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lunes, 1 de octubre de 2018

VEJEZ

Una de las etapas de vida a la que no todos los seres humanos llegan es la vejez. También conocida como ancianidad, senectud o etapa del Adulto Mayor o tercera edad.

Es común que las personas empleen como sinónimo el concepto  de anciano y senil, aunque no son iguales, ya que el anciano o adulto mayor es todo ser humano a partir de los 60 o 65 años según el país en donde viva, mientras que la senilidad es un estado patológico en el cual el ser humano ha perdido en mayor grado las facultades físicas, sociales, intelectuales o psicológicas que debe tener de acuerdo a su edad.

En algunas culturas, los ancianos son un elemento muy importante en sus estratos sociales, respetados y cuidados al grado tal que son los encargados de tomar las mejores decisiones o emitir consejos para el adecuado funcionamiento de las comunidades.

En los países industrializados, el anciano pasa a ser una carga para el resto de la de la familia y la sociedad, pues al haber perdido capacidades físicas dejan de ser altamente productivos, por lo que se van rezagando en la cadena de producción de bienes e insumos. 

De igual manera, esta disminución en las actividades físicas genera necesidad de atención y apoyo por parte de los más jóvenes de la familia, quienes al encontrarse en una edad altamente productiva, no tienen tiempo o posibilidad de otorgar estos cuidados que los adultos mayores necesitan. Es así cuando la vejez se convierte en una carga para los demás miembros de la familia.

De acuerdo a cifras otorgadas por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), en México, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente; en 1930 las personas vivían en promedio 34 años; 40 años después en 1970 este indicador se ubicó en 61; en el 2000 fue de 74 y en 2016 es de 75.2 años. Al 2010 este indicador fue de 77 años para mujeres y 71 para los hombres, en 2016, se ubicó en casi 78 años para las mujeres y en casi 73 años para los hombres.

Este envejecimiento de la población significa también mayores cargas para las instituciones de salud públicas así como para las familias que tienen integrantes longevos.

Los adultos mayores, son ancianos pero no tontos, y se dan cuenta de la violencia a las que se les somete cuando se les trata como una carga pesada o como algo estorboso. Este fenómeno recibe el nombre de VIOLENCIA SENIL y es un gran problema contemporáneo y adquiere importancia porque en algún momento de su vida, las personas geriátricas son víctimas de este tipo de violencia, misma que se manifiesta de forma física, emocional, económica, verbal e incluso sexual.

En consecuencia, el anciano al darse cuenta de su condición, cae en un estado depresivo como consecuencia de no poder  defenderse y a la vez tener que ser dependiente del resto de la familia. También, este es un fenómeno que adquiere dimensiones interminables, pues es una silente enseñanza a los niños con respecto al trato que reciben los ancianos por parte de sus familiares, creando así un patrón de conducta repetitivo.

Sin embargo, esta situación no se puede generalizar. Existen familias en las cuales los adultos mayores son una gran fortaleza y apoyo. Abuelos que cohabitan con sus hijos y comparten obligaciones en las labores del hogar, el cuidado de los nietos e incluso son un gran soporte para la economía familiar cuando han logrado un buen estatus económico o una pensión que alcance para vivir digna y decorosamente. Todo va a depender de la capacidad física o psicológica de los adultos mayores. A su vez, se da el caso de familias con alto sentido humanista que atienden a sus ancianos con amor, paciencia, cariño y respeto a  la dignidad de los mayores.

Habitualmente en estas familias existe un patrón de conducta generacional que propicia se repita de forma cíclica el cuidado de los ancianos. Son gente buena, con altos valores y principios, que fueron criados por buenos padres, quienes a su vez enseñaron  tácitamente el cuidado a los adultos mayores.

Con respecto a este tipo de familias, sucede un fenómeno recurrente: Se deja toda la carga del familiar senil (el que ya tiene problemas de salud) en un solo miembro de la familia. Esto a la larga puede causar estrés en el cuidador y condicionar VIOLENCIA SENIL en el anciano.

Desde que nacemos, por un proceso natural, empezamos a envejecer. Sin embargo, el ser humano en muy pocas ocasiones piensa en su ancianidad. Bajo la premisa de que nadie tiene la vida asegurada, muchos se dedican al hoy sin tomar acciones previsoras para el día de mañana.

No se piensa que en algún momento seremos adultos mayores, que nuestra vitalidad disminuirá y que no podremos obtener recursos económicos con facilidad. Que el cuerpo envejecerá y que dependiendo de nuestros antecedentes patológicos heredofamiliares y del cuidado que le otorguemos a nuestro organismo desde las etapas tempranas de nuestra vida (niñez, adolescencia y adultez) tendremos en consecuencia un estado de salud que nos disminuya aún más esa capacidad económica, nos generará gastos por la compra de insumos (medicamentos, ropa y calzado especiales, pañales, aparatos ortopédicos, etc.)

Son los excesos y las condiciones de vida los que dañan de una forma más rápida el estado de salud del ser humano. Los más comunes son los malos hábitos alimenticios que generan obesidad o desnutrición, el consumo de drogas permitidas (tabaco, alcohol) o no permitidas, el sedentarismo, el ejercicio mal realizado, el tipo de actividad laboral realizada, enfermedades crónicas desde tempranas etapas de vida. Todo lo sembramos en nuestro cuerpo lo cosechamos tarde que temprano. Si tenemos una vida metódica, tendremos una vejez saludable como consecuencia.

Los ancianos son parte de nuestra vida, de nuestro desarrollo, de nuestra historia. Como parte del rol familiar es importante cuidarlos, protegerlos, amarlos. Es una enseñanza a nuestros hijos que el día de mañana tendrán está encomienda, misma que realizaran como les enseñemos hacer.

Si tus familiares ancianos viven solos, no les llames preguntando ¿necesitan algo? Recuerda que aunque mayores, tienen dignidad y probablemente te dirán que no necesitan nada. Visítalos con frecuencia, háblales por teléfono todos los días, escucha pacientemente sus repetitivas historias. No les condiciones el apoyo como cuando les das dinero diciendo: pero no se lo vayas a dar a mi hermano o hermana. Si ya se lo obsequiaste, qué importa a quien ellos se lo den.

Hace unos días, una paciente adulto mayor que vive sola me confío en el desarrollo de su consulta que lo que más le alegraba era escuchar la voz de sus hijos al llamarle. Sin embargo, a veces pasaban días sin que el teléfono suene, lo que le hacía pensar si los creció de forma correcta o qué hizo mal para que sus hijos se olviden de ella.

Termino el presente escrito citando unas palabras de mi difunto padre quien me decía: cuando quieras demostrar amor a alguien, en vida hermano, en vida. De nada sirve llorar sobre un ataúd diciendo te amo, perdóname. Es en vida hermano, en vida.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo México. Octubre del 2018

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viernes, 1 de junio de 2018

ABUELA ESCLAVA

Doña Josefita, una mujer de 61 años de edad la cual padece diabetes, hipertensión arterial sistémica y osteoartritis desde hace muchos años, acude a consulta por primera vez para  control mensual con un servidor.

Al momento de interrogarla, la percibo agitada y mirando con insistencia su reloj, da respuestas monosilábicas a mis interrogaciones sobre su estado de salud. El movimiento repetitivo de sus manos, su sudoración y la premura con que quiere que avance la consulta, llaman poderosamente mi atención.

En un principio pienso que ese comportamiento se debe a la falta de confianza por ser la primera vez que consulta conmigo. Sin embargo, casi al final de la atención médica, el teléfono celular de la paciente suena una y otra vez, por lo que no le queda más remedio que contestar, hablando en voz baja y respondiendo que está consciente de la hora y que ya en breves minutos terminará su consulta. Y en efecto, de inmediato se marchó.

Tiempo después, al asistir mes con mes a su consulta,  pude entender que es lo que sucedía a Josefita. Ella había enviudado a los  50 años de edad. Fue ama de casa todo el tiempo que estuvo casada con su esposo, por lo que al morir éste, se quedó viviendo sola con su hija adolescente que estaba por terminar el bachillerato técnico. Con la pensión de su esposo y uno que otro trabajo de cocina a las vecinas logró a duras penas que su hija terminara los estudios para ingresar a laborar en el ramo hotelero. Ya con el sueldo de su hija y la pensión de su esposo vivieron unos años de forma modesta pero tranquila, hasta que un acontecimiento cambió su vida. Su hija se embarazó siendo abandonada por el novio cuando supo del bebé que venía en camino. Con el apoyo de Josefita, la chica se convirtió en mamá de una niña que resultó ser enfermiza por padecer asma, situación que impidió que pudiera ingresar a una guardería participativa, por lo que Josefita a sus 55 años de edad, se hace cargo de su nieta, quien queda bajo su cuidado, está pendiente de su crianza, su salud y posteriormente su educación escolar. Es decir, en esta etapa de su vida en la que debe disfrutar ser abuela,  de nuevo asume el rol de madre.

Al inicio de esta amorosa y solidaria encomienda, Josefita realizó el cuidado de su nieta con mucho empeño y dedicación. Sin embargo, conforme los años pasaban, la nieta crecía en edad y vitalidad, mientras Josefita envejecía mermándose su salud y su energía. Por lo tanto,  la labor de ser abuela y madre exigía de ella un gran esfuerzo físico y emocional, pues las enfermedades crónicodegenerativas que ahora padece empezaban a cobrar factura en su estado de salud. Aunado a ello, debido a las responsabilidades que tenía con su nieta le resultaba complicado dedicar más tiempo al cuidado de su salud, lo que dio como  consecuencia cursar con un descontrol que condiciona la aparición de comorbilidades (enfermedades que resultan de una enfermedad inicial) y empeoran su estado de salud.

Todo este relato que les acabo de presentar, tiene un nombre. Se llama SINDROME DE LA ABUELA ESCLAVA, el cual consiste en que una mujer adulta asume compromisos de ama de casa de una forma voluntaria para apoyar en el cuidado de la casa de sus hijos (con los que cohabita), en el cuidado de sus nietos y de todo lo que esto resulte.

Se caracterizan por ser personas con un alto sentido de donación y entrega incondicional, disfrutan de la limpieza, del orden en las cosas y de la vida. Tienen un gran amor por su familia y en especial por sus nietos a los cuales cuidan como si fueran una segunda madre.

Conforme pasan los años adquieren responsabilidades que se autoimponen, aunque sobrepasen sus capacidades. Así, el tiempo avanza mermando su condición física y psicológica, por lo que sin darse cuenta empiezan a tener conductas depresivas o agresivas. Pasan de ser abuelitas dulces a viejitas regañonas. Hasta que un día se percatan que sus fuerzas y dolores articulares ya no les alcanzan para estar al cuidado de sus nietos preescolares o escolares. Sin embargo, por amor mal entendido hacia éstos y solidaridad a la familia, callan sus dolencias e incomodidades, experimentando su existencia como una pesada carga rutinaria.

La naturaleza es sabia ¿Por qué las mujeres ya no pueden tener hijos después de la menopausia? Pues porque no tendrían la fortaleza física o emocional para criar a un ser humano en sus diferentes etapas de desarrollo.

Tú puedes estar padeciendo el Síndrome de la Abuela Esclava sin saberlo. ¿Te identificas con alguna de las siguientes características?

-Vida social inexistente. Toda tu diversión gira alrededor de la familia de tus hijos.

-Agobio, cansancio o estrés por tener que cuidar o educar a tu nieto por muchas horas.

-Piensas que tu vida actual no es la forma como soñaste o planeaste tu vejez.

-Tienes temor de hablar con tus hijos de tus sentimientos de enojo, cansancio o exasperación por miedo a que se enojen.

-Te enojas fácilmente, tienes deseos de llorar sin motivo cuando estás a solas o de salir corriendo por la puerta y dejar todo tirado tras de ti.

-Has tenido problemas para conciliar el sueño o te despiertas de madrugada sin poderte dormir nuevamente.

-Cursas con dificultad en el control de tus enfermedades crónicodegenerativas.

El Síndrome de Abuela Esclava puede llegar a ser tan grave que condiciona un deterioro importante en la salud de las personas que lo padecen, mismo que puede derivar en su muerte de una forma natural o por suicidio. Incluso dejan de cuidar su salud propiciando así que sus enfermedades crónicodegenerativas se compliquen rápidamente.

Es innegable que los abuelos son una gran fortaleza en el desarrollo de las nuevas familias y que forman una excelente red de apoyo, pero se debe tener el cuidado de no convertirlos en pacientes del Síndrome de la Abuela Esclava.

Todos tenemos un ciclo que cumplir como parte de nuestro desarrollo de seres humanos y familia. Por lo que, el cuidado y crianza de los hijos, debe ser única y exclusivamente de los padres.

No acortemos el tiempo de vida ni disminuyamos la calidad de vida de nuestros adultos mayores, evitemos que se produzca el Síndrome de la Abuela Esclava.


Cancún, Q. Roo, México. Junio del 2018






miércoles, 1 de julio de 2015

SOLEDAD EN LA VEJEZ

Un día se presenta en mi consultorio  Juanita  de 60 años de edad y me refiere angustiada no saber qué hacer pues su hermano Paul de 70 años de edad vive en otro estado del país, solo, debido a que nunca se casó ni formo familia y no tuvo hijos. En este momento, Paul cursa con datos de Enfermedad Renal Crónica etapa 4 (aun no llega a padecer Insuficiencia Renal, pero se encuentra cerca) y tiene problemas para su atención, no puede comer sano pues no sabe cocinar y todo el tiempo consume alimentos en la calle los cuales no son los más apropiados para su problema de salud, agregándose a situación que recibe una pensión mínima y sus condiciones económicas son precarias.


Los hermanos le han pedido a Paul que venga a vivir con ellos, pero él es de carácter difícil y no se integra a la dinámica de las familias en donde ha estado, así que después de una corta estancia y ante el dicho de que CADA QUIEN EN SU CASA Y DIOS EN LA DE TODOS, Paul regresa a vivir solo.


Juanita está muy preocupada por lo que sucede y se percibe en un callejón sin salida, pues en este momento de su vida, vive con sus hijos a los que ayuda con el cuidado de los nietos y, al igual que su hermano, las condiciones económicas no son favorables. En consecuencia, no puede ayudar a su hermano ni económicamente, ni en cuidados.


Este ejemplo es muy común en la actualidad. Muchos adultos, deciden en el vigor de su juventud no tener familia y conviven la mayoría de las veces con algún familiar cercano (papás, hermanos e incluso abuelos). En esta etapa en la cual no necesitan de nadie para su cuidado y atención, van creando una dinámica de vida autosuficiente, pero sin tener en cuenta que no siempre serán jóvenes y sanos, y que por ciclo normal de la vida algún día tendrán que envejecer y en consecuencia disminuir su capacidad física o peor aún, enfermarse, por lo que requerirán del cuidado y la asistencia de otras personas.


Además, el eterno soltero sin hijos, que se acostumbra a vivir solo, (muchas veces sin reglas que le impiden posteriormente integrarse a otras familia) se le dificulta que al final de su ciclo de vida, pueda recibir el cuidado de familiares cercanos o integrarse a una familia. Junto con la vejez, también viene el declive económico.


En una ocasión le pregunté a un paciente ¿cómo te sientes al vivir solo? Me contestó que al principio, en su juventud todo era fiesta y vivir desordenadamente, sin obligaciones, sin reglas que cumplir  más que las laborales (las que muchas veces no se cumplen pues no existe el temor de quedarse sin trabajo). Todo este tren de vida genera un vacío existencial a lo largo del tiempo, presentándose de forma frecuente estados de ansiedad (los cuales el paciente no puede identificar como tal), desanimo, desgano y que son un factor de riesgo importante para el consumo en exceso y consuetudinario de alcohol y/o drogas.



Llegar a casa y no ser recibido por alguien que te pregunte ¿cómo te fue?, con quien compartir sueños, anhelos, angustias, alegría, es algo que sin darse cuenta genera hastío y tristeza. Acostarse a dormir y tener por compañía al televisor o a los ruidos del silencio. Despertar y ver las paredes de un cuarto sin otras personas, son factores condicionantes de ansiedad.


Las mascotas pasan a ocupar el lugar de la familia, pero desafortunadamente solo pueden mitigar la soledad pero no proporcionan  los cuidados en momentos que se requieren.


En otras ocasiones, el ser soltero no es una decisión sino más bien una circunstancia de vida. Pongo como ejemplo a las mujeres que se desarrollan profesionalmente y que cada día se envuelven más en su dinámica laboral de una forma absorbente y sin darse cuenta, se queda sola (pues la edad ha pasado y es muy difícil encontrar pareja). Los hombres tienen temor de acercarse a una mujer exitosa por un machismo mal entendido y el miedo a ser manipulados. Otro ejemplo es el de los hijos que se dedican al cuidado de sus padres mayores y en ese tiempo no realizan su propia vida. Lo que muchas mujeres no valoran es que el reloj biológico avanza (y después de los 35 años es peligroso embarazarse. A mayor edad, mayor dificultad de iniciar una familia).


Algunos solteros, ven en el cuidado a sus sobrinos una forma de satisfacer maternidad o incluso paternidad. Son tíos buena onda, consentidores, cómplices y que colaboran (algunas veces) en el aporte económico para la educación y/o manutención. Cuando los sobrinos crecen, ven en estos tíos unos segundos papás y devuelven con cuidados y atención lo recibido durante la infancia y adolescencia.


Los matrimonios sin hijos, al momento de la viudez corren con el mismo riesgo de no recibir cuidados en la última etapa de su vida. Va a depender de la edad del viudo(a), la posibilidad de volver a contraer nupcias o encontrar una nueva pareja. Este tipo de personas tienen mayor posibilidad de volver a casarse pues no les gusta vivir solos después de haber tenido cónyuge.


El soltero debe planear en la medida posible su vejez, pues no va a estar esperanzado de que un alma caritativa se haga cargo de sus cuidados cuando así sea necesario. Tener una pensión, un seguro de gastos médicos o seguridad social, una vivienda propia libre de gravamen, una vida metódica para evitar enfermarse, comer sanamente, hacer ejercicio diario, buena higiene y por qué no, tener preparado el ingreso a una casa de retiro cuando llegue el momento. Las casas asistenciales para ancianos en retiro tienen una gran demanda y el poder ingresar a estos asilos es difícil en los que son gratuitos y costoso en los privados.


Sin embargo, el tener servicios de salud y una pensión digna, no lo es todo para el cuidado del adulto mayor, pues se necesita en algún momento de la vida la atención de familiares como parte de las redes de apoyo.

           
Con cierta frecuencia, como médico me toca atender adultos mayores que acuden solos a consulta, sin compañía de un familiar joven. En tales circunstancias, se suscita una situación  que afecta mi labor. Por su condición de edad tienen disminución importante de la agudeza visual, auditiva e incluso cognitiva lo que condiciona que no entiendan las indicaciones verbales otorgadas o que las olviden fácilmente. En consecuencia no toman sus medicamentos de control, los toman en dosis y/u horarios inadecuados, los suspenden por no recordar para que eran, etc. Los pacientes tienen múltiples enfermedades o complicaciones que olvidan decir al inicio de la consulta y cuando ésta ya está por concluir se acuerdan de otra patología o dolencia y se retrasa la consulta al tener  que revisarlos de nuevo, o bien no sanan en el tiempo esperado porque no cumplieron con el tratamiento.


Algunos pacientes adultos mayores van acompañados de un amigo, vecino e incluso familia, pero que no viven con ellos, de tal forma que no existe una vigilancia de las complicaciones, del apego al tratamiento e incluso de la adecuada alimentación o higiene del paciente. De igual forma, se pueden presentar familiares o acompañantes distintos en cada consulta, lo que no favorece el adecuado apoyo para el cuidado de estos pacientes.


El hombre es un ser biopsicosocial que no debe estar en soledad, mucho menos en la etapa final. Por eso, es importante en la juventud planear el futuro para tener una vejez con buena calidad de vida.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar


Julio del 2015. Cancún, Quintana Roo, México.