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jueves, 1 de junio de 2023

FIN DE LA PANDEMIA COVID-19

El día 05 de mayo del 2023, el mundo recibió con alegría la noticia del fin de la Pandemia del Covid-19, enfermedad que desde el 2020 apareció y se propagó  con gran  rapidez por todos los confines de la tierra.

Definitivamente, el Covid-19 transformó nuestras vidas, cambió nuestros hábitos y la perspectiva de las enfermedades.

Sin embargo, la declaratoria del fin de la pandemia, ¿nos hace entender que estamos libres de esta enfermedad? De ninguna manera. El Covid-19 llegó para quedarse y como enfermedad viral que es, tiene la capacidad de transformarse, siendo así un peligro latente para el brote de una nueva epidemia.

Las diferentes olas de contagios que vivimos surgieron en base a las variantes víricas que desarrolló la enfermedad, unas muy contagiosas, otras con mayor riesgo de muerte o con secuelas incapacitantes. Es por eso que resulta de suma importancia enfatizar en no perder de vista que aun cuando la epidemia se ha declarado por terminada, dicha enfermedad sigue vigente y latente.

Las implicaciones del término de la pandemia pueden significar un gran riesgo si caemos en el error de dar por entendido que la enfermedad se ha erradicado y no seguimos vigilantes del Covid-19.

¿A qué me refiero?

La declaratoria realizada por la OMS acerca del fin de la pandemia se refiere a que ha finalizado la emergencia de salud pública de importancia internacional, es decir, que la emergencia sanitaria a nivel internacional ya no existe. Por consiguiente, esto no significa que Covid-19 haya dejado de ser una amenaza para la salud mundial.

He aquí la confusión y el peligro latente.  Pues resulta que al levantarse la pandemia existe una mayor libertad de movilidad poblacional sin tener como prioridad el uso de cubrebocas, el lavado de manos y la sana distancia, lo cual potencializa un mayor riesgo de contagios.

Como profesional de la salud veo con preocupación que esta situación se vuelve cada vez más habitual y en la vida cotidiana podemos observar un relajamiento en las medidas preventivas básicas. Por ejemplo, les puedo comentar que en la institución de salud pública donde realizo mi ejercicio profesional, se ha dejado de hacer el filtro de enfermedades respiratorias, de forma tal que los pacientes se encuentran todos juntos en la sala de espera, muchas veces en hacinamiento, conviviendo niños, mujeres embarazadas, adultos mayores, con la posibilidad de que se encuentre entre ellos algún paciente con Covid-19 que los pueda contagiar.

Tristemente, me ha tocado ver pacientes enfermos de enfermedades respiratorias, que no tienen el adecuado cuidado preventivo, con cubrebocas mal colocados, en mal estado, de tela común, con la manipulación de fluidos nasales, estornudando sin utilizar el antebrazo para cubrirse e incluso tosiendo con el cubrebocas mal puesto. También me he percatado que, en lugares públicos, incluso instituciones de salud, no cuentan con dispensadores de alcohol en gel y que un gran número de personas ya no lleva consigo el mencionado gel.

No caigamos en la equivocación de pensar que la enfermedad ha desaparecido o que ya no causa la muerte, esto es no es así.

Aún tenemos en la consulta pacientes que sufren las secuelas del Covid-19, que presentan limitaciones que les impiden realizar sus actividades como era antes de enfermarse. La enfermedad está vigente.

El paciente que se sabe enfermo de las vías respiratorias, debe acudir al médico, pero también debe tener la responsabilidad social de usar las medidas de protección pertinentes a fin de no contagiar a los que están a su alrededor.

Automedicarse porque se piensa que es una simple gripe lo que se padece, sigue siendo un gran error que conlleva a un riesgo mayor de complicaciones o incluso a la muerte.

Así como la enfermedad ha evolucionado, también el tratamiento ha cambiado y en la actualidad existen medicamentos como el compuesto Nirmatrelvir + Ritonavir que se utilizan en los pacientes de riesgo. Por eso la importancia de acudir a consulta y romper la fuente de contagios.

Todos hemos sufrido alguna perdida en esta pandemia. Pérdidas por la muerte de alguien cercano, pérdidas económicas, laborales, afectivas. De una u otra forma, todos fuimos afectados, por eso, es de suma importancia poner en práctica lo aprendido en este tiempo y evitar que vuelva a surgir una nueva contingencia sanitaria.

La enfermedad NO HA DESAPARECIDO, sigue entre nosotros y nos puede atacar en cualquier momento.

No bajemos la guardia, cuidémonos y cuidemos a los que nos rodean. El autocuidado es una responsabilidad que tenemos como habitantes de este planeta. No permitamos que la enfermedad vuelva a tomar fuerza y a convertirse en una nueva pandemia.

Recordemos lo que hemos sufrido y preguntémonos ¿quiero vivir esto nuevamente? Es tarea de cada uno de nosotros el cuidarnos y cuidar a los demás.

Recuerda: no minimices una enfermedad respiratoria pensando que es un simple resfriado. Acude al médico y observa las medidas preventivas de contagio.

El Covid-19 aún sigue cobrando vidas. Ponte atento y no bajes la guardia.

Colorín, colorado este cuento…. ¿se ha acabado?

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de junio del 2023

 

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martes, 1 de noviembre de 2022

LONG COVID

Han pasado ya casi 3 años desde que el Covid-19 hizo su aparición en el mundo y en nuestro país. Muchos padecimos esta enfermedad en diferentes magnitudes, desde los más graves hasta los que incluso no tuvieron síntomas. Y me puedo atrever a asegurar que a todos nos dio Covid-19.

En la etapa más aguda de la epidemia vivimos el incremento de casos graves, así como un número elevado de muertes y saturación en las hospitalizaciones, dichas situaciones alimentaban el miedo que condicionaba esta enfermedad, pero como decía mi abuelita: A todo se acostumbra uno menos a no comer. De tal manera que poco a poco, al paso del tiempo, el Covid-19 se ha vuelto parte de nuestra cotidianidad y ha disminuido el temor de contagiarse.

Las personas se han relajado y han disminuido las medidas de protección preventivas que nos sirvieron para contener la enfermedad.

Al permitir las autoridades de nuestro país que el uso del cubrebocas sea opcional, se crea confusión en la población haciéndoles pensar que ya no existe riesgo de contagio.

La gente ahora se reúne sin temor, acude a conciertos, actividades deportivas, religiosas, sociales, sin el menor cuidado, no importando si existen aglomeraciones o si se encuentran reunidos en lugares abiertos o cerrados. El común denominador actual es no usar cubrebocas y el uso de alcohol en gel ha quedado en el olvido.

Se tiene la percepción de que hemos vencido a la enfermedad, que por estar vacunados ya no nos enfermaremos, que la enfermedad no es mortal. Sin embargo, todo lo anterior dista mucho de la realidad, pues el Covid-19 sigue presente entre nosotros como enfermedad vigente y hasta la actualidad sigue cobrando vidas.

Pero independientemente de que este virus aun siga provocando enfermedades y muertes, se presenta ante nosotros un nuevo padecimiento, que más bien es una complicación del Covid-19: El Long Covid.

El Covid Persistente o Long Covid (LC), es una complicación del Covid-19 en la que los síntomas persisten más allá de las 12 semanas del inicio de sus síntomas, y se encuentra presente al menos en un 10% de todos los contagiados.

El Long Covid, puede atacar a cualquier persona que se haya infectado de Covid-19, incluidos aquellos que fueron asintomáticos. Sin embargo, estudios recientes demuestran que tienen más susceptibilidad de padecerlo aquellos que presentaron la enfermedad en su expresión grave o moderada.

Por sus características, el Long Covid se puede confundir con múltiples enfermedades o peor aún, puede estar presente de forma silente en sus periodos iniciales hasta mostrar síntomas por daños importantes en el organismo, como puede ser por ejemplo el daño al funcionamiento renal, que no causa dolor o síntomas iniciales, a excepción de una orina espumosa a la cual, la mayoría de las veces, el paciente no le da importancia.

Siendo el Covid-19 una enfermedad multisistémica de tipo inflamatorio (llamada así porque en el momento de la infección afecta muchos órganos del cuerpo y no exclusivamente los pulmones como erróneamente se piensa), causa lesiones en las estructuras celulares de los órganos, lesiones que se mantienen latentes causando daño, en ocasiones irreversible.

Entre los síntomas que nos pueden hacer sospechar de Long Covid, les menciono los siguientes en orden alfabético:

-Alteraciones del gusto (21%)

-Alteraciones del olfato (23%)

-Cambio en el patrón de sangrado de los ciclos menstruales

-Cansancio constante o síndrome asténico (58%)

-Cefalea o dolor de cabeza intenso (44%)

-Depresión, ansiedad

-Dermatitis

-Dificultad para respirar (24%)

-Dolor abdominal

-Dolor de pecho

-Falta de concentración

-Hormigueo en músculos

-Insomnio

-Mareos

-Orina espumosa (Alteración de la función renal)

-Palpitaciones

-Pérdida de cabello (25%)

-Pérdida de la memoria

-Poliartralgias (Dolor de varias articulaciones)

-Polimialgia (Dolor de varios músculos)

-Sudoración nocturna

-Tinnitus o zumbido de uno o ambos oídos

-Tos persistente

Como mencioné anteriormente, muchos de estos síntomas pueden ser causados por otras enfermedades, por deficiencias vitamínicas o factores externos. Pero, a través de estudios recientes se han ido documentando como consecuencia de Long Covid. Por consiguiente, lo recomendable es no dejarlas pasar por alto.

En artículos anteriores comenté de la importancia de acudir a una revisión médica posterior a un cuadro de Covid-19, por leve que éste fuera. Desafortunadamente, los pacientes que cursaron con manifestaciones clínicas leves o asintomáticas, no acudieron a revisión. En la actualidad, quienes padecieron covid-19 pueden estar presentando algún síntoma de los antes referidos y no relacionarlo con dicha enfermedad porque ya fue superada. Siendo así que se puede estar enfermo de Long Covid y no atenderse oportunamente.

En consecuencia, cabe destacar que, si se tiene alguno de estos síntomas acuda a valoración médica. Si no tienes ninguno de estos síntomas, pero estuviste enfermo de Covid-19 con manifestaciones graves o leves, debes acudir a un chequeo médico rutinario al término de la enfermedad y cuando menos, una vez al año de forma posterior. Asimismo, es importante NO AUTOMEDICARSE.

Deja tu salud en manos de los expertos.

 

<b>Dr. Carlos P. Baquedano Villegas</b>

<b>Especialista en Medicina Familiar</b>

 

Cancún, Q, Roo, México a 01 de Noviembre del 2022

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Bibliografía:

1. ORGANIZACION MUNDIAL DE LA SALUD (OMS)

2. TEC DE MONTERREY




viernes, 1 de octubre de 2021

Y DESPUÉS DEL COVID-19 ¿QUÉ SIGUE?

 Lo que más hemos deseado desde que la pandemia de Covid-19 inicio, es volver a nuestra antigua normalidad, situación que conforme pasa el tiempo se ve cada vez más lejana y difícil de alcanzar.

Nada volverá a ser igual. Nuestra resiliencia nos ha permitido poco a poco adaptarnos a esta nueva forma de vida, a la llamada nueva normalidad.

El Covid-19 es una enfermedad que llegó para quedarse y tenemos que aprender a convivir con eso, incluso tenemos que estar preparados para morir ya que no tiene palabra de honor ni se rige en su comportamiento en una constante que nos permita predecir lo que pueda suceder con cada paciente.

A lo largo de este tiempo he visto con asombro profesional que personas con gran número de comorbilidades y complicaciones previas han sobrevivido, pero en contraparte, pacientes sanos y sin datos de factores de riesgo desafortunadamente han perdido la vida.

Poco a poco nos hemos integrado a la vida comunitaria, algunos con miedo, otros con desparpajo y otros más con una necesidad que obliga. Muy pocos han quedado recluidos en casa, son los menos.

Los niños, adolescentes y jóvenes están regresando a las aulas, siguiendo protocolos de prevención que tienen una fragilidad importante ante el ímpetu de los escolares.

¿Significa esto que ya estamos libres? ¡Para nada! La enfermedad sigue atacando, provocando contagios en familias enteras e incluso cobrando vidas. Es una larga batalla que aún no tiene fin y en la que como sociedad estamos expuestos. Ejemplo de ello se puede observar en los centros de atención particular, sobre todo en las farmacias con atención médica, en donde pacientes contagiados de Covid-19 comparten la misma sala de espera con pacientes que acuden por otro tipo de enfermedades, sin seguirse los estrictos protocolos sanitarios que en comparación se llevan en las instituciones de salud pública, lo cual incrementa el riesgo de contagios. Lo mismo sucede en el transporte público de nuestra ciudad, que lleva gente de pie, en vehículos con sobrecupo a las horas pico, siendo que la necesidad obliga a los usuarios a utilizar cual kamikazes un transporte que dista de tener todas las medidas pertinentes para evitar contagios.

Es así como seguimos adelante en la realidad que nos toca vivir hoy, en la cual ya el temor a enfermarse ha quedado en segundo término ante las circunstancias de la vida. Sin embargo, al momento de tener una prueba positiva de covid19 detona un grado de angustia y ansiedad sumamente alto, pues lo vivido durante la pandemia se hace presente y surge miedo a una complicación o fatalidad.

Puedo compartirles que en el transcurso de este mes me ha tocado ser víctima de Covid-19, lo que me generó incertidumbre, intranquilidad, temor, desesperación.

Al inicio de la enfermedad te enfrentas como paciente a la expectativa de no saber cómo evolucionarás. La estabilidad emocional se quebranta ante lo agresivo que puede ser el virus y el daño que pudiera causar. El verse frágil y vulnerable conlleva a la preocupación y angustia. Sin embargo, no se debe perder la calma para poder estar atentos a los datos de alarma y lo que se vaya presentando a lo largo de este padecimiento.

Y luego, al término del confinamiento, ¿Qué sigue?

Muchos pacientes al término de su proceso de aislamiento se reintegran a sus actividades cotidianas sin una valoración integral de su estado de salud. Unos cuantos sin ningún problema posterior y otros con molestias leves que sobrellevan sin dar la importancia debida. Los que han presentado síntomas evidentes e incapacitantes post Covid-19, son los menos que acuden a valoración médica.

El Covid-19 deja secuelas en diferentes grados con una temporalidad que aun no es predecible en cada caso, incluso los pacientes que han cursado asintomáticos esta enfermedad pueden padecerlas.

Las secuelas más comunes son dificultad para respirar, cansancio, tos, fiebre, dolor de cabeza (cefalea) problemas para dormir, mareos, producción de moco en nariz o garganta, dolor muscular y en articulaciones, dolor opresivo en el pecho, descontrol de las enfermedades crónico-degenerativas siendo lo más común presión arterial alta persistente y elevación de los niveles de glucosa en sangre.

Los pacientes con secuelas pulmonares leves tardan cuatro semanas máximo en rehabilitarse, y cuando son severas hasta 12 semanas. En otros casos donde las personas presentan miopatías (problemas musculares) o neuropatías (problemas neurológicos) el promedio de recuperación tarda entre 6 y 12 meses.

En los niños, existe una complicación durante el Covid-19 que recibe el nombre de Síndrome Inflamatorio Multisistémico en Niños, que deja muchas de las secuelas previamente descritas, por lo que es importante que todos los niños (incluidos los que tienen síntomas muy leves o incluso no los presenten) reciban atención médica y seguimiento durante y posterior a la enfermedad.

Los síntomas del Síndrome Inflamatorio Multisistémico en Niños incluyen fiebre superior a 38 grados Celsius que dura 24 horas o más, dolor de estómago, diarrea o vómito, dolor del cuello, sarpullidos o cambios en el color de la piel, ojos rojos, cansancio intenso, falta de aliento, dificultad para respirar, dolor o presión en el pecho que no desaparece, confusión mental, dificultades para despertarse o permanecer despierto (hipersomnia), color azulado en los labios o cara, entre otros síntomas.

Así mismo, el estado inmunológico de las personas post Covid-19 se encuentra debilitado por lo que se vuelven vulnerables al embate de enfermedades infecto-contagiosas comunes.

Por tal motivo, es de vital importancia que las personas que han padecido Covid-19 (asintomáticas, con síntomas leves o graves) acudan de forma inmediata posterior al término de su aislamiento a una valoración médica integral con la finalidad de que el médico determine si es candidato a algún tipo de terapia rehabilitatoria, hacer ajustes de la terapéutica de control en las enfermedades crónico-degenerativas o tratar con medicamentos algunos de los síntomas complicatorios residuales.

En la actualidad, existen muchos tutoriales y páginas de internet especializadas en fisioterapia pulmonar post Covid-19, los cuales pueden ser una alternativa para aquellos que no pueden hacerlo de forma presencial.

De igual manera, es recomendable no consumir alcohol y cafeína (misma que encontramos en todos los refrescos embotellados, algunos chocolates y café) durante el proceso de enfermedad y en la esta posterior, esperar cuando menos un mes antes de reiniciar su consumo.

Así mismo, una alimentación balanceada y nutritiva, baja en grasas y azúcares refinados, son el apoyo perfecto en la recuperación total de esta enfermedad.

El Covid-19 es una enfermedad grave y sus secuelas pueden ser incapacitantes, por tal motivo es importante no minimizarlas y recibir atención médica para dar seguimiento a la recuperación total de la salud.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Octubre del 2021

 

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domingo, 1 de agosto de 2021

VACUNAS: ESPERANZA DE VIDA

 Conforme avanza la aplicación de las vacunas, los casos de efectos adversos a las mismas se han incrementado, presentándose en todos los grupos de edades.

Así mismo, han surgido casos de Covid-19 en personas que recientemente se vacunaron, lo que ha hecho pensar a la población que las vacunas causan la enfermedad. Sin embargo, esta deducción está fuera de realidad, ya que por su mecanismo de acción y su contenido no es posible que las vacunas sean las causantes.

Entonces, ¿Por qué da Covid-19 postvacunación? Dicha circunstancia se está suscitando debido a que ha coincidido con lo que se llama tercera ola, que más bien es un incremento en el número de casos, lo que aumenta el riesgo de enfermarse y en muchas ocasiones, el paciente coincide en el período de incubación (tiempo inicial en que ya se tiene la infección, pero aún no son presentes los síntomas en los infectados) al momento de vacunarse, de manera tal que al hacerse presentes los síntomas se puede pensar que es por causa de la infección.

Otro caso se presenta con pacientes que cursan con la infección de manera asintomática al vacunarse y por los efectos adversos de las vacunas, al hacerse la prueba, ésta sale positiva, lo que significa que el paciente ya estaba infectado al momento de vacunarse.

En torno al proceso de vacunación es importante recalcar que no nos están inyectando chips ni nos quieren matar. Por el contrario, es determinante que todos nos vacunemos para controlar la pandemia, puesto que las vacunas contra el COVID-19 ayudan a nuestro organismo a desarrollar inmunidad contra este virus,  sin que para ello tengamos que contraer la enfermedad.

En más de una ocasión he escuchado decir a personas que no se vacunaran porque es una medida del gobierno para controlarnos, incluso para enfermar a los que la reciban con la finalidad de lograr una disminución de la población.

Y así como esto, muchas teorías se leen en las redes sociales y en la web, mismas que son infundadas o con verdades a medias, pero que logran crear desconcierto o miedo en la población.

¿Qué contienen las vacunas antivocid-19 que nos están aplicando?

Las vacunas ARNm contienen material del virus que causa el COVID-19, el cual instruye a nuestras células a crear una proteína inocua que es exclusiva del virus.

Una vez que nuestras células copian la proteína, destruyen el material genético de la vacuna. Nuestro organismo reconoce que esa proteína no debería estar presente y crea linfocitos T y linfocitos B que recordarán cómo combatir el virus que causa el COVID-19 si nos infectamos en el futuro.

Las vacunas de subunidades proteicas incluyen porciones inocuas (proteínas) del virus que causa el COVID-19, en lugar del germen completo. Una vez que recibimos la vacuna, nuestro organismo reconoce que esa proteína no debería estar presente y crea linfocitos T y anticuerpos que recordarán cómo combatir el virus que causa el COVID-19 si nos infectamos en el futuro.

Las vacunas de vectores contienen una versión modificada de otro virus diferente del virus que causa el COVID-19. Dentro de la envoltura del virus modificado, hay material del virus que causa el COVID-19. Esto se llama "vector viral". Una vez que el vector viral está en nuestras células, el material genético les da instrucciones a las células para que produzcan una proteína que es exclusiva del virus que causa el COVID-19. Con estas instrucciones, nuestras células hacen copias de la proteína. Esto despierta en nuestro organismo una respuesta y empieza a crear linfocitos T y linfocitos B que recordarán cómo combatir el virus si nos llegamos a infectar en el futuro.

Es por lo anterior, que se puede afirmar que las vacunas actuales, no causan el Covid-19. Desafortunadamente, tampoco logran una inmunidad inmediata o total para la enfermedad, pero en la práctica profesional, hemos visto que los pacientes que han recibido cuando menos una dosis (de las que son de doble dosis) tienen una evolución más favorable de la enfermedad cuando se contagian.

En la actualidad, con esta tercera ola, el porcentaje mayor de enfermos de Covid-19, es el grupo poblacional más joven que incluye a niños y adolescentes.

Basta poner en cualquier buscador Pacientes intubados no vacunados y encontraremos una gran cantidad de artículos en los cuales se reporta que la mayoría de los pacientes graves o intubados no tienen esquema completo de vacunación o peor aún no han recibido ninguna vacuna.

Luego entonces, después de leer esto ¿aun tienes duda de aplicarte la vacuna?

Independientemente del riesgo que se corre al no vacunarse, también favorecemos la cadena de contagios en todos los que conviven con nosotros.

La persistencia de estos contagios, favorece la mutación del virus, corriendo el riesgo de que se nos presenten cepas más virulentas, más contagiosas o graves de las que tenemos en la actualidad.

A continuación, te daré una serie de consejos que te pueden servir:

Después de vacunarte, si te es posible regresa a casa, haz reposo y bebe muchos líquidos. Los efectos adversos de la mayoría de las vacunas se perciben después de 4 a 6 horas posteriores a la aplicación. No recomiendo pasar mala noche o estar expuesto el día que lo vacunen.

En mi práctica profesional, la combinación de paracetamol + naproxeno me ha dado excelentes resultados para controlar los efectos adversos.

Si los síntomas postvacunacionales persisten, debes esperar de 24 a 48 horas antes de hacerte una prueba para detectar Covid-19. La aparición de tos, anosmia o neumonía son propias de COVID19, no de la vacuna.

El personal de salud está haciendo su mejor esfuerzo y trabajamos a marchas forzadas en esta tercera ola, pero necesitamos de tu participación ¿Cómo? Vacunándote, utilizando cubrebocas todo el tiempo, lavándote las manos frecuentemente o utilizando alcohol en gel, guardando la sana distancia y si no es necesario, no salgas de casa.

Agradecemos los aplausos y el reconocimiento al equipo médico, pero más agradeceremos que te cuides, pues cuidándote nos cuidamos todos.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar 

Website 

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Agosto del 2021

 

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Bibliografía:  

Información para entender cómo actúan las vacunas contra el COVID-19

Recomendaciones FACME para la vacunación frente aCOVID-19




jueves, 1 de julio de 2021

INDOLENCIA

Ha pasado más de 1 año desde que inició la pandemia de Covid-19 en nuestro país y el número de contagios no disminuye. Incluso en estos momentos, en nuestro estado, los casos nuevos se han incrementado, pero con la diferencia de que no existe un aislamiento social, bajo el argumento de que se debe salvaguardar la economía, situación que entiendo perfectamente, sin embargo, hay personas que se exponen a contagiarse de forma innecesaria como cuando acuden a centros comerciales, lugares de entretenimiento o existe aglomeración en espacios públicos.

Como ejemplo, hace unas semanas, tuvimos campañas políticas que propiciaron hacinamiento entre sus participantes y que favorecieron entre otros factores, el incremento en el número de contagios, lo que en consecuencia hace que sigamos trabajando a marchar forzadas ante este este rebrote.

El cansancio físico, emocional y profesional se ha hecho presente en muchos de nosotros que formamos el equipo de salud, pero seguimos sin bajar los brazos, sin embargo, el ver la actitud de las personas nos hace caer en un desánimo que nos agobia más.

Pongo como ejemplo de estas actitudes, el caso de una paciente joven que acude la consulta externa solicitando atención (área no Covid del sitio en donde laboro). Antes de llegar a la ventanilla, primero tuvo que pasar un filtro en donde se les pregunta si tienen síntomas que estén relacionados con Covid-19, posteriormente, la señorita recepcionista vuelve a preguntar el motivo de su consulta y signos y síntomas relacionados con Covid. Para poder entrar a consulta conmigo, la paciente tuvo que haber pasado dos filtros. Al momento de interrogarla, me dice que tuvo fiebre, cefalea, cansancio, diarrea, dolor de cuerpo y malestar general de menos de una semana. Al escuchar esto, le comento que cumple con criterios para realizarse una prueba antigénica rápida para descartar Covid-19. Ella me argumenta que no puede ser que tenga Covid, aunque si lo pensó, pero como hace un año se enfermó de esto, juzgó que esto ya no puede ser, además me dice que al llegar y ver la fila tan extensa para pasar a los consultorios especiales (Módulos de Atención Respiratoria), mejor decidió pasar a la consulta externa, por lo que en los filtros negó los síntomas que le preguntaron a fin de ser atendida más rápido.

Lo grave de este caso, es que esta paciente probablemente infectada hizo fila detrás de una embarazada y delante de un adulto mayor y una mujer con un bebé de tres semanas de vida, y no le importó contagiar a los demás para obtener el beneficio de pasar antes. Indolencia total, con una actitud sumamente egoísta.

Otro caso me sucedió esta semana, en el cual un joven se hizo una prueba rápida en un módulo instalado en la calle por parte del gobierno del estado con resultado positivo, por lo que fue enviado a su clínica para atención oportuna.

Al llegar a la unidad médica, vio una larga fila para el módulo donde se atiende Covid y decidió pasar a la fila menos larga que es la de la consulta externa. Al estar en el primer filtro, dijo que venía por una incapacidad y negó síntomas, sin embargo, no dijo nada de su prueba positiva. Al llegar con la recepcionista, repitió la misma historia, así que, al entrar al consultorio, enseña el resultado de su prueba rápida y solicita su incapacidad.

Al cuestionarle el porqué de acudir a la consulta en lugar de solicitar atención en el módulo, me respondió que se sentía bien, que no tenía síntomas y que además era más rápido. Indolencia total, buscar su propio beneficio sin importar dañar a los demás, pues, aunque no tenga síntomas, puede contagiar a los que lo rodean.

Así como estos ejemplos, podemos observar muchos otros. Ayer mismo, al dirigirme al trabajo, observé una camioneta de trasporte público colectivo, llena hasta el tope, con pasajeros que incluso iban parados en su interior y lo peor, un agente de transito motorizado cruzó junto el vehículo y no lo detuvo a pesar de que excedía la capacidad de pasajeros permitida. Indolencia del conductor del vehículo que no le importa poner en riesgo a sus pasajeros y generar un sobrecupo, indolencia del agente de tránsito, que no detuvo este vehículo que en estas circunstancias, es una fuente de contagio.

Los pacientes me han comentado, que la necesidad los obliga a tener que utilizar vehículos con sobrecupo, pero que lo más grave es que muchos utilizan el cubrebocas mal puesto, con la nariz descubierta, en el cuello o incluso en mal estado por la utilización prolongada del mismo.

La indolencia, nos está haciendo daño e incrementa el número de contagios. Tal pareciera que nos hemos acostumbrado a la muerte y el dolor ajeno y que ya no nos importa enfermarnos.

Estamos cayendo en el error de pensar que, porque ya hemos sido vacunados, no podemos enfermarnos y bajamos la guardia ante las medidas preventivas ya de todos conocidas. Y efectivamente es un desacierto no cuidarse ya estando vacunados, puesto que no recibimos una inmunidad al 100% y por su puesto de que podemos enfermarnos e incluso estar asintomáticos y contagiar a los que nos rodean.

Como sociedad, estamos adoptando conductas egoístas, en la cual la salud y el bienestar de los demás ya no nos importa.

Es necesario retomar nuestros comportamientos preventivos en beneficio de aquellos con quienes convivimos, de cuidarnos y cuidar a los demás, de pensar en el bien común más que en el personal. Inmanuel Kant cita en uno de sus escritos: El hombre debe desarrollar sus disposiciones para el bien.

Y cuando esto no es factible al llegar a un lugar en donde observemos que las condiciones son peligrosas, incrementemos nuestro cuidado personal, estemos alertas de nuestro entorno, pongamos en práctica las medidas de higiene ya aprendidas y sobre todo, recordemos que el Covid-19 sigue cobrando víctimas mortales, que sigue dañando familias en su estructura y funcionalidad y que no es un invento.

No puedo decirles hasta cuando durará esta pesadilla, pero si puedo asegurar que es responsabilidad de cada uno cuidarse y cuidar a los que nos rodean, vacunarnos todos para lograr el efecto rebaño y ayudar así al equipo de salud a realizar su trabajo.

Autocuidado es la clave y así cuidamos a los demás, sin caer en el error de pensar que no pasa nada. No seamos indolentes.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Julio del 2021

 

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martes, 1 de junio de 2021

MIEDO O NO AL COVID-19

 Las diferentes crisis que ha generado el Covid-19 en los últimos meses, han venido a causar un deterioro importante en la salud mental de muchas personas.

La enfermedad, el desempleo, la inseguridad, las defunciones, la incertidumbre laboral, el deterioro económico, entre otros, son detonantes de afecciones de salud mental en sus diferentes grados.

La resiliencia se ha hecho presente en estos momentos como un gran aliado para anteponerse a las dificultades que se presentan en la vida diaria. Sin embargo, no todos tienen esta capacidad de sobreponerse a la adversidad.

En mi práctica profesional, con esta pandemia he visto un incremento de enfermedades psicológicas que van desde distimia, pasando por ansiedad hasta llegar a depresión mayor, que incluso pueden ocasionar suicidios, además de un gran número de enfermedades psicosomáticas se han hecho presentes como lo son cefaleas, dolores musculares, opresión en el pecho, taquicardias, inflamación de tracto digestivo, insomnio, entre otros padecimientos cuya incidencia es más frecuente en comparación a tiempos anteriores a esta pandemia.

Cuando el Covid-19 hace su aparición en una familia, es normal entrar en crisis,  tener ideas fatalistas y no poder manejar la situación de una manera tranquila. Todo, viene a complicarse si el enfermo es el proveedor económico de este núcleo familiar, si son más de uno los enfermos o si la atención se lleva de forma particular, pues atender al Covid-19 de esta manera es sumamente costoso.

Así mismo, cuando se está infectado de Covid-19, el acudir de forma tardía a hospitalizarse y buscar alternativas de atención como lo son remedios naturales o convertir el hogar en un mini hospital, son otra manifestación de temor pues las personas asocian hospitalización con muerte y eso genera un miedo que retrasa la atención oportuna. El no acudir a tiempo a un hospital incrementa el riesgo de mortalidad, lo que a su vez refuerza la creencia de que hospitalizarse por esta enfermedad es sinónimo de sentencia de muerte.

Recuerdo al inicio de la pandemia, el temor que generaba contagiarse de Covid-19,  condicionó que las familias respetaran las medidas de aislamiento, que se saliera a la calle únicamente para lo más necesario y con muchas medidas de prevención y protección como usar guantes, caretas, gorros, goggles, doble o triple cubrebocas, trajes tipo protección personal, desinfectantes, gel antibacterial y todo lo que sirviera con tal de estar protegidos.

Eso ha quedado en el pasado, pues en la actualidad, a pesar de los altos índices de contagio, las personas ya no respetan la sana distancia ni las medidas de prevención. Se ha caído en un estado de simulación en el cual se hacen las medidas preventivas únicamente para cumplir con la ley, pero de forma incorrecta. Prueba de ello son a las aglomeraciones de gente para entrar a centros comerciales, servicios de salud, transporte público, restaurantes, lugares de entretenimiento entre otros. Es común ver a muchas personas por la calle sin cubrebocas o mal puesto, el cual sólo usan para poder acceder a lugares de uso común o donde se exige su uso.

Todo lo anterior me hace reflexionar: ¿Por qué si tenemos tanto miedo cuando nos enfermamos de Covid-19, no tenemos miedo de contagiarnos?

Es algo totalmente contradictorio y fuera de lógica, pero está sucediendo.

Les comparto que en la institución de salud pública gubernamental en donde laboro, se han ideado estrategias preventivas a fin de salvaguardar a los usuarios, sin embargo, es común ver tumultos de gente en un hacinamiento total, sin respetar la sana distancia, antes de entrar y al momento de acceder a las instalaciones.

En más de una ocasión, el personal que coordina este acceso ha sido victima de groserías en insultos cuando se pide guarden la sana distancia. Las personas no solamente no siguen las indicaciones, sino que, por el contrario, se indignan y responden con una violencia verbal innecesaria.

Entiendo y acepto que la necesidad de trabajar y por tal motivo, se tiene que tomar un transporte público que rebasa la capacidad permitida de pasajeros. Sin embargo, lo que no comprendo es porque a pesar de este sobre cupo, algunos pasajeros no usan correctamente el cubrebocas dejando la nariz descubierta e incluso se lo retiran para ir comiendo algo durante el trayecto.

Comprendo que es necesario acudir a las tiendas de autoservicio para comprar en  víveres, pero ¿por qué ir con toda la familia, incluidos niños y adultos mayores, incrementando el riesgo de contagio?

Ahora cuestiono lo siguiente ¿nos hemos puesto a pensar en el personal de salud?

Al principio de la pandemia, todos los que nos enfrentábamos a esta enfermedad recibíamos el trato de héroes sin capa, con vítores y aplausos por la labor realizada. En la actualidad, esto se ha diluido y este trabajo ha dejado de ser una proeza.

El personal de salud, también somos seres humanos con miedo, temor de contagiarnos o llevar a nuestras familias o a nuestro hogar la enfermedad, con un desgaste profesional, con impotencia de ver que no es valorado el esfuerzo que se realiza día con día de enfrentarnos a esta enfermedad cuando los ciudadanos no hacen lo que les corresponde, cuando no respetan las medidas sanitarias, cuando no se cuidan y por el contrario siguen aumentando las filas para recibir atención, cuando los hospitales ya se encuentran a su máxima capacidad.

Este desgaste profesional, conocido en el ámbito profesional como Síndrome de Burnout, se incrementa cuando seguimos con carencias para realizar nuestro ejercicio profesional, equipos de mala calidad (cuando se tiene la suerte de contar con ellos), carencia de medicamentos, incremento en el número de horas para atención de los módulos respiratorios y hospitalarios por falta de personal, el poco reconocimiento de que se recibe por parte se las autoridades.

El equipo de salud está cansado de luchar una guerra en la cual no se cuenta con el apoyo y la solidaridad de los ciudadanos y autoridades. Cuando un compañero desfallece, el otro lo levanta y continúan trabajando hombro con hombro, pero parece que esta lucha no tiene fin, que el esfuerzo no es valorado como cuando dejan a un lado las medidas preventivas, cuando fingimos que las realizamos únicamente con el afán de cubrir un protocolo.

Recordemos las complicaciones y secuelas que esta enfermedad puede ocasionar, aunque se presente de forma leve: encefalopatía, Guillian Barré, eventos cardiovasculares, hipertensión arterial, daño renal, hematuria, neumonías, enfermedad pulmonar intersticial con dependencia de oxígeno u otras neumopatías, problemas o daño hepático, trombosis venosa profunda, embolismo pulmonar, daño al miocardio, arritmias cardíacas, elevación de la glucosa, invalidez, entre otros.

A pesar de todo ¿no tienes miedo?

Sirva el presente artículo para recordar que combatir y vencer esta enfermedad es TAREA DE TODOS. Asumamos este compromiso y demos batalla desde cada trinchera haciendo lo que nos corresponde.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Junio del 2021

 

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lunes, 1 de marzo de 2021

COVID-19 Y OTRAS HISTORIAS

Llega marzo del 2021 y cumplimos 1 año de que en México inició la pesadilla llamada Covid-19.

Junto con ella, llegaron transformaciones importantes en nuestra dinámica y estilo de vida, cambios radicales que afectaron por completo la forma en cómo el mundo realiza sus actividades.

Durante todo este tiempo, científicos, eminencias, corporaciones de salud y naciones se han dado a la tarea de estudiar esta enfermedad, su comportamiento, tratamiento y prevención.

Con respecto a este último punto, las vacunas han venido a ser una luz al final del túnel, un motivo de esperanza para poder vencer esta enfermedad que tanto daño y pérdidas ha causado en nuestras familias y comunidad.

Pero junto con la llegada de las vacunas, aparecieron las dudas alimentadas por teorías de conspiración, verdades a medias, desinformaciones y aseveraciones de personas quienes, sin ser eruditos en el tema, emiten opiniones con tal seguridad que resultan creíbles por quien lo escuche y peor aún, siembran incertidumbre incluso en el personal de salud.

En últimas fechas la pregunta recurrente durante el desarrollo de mi consulta es ¿me debo vacunar o no?

Mi respuesta es SI, explicando a quienes preguntan que las vacunas son diferentes y en nuestro país se está inmunizando con varios tipos y que de acuerdo a la vacuna que se aplique, se realiza una serie de preguntas para saber si se es apto o no para recibir la inmunización.

La notificación de casos adversos y complicaciones posteriores a la aplicación de vacunas, generan desconcierto y miedo en la población, situación que viene a reforzar las teorías de conspiración que circulan en las redes sociales. Sin embargo, debemos tener en cuenta que las complicaciones y efectos adversos en la aplicación de vacunas es algo que siempre ha existido, pero al estarse vacunando de forma masiva, la aparición de complicaciones posterior a la vacunación se encuentran exponencialmente mayor a la de otras vacunas en general y si a esto aunamos que los ojos del mundo están puestos en el desarrollo de la vacunación, pues en consecuencia, la presencia de estos afectos se anuncian con gran estruendo, incrementando el temor de los que tienen dudas de vacunarse.

Cierto es que no podemos generalizar que se vacune a todos, pues existirán condiciones de salud o alergias que impedirán su aplicación de forma inmediata o definitiva, como lo serían haber cursado con Covid-19 en el último mes previo a la aplicación, alergia a algunos de los componentes de la fórmula de las vacunas o alguna otra condición de salud en la cual el médico tratante indique que no se deban vacunar, pero lo cierto es que la vacunación masiva es una excelente herramienta para detener o disminuir esta epidemia.

De tal manera, que vacunarse es algo que yo como médico recomiendo a mis pacientes y a los que me preguntan.

Claro es, que en nuestro país no es obligatorio vacunarse y cada quién decidirá si lo realiza o no, pero también debe existir una responsabilidad social de realizarla por un beneficio común. Es como en los tiempos de guerra, muchos son llamados a la milicia, aunque no estén de acuerdo, pero con la finalidad de salvaguardar a sus connacionales, se participa en ella. Tal vez no sea el mejor ejemplo, pero si resulta muy gráfico.

Y predicando con el ejemplo, por ser personal de salud de primera línea, ya me he puesto las dos dosis de la vacuna. Les comparto que no sentí temor del efecto de la vacuna, aunque si experimenté después de la aplicación, un ligero dolor de cabeza (cefalea) y dolor muscular en el sitio de aplicación (tercio superior del brazo) que fue bastante soportable y que con el uso de analgésicos simples mitigué. Ya para la segunda dosis, la cefalea y dolor en el sitio de aplicación fue mínimo e incluso pude desarrollar mis actividades laborales sin ningún problema.

Ya con el esquema de vacunación completo, ¿puedo salir a la calle sin uso de cubrebocas, sin guardar la sana distancia o volver a mi antigua normalidad? La respuesta es un rotundo no. Desafortunadamente, el riesgo de contagio no desaparece al 100 por ciento con ninguna de las vacunas existentes y si a esto aunamos la aparición de nuevos subtipos o variedades por mutación del virus SARS-CoV-2, refuerza la necesidad de seguir utilizando todas las medidas preventivas existentes. De hecho, con la aparición de estos nuevos subtipos o variedades, al igual que con la vacuna de la influenza, muy probablemente será necesario aplicarse la vacuna de forma anual.

Como Médico de Familia, entiendo ampliamente el temor que mis pacientes, familiares y amigos me externan para vacunarse, miedo que se desarrolla ante el exceso de información o incluso desinformación que existe con respecto a las vacunas. Por tal motivo, es importante verificar la fuente, bibliografía y currículo de quien emite una noticia controversial en las redes sociales.

La dinámica de vacunación que emplea el gobierno de nuestro país, es totalmente diferente a la que se llevaba a cabo hasta antes del covid-19, en la cual las instituciones de salud aplicaban las vacunas. En la actualidad las vacunas son aplicadas bajo la responsabilidad de las autoridades federales con el apoyo de la milicia. Por tal motivo, el personal de salud institucional desconoce el proceso, así como el tiempo y forma de la aplicación, por lo que se debe estar atento a las noticias y páginas oficiales del gobierno, como es la página CORONAVIRUS.GOB.MX en donde podremos encontrar información relacionada con el Covid-19, cursos, directorios, vacunas, noticias, realizar preguntas, datos estadísticos oficiales y pronunciamientos de nuestras autoridades.

La salud es compromiso y responsabilidad de todos, tarea que no sólo pertenece al Gobierno y personal de salud, pues en esta batalla TODOS DEBEMOS PARTICIPAR y una de las tareas a realizar es vacunarse. No hay nada seguro después de hacerlo, pero sí la satisfacción de realizar lo que nos corresponde.

Es normal tener miedo a lo desconocido como lo es vacunarse, yo mismo tengo miedo por mí y mi familia cada vez que me visto para dar consulta en el Módulo de Enfermedades Respiratorias Covid-19 en mi institución de salud, pero ante la necesidad de mi labor, me sobrepongo y otorgo lo que se hacer: Cuidar de la salud de mis pacientes, por tal motivo, cuando se me dio la oportunidad acudí a vacunarme sin dudarlo.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Marzo del 2021

 

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lunes, 1 de febrero de 2021

SIN MIEDO AL COVID-19

 Hace casi ya un año que inició la pandemia en el país y el incremento de los contagios por Covid-19 es algo que como equipo de salud nos preocupa y causa estragos en nuestro estado de ánimo ante nuestras limitantes para que esto se acabe.

Al principio, cuando se decretó el aislamiento de la población, se veían calles vacías, así como centros comerciales, de esparcimiento y empresas cerradas. Conforme las condiciones epidémicas lo fueron permitiendo, la gente empezó a salir a las calles utilizando cubrebocas (algunas veces hasta dos a la vez), lentes protectores, caretas, guantes e incluso ropa de tipo hospitalaria para poder realizar las actividades más esenciales como lo eran acudir por víveres, atención médica o surtir artículos de primera necesidad. Era una paranoia total, todos con gel y desinfectantes en la mano o cualquier tipo de sustancia que fuera capaz de protegernos.

Conforme las semanas transcurrieron, las autoridades fueron cambiando la semaforización epidemiológica y la gente empezó a salir de forma gradual, integrándose a actividades laborales, religiosas, recreativas entre otras siguiendo un estricto protocolo de sanidad.

Y así, poco a poco, fuimos retomando nuestra nueva normalidad que, por cierto, llegó para quedarse.

Y en medio de ese ambiente en el que aparentemente se iba aplanando la curva de contagios, empezamos a caer en excesos de confianza y de esa manera se dejó de tener temor a la enfermedad, situación que se reforzó ante la aparición de prometedoras vacunas y el término del inusual 2020.

La gente olvidó el pánico inicial y empezó a caer en errores que propiciaron el incremento en nuevos casos: reuniones sociales y religiosas, disminución de la sana distancia, cupo completo en el transporte público (y en algunas ocasiones sobrecupo) incremento de la actividad laboral, uso inadecuado de los equipos de protección, permisividad de las autoridades, pero, sobre todo, la falta de conciencia de llevar la infección hasta nuestro hogar poniendo en peligro a los más vulnerables.

¿Qué sucedió? La respuesta es simple: PERDIMOS EL MIEDO A ENFERMARNOS.

El regresar a la nueva normalidad enfrentándonos en la calle al Covid-19, hizo que a pesar de conocer casos de enfermedad o muerte de personas cercanas a nosotros, disminuyera nuestro nivel de temor y de prevención. La realidad de hoy es que estamos acostumbrándonos a vivir así, algunos con recelo, otros con incertidumbre, algunos más con indiferencia, pero todos sabiendo que en algún momento nos tocará y probablemente no salgamos vivos.

Suena dramático, pero es así y si no me creen, basta con preguntar a algún integrante de una familia que haya sufrido una pérdida por Covid-19 si es cierto o no.

No deja de causarme asombro que, durante el desarrollo de la consulta en el Módulo de Enfermedades Respiratorias, los pacientes me digan que se contagiaron de la forma más obvia: por reuniones o visitas a personas que pensaron no estaban enfermas.

En todos lados escuchamos: Quédate en casa, lávate las manos, usa cubrebocas, conserva la sana distancia e incluso, nosotros mismo lo decimos o publicamos en nuestras redes sociales, pero ¿en realidad lo hacemos? ¿pregonamos con el ejemplo?

Circulando por redes sociales, me encontré con un artículo que me pareció rescatable: Los errores más comunes en el contagio de Covid-19(1)

Hacer reuniones pequeñas y asumir que tus conocidos son igual de cuidadosos que tú.

El hecho de que las personas con las cuales nos reunimos sean conocidos y aparentemente no estén enfermos no es ninguna garantía, ya que nadie puede asegurar que alguno no esté enfermo, sea asintomático o que se esté cuidando de una forma adecuada.

Habitualmente estas reuniones se hacen por tiempo prolongado, sin cubrebocas (independientemente que se realice en lugares abiertos), sin respetar la sana distancia y, por el contrario, con una cercanía producto de la amistad y confianza.

No hacer cuarentena después de estar expuesto.

Lo ideal es mantenerse en aislamiento por 2 semanas después de estar en contacto directo y prolongado con una persona con diagnostico confirmado por Covid-19. En este sentido, en el ámbito laboral desafortunadamente las condiciones de nuestro país no lo permiten, ya que únicamente se ofrecen incapacidades a los casos sospechosos o confirmados por Covid-19, no así a los que han estado en contacto directo. Sin embargo, cuando se trata del círculo familiar o de amigos podría ser más factible de llevarse a cabo.

Hacerte la prueba con demasiada premura.

Cuando algún familiar o conocido con el que se tiene contacto directo resulta confirmado a Covid-19, es habitual caer en pánico e inmediatamente realizarse una prueba para saber si se está infectado o no. Sin embargo, esto es erróneo. Lo primero que se debe hacer es pedir asesoría médica. Lo recomendable es que los contactos no se hagan ninguna prueba si no tienen síntomas o en caso de estar asintomáticos pero preocupados, y es factible pagarlo, se debe esperar entre 5 a 7 días después del último contacto. Hacer una prueba antes de este período puede reportar un falso negativo, lo cual que resultaría aún más peligroso ya que confiados en el resultado no se tienen los cuidados necesarios por pensar que no se tiene la enfermedad.

Pasar el desinfectante muy rápido.

La aplicación de gel con alcohol en las manos debe tener un tiempo de frotamiento en dorso, palmas e interdigital no menor a 15 segundos con una cantidad suficiente. Frotar las manos demasiado rápido no sirve de nada.

Para el uso de agua y jabón o shampoo sin enjuague en las manos, el tiempo requerido es de 40 a 60 segundos para lograr una adecuada desinfección, siempre y cuando se realicen los pasos de lavar dorso anterior, palmas, interdigital y uñas.

Usar careta sin cubrebocas.

En la actualidad, el usar caretas sin cubrebocas se ha convertido en una práctica común pero incorrecta, ya que la careta impedirá la propagación de los virus a través de la saliva que expulsamos de la boca, pero no podrá evitar que aspiremos el aire contaminado por el virus al estar cerca de una persona contagiada. Es el mismo efecto que se tiene al usar cubrebocas sin tapar la nariz.

Usar guantes y no lavarte las manos.

Muchas personas, en su cotidianidad usan guantes los cuales deben ser de látex y desechables. Es necesario e importante que se laven de forma frecuente si se usan de manera prolongada, antes de quitarlos o si se va a manipular el cubrebocas. Como ejemplo les pongo que, en el Consultorio de Enfermedades Respiratorias, nos tenemos que lavar las manos con todo y guantes después de tocar a los pacientes y al término de la atención entre paciente y paciente. 

De hecho, si no se tiene una adecuada capacitación en el uso de los guantes, lo recomendable es que no se utilicen.

El Covid-19 aun está activo y más fuerte que nunca, por tal motivo, en necesario y de suma importancia redoblar esfuerzos en las medidas preventivas y no caer en excesos de confianza.

Cuidándote nos cuidadas. La clave para salir delante de esta pandemia es la prevención.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Febrero del 2021

Referencia:

1. Periódico Espacio

 

 

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