sábado, 1 de mayo de 2021

Ya me vacuné ¿Qué sigue?

 En nuestro país, el proceso de vacunación contra el Covid-19 avanza de forma lenta, lo que causa desesperación en las personas que aún no han sido vacunadas.

Pero también está el lado opuesto de la moneda, en el cual existen personas que no se han querido vacunar por miedo a tanta información que se publica en las redes sociales o se dice de boca en boca sin tener validez científica.

Sin embargo, el proceso de vacunación avanza paulatinamente hasta lograr el objetivo de proteger a 80,000,000 de mexicanos para finales del 2021, como la planteado el gobierno federal.

Durante este proceso, han sido innumerables las llamadas y preguntas directas de pacientes, amigos y familiares cuestionando sobre las dudas que se les presentan como por ejemplo ¿Debo vacunarme? ¿Qué enfermedad me impide vacunarme? ¿Qué pasa si no me vacuno? ¿Qué puedo comer? ¿Cuánto tiempo no debo beber alcohol? ¿Debo suspender mis medicamentos de control? ¿Qué medicamentos puedo tomar en caso de presentar molestias? ¿Cuánto tiempo debo aislarme después de vacunarme?

Respondo a tales preguntas, siendo las siguientes las más frecuentes.

¿Debo vacunarme?

Por supuesto que TODOS debemos vacunarnos.

Logrando la cobertura de vacunación planeada, es como se podrá disminuir la incidencia de esta enfermedad en nuestro país y en el mundo.

 ¿Qué enfermedad me impide vacunarme?

Hasta el momento no existe un consenso mundial con respecto a las patologías que tienen la contraindicación de vacunarse. En nuestro país se están aplicando vacunas a todo tipo de personas, incluidas aquellas que tienen el sistema inmunológico debilitado como lo son enfermos de VIH, Lupus, Diabetes, Asma, entre otros, puesto que si llegaran a enfermarse de Covid-19 tienen más riesgo de complicaciones. Existen excepciones en las cuales los médicos tratantes de enfermedades graves puedan indicar que sus pacientes no se vacunen, pero esto es de forma individualizada.

Lo que sí es importante comentar antes de recibir la vacuna, es el antecedente de haber presentado alergias graves a algún otro tipo de vacunas.

¿Qué pasa si no me vacuno?

En un país libre como el nuestro, en donde la democracia prevalece, el no querer vacunarse es algo incuestionable y los motivos que se tengan son respetables. Sólo que debemos ser conscientes que al no vacunarse se presenta un riesgo mayor en relación a los vacunados de padecer Covid-19 con las consiguientes complicaciones que esto implica, además de interrumpir el efecto de inmunidad rebaño que se busca lograr al tener una cobertura total de vacunación.

La inmunidad de rebaño (también conocida como inmunidad comunitaria) ocurre cuando una población se hace inmune a una enfermedad. Ya sea debido a la existencia de una vacuna o por exposición, en la medida en que el porcentaje de personas inmunes va en aumento, la probabilidad de que una persona que es contagiosa se encuentre con e infecte a una persona que no sea inmune, disminuye. Llega el momento en que las probabilidades de propagación de la enfermedad son tan bajas, que se considera que esa población ha adquirido “inmunidad de rebaño”.

¿Qué puedo comer?

Después de recibir la vacunación se puede comer de todo acorde a lo que la condición de salud del vacunado permita. No existe ninguna dieta especial, por lo que se pueden comer alimentos frescos o en conserva. Es recomendable estar bien hidratados, además se aconseja el consumo de frutas frescas ricas en vitamina C.

¿Cuánto tiempo no debo beber alcohol?

Esta es una de las preguntas más recurrentes que recibo. Lo ideal es no consumir bebidas alcohólicas en un lapso no menor a 72 horas después de la vacunación.

El alcohol es una droga depresora del Sistema Nervioso Central que inhibe progresivamente las funciones cerebrales. Afecta a la capacidad de autocontrol, produciendo inicialmente euforia y desinhibición, por lo que puede confundirse con un estimulante.

Según varios estudios, el consumo de alcohol puede debilitar nuestro sistema inmunológico, haciendo del cuerpo un objetivo más fácil para las enfermedades. Esto se debe a que las células de defensa se ven afectadas por el consumo excesivo de alcohol.

Luego entonces, si estamos aplicando una sustancia que va a trabajar en nuestro sistema inmunológico, no se deben consumir sustancias (como el alcohol) que sean depresores del mismo.

¿Debo suspender mis medicamentos de control?

Por ningún motivo los medicamentos de control para enfermedades crónico degenerativas u otro tipo de enfermedades deben suspenderse antes o después del momento de vacunación. Por el contrario, es importante y necesario continuar tomando los medicamentos tal y como el paciente los tiene indicados.

¿Qué medicamentos puedo tomar en caso de presentar molestias?

Las molestias más comunes son dolores muscules y cefaleas, por lo que medicamentos como el Paracetamol y los AINES (Anti Inflamatorios No Esteroideos) pueden utilizarse sin problema alguna. Lo recomendable es tomarlos correctamente en su dosificación u horario. En caso de existir dudas, lo más recomendable es solicitar información al personal de salud más cercano.  

¿Cuánto tiempo debo aislarme después de vacunarme?

En los adultos mayores, personas con problemas de salud o inmunocomprometidas, se recomienda un aislamiento parcial de 72 horas.  Las personas sanas pueden continuar con sus actividades laborales sin problemas, pero como dice el eslogan de promoción de salud de nuestra ciudad: Si no tienes que salir ¡quédate en casa!

Y así como estás, muchas preguntas pueden surgir en las personas que aún no han vacunado, por lo que recomiendo acudir a su médico de confianza para que sean aclaradas.

La ignorancia, es el peor enemigo del mundo y el hecho de haber sido vacunados, no nos otorga libertad para ser irresponsables en el cuidado de nuestra salud. No bajemos la guardia

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Mayo del 2021

 

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jueves, 1 de abril de 2021

Un año de Covid-19

 Hemos cumplido un año desde que inició esta pesadilla pandémica en nuestro México lindo y querido.

Ha sido un período de más de 365 días que parecieran años por todo lo que ha conllevado la contingencia sanitaria.

En lo personal, considero que ha sido un tiempo de grandes pérdidas, impotencia, miedo, tristeza, dolor, ansiedad, preocupación, reto profesional.

Grandes amigos y familia de todas las edades se han adelantado en el camino sin retorno que significa la muerte, y con ello, el duelo que representa su partida. El escuchar todos los días que alguien cercano a mi ha fallecido no me permite reponerme de la pena experimentada el día anterior.

Familias que no sólo han sufrido por la muerte de sus seres queridos, sino que han perdido su trabajo, sus bienes materiales e incluso, la interrupción de su cohesión familiar.

A lo largo de este tiempo, hemos conocido casos de amigos que después de un largo o corto proceso de sufrimiento hospitalario, fallecen dejando en desamparo a su familia, como es el caso de aquellos integrantes de un núcleo familiar que son los proveedores de su economía, pero también de familias que se han separado porque las crisis familiares paranormativas han hecho mella en su relación intrafamiliar.

Así mismo, los casos de ansiedad y depresión se han incrementado, y de la mano de esto existe un aumento en el número de suicidios.

Pero también hemos observado daños colaterales, como por ejemplo el que han sufrido los enfermos de enfermedades crónicas avanzadas, todo tipo de cánceres, personas con capacidades diferentes que necesitan terapias, entre otros casos, al verse interrumpidas sus atenciones, ya sea porque las instituciones de salud públicas o privadas cerraron sus puertas ante la pandemia, o porque los pacientes se quedaron sin recursos para seguir cubriendo los costos del servicio. Situación más triste fue el hecho de que muchos trabajadores perdieran sus trabajos y con ello la asistencia médica a la que tienen derecho, sin que existiera un programa de atención emergente y solidario.

Escuchaba en las noticias del día de hoy que, hasta el momento, en nuestro país existen más de 200,000 muertos reportados oficialmente, aunque los expertos estiman que los decesos pueden ser más de 300,000. Sin embargo, no se contabilizan como efecto de la pandemia a los que han fallecido por culpa del Covid-19 sin haber padecido esta enfermedad.

¿A qué me refiero con esto?

Me refiero a aquellas personas que han muerto por nada, sí, por nada de atención, por la interrupción de sus servicios paliativos, curativos o resolutivos, personas que se complicaron por no haber sido operadas o haberse realizado un servicio médico de forma oportuna, gente que ahora sufre una discapacidad porque no fue atendida en tiempo y forma.

Cierto es, que la pandemia nos limitó en el número de personal de salud necesario para la atención de los enfermos de Covid-19, pero también existió personal que, en medio de su miedo, se amparó judicialmente para no trabajar buscando el más mínimo recurso necesario para no hacerlo cuando sí tenían la capacidad de realizar sus labores, así como también errores administrativos por parte de las autoridades  para el ejercicio de las finanzas y logística en materia de salud institucional.

Aun año de distancia, hemo aprendido a convivir con esta enfermedad, que para nada ha sido domada, y el personal de salud ofrece una batalla diaria aun en condiciones adversas. Poco a poco se han retomado las atenciones médicas diferentes a Covid-19, pero aún tenemos un rezago importante.

Y lo más grave de esto es darme cuenta que nuestra sociedad no ha aprendido la lección y continuamos siendo imprudentes en el cuidado de nuestra salud, y si no me creen, basta con mirar la televisión no oficial y las redes sociales, en donde podemos observar grandes cantidades de personas sin respetar la sana distancia apoyando a candidatos políticos que inician su proceso electoral, largas filas de adultos mayores y de sus acompañantes para poder recibir la vacuna en contra del Covid-19, playas abarrotadas de gentes, lugares turísticos cerrados pero con una gran afluencia de personas, centro comerciales con gran cantidad de personas en su interior, todos ellos sin respetar las medidas sanitarias indispensables para prevenir los contagios.

Basta con llegar a un establecimiento público o privado y peor aún, a una institución de salud en donde nos recibe un tapete sanitizante más seco que cactus en el desierto, pero eso sí, bien colocado en la entrada con tal de cumplir el protocolo de las autoridades sanitarias.

Hacemos sin hacer, cumplimos sin cumplir, nos engañamos a nosotros mismos, pues con tal de no recibir una multa se mantienen estos tapetes, pero olvidando la verdadera función de los mismos.

Seguimos sin aprender y poco a poco nos vamos acostumbrando al dolor, como cuando en la institución de salud en donde presto mis servicios profesionales, la genta no respeta la sana distancia a pesar de todos los señalamientos escritos y verbales que el personal de salud indica. Cubrebocas mal puestos, falta de higiene de manos, niños corriendo y agarrando todo en las salas de espera, adultos mayores de 70, 80 e incluso 90 años que realizan largos tiempos de espera con tal de recibir atención únicamente para recibir sus medicamentos sin que en ese momento tengan una agudización de sus síntomas o enfermedades, una simple consulta de rutina que puede resultar mortal de forma posterior al contagiarse de Covid-19.

Nos estamos confiando. Estamos cayendo en el error de que porque se ha recibido la vacuna o se está realizando un proceso se vacunación la enfermedad va a desparecer pronto y bajamos la guardia en medidas preventivas.

Lamento decirles que las vacunas NO VAN A ERRADICAR esta enfermedad. El Covid-19 llegó para quedarse por muchos años más, pero las medidas preventivas no han dejado de ser una de las herramientas más importantes en la disminución del número de contagios.

Amigos, pacientes, les comparto mi sentir y el que me externa mis compañeros del área de salud: Ya estamos cansados e incluso, hartos de trabajar contra esta enfermedad, pero no me mal entiendan, estamos cansado no de cumplir nuestra obligación profesional, estamos cansados de seguir viendo muertes, familias interrumpidas, pérdidas materiales, sociales y de nuestra cotidianidad, cansancio que se convierte en enojo cuando vemos que la gente que se encuentra a nuestro alrededor no cumple con las medidas, olvidando que la salud es un compromiso de todos.

No bajes la guardia, puesto que aun puedes formar parte de la estadística de personas que han perdido la batalla ante esta enfermedad.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Abril del 2021

 

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lunes, 1 de marzo de 2021

COVID-19 Y OTRAS HISTORIAS

Llega marzo del 2021 y cumplimos 1 año de que en México inició la pesadilla llamada Covid-19.

Junto con ella, llegaron transformaciones importantes en nuestra dinámica y estilo de vida, cambios radicales que afectaron por completo la forma en cómo el mundo realiza sus actividades.

Durante todo este tiempo, científicos, eminencias, corporaciones de salud y naciones se han dado a la tarea de estudiar esta enfermedad, su comportamiento, tratamiento y prevención.

Con respecto a este último punto, las vacunas han venido a ser una luz al final del túnel, un motivo de esperanza para poder vencer esta enfermedad que tanto daño y pérdidas ha causado en nuestras familias y comunidad.

Pero junto con la llegada de las vacunas, aparecieron las dudas alimentadas por teorías de conspiración, verdades a medias, desinformaciones y aseveraciones de personas quienes, sin ser eruditos en el tema, emiten opiniones con tal seguridad que resultan creíbles por quien lo escuche y peor aún, siembran incertidumbre incluso en el personal de salud.

En últimas fechas la pregunta recurrente durante el desarrollo de mi consulta es ¿me debo vacunar o no?

Mi respuesta es SI, explicando a quienes preguntan que las vacunas son diferentes y en nuestro país se está inmunizando con varios tipos y que de acuerdo a la vacuna que se aplique, se realiza una serie de preguntas para saber si se es apto o no para recibir la inmunización.

La notificación de casos adversos y complicaciones posteriores a la aplicación de vacunas, generan desconcierto y miedo en la población, situación que viene a reforzar las teorías de conspiración que circulan en las redes sociales. Sin embargo, debemos tener en cuenta que las complicaciones y efectos adversos en la aplicación de vacunas es algo que siempre ha existido, pero al estarse vacunando de forma masiva, la aparición de complicaciones posterior a la vacunación se encuentran exponencialmente mayor a la de otras vacunas en general y si a esto aunamos que los ojos del mundo están puestos en el desarrollo de la vacunación, pues en consecuencia, la presencia de estos afectos se anuncian con gran estruendo, incrementando el temor de los que tienen dudas de vacunarse.

Cierto es que no podemos generalizar que se vacune a todos, pues existirán condiciones de salud o alergias que impedirán su aplicación de forma inmediata o definitiva, como lo serían haber cursado con Covid-19 en el último mes previo a la aplicación, alergia a algunos de los componentes de la fórmula de las vacunas o alguna otra condición de salud en la cual el médico tratante indique que no se deban vacunar, pero lo cierto es que la vacunación masiva es una excelente herramienta para detener o disminuir esta epidemia.

De tal manera, que vacunarse es algo que yo como médico recomiendo a mis pacientes y a los que me preguntan.

Claro es, que en nuestro país no es obligatorio vacunarse y cada quién decidirá si lo realiza o no, pero también debe existir una responsabilidad social de realizarla por un beneficio común. Es como en los tiempos de guerra, muchos son llamados a la milicia, aunque no estén de acuerdo, pero con la finalidad de salvaguardar a sus connacionales, se participa en ella. Tal vez no sea el mejor ejemplo, pero si resulta muy gráfico.

Y predicando con el ejemplo, por ser personal de salud de primera línea, ya me he puesto las dos dosis de la vacuna. Les comparto que no sentí temor del efecto de la vacuna, aunque si experimenté después de la aplicación, un ligero dolor de cabeza (cefalea) y dolor muscular en el sitio de aplicación (tercio superior del brazo) que fue bastante soportable y que con el uso de analgésicos simples mitigué. Ya para la segunda dosis, la cefalea y dolor en el sitio de aplicación fue mínimo e incluso pude desarrollar mis actividades laborales sin ningún problema.

Ya con el esquema de vacunación completo, ¿puedo salir a la calle sin uso de cubrebocas, sin guardar la sana distancia o volver a mi antigua normalidad? La respuesta es un rotundo no. Desafortunadamente, el riesgo de contagio no desaparece al 100 por ciento con ninguna de las vacunas existentes y si a esto aunamos la aparición de nuevos subtipos o variedades por mutación del virus SARS-CoV-2, refuerza la necesidad de seguir utilizando todas las medidas preventivas existentes. De hecho, con la aparición de estos nuevos subtipos o variedades, al igual que con la vacuna de la influenza, muy probablemente será necesario aplicarse la vacuna de forma anual.

Como Médico de Familia, entiendo ampliamente el temor que mis pacientes, familiares y amigos me externan para vacunarse, miedo que se desarrolla ante el exceso de información o incluso desinformación que existe con respecto a las vacunas. Por tal motivo, es importante verificar la fuente, bibliografía y currículo de quien emite una noticia controversial en las redes sociales.

La dinámica de vacunación que emplea el gobierno de nuestro país, es totalmente diferente a la que se llevaba a cabo hasta antes del covid-19, en la cual las instituciones de salud aplicaban las vacunas. En la actualidad las vacunas son aplicadas bajo la responsabilidad de las autoridades federales con el apoyo de la milicia. Por tal motivo, el personal de salud institucional desconoce el proceso, así como el tiempo y forma de la aplicación, por lo que se debe estar atento a las noticias y páginas oficiales del gobierno, como es la página CORONAVIRUS.GOB.MX en donde podremos encontrar información relacionada con el Covid-19, cursos, directorios, vacunas, noticias, realizar preguntas, datos estadísticos oficiales y pronunciamientos de nuestras autoridades.

La salud es compromiso y responsabilidad de todos, tarea que no sólo pertenece al Gobierno y personal de salud, pues en esta batalla TODOS DEBEMOS PARTICIPAR y una de las tareas a realizar es vacunarse. No hay nada seguro después de hacerlo, pero sí la satisfacción de realizar lo que nos corresponde.

Es normal tener miedo a lo desconocido como lo es vacunarse, yo mismo tengo miedo por mí y mi familia cada vez que me visto para dar consulta en el Módulo de Enfermedades Respiratorias Covid-19 en mi institución de salud, pero ante la necesidad de mi labor, me sobrepongo y otorgo lo que se hacer: Cuidar de la salud de mis pacientes, por tal motivo, cuando se me dio la oportunidad acudí a vacunarme sin dudarlo.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Marzo del 2021

 

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lunes, 1 de febrero de 2021

SIN MIEDO AL COVID-19

 Hace casi ya un año que inició la pandemia en el país y el incremento de los contagios por Covid-19 es algo que como equipo de salud nos preocupa y causa estragos en nuestro estado de ánimo ante nuestras limitantes para que esto se acabe.

Al principio, cuando se decretó el aislamiento de la población, se veían calles vacías, así como centros comerciales, de esparcimiento y empresas cerradas. Conforme las condiciones epidémicas lo fueron permitiendo, la gente empezó a salir a las calles utilizando cubrebocas (algunas veces hasta dos a la vez), lentes protectores, caretas, guantes e incluso ropa de tipo hospitalaria para poder realizar las actividades más esenciales como lo eran acudir por víveres, atención médica o surtir artículos de primera necesidad. Era una paranoia total, todos con gel y desinfectantes en la mano o cualquier tipo de sustancia que fuera capaz de protegernos.

Conforme las semanas transcurrieron, las autoridades fueron cambiando la semaforización epidemiológica y la gente empezó a salir de forma gradual, integrándose a actividades laborales, religiosas, recreativas entre otras siguiendo un estricto protocolo de sanidad.

Y así, poco a poco, fuimos retomando nuestra nueva normalidad que, por cierto, llegó para quedarse.

Y en medio de ese ambiente en el que aparentemente se iba aplanando la curva de contagios, empezamos a caer en excesos de confianza y de esa manera se dejó de tener temor a la enfermedad, situación que se reforzó ante la aparición de prometedoras vacunas y el término del inusual 2020.

La gente olvidó el pánico inicial y empezó a caer en errores que propiciaron el incremento en nuevos casos: reuniones sociales y religiosas, disminución de la sana distancia, cupo completo en el transporte público (y en algunas ocasiones sobrecupo) incremento de la actividad laboral, uso inadecuado de los equipos de protección, permisividad de las autoridades, pero, sobre todo, la falta de conciencia de llevar la infección hasta nuestro hogar poniendo en peligro a los más vulnerables.

¿Qué sucedió? La respuesta es simple: PERDIMOS EL MIEDO A ENFERMARNOS.

El regresar a la nueva normalidad enfrentándonos en la calle al Covid-19, hizo que a pesar de conocer casos de enfermedad o muerte de personas cercanas a nosotros, disminuyera nuestro nivel de temor y de prevención. La realidad de hoy es que estamos acostumbrándonos a vivir así, algunos con recelo, otros con incertidumbre, algunos más con indiferencia, pero todos sabiendo que en algún momento nos tocará y probablemente no salgamos vivos.

Suena dramático, pero es así y si no me creen, basta con preguntar a algún integrante de una familia que haya sufrido una pérdida por Covid-19 si es cierto o no.

No deja de causarme asombro que, durante el desarrollo de la consulta en el Módulo de Enfermedades Respiratorias, los pacientes me digan que se contagiaron de la forma más obvia: por reuniones o visitas a personas que pensaron no estaban enfermas.

En todos lados escuchamos: Quédate en casa, lávate las manos, usa cubrebocas, conserva la sana distancia e incluso, nosotros mismo lo decimos o publicamos en nuestras redes sociales, pero ¿en realidad lo hacemos? ¿pregonamos con el ejemplo?

Circulando por redes sociales, me encontré con un artículo que me pareció rescatable: Los errores más comunes en el contagio de Covid-19(1)

Hacer reuniones pequeñas y asumir que tus conocidos son igual de cuidadosos que tú.

El hecho de que las personas con las cuales nos reunimos sean conocidos y aparentemente no estén enfermos no es ninguna garantía, ya que nadie puede asegurar que alguno no esté enfermo, sea asintomático o que se esté cuidando de una forma adecuada.

Habitualmente estas reuniones se hacen por tiempo prolongado, sin cubrebocas (independientemente que se realice en lugares abiertos), sin respetar la sana distancia y, por el contrario, con una cercanía producto de la amistad y confianza.

No hacer cuarentena después de estar expuesto.

Lo ideal es mantenerse en aislamiento por 2 semanas después de estar en contacto directo y prolongado con una persona con diagnostico confirmado por Covid-19. En este sentido, en el ámbito laboral desafortunadamente las condiciones de nuestro país no lo permiten, ya que únicamente se ofrecen incapacidades a los casos sospechosos o confirmados por Covid-19, no así a los que han estado en contacto directo. Sin embargo, cuando se trata del círculo familiar o de amigos podría ser más factible de llevarse a cabo.

Hacerte la prueba con demasiada premura.

Cuando algún familiar o conocido con el que se tiene contacto directo resulta confirmado a Covid-19, es habitual caer en pánico e inmediatamente realizarse una prueba para saber si se está infectado o no. Sin embargo, esto es erróneo. Lo primero que se debe hacer es pedir asesoría médica. Lo recomendable es que los contactos no se hagan ninguna prueba si no tienen síntomas o en caso de estar asintomáticos pero preocupados, y es factible pagarlo, se debe esperar entre 5 a 7 días después del último contacto. Hacer una prueba antes de este período puede reportar un falso negativo, lo cual que resultaría aún más peligroso ya que confiados en el resultado no se tienen los cuidados necesarios por pensar que no se tiene la enfermedad.

Pasar el desinfectante muy rápido.

La aplicación de gel con alcohol en las manos debe tener un tiempo de frotamiento en dorso, palmas e interdigital no menor a 15 segundos con una cantidad suficiente. Frotar las manos demasiado rápido no sirve de nada.

Para el uso de agua y jabón o shampoo sin enjuague en las manos, el tiempo requerido es de 40 a 60 segundos para lograr una adecuada desinfección, siempre y cuando se realicen los pasos de lavar dorso anterior, palmas, interdigital y uñas.

Usar careta sin cubrebocas.

En la actualidad, el usar caretas sin cubrebocas se ha convertido en una práctica común pero incorrecta, ya que la careta impedirá la propagación de los virus a través de la saliva que expulsamos de la boca, pero no podrá evitar que aspiremos el aire contaminado por el virus al estar cerca de una persona contagiada. Es el mismo efecto que se tiene al usar cubrebocas sin tapar la nariz.

Usar guantes y no lavarte las manos.

Muchas personas, en su cotidianidad usan guantes los cuales deben ser de látex y desechables. Es necesario e importante que se laven de forma frecuente si se usan de manera prolongada, antes de quitarlos o si se va a manipular el cubrebocas. Como ejemplo les pongo que, en el Consultorio de Enfermedades Respiratorias, nos tenemos que lavar las manos con todo y guantes después de tocar a los pacientes y al término de la atención entre paciente y paciente. 

De hecho, si no se tiene una adecuada capacitación en el uso de los guantes, lo recomendable es que no se utilicen.

El Covid-19 aun está activo y más fuerte que nunca, por tal motivo, en necesario y de suma importancia redoblar esfuerzos en las medidas preventivas y no caer en excesos de confianza.

Cuidándote nos cuidadas. La clave para salir delante de esta pandemia es la prevención.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Febrero del 2021

Referencia:

1. Periódico Espacio

 

 

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viernes, 1 de enero de 2021

DOLOR DE RODILLA

Uno de los motivos más comunes de consulta en los adultos es la GONALGIA, nombre que se le otorga al dolor de rodilla. Aunque inicia en una rodilla, con el paso del tiempo puede afectar a ambas.

Las causas pueden ser muchas: traumatismos directos (golpes), traumatismos indirectos (como los que se producen cuando se realiza algún tipo de actividad física que condicione golpes da baja o alta intensidad de forma repetitiva), desgaste de las articulaciones, de los ligamentos o los músculos que componen la rodilla, lesiones tumorales, fracturas, luxaciones o inflamaciones, así como alteraciones en la columna vertebral u obesidad, entre otros.

Habitualmente el dolor inicia en una rodilla, lo que condiciona que de manera involuntaria se apoye más en la otra extremidad, causando que posteriormente se presente molestias en la que se está apoyando.

El dolor tiene varios grados de intensidad y depende de la sensibilidad que cada persona tiene para poder soportarlo. Por ello para muchas personas es un dolor tolerable que les permite continuar su dinámica de vida. Sin embargo, al no atenderse de manera oportuna ocasiona que sea más difícil de mitigar.

Por las características de nuestro país se pueden adquirir medicamentos en la farmacia sin presentar una receta médica, lo cual resulta una práctica peligrosa debido a que las personas se automedican minimizando un probable problema de salud, pues es necesario conocer el origen o causa del dolor para seguir el mejor plan terapéutico.

Son los AINES (antiinflamatorios no esteroideos) los más socorridos en este tipo de problemas, sin embargo, como he comentado, se debe evaluar por un profesional de la salud para determinar el tratamiento adecuado.

Entre los medicamentos que se pueden utilizar existe un tipo de desinflamatorios de tipo esteroideo que habitualmente la gente conoce como cortisonas, los cuales tienen un excelente efecto, pero que son de uso exclusivamente médico pues debe existir una valoración previa del paciente antes de utilizarlos.

No deben utilizar corticoides por auto prescripción las personas que padezcan:

-Diabetes Mellitus

-Presión Arterial Alta (Hipertensión Arterial)

-Glaucoma

-Problemas de micosis avanzada o severa (Hongos)

-Embarazos tempranos

-Enfermedades virales o bacterianas sistémicas activas (Infecciones)

-Tuberculosis entre otras condiciones de salud.

En algunas ocasiones, la cortisona viene combinada con AINES o relajantes musculares y su uso por largo tiempo puede condicionar problemas de salud como la elevación de la glucosa, presión arterial o una enfermedad conocida como Síndrome de Cushing.

Sin embargo, no debemos satanizar el uso de la cortisona ya que es un buen medicamento cuando se utiliza de forma correcta en las personas que pueden recibirla, pero desafortunadamente, existen gente poco profesional (o incluso gente sin conocimientos médicos) que abusan de este medicamento, aplicándolo de forma intraarticular (inyección directa en la rodilla en este caso), intramuscular u oral de manera frecuente y periódica, provocando la presencia de los efectos adversos ya descritos.

Con respecto a los AINES, su uso crónico o indiscriminado pueden condicionar úlceras gástricas y sangrados del tubo digestivo, gastritis, alteraciones en la coagulación de la sangre o problemas hepáticos.

El abuso, tomar dosis mayores con periodicidad inadecuada son presagio de una complicación secundaria segura.

Algo que se debe saber, es que no por tomar más cantidad de un mismo medicamento se obtendrá un mejor efecto. Los medicamentos tienen un tiempo de vida y una dosis máxima de absorción, de manera tal, que de nada sirve aumentarse la dosis con tal de obtener un efecto más rápido. Por el contrario, se puede sufrir la consecuencia de su abuso o uso inadecuado.

Cuando el dolor es de tipo traumático (por golpes, contracturas, esguinces o luxaciones), lo primero que se debe realizar es estabilizar la articulación. Se debe aplicar frío de forma inmediata como tratamiento inicial.

El calor tiene propiedades analgésicas muy buenas, por lo que se recomiendan compresas calientes en las articulaciones afectadas cuando ya han pasado 24 horas de la lesión inicial o cuando el dolor es de forma crónica.

El dolor leve puede ser fácilmente mitigado con calor, el cual es un método práctico, económico y fácil de utilizar, sin embargo, se debe tener cuidado de evitar quemaduras en la piel.

Así mismo, los vendajes inadecuados o el uso de rodilleras de forma prolongada pueden tener efectos adversos en los pacientes. Usar por largo tiempo una rodillera puede condicionar debilidad de los músculos de la pierna como la atrofia de cuádriceps.

Y a pesar de toda la terapéutica descrita, el mejor apoyo en el tratamiento y en ocasiones la mejor solución para esta patología es el BAJAR DE PESO. El tener un índice de masa corporal entre 19 a 24 kilos por metro cuadrado, es el peso ideal para mejorar el dolor de las rodillas. Se sabe que por cada kilo extra que tenemos de sobrepeso, nuestras rodillas cargan 5 a 7 kilos demás. Por tal motivo, antes de iniciar una rutina de ejercicio, es importante recibir una valoración médica a fin de prevenir lesiones de tipo deportivo por sobrecarga.

En síntesis, la GONALGIA es una patología que es más común de lo que imaginamos, que nosotros mismos o algún miembro de la familia pueden o han padecido, que automedicarse puede ser peligroso y que son los profesionales de la salud los que se deben encargar de atenderla.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Enero del 2021

 

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martes, 1 de diciembre de 2020

PÉRDIDAS POR EL COVID-19

Este 2020 ha sido un año que ni en la más terrible de las pesadillas hubiésemos visualizado que sucedería lo que hemos vivido.

Esta pandemia ha venido a cambiar nuestros usos y costumbres, nuestra socialización, nuestra vida en todos sus sentidos y de una forma radical.

Ha sido un año de muchas pérdidas, entre éstas, amigos y familiares que han sido vencidos por el Covid-19 al enfermarse o como víctimas indirectas al ser valientes guerreros que en su momento se enfrentaron cara a cara a esta enfermedad. 

Y es esta misma partida inesperada la que provoca en las familias un desajuste en su dinámica, generando crisis que en muchas ocasiones no saben cómo afrontar.

Ante el fallecimiento de un ser querido, en medio del dolor y de la tristeza por la pena, surge una situación que quizá en muchas familias se desconoce, como es el gasto económico que deriva de un deceso. Prueba de ello es que a los amigos y familiares se les pide colaboración para solventar los pagos que deben cubrirse en torno a la muerte del ser querido, ya que literalmente a la familia la toma por sorpresa, aunque tenga solvencia económica. Dichas circunstancias se agudizan cuando quien fallece era el proveedor de los recursos, por lo que éstos tardan en ser liberados a los deudos beneficiarios, ya sea por medio de cuentas bancarias, pensiones o seguros de vida. Durante el transcurso de esta espera la familia atraviesa una etapa crítica, pues en medio del duelo y la crisis emocional, también pasa por una grave crisis económica debido a que las cuentas por pagar no se detienen.

Como todos saben, habitualmente los temas que abordo son de tipo preventivo en materia de salud. Sin embargo, como parte de mi especialidad médica me compete tratar con mis pacientes, las crisis normativas y paranormativas en la funcionalidad de las familias. Por tal motivo, ofrezco unos consejos que permitan afrontar estos eventos adversos de la mejor manera.

Apoyo de familia y amigos.

Cuando se desconocen los trámites que se necesitan realizar ante un fallecimiento, se recomienda buscar la asesoría de algún amigo o familiar que sepa qué hacer en estos momentos.

Desafortunadamente, en momentos de crisis existe gente sin escrúpulos que se aprovecha del dolor de la familia y hace un gran negocio con la muerte.

Si existe la posibilidad, se sugiere que el beneficiario de la cuenta conozca el NIP de la tarjeta de débito y pueda hace uso de la misma en lo que se hace el reclamo. También es importante conocer qué tipo de contrato se ha realizado al abrir la cuenta.

Con respecto a las tarjetas de crédito se recomienda no hacer cargos a las mismas después del fallecimiento del titular, pues se puede incurrir en un delito.

Se debe tener en cuenta, que los gastos que genera la manutención de una familia no se detienen y en la medida posible, se deben tomar previsiones ante una situación de crisis.

Documentos oficiales

Los documentos de cada uno de los integrantes de las familias deben estar juntos, clasificados por cada miembro y en un lugar que todos conozcan.

Entre estos documentos deben estar actas de nacimiento, acta de matrimonio, documentos de identificación oficiales (cartilla del servicio militar, pasaportes, cédulas profesionales, cartas de naturalización), copias de testamento, títulos de propiedad de casa, terrenos o posesiones, facturas de vehículos y la documentación inherente.

Parece increíble, pero existen personas que no saben dónde se encuentran estos documentos en su hogar o peor aún, desconocen los aspectos legales de estas pertenencias.

Con respecto al testamento, recordemos que, en nuestro país, el mes de septiembre es el mes del testamento, lo que permite de una forma accesiblemente económica realizarlo, aunque tus bienes sean pocos, evitando dejar problemas como herencia a tu familia.

Seguros 

La mayoría de los trabajadores sindicalizados y una cantidad menor de los no sindicalizados, cuentan con seguros de vida.

Algunos seguros incluyen pago de gastos funerarios además del beneficio económico que se otorga a los beneficiarios. Por tal motivo, es necesario conocer por todos los miembros de la familia que incluyen estos seguros, que documentos se necesitan para hacer su reclamo y en donde se puede hacer esto.

Los deudos, pueden asesorarse con compañeros de trabajo del fallecido, sus líderes sindicales o incluso con el agente de seguros que les ha vendido estos productos. También se puede pedir asesoría a abogados expertos en este tipo de situaciones, aunque esto tiene un costo por los servicios profesionales que se realicen.

Pensión 

En México, cuando el que fallece es el asegurado a alguna dependencia de salud gubernamental, hereda una pensión para la esposa o esposo, así como para los hijos menores de edad. Esta pensión consiste en una percepción económica mensual que dependerá de la antigüedad del trabajador e incluye atención médica para los beneficiarios, por lo que se deben hacer una serie de trámites que permitan disfrutar de este beneficio social.

De ahí la importancia de tener a la mano los documentos previamente mencionados.

Cuando se tienen hijos con algún tipo de incapacidad que les impidan el autocuidado o autosuficiencia, estos pueden recibir una pensión permanente por lo que se recomienda hacer con tiempo los trámites necesarios para obtenerla.

Y así como estos consejos, la familia se puede reunir y plantear estrategias que permitan solventar crisis. No es un tema fácil, pues significa hablar de la muerte de alguno de los miembros, sin embargo, es importante abordarlo, conocer lo necesario y estar preparados, formando redes de apoyo y también estando capacitados para desarrollar roles emergentes, como cuando la madre o alguno de los hijos adquiere la responsabilidad de ser el proveedor.

La familia en los momentos de crisis se debe fortalecer más y permanecer unida.

Aprovecho el presente escrito para desearles que tengan un buen fin de año, en compañía de sus seres queridos y con el deseo ferviente que el año venidero sea mejor en todos los aspectos. Así mismo, envío un fuerte abrazo y mis condolencias a todos aquellos que han tenido una pérdida en este tiempo de pandemia.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas 

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. Diciembre del 2020


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domingo, 1 de noviembre de 2020

APRENDER DEL COVID-19

En este difícil 2020, la pandemia del Covid-19 nos ha enseñado lo frágil, incierta y efímera que es nuestra vida. A lo largo del año hemos sufrido la pérdida de familiares, amigos, compañeros de trabajo, conocidos y de mucha gente que ha fallecido, sin importar edad, género, condición social e incluso estado de salud previo.

Cada día experimento la inquietud de enterarme en cualquier momento, del fallecimiento de algún conocido. La tristeza, la pena y la aflicción ante tanto sufrimiento por la enfermedad o la muerte, nos acompañan en el diario vivir.

Sin embargo, este año no sólo debe dejar en nosotros el dolor o duelo por estos acontecimientos tan lamentables. Lo que ahora vivimos, por muy adversa que sea la situación, también permite obtener aprendizajes en diferentes aspectos de nuestra vida.

Con dolor nacemos y con dolor morimos. El dolor está presente en el organismo como una forma de alerta, como un medio de aprendizaje y no únicamente como una respuesta fisiológica de sufrimiento. De tal manera que, siendo analíticos y objetivos, el dolor puede ser un recurso de mucha utilidad que aporte más beneficios que perjuicios a nuestra existencia.
El aprendizaje del dolor al que hago mención está enfocado en tres afectos fundamentales de nuestra vida: biológico, psicológico y social.

Biológico:

Después de casi ya un año de coexistir con el Covid-19, poco a poco hemos aprendido los factores de riesgo para su contagio, complicación y la consecuencia de esto.

Nos ha hecho concientizar en algo que se nos olvida muy fácilmente, como lo es la necesidad de que tener una alimentación sana acompañada de ejercicio para evitar la obesidad, pues dicha condición de salud es una de las principales comorbilidades que complican la evolución del Covid-19, lo cual adquiere especial relevancia ya que se convierte en un factor de mayor riesgo para personas que padecen enfermedades crónico-degenerativas.

Lo mismo sucede con las adicciones como el tabaco, alcohol, drogas y consumo excesivo de carbohidratos, que son factores de riesgo para la salud, pero que hacen a las personas más vulnerables al coronavirus.

Aprendimos también, que la salud es un tesoro que debemos cuidar como tal, y por ello es preciso incrementar las medidas de higiene personal y pública, tener hábitos preventivos como el lavado de manos, el uso de cubrebocas y realizarse las detecciones de salud acordes a la edad y género, mismas que refiero en mi artículo DETECCIÓN ES PREVENCIÓN, el cual les invito a leer para saber cuáles son y en qué momento realizarlas.

Así mismo, debemos recordar la necesidad de mantener vigente nuestro esquema de vacunación, hacer a un lado la falsa teoría de que las vacunas son un invento de los gobiernos para mantenernos controlados, esterilizarnos o disminuir el número de habitantes del mundo, teorías sin fundamento, que sólo confunden a las personas y les orilla a tomar decisiones erróneas.

De igual manera, la triste realidad nos ha permitido reafirmar que las medicinas, sustancias o productos milagro, son sólo eso, productos que milagrosamente incrementan las ganancias de quienes comercializan con ellos ante la desesperación de la gente por encontrar la panacea idónea o efectiva para combatir el Covid-19 o alguna otra enfermedad mortal o incurable, pero que médicamente no tienen un efecto benéfico tangible.

Psicológico:

Como mencioné inicialmente, el dolor y las pérdidas han ido de la mano ante el avance de esta pandemia.

La pérdida de la salud, el trabajo, la libertad, la micro y macroeconomía, la vida misma, son situaciones que causan duelo en las personas, mismo que muchas veces no es fácil de superar y que nos lleva a estados de ansiedad en diferentes grados.

Cabe destacar que no toda la gente tiene la capacidad de luchar ante la adversidad, de poder ser resiliente para enfrentar los problemas que vienen como consecuencia de esta crisis de salud.

Decir, ¡échale ganas! ¡tú puedes! ¡no pasa nada!, algunas veces resulta poco favorable en vez de alentador ante una experiencia traumática que puede generar ansiedad. Por el contrario, entender la ansiedad de quienes nos rodean, ofrecer un abrazo, el estar ahí, puede ser mejor apoyo para dar.

Con el Covid-19, hemos aprendido el valor de decir te amo, te quiero, te necesito de una forma frecuente y directa, pues cuanta falta hace todo esto a las personas que están aisladas en un hospital luchando por su vida o a los familiares que con incertidumbre esperan en las afueras de los hospitales, con la angustia de recibir noticias a cuenta gotas, o con el temor de ver ingresar a sus enfermos y no saber si será el última vez que los vean físicamente.

Con esta pandemia, debemos entender el valor de un abrazo, de un beso, de una demostración afectiva, de la presencia de todos los integrantes de nuestra familia alrededor de una mesa, de esa unión familiar, de no ser cohabitantes de la misma casa los cuales se comportan como extraños, que, sumidos en un egoísta comportamiento, no hablamos de nuestros sentimientos, necesidades, intereses o nos preocupamos por saber que piensan o sienten los demás.

Estar físicamente bajo el mismo techo, pero con el celular en la mano absortos en las redes sociales, es la mejor manera de desperdiciar un tiempo valioso de efímera coexistencia.

Social:

El ser habitantes de este mundo nos otorga derechos, pero también obligaciones. No se vale decir, ¡no pasa nada! ¡es mi salud, yo decido si me cuido o no! Y no es válido, porque al enfermarme por no cuidarme, expongo a las personas que están a mi alrededor y que están haciendo todo lo necesario por cuidarse.

No es válido, porque al enfermarte, aumentas la carga laboral para todo ese personal de salud que día con día lucha por combatir esta enfermedad, poniendo incluso, en riesgo su salud y el de sus familias. Porque tu descuido colapsa los sistemas de salud y pone en peligro de muerte a otras personas por sobredemanda de los servicios y saturación de los hospitales, con la imposibilidad de otorgar a todos los cuidados necesarios o incluso, el uso de un respirador que permita salvar la vida.

No es válido, porque al ser irresponsable en el cuidado de tu salud, no permite reactivar la economía, abrir nuevamente centros laborales, recobrar nuestra vida anterior con reuniones sociales, religiosas o escolares.

Todos somos responsables de la salud de los demás, de nuestra ciudad y del mundo. La salud es responsabilidad de todos.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Noviembre del 2020
 
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