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viernes, 1 de mayo de 2020

UNIDAD FAMILIAR EN COVID-19

Nuestra dinámica familiar ha sufrido un cambio radical ante la pandemia que estamos viviendo por el Covid-19.

El aislamiento social, el estar encerrados en casa, las pérdidas (de salud, de seres queridos, trabajo), la afección a la micro y macroeconomía, son factores que hacen más difícil sobrellevar la contingencia sanitaria.

Una situación a la que se han enfrentado muchas personas es permanecer en casa obligatoriamente como medida de prevención. Al principio, quizá fue algo atractivo que traería beneficios personales. Sin embargo, al paso de los días lo placentero dejó de ser tan agradable para dar lugar a emociones no gratas, pues estar 24 horas en convivencia con nuestra familia resultó una experiencia inusual a lo que no estábamos acostumbrados.

En circunstancias habituales una familia completa convive en promedio de 3 a 6 horas por día, dependiendo del ciclo familiar que se esté viviendo, de tal manera que el incremento en las horas de convivencia puede ser un factor causal de estrés que afecte la dinámica familiar. Y si a esto le agregamos fenómenos de abstinencia en personas con adicciones, la convivencia   puede convertirse en un verdadero infierno que conlleve a la violencia doméstica.

En la etapa productiva de una persona cuando se consigue el primer empleo existe la ilusión de iniciar una vida de autonomía económica, en la que se vislumbra la posibilidad de comprar un auto, adquirir casa propia, formar una familia, esto sin importar el orden ya que ello dependerá de la forma de pensar de cada individuo. Pero ese deseo de desarrollo personal muchas veces se tergiversa y los sueños se transforman en verdaderas pesadillas cuando se presentan crisis, como la que actualmente vivimos, que nos sorprenden de manera inesperada con múltiples situaciones adversas que trastornan o derrumban nuestro plan de vida.

Sabemos que no es fácil enfrentar y solventar una crisis, mucho menos cuando se presenta de forma súbita y de la noche a la mañana el panorama ha dado un giro radical. Pero también es cierto que los seres humanos somos capaces de experimentar una transformación constante (prueba de ello es que nacemos de una forma y morimos de otra) y que por lo mismo tenemos la capacidad de desarrollar una gran RESILIENCIA, de tal manera que podemos reinventarnos y salir adelante a pesar de todo lo adverso a lo que nos enfrentamos, es decir, como el ave fénix renacer de las cenizas para superar la crisis.

¿Cómo convivir sin colapsar?

Ante una situación de crisis lo primero es conservar la calma para valorar con objetividad nuestra realidad y así analizar las fortalezas, amenazas, áreas de oportunidad y alternativas de solución con las que contamos.

Esta perspectiva analítica permite tomar decisiones sustentadas en los recursos disponibles. Cabe hacer énfasis que es sumamente importante NO tomar decisiones en base a una reacción de estrés.

Ya analizada la problemática, el siguiente paso es hacer del conocimiento de los adultos y adolescentes (e incluso de los niños según la edad de éstos y el asunto que compete), de la afectación que se está viviendo pues involucra a todos los miembros de la familia. Una vez enterados de lo que sucede, juntos podrán elaborar estrategias que permitan mejorar la situación personal para el bien común.

Cuando nos percibimos rebasados por las circunstancias en las que vivimos, lo cual causa malestar físico y emocional que se refleja en la conducta, es inevitable que surjan sentimientos de preocupación, miedo, angustia, enojo, desesperación. Un factor determinante para superarlo es externarlos a la familia sin temor a verse vulnerable ante ellos, siendo sinceros y con el afán de crear redes de apoyo que permitan vivir en paz y armonía al entender el porqué de algunas actitudes negativas que puedan presentarse. Por consiguiente, comunicar los sentimientos en la familia es una práctica que favorece la sana convivencia, permite la ayuda mutua y brindar consuelo como respuesta a la comprensión.
Es así como el compartir las cargas emocionales con la familia vuelve más ligero el peso de las mismas y facilita sobrellevar las dificultades.

Al estar en la misma sintonía, es mucho más fácil involucrase en las actividades de los demás integrantes de la familia, participando activamente con ellos como por ejemplo hacer las tareas escolares con los hijos, propiciar de manera divertida la realización de las labores del hogar con la participación de todos, realizando proyectos que se puedan llevar a cabo como redecorar la casa, cambiando de sitio los muebles con la finalidad de reordenar la perspectiva visual del hogar, hacer mejoras como pintar, componer o dar mantenimiento, apagar los aparatos electrónicos y hacer reuniones que permitan contar historias personales de la infancia, experiencias o recuerdos, ver albúmenes de fotografías, hablar de sueños, ilusiones, miedos, temores y expectativas de vida, en fin, conocer más a la familia.

También, es un tiempo propicio para analizar nuestra relación de esposos, haciendo una evaluación de los proyectos que se plantearon el momento de iniciar su vida en pareja, de ver si se han cumplido, si han cambiado, quedaron en el olvido o fueron superados.

De igual manera, es el momento de sentarnos para hacer planes a futuro aprovechando este tiempo de espera, con la finalidad de enfocarnos en nuevas metas que nos impidan volver a la monotonía que vivíamos antes de esta contingencia. Y si eres de esos afortunados que tenían una vida en un agradable área de confort, analiza que se puede mejorar en tú relación esponsal, incluso mejorar tus relaciones sociales que propicien el bien común para mejorar la comunidad en donde vivimos.

Las relaciones con los miembros de la familia, cuando no son sanas y después de un prolongado tiempo de convivencia, generan ansiedad que propicia fricciones que a su vez desencadenan desavenencias, disgustos, conflictos incluso con violencia familiar.

Cuando esto sucede, es necesario tener prudencia, respirar profundo, evitar la confrontación, analizar si vale la pena enojarse, si existe solución, si se puede conciliar o si nos damos cuenta de que el equívoco es propio, pedir una disculpa sincera y fortalecer nuevamente la cohesión familiar.

En conclusión, la funcionalidad familiar es necesaria para superar cualquier adversidad. No permitas que las crisis te agobien. Por ejemplo, lo económico, de una forma u otra se puede solventar, pero la ruptura de una familia, en muchas ocasiones es un camino sin retorno en el cual pierden todos.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Mayo del 2020



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domingo, 2 de julio de 2017

ADOLESCENCIA

Una de las etapas más difíciles para los padres en la crianza de los hijos es la adolescencia, momento de la vida en el cual el ser humano no es niño ni adulto, aún no se define su carácter,  tratan de  apropiarse de las ideas de otros en búsqueda de una identidad que les permita experimentarse pertenecidos a sus iguales,  físicamente se tiene un crecimiento acelerado y un desarrollo intelectual más acentuado. Es decir, es una etapa de transición significativa, pues el adolescente sufre cambios en todos los aspectos de su persona. Es por ello que para los padres su labor se torna más complicada para realizar.

Dice un dicho popular que nadie es profeta en su tierra, y enfocados en el entorno de la familia, este dicho resulta muy ad hoc en los adolescentes, pues la gran mayoría deja de  hacer caso a sus padres y da más valor a lo que dicen otros adultos,  jóvenes o incluso adolescentes.

Es en este momento de vida en donde los conflictos inician, pues el adolescente busca el brillo de las cosas, el reconocimiento de los demás, influenciado por amigos, maestros y otros adultos y hace poco caso de las enseñanzas adquiridas en casa, tornándose rebelde, egoísta y egocéntrico.

El riesgo que existe, es que en la búsqueda de esa identidad, el adolescente abra puertas que lo conduzcan a caminos indeseados, los cuales por su misma inexperiencia puede transitar sin posibilidad de retorno. Ejemplo de ello son las drogas, las cuales los adolescentes utilizan al ser retados por sus mismos compañeros (pues un amigo no te incita a realizar actos que atenten contra tu vida). De igual forma, las drogas permitidas como el alcohol y el tabaco son fácilmente adquiridas por los adolescentes a pesar de que exista todo una reglamentación en nuestro país para la prohibición de la venta a menores de edad. 

Aunque no podemos generalizar,  la gran mayoría de adolescentes están expuestos a este tipo de situaciones, las cuales se pueden reforzar cuando  se vive en una situación de interrupción familiar (divorcio o separación de los padres), crisis paranormativas en el desarrollo de la familia como violencia intrafamiliar, drogadicción, desempleo, dificultades económicas, enfermedades graves en algún miembro de la familia que requiera cuidados especiales.

Los adolescentes que se resisten a probar sustancias al ser retados, pueden ser víctimas de bullying o exclusión  por parte de sus compañeros, lo que lástima también la autoestima.

Los ejemplos en el hogar también son motivo de que el adolescente haga cosas incorrectas. Escuchaba en una conferencia una plática en la cual se decía: ¿Por qué existe una gran ingesta de alcohol en los jóvenes? Por la enseñanza adquirida en el hogar. Desde pequeños, los niños acompañan a sus padres a comprar bebidas embriagantes, de modo que este patrón de conducta es repetitivo cuando llegue el momento, pues así lo aprendieron. Lo mismo pasa con el tabaco y muchas veces con el uso de estupefacientes, al ver el uso de ello por parte de un familiar cercano, el adolescente asume que es algo normal consumirlo, aunque exista información en la escuela o en los medios de información en donde se promueve no usar drogas.

La mejor forma de educar y convivir con un adolescente está basada en tolerancia, respeto, disciplina, diálogo, congruencia de vida y apoyo. Cuando existen discusiones familiares, es muy difícil hacerles entender, pues defienden sus ideas de una forma férrea o aguerrida aunque muchas veces estén equivocados. Este tipo de situaciones genera entre los padres y los hijos adolescentes un distanciamiento que en muchas ocasiones puede ocasionar sentimientos de rencor.

La congruencia de vida es un punto vital en este proceso de educación. ¿Cómo le puedes pedir a tu hijo que sea honesto si tú no lo eres? En ocasiones, como adultos tenemos comportamientos aparentemente inocentes que los chicos observan como lo es el negarse a hablar con una persona por teléfono diciendo que no se está en casa, no respetar los señalamientos de vialidad y tránsito, hablando mal de otras personas, criticando, burlándose. Todo este comportamiento es adquirido por los hijos desde la niñez como una esponja, así que cuando se llega a la edad de la adolescencia (o incluso a la edad adulta) les es muy fácil mentir, transgredir las reglas o incluso la ley. Así lo aprendieron en casa y será un patrón de conducta repetitivo.

Pero no te angusties si al analizar lo que lees te das cuenta que se asemeja mucho a tu estilo de vida. El platicar con los hijos, el disculparse y recomponer los hábitos de vida, son circunstancias que favorecen para que los muchachos salgan adelante y a la larga se conviertan en adultos de bien.

Hay que tener paciencia y reforzar de forma positiva todos los días con los adolescentes sobre su educación y orientación. Corregir cuidadosamente los errores de ellos y resaltar lo que hacen bien. Disfrutar sus logros, compartir sus momentos, convivir, atreverse a preguntarles confidencias y en ocasiones a ser sus cómplices.

Es importante hacerle saber a los hijos el esfuerzo que se hace para conseguir lo necesario para su alimentación, vestimenta y educación. No como una forma de reproche, sino para que aprendan a dar el justo valor a las cosas. De igual manera, el explicar que las medidas correctivas se aplican no porque se esté en su contra sino porque se les ama y se quiere lo mejor para ellos, es otro de los aspectos que no se debe pasar por alto platicar.

Respetar su privacidad pero sin dejar de mirar sus pasos es sumamente importante. El vigilar a sus amistades, sus actividades, sus salidas no es falta de confianza en ellos, es una responsabilidad  que los padres deben asumir. De igual manera el ser parte de sus redes sociales es una estrategia que genera confianza mutua. No se trata de dar like a todos sus fotos o comentarios, sino de observarlos de una forma discreta que no les cause pena delante de sus amigos. Es como mirarlos jugar desde una ventana, al pendiente de su integridad física.

En síntesis, la adolescencia es la etapa en la cual el individuo se vuelve más vulnerable, de tal forma que los padres y adultos encargados de su educación deben estar más atentos, pacientes y sobre todo congruentes en su forma de hablar y vivir.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Julio del 2017