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sábado, 4 de mayo de 2019

ADICCION


Cuando se menciona la palabra adicción, inmediatamente se piensa en cocaína, marihuana, alcohol o alguna otra droga de moda. Sin embargo, las adicciones no se refieren únicamente a las drogas permitidas o no permitidas, también existe adicción a la tecnología, juego, sexo, trabajo, música o cualquier otra circunstancia que sea capaz de atraer la atención de una persona a tal grado que la desconecte del mundo que la rodea, que se vuelva indiferente e insensible a la realidad de su entorno porque simplemente para ella deja de existir o tener relevancia, sin importarle que disminuya su productividad o deje de cumplir sus responsabilidades, ya que dicha adicción ocupa todo su tiempo.
Es así como, sin darte cuenta, las adicciones se van apoderando de ti y tu voluntad, y aunque algunas parecen inocuas, llegan a afectar de forma significativa tu vida.
Pero en esta ocasión, hablemos de la adicción a las drogas, un tema que aunque parezca muy trillado, vale la pena reflexionar acerca de una situación que está cada vez más incidente en nuestra sociedad actual, lo cual me lleva a plantear la siguiente interrogante:
¿Por qué a pesar de que existe mucha información sobre el uso y abuso de las drogas, pues es un tema vigente en los ámbitos escolar, institucional, no gubernamental e incluso en las redes sociales y en el internet, las personas desde muy temprana edad consumen drogas?
Y es que ahora se ha vuelto más común conocer o enterarnos que niños y adolescentes, tristemente son víctimas de las drogas.
Existen varias condiciones que favorecen su inicio en el uso:
CURIOSIDAD. El ser humano tiene por naturaleza experimentar para aprender, por lo que desarrolla una curiosidad innata. En la niñez y adolescencia una característica propia del desarrollo es cuestionar hasta quedar convencidos de algo. Entonces cuando en la escuela o en la familia se habla de los efectos negativos de las drogas, algunos niños o adolescentes, quizá un poco más rebeldes,  no lo creen y les gana esa curiosidad por experimentar si en realidad es cierto todo lo que se dice al respecto.
ACEPTACIÓN SOCIAL. Los niños mayores (preadolescentes) y adolescentes, andan en una búsqueda de identidad y aceptación en sus grupos de amigos y compañeros de escuela. Es por eso que vemos que cambian a diferentes estilos de peinados, vestimenta, gusto musical e incluso lenguaje. Es en esa búsqueda de aceptación social y pertenencia a grupos de amigos de igual o mayor edad, que los niños y adolescentes empiezan a consumir las drogas socialmente permitidas, como son el alcohol y el tabaco. Y esto, a veces es  con la aprobación de los padres.  Sin embargo, cuando existe entre esos grupos de amigos, integrantes que consumen  drogas no permitidas, habitualmente marihuana y pastillas,, los chicos empiezan a consumir también, ya sea por insistencia, presión o retos con la finalidad de no ser rechazados y verse entre iguales.
EVASION DE LA REALIDAD. La descomposición del tejido social, la desintegración de los núcleos familiares por diferentes causas, como lo son las mismas adicciones, la violencia intrafamiliar, el desempleo, la separación de los padres, el abuso sexual, son factores de riesgo predisponentes en el uso de drogas para los hijos. Esta situación dañina en la familia, en la gran mayoría de los casos resulta  difícil de entender y sobrellevar para los niños y adolescentes, quienes se vuelven víctimas directas o indirectas de las circunstancias que viven. Es así que cuando se experimentan rebasados emocionalmente,  para  no pensar en la vida problemática que llevan son presa fácil del consumo y adicción a las drogas, por tener un escape efímero de su realidad y  de alguna manera ya no ser parte de ese ambiente hostil y adverso que deriva de la disfunción familiar.
PENSAR QUE NO HACEN DAÑO. El error más común que existe en los niños y adolescentes  es pensar que las drogas no hacen daño si se consumen por poco tiempo o por pequeñas cantidades, o también porque conocen a personas que las usan y no les pasa nada (aparentemente), de tal manera que bajo la premisa de que no hacen daño, se inicia en un camino que no tiene salida o del cual sólo se puede salir muerto. Por ello, algo que no está en discusión es que las drogas sí hacen daño. En últimas fechas se ha comentado que el uso de marihuana es inocuo. Sin embargo,  la inhalación del humo de este estupefaciente causa daño a nivel pulmonar, como lo es la enfermedad pulmonar obstructiva crónica (EPOC) y por supuesto que también causan daño cerebral por destrucción neuronal.
Como sabemos, y lo podemos constatar a nuestro alrededor, en la familia, amigos, trabajo, las drogas dañan la salud integral de la persona y entre  los efectos nocivos que producen, tanto físicos como psicológicos, se encuentran los siguientes: adicción, abstinencia, deterioro nervioso, aislamiento, autoestima baja, culpabilidad, enfermedades e inmunosupresión, deterioro económico, disfunción familiar y muerte.
ADICCIÓN. Las drogas tienen como característica y consecuencia que son altamente adictivas. El que las consume puede pensar de forma errónea, sólo esta vez, cuando quiera la dejo, yo las domino, etc. Sin embargo, esto es completamente falso, pues el que inicia un camino en el consumo de las drogas tiene  un alto grado de dificultad para abandonarlas.
ABSTINENCIA. De acuerdo a como se ha visto en películas y documentales, se tiene el estereotipo de la persona encerrada en un cuarto comiéndose las uñas, transpirando profusamente, dando vueltas en un cuarto como león enjaulado, como manifestaciones del síndrome de abstinencia a las drogas. Y estas imágenes  no son del todo irreal. Existen niveles de abstinencia que se pueden presentar desde el inicio de la adicción cuando el individuo empieza a experimentar la necesidad imperiosa de consumir drogas al grado de generarle irritabilidad, ansiedad, desesperación, síntomas que desparecen al momento de consumirla, lo que refuerza el pensamiento negativo de que la droga es buena para su cuerpo porque le calma, cuando en realidad, toda esa intranquilidad fue generada por su período de abstinencia.
DETERIORO NERVIOSO. Esto se presenta cuando el consumidor de drogas experimenta problemas con las demás personas que interactúan con él, al no saber manejar situaciones interpersonales que condicionan diferencia o fricción. Presenta dificultad para tener inteligencia emocional, cayendo en discusiones de forma rápida y frecuente por temas menores, piensa que no lo valoran, que no le hacen caso, que todos están en su contra, entre otros pensamientos que lo pueden conducir a la ansiedad o depresión.
AISLAMIENTO, AUTOESTIMA BAJA Y CULPABILIDAD. Son actitudes que pueden coexistir y ser propiciadas por el deterioro nervioso que se describen en párrafo anterior, aunque también se pueden presentar de forma aislada y cualquiera de ellas condiciona la aparición de las demás. Es decir, una persona con autoestima baja puede experimentar culpa por ejemplo de fallarle a su familia y aislarse de su entorno familiar. El consumo de drogas, al interactuar con los valores y principios que se reciben en el seno familiar, causa conflictos internos al individuo y propician que estas actitudes afecten su comportamiento y relaciones con los demás.
ENFERMEDADES E INMUNOSUPRESIÓN. Los individuos que usan drogas tienen un factor de riesgo elevado para padecer enfermedades.  De forma directa causan por ejemplo demencia, paranoia, enfermedades pulmonares, cáncer, entre otras. De manera indirecta se pueden contraer enfermedades durante el uso de las drogas por no estar alertas, como al intercambiar jeringuillas se puede contraer SIDA, hepatitis, enfermedades de transmisión sexual o sufrir accidentes al no tener una conciencia del peligro durante el efecto de las mismas. Asimismo,  las personas que consumen drogas tienen el sistema inmunológico deprimido (inmunosupresión) lo que favorece  contagiarse fácilmente de enfermedades leves o complicadas. Otro factor que favorece la inmunosupresión son los malos hábitos alimenticios que el adicto presenta.
DETERIORO ECONÓMICO Y DISFUNCIÓN FAMILIAR. El consumo de drogas inicialmente puede ser gratuito como una forma de engancharte a ellas. Sin embargo, al paso del tiempo dicha práctica genera un gran gasto económico que deteriora tu economía, la cual a su vez también puede estar disminuida por no tener una buena productividad durante el uso de las mismas. Por consiguiente, una cosa lleva a la otra, consumir drogas exige dinero para adquirirlas, y a mayor consumo mayor gasto económico, que si no se tiene la capacidad laboral para generarlo, o los recursos económicos para costearse, condicionará problemas entre los miembros de la familia. En síntesis una disfunción familiar que no permite una adecuada cohesión entre sus miembros.
MUERTE. Considerada como la etapa final del consumo de drogas, sitio a donde uno puede llegar al estar inmiscuido en su consumo, por situaciones de tipo delictivo, disminución en el estado de alerta que propicia el sufrir accidentes o por deterioro de la salud misma con un desenlace fatal.
En síntesis, las adicciones pueden tener diversos grados de afección de tipo personal, familiar, escolar, laboral y social. Son un camino que no nos conduce a ser mejores y que por el contrario, llevan a  perder-perder cuando se transita en su uso. Y aunque suene trillado: DI NO A LAS DROGAS.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Enero del 2019







sábado, 1 de agosto de 2015

MALOS HIJOS

Ningún  niño  se acuesta a dormir siendo una criatura inocente y se despierta delincuente. Los padres que sin límites consienten, alimentan serpientes. Al escuchar tales afirmaciones en voz de alguien que con acierto habló, no pude evitar analizar mi proceder como padre en la educación de nuestros hijos ante dichas verdades.

En muchas ocasiones he escuchado a papás quejándose de que los hijos le salieron malos y que se portan mal; que a pesar de las reprimendas, castigos e incluso violencia física, los hijos continúan con su  mala conducta.

¿Será que los niños desde que nacen ya tienen predestinado la forma en la cual se comportarán? Definitivamente, cada niño nace con una personalidad característica que conforme a los principios y valores que se van inculcando en el seno familiar va forjando un carácter que los conducirá por la vida.

Los niños aprenden de forma directa e indirecta. Los hábitos, usos y costumbres se inculcan durante  la infancia como semilla en terreno fértil que a la larga determinará la forma de comportarse en la sociedad.

Los papás a veces tenemos conductas que no consideramos puedan ser perjudiciales en la formación de nuestros hijos. Un ejemplo usual se presenta al llevar a los niños a la escuela: si se ha hecho tarde, nuestra prioridad es llegar a tiempo y no nos importa si no respetamos los límites de velocidad, rebasamos por la izquierda, pasamos altos o cualquier otra imprudencia al conducir el automóvil que  incluso pueden poner en peligro la vida de nuestros pasajeros y los que están a nuestro alrededor.  Cuando se logra el objetivo experimentamos una sensación de júbilo y satisfacción. Pero no pensamos en el mensaje implícito que le transmitimos a los niños con nuestra conducta al llevarlos a la escuela, el cual puede traducirse como que violar las leyes de tránsito, ser descortés para conducir, poner en peligro a los demás, pasa a segundo término cuando  lo más importante es llegar a tiempo a la escuela no importando a costa de qué.  Esto se llama retroalimentación negativa. Como ejemplo, en más de una ocasión, al ir por mis hijos a la escuela, con tristeza veo como se hacen dobles filas para avanzar, algunos metiéndose de una fila a otra de forma poco amable e incluso contestando groserías cuando se les reclama su actitud, sin darse cuenta que están enseñando a sus hijos esa cultura vial y de falta de respeto hacia los demás de una forma tácita, pero mucho más impactante que miles de palabras juntas. Efectivamente, enseñamos con el ejemplo, si como adultos nos conducimos de forma violenta, poco tolerante, irrespetuosa, prepotente, es indudable que los niños que nos observan adquirirán ese tipo de actitudes que los volverán adultos con los mismos comportamientos. Luego no  nos quejemos de que los hijos nos salen malos.

Los niños y adolescentes adquieren conocimientos a un ritmo acelerado pues  tienen una necesidad de aprender más y más  para tener una identidad propia. Están expuestos a toda clase de información a través del internet por lo que es de vital importancia vigilar lo que están aprendiendo y de quién lo están adquiriendo, pues no todo lo que se publica en el ciberespacio es benéfico. Se necesita vivir para formar un criterio y poder discernir entre lo bueno y lo malo, y en muchas ocasiones, a pesar de que ya tenemos cierta experiencia en la vida, cometemos errores por falta de criterio y podemos ser fácilmente manipulables o influenciables.

Los niños y jóvenes observan, aprenden y adquieren formas de vivir de otras personas que posteriormente hacen propias. Ningún niño nace predestinado a ser de tal o cual forma. Al momento de su nacimiento, son como pequeñas masas de plastilina, sin forma, sin olor, sin color. Es en manos de los padres que se van moldeando esas plastilinas que forman parte del carácter de los niños. Es así como los podemos volver temerosos, independientes, aventados, incrédulos, irreverentes, pero también respetuosos de la vida y de los demás seres humanos, respetuosos de la ley y de las reglas de urbanidad y socialización. Todo va a depender de cómo nosotros les inculquemos valores y principios.

También existen víctimas de los errores de los adultos. Por ejemplo, los hogares con violencia familiar formarán niños que al paso del tiempo se convertirán en adultos violentos. Los hijos que crecen en hogares marcados por el divorcio, tienen un gran riesgo de ser adultos que se divorcien cuando llegue el momento. En los hogares en donde existen adicciones como ingesta de alcohol en exceso, drogas permitidas o no permitidas, crecen niños con un gran riesgo de padecer las mismas adicciones con las que convivieron.

En muchas familias, las condiciones de vida actual orillan a ambos papás a trabajar y dejar mucho tiempo solos a los hijos, condicionando que crezcan sin vigilancia de lo que ven en internet, en la televisión o de las compañías con las que conviven durante su ausencia. A veces es necesario valorar si efectivamente vale la pena  que los dos trabajen para tener una mejor solvencia económica. Desafortunadamente el tener más dinero no garantiza tener armonía familiar. Por mi trabajo he tenido la oportunidad de conocer gente con alto poder adquisitivo,  pero que son un caos como familia. También he sido testigo de cómo familias con un nivel socioeconómico precario, se prodigan cuidados, atenciones, respeto y apoyo.  Lo que confirma mi teoría de que para ser feliz no necesariamente se debe tener una gran suma de dinero en las cuentas bancarias.

Es importante también que los niños aprendan a dar el justo valor a las cosas. Muchas veces sucede que como padres queremos en nuestros hijos  cumplir las carencias que como niños tuvimos y los llenamos de comodidades (que la mayoría de las veces no piden), a las cuales se acostumbran pero sin el más mínimo esfuerzo. Cuando los niños deben aprender desde pequeños que para obtener bienes se requiere esfuerzo y trabajo, que los bienes son para disfrutarlos,  cuidarlos y hacer uso adecuado de ellos. Un dicho muy común y totalmente cierto que decía mi abuelito es que: lo que fácil viene, fácil se va. Otra forma de crear conciencia en los niños es asignarles responsabilidades en el hogar (aunque no sean necesarias) como  mantener limpia la casa o su habitación, guardar su ropa limpia, separar la ropa sucia, lavar trastes, limpiar zapatos, colaborar en general en las actividades del hogar e involucrarlos en su cuidado.  Es importante también,  establecer reglas y cumplirlas por todos los integrantes de la familia,  como horarios de entrada a casa, horarios de comida, reportarse frecuentemente cuando estén fuera de casa, mantenernos informados con quien salen, conocer a las personas con quien conviven e incluso a sus familias.

Hagamos un ejercicio rápido: Recuerda el nombre de cinco de los amigos de tus hijos ¿No los recuerdas o peor aún no los sabes? Pues este es un buen momento de interesarte por eso. En más de una ocasión he visto chicos que de niños eran excelentes hijos y cuando llegan a la adolescencia son víctimas de drogadicción, bajo rendimiento escolar a incluso problemas con la ley. Cuando se les cuestiona del porqué de su comportamiento la respuesta es A MI PAPÁ (MAMÁ) NO LE INTERESO, es una forma de llamar la atención.  Este reclamo es común y lo más grave del caso es que no es del todo cierto pues el papá o mamá se dedicó a trabajar para el hijo, pero olvidó compartir con él. Aunque suceden casos también en los cuales los papás no solo se olvidan de cuidarlos y educarlos, sino que también olvidan dar ejemplos de vida. ¿Con que calidad moral exiges a tu hijo que se porte bien si tú mismo no eres ordenado en tu vida? Es muy difícil, no existen los padres perfectos, pero tampoco existen los hijos perfectos. La perfección se logra creciendo día con día, practicando nuestros valores y principios, aprendiendo de nuestros errores y reinventándonos.

Si queremos una sociedad mejor, empecemos en casa. Los buenos valores nunca pasaran de moda, la felicidad es posible sólo cuando se logra un equilibrio emocional y una estabilidad familiar.

Nuestra responsabilidad como padres es hacer de nuestros hijos personas felices, plenos y respetuosos de la vida y de los demás.   

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas
Médico Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Agosto del 2015






viernes, 2 de enero de 2015

Adicción a las Redes Sociales

Hace algunos años era impensable que todo se pudiera solucionar con un Smartphone, una Tablet o una computadora. Ahora es casi imposible (para muchos, entre los que me encuentro yo) salir a la calle sin teléfono.

Sin embargo, como decía mi papá: Todo exceso es malo, pero que nadie te cuente lo que es la vida sin haberla vivido. 

En la actualidad, la gran mayoría de las personas nos hemos convertido en dependientes de la tecnología; o lo que es lo mismo, la tecnología ha vuelto adictos a muchos de sus usuarios.

Es increíble ver como algo que se hizo para facilitar la comunicación entre personas lejanas geográficamente y minimizar así la distancia física, tenga como efecto paralelo separar y crear distancia virtual  entre personas que pueden estar en una convivencia íntima y cercana.

¿Qué quiero decir con esto? Que la tecnología ha venido a sustituir las pláticas familiares y con ello a debilitar las relaciones interpersonales.

Es una escena muy común ver en restaurantes, reuniones sociales, familiares e incluso laborales a más de una persona que se encuentra aislada con el escudo mágico que le brindan las redes sociales. Los vemos reírse solos, inclinando el cuello en  un ángulo de casi 60 grados, con las dos manos en el celular o la Tablet, sin despegar la mirada de la pantalla. Otra imagen que se ha vuelto parte de nuestro entorno social es ver a las personas caminando por las calles sin percatarse de lo que sucede a su alrededor por estar abstraídos totalmente en su celular.

Cuando niño, al salir en carretera me encantaba ver el paisaje que iba pasando frente a mis ojos, los animales, los árboles,  la gente en los poblados, veía el cielo y formaba imágenes con las nubes; podía percibir los olores y los sonidos del ambiente.  Ahora, los más jóvenes de la familia (y algunos no tan jóvenes), viajan viendo sus aparatos electrónicos ajenos al exterior.

La tecnología es una excelente herramienta para facilitar la vida cotidiana, que puede ser un arma poderosa, pero también peligrosa. El problema es el exceso que conlleva a  no  respetar las reglas básicas de cortesía y convivencia en la sociedad.

En más de una ocasión he recibido reclamos de mi esposa cuando nos encontramos platicando y de repente el Smartphone suena y automáticamente miro el aparato, distrayendo mi atención de la charla que con ella sostengo ¿Es falta de interés? Claro que no, simple y sencillamente se ha vuelto un reflejo esclavizante atender el celular de forma inmediata.

Les presumo que pertenezco a una red social en donde tengo más de 750 contactos, de los cuales conozco en persona a la gran mayoría y me asombra ver lo que publican en sus muros, sus estados de ánimo, sus alegrías, sus tristezas, sus problemas, su ego enaltecido, su angustia. Y me sorprende porque en persona, algunos de estos contactos no son capaces de expresar sus sentimientos de viva voz a su familia o amistades más cercanas.

Dicen que la red social aguanta todo lo que le pongas, lo cual es un dicho muy cierto, pues  muchas personas demuestran un proceder diferente a lo que publican. Lo verdaderamente interesante es tener congruencia  entre el vivir y el pensar y que lo que compartas en las redes sociales sean pensamientos y sentimientos que reflejen tu conducta habitual porque así es tu forma de ser.

Otro aspecto que debemos tener presente es que los usuarios tenemos derecho al respeto y la libertad de expresión. Las redes sociales son como una gran avenida en la cual todos transitamos en igualdad de condiciones, por tal motivo es importante no olvidar que somos seres únicos y distintos a los demás.

Para que la tecnología brinde más bondades que defectos, en las familias como en los grupos sociales se deben establecer reglas para el uso de los aparatos electrónicos y redes sociales  con la finalidad de evitar el distanciamiento de las relaciones interpersonales y propiciar la interacción directa.

Sin duda, estamos inmersos en un mundo en el que los avances tecnológicos se suscitan a pasos agigantados y acaparan nuestra atención e interés por estar presentes en las redes sociales. Sin embargo, esta situación tan característica de la sociedad actual, afecta de manera tácita y contundente a la familia. Es por ello que debemos darle un uso responsable y adecuado a los aparatos electrónicos para preservar la cohesión familiar.   

A continuación les presento algunas sugerencias que pueden resultar de gran utilidad:

-Evitar usar el celular a la hora de los alimentos. Apaguen todo, incluyendo el televisor. Las mejores pláticas y confidencias familiares se pueden obtener a la hora de compartir los alimentos.

-No navegues en el ciberespacio por más de una hora continua. Mucho menos lo hagas si hay visitas en casa.

-Respeta tus horas de sueño, que por estar atento a las redes sociales las vas disminuyendo. Recuerda que como mínimo debes dormir 6 horas al día. No hacerlo provoca serios perjuicios a tu salud y a tu desempeño diario.

-No usar el celular cuando manejas. Muchos anuncios sobre esto, sin embargo los accidentes viales siguen en aumento por esta causa. No te distraigas mientras conduces. Esto puede ser mortal.

-En reuniones sociales,  el navegar por la red te permite compartir con amigos lejanos el feliz presente que vives. Pero no olvides que las reuniones son para eso, para reunirse y convivir con los invitados.

-En tu trabajo, en tu escuela, en tu servicio religioso, concéntrate en lo que estás haciendo. Mantén apagado tu celular o aparato electrónico, es la mejor forma que existe para no distraerse. Ya tendrás tiempo de averiguar qué pasa.

Y como los puntos anteriores, tú mismo puedes establecer reglas personales que te permitan vivir y convivir con tu entorno.

La adicción a las redes sociales existe, es un problema real, no es un término acuñado en el chat. Genera ansiedad, disfunción familiar, separación, aislamiento. No permitas que tu vida se vuelva dependiente de las redes sociales. Aprovéchalas, úsalas, sácales provecho, pero no permitas que la adicción  cambie tu vida.

Más vale tener un amigo cercano con quien dialogar que muchos ciberamigos que sólo darán un like a tus pensamientos o sentimientos sin profundizar en la realidad de tu ser.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Enero del 2015