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domingo, 2 de julio de 2017

ADOLESCENCIA

Una de las etapas más difíciles para los padres en la crianza de los hijos es la adolescencia, momento de la vida en el cual el ser humano no es niño ni adulto, aún no se define su carácter,  tratan de  apropiarse de las ideas de otros en búsqueda de una identidad que les permita experimentarse pertenecidos a sus iguales,  físicamente se tiene un crecimiento acelerado y un desarrollo intelectual más acentuado. Es decir, es una etapa de transición significativa, pues el adolescente sufre cambios en todos los aspectos de su persona. Es por ello que para los padres su labor se torna más complicada para realizar.

Dice un dicho popular que nadie es profeta en su tierra, y enfocados en el entorno de la familia, este dicho resulta muy ad hoc en los adolescentes, pues la gran mayoría deja de  hacer caso a sus padres y da más valor a lo que dicen otros adultos,  jóvenes o incluso adolescentes.

Es en este momento de vida en donde los conflictos inician, pues el adolescente busca el brillo de las cosas, el reconocimiento de los demás, influenciado por amigos, maestros y otros adultos y hace poco caso de las enseñanzas adquiridas en casa, tornándose rebelde, egoísta y egocéntrico.

El riesgo que existe, es que en la búsqueda de esa identidad, el adolescente abra puertas que lo conduzcan a caminos indeseados, los cuales por su misma inexperiencia puede transitar sin posibilidad de retorno. Ejemplo de ello son las drogas, las cuales los adolescentes utilizan al ser retados por sus mismos compañeros (pues un amigo no te incita a realizar actos que atenten contra tu vida). De igual forma, las drogas permitidas como el alcohol y el tabaco son fácilmente adquiridas por los adolescentes a pesar de que exista todo una reglamentación en nuestro país para la prohibición de la venta a menores de edad. 

Aunque no podemos generalizar,  la gran mayoría de adolescentes están expuestos a este tipo de situaciones, las cuales se pueden reforzar cuando  se vive en una situación de interrupción familiar (divorcio o separación de los padres), crisis paranormativas en el desarrollo de la familia como violencia intrafamiliar, drogadicción, desempleo, dificultades económicas, enfermedades graves en algún miembro de la familia que requiera cuidados especiales.

Los adolescentes que se resisten a probar sustancias al ser retados, pueden ser víctimas de bullying o exclusión  por parte de sus compañeros, lo que lástima también la autoestima.

Los ejemplos en el hogar también son motivo de que el adolescente haga cosas incorrectas. Escuchaba en una conferencia una plática en la cual se decía: ¿Por qué existe una gran ingesta de alcohol en los jóvenes? Por la enseñanza adquirida en el hogar. Desde pequeños, los niños acompañan a sus padres a comprar bebidas embriagantes, de modo que este patrón de conducta es repetitivo cuando llegue el momento, pues así lo aprendieron. Lo mismo pasa con el tabaco y muchas veces con el uso de estupefacientes, al ver el uso de ello por parte de un familiar cercano, el adolescente asume que es algo normal consumirlo, aunque exista información en la escuela o en los medios de información en donde se promueve no usar drogas.

La mejor forma de educar y convivir con un adolescente está basada en tolerancia, respeto, disciplina, diálogo, congruencia de vida y apoyo. Cuando existen discusiones familiares, es muy difícil hacerles entender, pues defienden sus ideas de una forma férrea o aguerrida aunque muchas veces estén equivocados. Este tipo de situaciones genera entre los padres y los hijos adolescentes un distanciamiento que en muchas ocasiones puede ocasionar sentimientos de rencor.

La congruencia de vida es un punto vital en este proceso de educación. ¿Cómo le puedes pedir a tu hijo que sea honesto si tú no lo eres? En ocasiones, como adultos tenemos comportamientos aparentemente inocentes que los chicos observan como lo es el negarse a hablar con una persona por teléfono diciendo que no se está en casa, no respetar los señalamientos de vialidad y tránsito, hablando mal de otras personas, criticando, burlándose. Todo este comportamiento es adquirido por los hijos desde la niñez como una esponja, así que cuando se llega a la edad de la adolescencia (o incluso a la edad adulta) les es muy fácil mentir, transgredir las reglas o incluso la ley. Así lo aprendieron en casa y será un patrón de conducta repetitivo.

Pero no te angusties si al analizar lo que lees te das cuenta que se asemeja mucho a tu estilo de vida. El platicar con los hijos, el disculparse y recomponer los hábitos de vida, son circunstancias que favorecen para que los muchachos salgan adelante y a la larga se conviertan en adultos de bien.

Hay que tener paciencia y reforzar de forma positiva todos los días con los adolescentes sobre su educación y orientación. Corregir cuidadosamente los errores de ellos y resaltar lo que hacen bien. Disfrutar sus logros, compartir sus momentos, convivir, atreverse a preguntarles confidencias y en ocasiones a ser sus cómplices.

Es importante hacerle saber a los hijos el esfuerzo que se hace para conseguir lo necesario para su alimentación, vestimenta y educación. No como una forma de reproche, sino para que aprendan a dar el justo valor a las cosas. De igual manera, el explicar que las medidas correctivas se aplican no porque se esté en su contra sino porque se les ama y se quiere lo mejor para ellos, es otro de los aspectos que no se debe pasar por alto platicar.

Respetar su privacidad pero sin dejar de mirar sus pasos es sumamente importante. El vigilar a sus amistades, sus actividades, sus salidas no es falta de confianza en ellos, es una responsabilidad  que los padres deben asumir. De igual manera el ser parte de sus redes sociales es una estrategia que genera confianza mutua. No se trata de dar like a todos sus fotos o comentarios, sino de observarlos de una forma discreta que no les cause pena delante de sus amigos. Es como mirarlos jugar desde una ventana, al pendiente de su integridad física.

En síntesis, la adolescencia es la etapa en la cual el individuo se vuelve más vulnerable, de tal forma que los padres y adultos encargados de su educación deben estar más atentos, pacientes y sobre todo congruentes en su forma de hablar y vivir.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Julio del 2017



martes, 1 de abril de 2014

Tiempo de calidad

¡Más vale tiempo de calidad que de cantidad! Es la clásica aseveración que los padres utilizan para justificar cuando por cuestiones de trabajo están mucho tiempo fuera de casa y no se dedican lo suficiente al cuidado de sus hijos. Sin embargo, al escuchar tal argumento me pregunto ¿Será cierto? Y me atrevo a cuestionarlo porque en mi experiencia laboral, mis pacientes me han demostrado todo lo contrario.

Hace algunos años, la dinámica habitual en una familia tradicional se caracterizaba porque el papá trabajaba y la mamá estaba dedicada al cuidado de los hijos y supervisar su educación, tal vez hasta la preparatoria.

La vida actual ha condicionado que las dinámicas y roles familiares cambien por completo. Ahora papá y mamá trabajan, los menores de 4 años acuden a guarderías por más de 8 hrs y los escolares son atendidos por extraños o los hermanos mayores. Al final del día los padres llegan apurados con todos los pendientes del diario trajinar y la convivencia es nula. Tiempo de calidad ¿será? Es muy difícil que así sea, sobre todo cuando se tiene hijos adolescentes.

Decía mi abuelita, antes la vida era mejor que ahora. Posteriormente me tocó escuchar de mi padre la misma aseveración y hoy con temor repito que antes era mejor que ahora.

¿Qué ha pasado? ¿Hemos perdido los valores y principios de la sociedad? ¿Nos estamos volviendo malos, indiferentes o amorales?

En este cambio de usos y costumbres intervienen muchos factores. Les pongo como ejemplo lo siguiente. Los niños y adolescentes pasan mucho tiempo solos, susceptibles a ser víctimas de la delincuencia que siempre ha existido. La facilidad del acceso al internet sin supervisión de los padres es un gran factor de riesgo en la formación del niño-adolescente. Aunado a ello, están los programas televisivos tan explícitos, que se vuelven un modelo a imitar. Los hijo no logran comprender que papá y mamá están trabajando muchas horas por querer darles una vida mejor. Situación que se agrava cuando existe alguna adicción en el seno familiar, aderezada con violencia intrafamiliar.

Es la misma facilidad que existe en la difusión de noticias lo que ha condicionado que la violencia sea palpable. El estar en contacto constante con la violencia y la delincuencia, fomenta que la veamos como algo natural o normal y ya no nos espante leer la cantidad de muertes o agresiones que se publican en la prensa, se difunden por radio, televisión, redes sociales o internet.

Cuando el niño se está convirtiendo en adolescente, anda desesperadamente en busca de una identidad y una aceptación por parte de sus iguales en la sociedad. Sin la vigilancia adecuada, es presa fácil de las adicciones, del abandono escolar, del inicio temprano a la vida sexual.

He tenido oportunidad de atender a jóvenes que son llevados por sus padres a consulta por consumir marihuana, alcohol o cocaína. Lo extraño es que se trata de jóvenes con buen aprovechamiento escolar y con una aparente integración familiar. Entonces, la pregunta obligada es: ¿Por qué lo haces? La mayoría de los jóvenes ha respondido que por sentirse solos o bien por la necesidad de ser aceptados en sus grupos de amigos. Durante la contestación, es común ver el llanto de los padres al escuchar el relato de sus hijos y cómo es que llegaron a este punto.

Tal vez en un inicio, la guardería tuvo un buen papel en los niños, pero los padres nunca se dieron cuenta que sus hijos estaban creciendo y no se preocuparon por su entorno.

Hagamos un ejercicio: ¿Sabes cuáles son los nombres de al menos 5 amigos de tus hijos? ¿Conoces a los papás de estos amigos? ¿En qué trabajan? ¿Qué religión tiene? ¿Si son víctimas de adicciones o violencia intrafamiliar? ¿Cuál es el nombre de los profesores de tus hijos? Una manzana podrida, puede contaminar a toda la canasta.

Si tu hijo es adolescente y tiene acceso a redes sociales ¿Has leído sus publicaciones? ¿Conoces las fotos que sube? ¿Te permite ser integrante de su red social?

Si contestaste afirmativamente a estas preguntas, te felicito, estás haciendo bien la tarea. Si no es así preocúpate, pero mejor aún ¡OCÚPATE!

El ser humano es el resultado de una interacción de lo biológico, psicológico y social. Por tal motivo no solo es necesario atender la salud física, también es importante cuidar su desarrollo psicológico y social.

¿Les inculcas a tus hijos valores y principios? Si lo haces, ¿Cómo lo haces, de palabra o con ejemplos de vida? ¿Tiene congruencia tu decir con tu actuar? No se vale decir después ¡Mi hijo me salió malo! Eso no es cierto. Te pongo el ejemplo de los árboles con raíces profundas, aun cuando vengan huracanes, siguen erguidos ante el embate de la tormenta. Las raíces en los hijos son los valores y principios. Si estos no existen, ante la más leve ventisca, corren el riesgo de caer y no volver a levantarse.

El problema principal de nuestra sociedad es que se han hecho a un lado los valores y principios, ya que no existe tiempo para enseñarlos, aunque a nuestros hijos les demos TIEMPO DE CALIDAD. Hemos adoptado la conducta de considerar a las escuelas como guarderías, pero no es así, el principal aprendizaje se adquiere en el seno familiar. La escuela solo es un complemento académico, en un mínimo porcentaje de lo que representa la vida del ser humano.

¿Sabías que los hijos de padres divorciados, tienen más riesgo de un fracaso en sus relaciones de pareja que aquellos que vienen de un hogar bien cimentado? ¿Qué los niños que han sido víctimas de violencia familiar, acaban siendo agresores en la edad adulta? Simple y sencillamente son conductas adquiridas en un proceso de formación desde la infancia, pasando por la adolescencia y terminando en la edad adulta. El ser humano nunca deja de crecer en lo psicológico, a diferencia del cuerpo que tiene un periodo de caducidad, el espíritu sigue madurando día con día siempre y cuando las condiciones físicas así lo permitan.

No te sientas culpable si te das cuenta que no es del todo cierto ese TIEMPO DE CALIDAD, muchas veces no hay otra salida, pero se honesto y no olvides el motivo real de tu sacrificio al trabajar todo el día, todos los días y comparte tu tiempo libre con tu familia, con tu esposa, con tus hijos, con tus padres. El tiempo cobra factura y muchas veces es dolorosa en extremo la cuota a pagar.

De forma frecuente se preguntan los ancianos y adultos en retiro ¿Por qué mis hijos no me hacen caso? La respuesta es ¿Les hiciste caso cuando eran niños-adolescentes o solo te ocupaste de proveer cosas materiales?

Lo material caduca, expira. El que sembró raíces profundas en etapas tempranas de vida, tendrá en la vejez la fortuna de cobijarse a la sombra de un árbol frondoso e incluso podrá alimentarse de sus frutos.

Te recomiendo estas lecturas: VIOLENCIA EN LA FAMILIA y FUNCIONALIDAD FAMILIAR



Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Cancún, Quintana Roo, México. Abril del 2014




www.cbaquedano.com.mx 

viernes, 2 de noviembre de 2012

Embarazo en Adolescentes


Durante el ejercicio profesional me ha tocado dar noticias sobre embarazos en hijas adolescentes que caen como bomba, creando severas que afectan la funcionalidad de la familia.
Pareciera una incongruencia que en la actualidad, aun cuando desde la primaria se empieza a otorgar información sobre la sexualidad y la prevención de embarazos no deseados, continuamos con una alta incidencia de los mismos en adolescentes.
Los adultos, que sabemos las implicaciones que conlleva un embarazo nos planteamos una interrogante: ¿Qué sucede por la mente de una adolescente cuando descubre que está embarazada?
En mi desempeño laboral he podido constatar que el temor al regaño e incluso a ser víctima de violencia física conduce a la paciente a cometer una serie de errores, propios de su inmadurez, que a la larga pueden tener fatales consecuencias. Sin embargo, ocultar el embarazo es una conducta generalizada, que puede prolongarse a etapas avanzadas de la gestación. Pero lo que muchas jovencitas ignoran y tal vez los papás y maestros también, es que un embarazo en esta etapa de desarrollo se considera de alto riesgo. Por eso es de suma importancia que desde el inicio, una embarazada se someta a un protocolo de estudios de laboratorio y ultrasonidos para identificar problemas de forma precoz. De igual manera, el no tomar ácido fólico en los tres primeros meses de vida puede condicionar que el futuro bebé presente anormalidades en su sistema neurológico. 
Otra de las prácticas más comunes en las adolescentes embarazadas es intentar abortar, lo cual  pone en peligro su vida al acudir a personas sin escrúpulos que con tal de ganarse unos pesos, no tienen el menor inconveniente en realizar legrados. O peor aun, cuando la joven decide realizar por cuenta propia el aborto tomando medicamentos, aplicándoselos o hacerse de forma directa el legrado con objetos puntiformes, sin importarle los riesgos a los que expone su salud, como dejarle alguna secuela que posteriormente le impida tener hijos e incluso morirse.
El repudio de la sociedad, el rechazo de la familia, la sensación de culpabilidad y de soledad son circunstancias que experimenta la futura mamá y que en medio de la crisis familiar que se genera, los familiares muchas veces se olvidan de ello, pues casi siempre se enfocan en la “honra” de la familia y “el qué dirán”, e intentan “reparar el daño” y obligan al novio a “cumplir” mediante un casamiento precoz, el cual muchas veces es uno de los errores más grandes, pues es un matrimonio condenado al fracaso. De igual forma, en nuestra sociedad importa más el qué dirán que otorgar atención inmediata a la adolescente. Sacarla de la escuela, ocultarla, hacer como que no pasa nada, es únicamente evadir la realidad y no hacer lo más importante que es tener un control médico prenatal.
Ahora bien, enfoquemos nuestra atención a otro aspecto del tema como es los factores de riesgo que propician los embarazos en las niñas, de los cuales el detonante es tener relaciones sexuales prematuras. Haciendo a un lado las condiciones físicas y biológicas propias de la edad, vale la pena enfatizar el entorno familiar en el que se desenvuelven los jóvenes desde la niñez. En muchas ocasiones el adolescente crece sin la atención de los papás, ya que éstos se convierten únicamente en proveedores, que en su afán de conseguir cosas materiales para tener una vida tranquila desatienden la enseñanza, el cuidado y la educación de los hijos. Otra situación es la disfunción que se genera cuando la dinámica familiar se interrumpe por la falta de alguno de los padres,  sea por divorcios, muerte, cárcel, abandono, condiciones laborales, etc. Igualmente cuando en la familia hay problemas de adicciones (alcoholismo, drogadicción), violencia, bajo nivel educativo, entre otros. Es así como una adolescente embarazada puede ser el reflejo de una dinámica familiar dañada. El embarazo puede ser no deseado, o bien deseado y utilizado como una vía de escape hacia un modo de vida mas sano o estable.
Es por eso que los jóvenes que cursan por este problema, deben recibir apoyo de sus padres, familiares, maestros y amigos. Es cierto que no se trata de un problema plausible, de un chiste, sino de algo muy serio que viene a trastornar la funcionalidad de la familia, pero es importante establecer redes de apoyo entre los miembros de la misma y afianzar las relaciones interpersonales positivas.
La adolescente junto con sus padres y hermanos, debe afrontar la problemática de forma abierta, continuar hacia adelante con su vida, seguir acudiendo a la escuela y preparándose con la finalidad de que el día de mañana pueda proporcionar lo necesario a su hijo. Tarea muy difícil y complicada.
El embarazo en los adolescentes no sólo se trata de un problema de salud, sino también de un problema social que afecta a toda la familia.
¿La adolescente con un embarazo es víctima o culpable? 
Es víctima de las condiciones que le ha tocado vivir en el seno familiar y en la sociedad, de la pérdida de valores. Pero también es culpable de no ejercer su sexualidad con madurez y responsabilidad, de no informarse de los diferentes métodos anticonceptivos. La información se recibe en la escuela, en los medios de difusión (prensa, radio, televisión, internet). Sin embargo, no se toma en cuenta hasta que el problema se presenta. Se dice “a mi no me va a pasar”, pero pasa.
¿Qué debemos hacer?
Los padres, estar más pendientes de la educación de los hijos, del cuidado a su salud, vigilantes en sus cambios de conducta, del grupo de amigos en el cual están inmersos. Establecer lazos más fuertes en la familia, generando confianza, diálogo, apertura.
Los adolescentes, deben informarse detalladamente sobre sexualidad, métodos anticonceptivos (el mejor es la abstinencia), de ejercer su sexualidad con responsabilidad. Recuerden que no sólo los embarazos son consecuencia de una sexualidad irresponsable, también están las enfermedades de transmisión sexual, como lo es el SIDA.
Los maestros y la sociedad, tenemos la responsabilidad de la educación hacia los adolescentes, reforzando valores y manteniendo el diálogo con los jóvenes.
Se debe evitar el escarnio, el rechazo y las conductas que afecten más la autoestima de las embarazadas adolescentes, de por si ya deteriorada por la situación misma.
¡Los adolescentes cargan la mochila, no la pañalera! Cuídate, infórmate. No trunques tu vida ni tu futuro.

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas.
Lic. Adriana Guadalupe Domínguez Vázquez.


Cancún, Q. Roo, México. Noviembre 2012