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sábado, 2 de marzo de 2019

PADRES EXAGERADOS

En repetidas ocasiones he tenido la oportunidad de escuchar la frase: ¡mamá (a veces papá), eres una exagerada!

Los hijos, sobre todo cuando aún son adolescentes, juzgan que los papás son  exagerados por  estar al pendiente de su situación de salud, alimentación, vestimenta, higiene personal, vida social e incluso adicciones entre otras circunstancias que condicionen este vehemente reclamo.

¿Por qué es común y frecuente  tan severa apreciación?

Los adultos sabemos que se necesita acumular experiencias para aprender a tener precaución, y como padres podemos percibir la vulnerabilidad de nuestros hijos ante el peligro. Cuando el ser humano es de temprana edad, descubre, aprende, juega y experimenta. Este desarrollo le permite identificar que el agua caliente quema y que si tira humo es porque  precisamente está caliente, que los objetos puntiagudos causan dolorosas punzadas, que el correr con los ojos cerrados tendrá como consecuencia  una caída y muchas vivencias que por experiencia propia que  se vuelven aprendizaje.

Sin embargo, cuando uno ya lleva algunos años recorridos en la vida, aprende a conocer las situaciones de riesgo y  prevenir los daños derivados de éstas. Es por ello que los padres,  en un afán de protección hacia los hijos, insisten  en evitar que realicen temerosos actos que vayan en perjuicio de su salud o su integridad física.

En muchas ocasiones, los adolescentes y jóvenes se impacientan ante las recomendaciones de los adultos, al grado de  librar verdaderas batallas campales que causan  distanciamiento en la relación, situación que los chicos expresan como hartazgo. Tal pareciera que la insistencia de los padres tiene el motivo principal de arruinarles la vida, coartar su derecho a opinar o restringir su libertad, pero esto no es así, lo cual asimilan solamente conforme los niños y adolescentes van creciendo, pues es cuando logran entender el trasfondo de la actitud de sus padres.

Pero la realidad de estas exageraciones de los papás, están relacionadas con el amor que se siente hacia los hijos. Es mucho más fácil que un papá diga: Ya te dije, es tu problema el que no me hagas caso. En cambio, la mamás, son más insistentes en aconsejar, pues existe un vínculo de amor más estrecho y no es para menos: 9 meses de embarazo que corresponden a 280 días dentro del cuerpo de mamá, sentir sus primero movimientos, soportar los malestares propios del embarazo y el dolor del parto, amamantarlos y estar pendientes en todo momento de que están bien los primeros meses de vida son las condiciones perfectas para que el amor de una madre sea indisoluble, que pueda persistir a pesar de todos los sin sabores y malos momentos que se puedan vivir en la relación con los hijos.

Sin embargo, el ser impositivos e imperativos son conductas que  no ayudan a que estas exageraciones den fruto de forma inmediata en la conducta de los hijos. El dialogo amoroso, explicar el  porqué de estas recomendaciones, retroalimentar cuando se producen las situaciones advertidas por no escuchar consejo, el estar pendientes cuando no hacen caso, son la mejor manera de conseguir que los hijos entiendan y atiendan las recomendaciones de los padres.

Aunque también existe el otro lado de la moneda, cuando hay padres que caen una sobreprotección extrema de los hijos y no les permiten el aprendizaje por experiencia. La sobreprotección es la mejor forma de volver a los hijos inseguros y en algunas ocasiones, disculpando el término, adultos mediocres, sin aspiraciones. 

Un ejemplo que habitualmente manejo en mi práctica profesional es el de los pájaros en la jaula, en el cual explico que las aves que se encuentran enjauladas, se les da de comer todos los días y se les protege de los depredadores al estar encerrados, sin embargo, también se le limita la capacidad de la autosuficiencia para buscar su alimento o defenderse. Por eso, cuando un pájaro escapa de la jaula, probablemente muera de hambre por no poder conseguir su alimento o ser presa fácil del depredador. 

En mi trabajo me encuentro con papás que viven preocupados por las enfermedades de sus hijos, preocupación que raya en lo patológico, como el estar llamando o acudiendo al médico ante la menor circunstancia de salud de los niños fuera de lo habitual, o el estar desesperados porque los medicamentos administrados no surten efecto en los niños a la velocidad del rayo, midiendo a cada minuto la temperatura o medicando a los niños a dosis y horarios diferentes a los prescritos en las recetas. Cierto es que hay enfermedades en las cuales se debe mantener una vigilancia estrecha de la evolución, pero esto deber ser sin caer en  paranoia, conducta que puede estar propiciada por una información inadecuada, escueta o incluso inexistente del médico tratante con respecto a la evolución de la enfermedad tratada.  Es por eso la importancia de acudir con el médico que te ha demostrado capacidad resolutiva, con el que se tiene buena relación médico-paciente y disponibilidad.

Decía mi padre: Ya verás cuando tengas tus propios hijos y me darás la razón de lo que te digo, ¿saben? Papá ten?a mucha razón. Y no dudo que en algún momento de nuestras vidas, cuando ejercemos el rol de padres, nos damos cuenta de que lo que nos decían era cierto y lamentamos esos reproches y malas contestaciones. Y como un ciclo sin fin, ahora nosotros damos esos consejos  que muchas veces condicionan angustia y desesperación al no ser escuchados y o atendidos por los hijos.

Pero no decaigas en tu esfuerzo de cuidar a tus hijos, sigue siendo un padre exagerado, pues tu exageración les hará saber el día de mañana, cuanto los amas.



Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Marzo del 2019







domingo, 2 de julio de 2017

ADOLESCENCIA

Una de las etapas más difíciles para los padres en la crianza de los hijos es la adolescencia, momento de la vida en el cual el ser humano no es niño ni adulto, aún no se define su carácter,  tratan de  apropiarse de las ideas de otros en búsqueda de una identidad que les permita experimentarse pertenecidos a sus iguales,  físicamente se tiene un crecimiento acelerado y un desarrollo intelectual más acentuado. Es decir, es una etapa de transición significativa, pues el adolescente sufre cambios en todos los aspectos de su persona. Es por ello que para los padres su labor se torna más complicada para realizar.

Dice un dicho popular que nadie es profeta en su tierra, y enfocados en el entorno de la familia, este dicho resulta muy ad hoc en los adolescentes, pues la gran mayoría deja de  hacer caso a sus padres y da más valor a lo que dicen otros adultos,  jóvenes o incluso adolescentes.

Es en este momento de vida en donde los conflictos inician, pues el adolescente busca el brillo de las cosas, el reconocimiento de los demás, influenciado por amigos, maestros y otros adultos y hace poco caso de las enseñanzas adquiridas en casa, tornándose rebelde, egoísta y egocéntrico.

El riesgo que existe, es que en la búsqueda de esa identidad, el adolescente abra puertas que lo conduzcan a caminos indeseados, los cuales por su misma inexperiencia puede transitar sin posibilidad de retorno. Ejemplo de ello son las drogas, las cuales los adolescentes utilizan al ser retados por sus mismos compañeros (pues un amigo no te incita a realizar actos que atenten contra tu vida). De igual forma, las drogas permitidas como el alcohol y el tabaco son fácilmente adquiridas por los adolescentes a pesar de que exista todo una reglamentación en nuestro país para la prohibición de la venta a menores de edad. 

Aunque no podemos generalizar,  la gran mayoría de adolescentes están expuestos a este tipo de situaciones, las cuales se pueden reforzar cuando  se vive en una situación de interrupción familiar (divorcio o separación de los padres), crisis paranormativas en el desarrollo de la familia como violencia intrafamiliar, drogadicción, desempleo, dificultades económicas, enfermedades graves en algún miembro de la familia que requiera cuidados especiales.

Los adolescentes que se resisten a probar sustancias al ser retados, pueden ser víctimas de bullying o exclusión  por parte de sus compañeros, lo que lástima también la autoestima.

Los ejemplos en el hogar también son motivo de que el adolescente haga cosas incorrectas. Escuchaba en una conferencia una plática en la cual se decía: ¿Por qué existe una gran ingesta de alcohol en los jóvenes? Por la enseñanza adquirida en el hogar. Desde pequeños, los niños acompañan a sus padres a comprar bebidas embriagantes, de modo que este patrón de conducta es repetitivo cuando llegue el momento, pues así lo aprendieron. Lo mismo pasa con el tabaco y muchas veces con el uso de estupefacientes, al ver el uso de ello por parte de un familiar cercano, el adolescente asume que es algo normal consumirlo, aunque exista información en la escuela o en los medios de información en donde se promueve no usar drogas.

La mejor forma de educar y convivir con un adolescente está basada en tolerancia, respeto, disciplina, diálogo, congruencia de vida y apoyo. Cuando existen discusiones familiares, es muy difícil hacerles entender, pues defienden sus ideas de una forma férrea o aguerrida aunque muchas veces estén equivocados. Este tipo de situaciones genera entre los padres y los hijos adolescentes un distanciamiento que en muchas ocasiones puede ocasionar sentimientos de rencor.

La congruencia de vida es un punto vital en este proceso de educación. ¿Cómo le puedes pedir a tu hijo que sea honesto si tú no lo eres? En ocasiones, como adultos tenemos comportamientos aparentemente inocentes que los chicos observan como lo es el negarse a hablar con una persona por teléfono diciendo que no se está en casa, no respetar los señalamientos de vialidad y tránsito, hablando mal de otras personas, criticando, burlándose. Todo este comportamiento es adquirido por los hijos desde la niñez como una esponja, así que cuando se llega a la edad de la adolescencia (o incluso a la edad adulta) les es muy fácil mentir, transgredir las reglas o incluso la ley. Así lo aprendieron en casa y será un patrón de conducta repetitivo.

Pero no te angusties si al analizar lo que lees te das cuenta que se asemeja mucho a tu estilo de vida. El platicar con los hijos, el disculparse y recomponer los hábitos de vida, son circunstancias que favorecen para que los muchachos salgan adelante y a la larga se conviertan en adultos de bien.

Hay que tener paciencia y reforzar de forma positiva todos los días con los adolescentes sobre su educación y orientación. Corregir cuidadosamente los errores de ellos y resaltar lo que hacen bien. Disfrutar sus logros, compartir sus momentos, convivir, atreverse a preguntarles confidencias y en ocasiones a ser sus cómplices.

Es importante hacerle saber a los hijos el esfuerzo que se hace para conseguir lo necesario para su alimentación, vestimenta y educación. No como una forma de reproche, sino para que aprendan a dar el justo valor a las cosas. De igual manera, el explicar que las medidas correctivas se aplican no porque se esté en su contra sino porque se les ama y se quiere lo mejor para ellos, es otro de los aspectos que no se debe pasar por alto platicar.

Respetar su privacidad pero sin dejar de mirar sus pasos es sumamente importante. El vigilar a sus amistades, sus actividades, sus salidas no es falta de confianza en ellos, es una responsabilidad  que los padres deben asumir. De igual manera el ser parte de sus redes sociales es una estrategia que genera confianza mutua. No se trata de dar like a todos sus fotos o comentarios, sino de observarlos de una forma discreta que no les cause pena delante de sus amigos. Es como mirarlos jugar desde una ventana, al pendiente de su integridad física.

En síntesis, la adolescencia es la etapa en la cual el individuo se vuelve más vulnerable, de tal forma que los padres y adultos encargados de su educación deben estar más atentos, pacientes y sobre todo congruentes en su forma de hablar y vivir.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Julio del 2017