea, el ritmo cardíaco, el sudor, el sistema sensorial nervioso y la habilidad para sentir el dolor y la temperatura. Se podría pensar que estás personas son afortunadas, sin embargo no es así, puesto que al no tener estas sensaciones, corren un riesgo inminente y frecuente de sufrir accidentes o incluso la muerte, como podría ser un dolor de pecho que nos avise de un infarto y no darse cuenta.

Cuando te has cortado un dedo, ¿no te sucede que te vuelves a golpear siempre en el mismo lugar? La explicación es la siguiente, al sufrir una lesión las terminaciones nerviosas se excitan y quedan más sensibles, por eso es que percibimos más dolor en las áreas dañadas, de tal forma que se mi golpeo con la misma intensidad en otro lugar no dañado, se percibe menos o nada de dolor.

También hay lesiones que pueden dañar a los nervios e impedir el envo de información al cerebro que se traduzca en dolor como lo son las quemaduras de 3er grado. Mientras más profunda sea la quemadura, más daño a los tejidos y nervios se genera. Es por eso que las quemaduras superficiales de 1ero y 2do grado son más intensas en dolor.

Pensar que no tener dolor es una bendición, es un concepto sumamente erróneo. Desde que nacemos experimentamos dolor y en el transcurso de nuestra vida el dolor nos acompaña, siendo una alerta muy importante para nuestro estado de salud.

 

 
Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
twitter:@CBaquedano_V



Cancún, Q. Roo, México. Febrero del 2013

www.cbaquedano.com.mx