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viernes, 1 de agosto de 2025

VACACIONES, PESO Y DIGESTIÓN

Es inevitable que con las vacaciones exista un cambio en nuestros hábitos alimenticios, ya sea por volver a comer esos platillos que hace años no comíamos de nuestro lugar origen, por conocer nuevos y exquisitos alimentos o por comprar paquetes vacacionales que incluyen alimentos a libre consumo, lo que hace que se quiera comer de todo, en grandes cantidades a fin de desquitar lo pagado previamente.
Así mismo, los alimentos van acompañados de bebidas, la gran mayoría altas en azúcares y calorías, así como bebidas alcohólicas, que ante la alegría de la convivencia con amigos y seres queridos que hace tiempo no visitábamos se pueden consumir en exceso.
Todo lo anterior, es la combinación perfecta para subamos fácil y rápidamente de peso, por lo que al regresar a casa observemos como la báscula nos demuestra un incremento bastante considerable.
Estudios demuestran que es común subir 1 a 2 kilos en una semana en vacaciones siempre y cuando no salgamos de viaje y comamos en nuestro hogar. Por el contrario, al salir de viaje y dependiendo de la activad física que se realice, así como del contenido calórico de los alimentos, se puede subir un peso aproximado de 5 kilos.
Sin embargo, también existe el riesgo de padecer alteraciones de la vía digestiva al comer alimentos que nuestro cuerpo no está a costumbrado a consumir como aquellos que son excesivamente condimentados, picantes, ácidos o irritantes.
Entre estas alteraciones digestivas se encuentra la Gastritis, Dispepsia, Colitis, Diarrea o Estreñimiento.
Se define como Gastritis a la inflamación del revestimiento del estómago, conocido como la mucosa gástrica. La inflamación puede causar molestias y síntomas como dolor en la parte superior del abdomen, náuseas y vómitos. Es producida por comer alimentos y bebidas que incrementen la acidez estomacal.
La Dispepsia también conocida como indigestión, la cual se produce a menudo durante o después de comer. Se caracteriza por síntomas como ardor, dolor en el abdomen superior, o plenitud incómoda después de comer (sentirse muy lleno). La Dispepsia se produce por consumir alimentos en manera excesiva o  sobreabundante, irritantes o que nuestra vía digestiva no tenga la capacidad de digerir.
La Colitis consiste en la inflamación y atrapamiento de gas en el intestino grueso o colon. Esto condiciona que exista una alteración en la motilidad del mismo lo que genera espasmos en la musculatura del intestino gruso y dolor en consecuencia. Esta condición de salud es producida por las mismas causas que la dispepsia.
Una alteración muy común es los vacacionistas es la diarrea, la cual consiste en defecar heces fecales líquidas, abundantes, explosivas y en múltiples ocasiones por día. Esto es causado por la mezcla de alimentos laxantes, bebidas alcohólicas, bebidas de tipo cítrico o sobrecarga intestinal. La mayoría de las ocasiones, esta diarrea de tipo funcional tiende a autolimitarse en las primeras 24 hrs, consumiendo alimentos que estriñan, tomando electrolitos orales o utilizando algún antidiarreico de venta libre. Es importante no consumir antidiarreicos combinados con antibióticos o antisépticos intestinales, ya que estos últimos deben ser recetados por médicos previa valoración clínica.
Con respecto a la diarrea, el consumo de probióticos puede ser una alternativa terapéutica adecuada para resolver este cuadro.
Es importante remarcar que, si la diarrea tiene una duración de más de 3 días, si es de escasa cantidad y acompañada de mucosidad o incluso sangre y con tenesmo rectal (sensación de querer defecar de manera inmediata después de haber realizado una evacuación), probablemente se trate de una diarrea infecciosa o protozoaria, por lo que necesita la valoración inmediata de un médico. Insisto en la importancia de no automedicarse con antibióticos.
El estreñimiento es totalmente contrario a la diarrea. Este se produce cuando la materia fecal permanece por más tiempo del necesario en la parte distal del colon y recto sigmoides, lo que causa que el intestino absorba el agua de las heces fecales y las endurezca y mientras más pase el tiempo, más dura será la materia fecal. Esto puede ser causado por los hábitos en los horarios de defecación, la dificultad que tienen algunas personas de defecar fuera de sus hogares, conocido como constipación o estreñimiento del viajero. También la sudoración en exceso, la mala o poca hidratación, el consumo de alimentos ricos en harinas, cereales secos o astringentes (papa, manzana sin cascara, tuna, etc.) son condicionantes de estreñimiento.
Cómo podremos darnos cuenta, las vacaciones cambian nuestra dinámica y estilo de vida, que en consecuencia tienen alteraciones en nuestro peso y actividad digestiva, sin embargo, no debemos privarnos de disfrutarlas al máximo, pero con el cuidado de no caer en excesos que nos causen las molestias previamente mencionadas y que podría interrumpirlas o hacer pasar un mal momento.
Mención especial merecen las alergias alimentarias.
Recomiendo a los vacacionistas que, al momento de comer en lugares desconocidos, con una alimentación diferente a la acostumbrada, se haga mención desde el inicio de que se padece alergia a algún alimento a fin de evitar una reacción anafiláctica (alérgica) que condicione un riesgo a la salud o a la vida.
Debemos saber que contienen los alimentos que vamos a consumir y si no están combinados o aderezados con las sustancias o alimentos que nos causan alergias.
Disfruta de unas merecidas vacaciones, visita a los amigos y a la familia, vuelve a tu lugar de origen o aquellos lugares de los que te has enamorado y te invitan a regresar, descubre y disfruta nuevos alimentos, come y bebe, pero sin exceso y, si has subido de peso, al llegar a tu rutina diaria, sométete a un régimen alimentario reductivo, incrementa tu actividad física y toma de 2 a 3 litros de agua por día.
Si te enfermas o regresas enfermo de tus vacaciones, no te automediques. Lo más adecuado es que visites a tu médico de confianza.
 
Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar
 
Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Agosto del 2025
 
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sábado, 2 de julio de 2016

¡ESTOY ABURRIDO!

Cuando las vacaciones se acercan, los niños se frotan las manos y los papás se comen las uñas.

Tener casi 45 días a un niño de vacaciones escolares en casa, es algo que en verdad puede trastornar la dinámica de vida de una familia.

Recuerdo que durante mi niñez podía pasar horas entretenido en juegos que hacía solo, ya que crecí en un rancho y no había niños de mi edad, por lo que creaba amigos imaginarios, inventaba historias y convertía los palos y piedras en los juguetes más sofisticados. Cuando tenía la suerte de que otros niños jugaran conmigo, la diversión era aún mayor. Sin embargo, al llegar las vacaciones mi panorama cambiaba radicalmente, pues siempre había visitas en la casa y otros niños con quienes jugar a la pelota, avión (o chácara como le dicen en Yucatán), a saltar la cuerda, béisbol, pesca-pesca, estatuas de marfil, busca-busca, timbomba (o quimbomba), andar en bici, entre muchos otros juegos en los que había actividad física casi siempre.

En la actualidad, los niños de la ciudad se han vuelto cautivos de sus casas, por diversidad de motivos: papás que trabajan (ambos), falta de alguno de los padres, ausencia de familiares cercanos, inseguridad, problemas en la economía. En consecuencia, este cautiverio conlleva a permanecer por largos períodos frente al televisor, o bien, al uso desmedido de la computadora, tabletas electrónicas, teléfono celular o videojuegos. Este tipo de actividades sedentarias causan en los niños severos daños en su salud, tales como sobrepeso,  obesidad, disminución de la agudeza visual, lesiones auditivas por utilizar audífonos durante mucho tiempo. También, otro aspecto de esta situación es que al quedarse en casa, muchas veces disponen de un espacio más reducido para sus juegos o actividades, lo cual propicia que tengan más riesgos de sufrir accidentes que pongan en peligro su integridad física, debido a que por naturaleza los niños son incansables, inagotables e inquietos.

Al iniciar las vacaciones, en el transcurso de la primera semana todo es algarabía y felicidad, los niños se duermen tarde y se levantan temprano (no todos), otros se despiertan hasta tarde. Sin embargo, después de algunos días con esta dinámica, los niños  empiezan a externar o dar muestras de sentirse aburridos.

Cuando escuchemos de los niños la frase: ¡estoy aburrido!, se deben encender focos de alarma en nuestro interior, pues casi siempre detrás de esta frase, va el pensamiento de una travesura en proceso.

Decía mi abuelita que la ociosidad es la madre de todos los vicios, así como también que la curiosidad mató al gato ¿Qué quiero decir con esto? Las estadísticas nos revelan que los accidentes en el hogar se incrementan hasta en un 15% cuando los niños están en vacaciones o días de asueto. Es por tal motivo que es necesarios que los niños permanezcan ocupados y bajo vigilancia de un adulto durante sus juegos, que aunque no garantiza que se eviten accidentes, si  pueden disminuir éstos de forma significativa en el hogar o durante los juegos.

¿Qué es lo que tenemos que hacer? 

Antes que nada identificar factores de riesgo para accidentes como por ejemplo, instalaciones eléctricas en mal estado o conexiones improvisadas, barandales o pasamanos de escaleras inestables o endebles, puntas afiladas de muebles, paredes o desniveles, juguetes dispersos por el piso, escaleras improvisadas o muebles que puedan servir para lo mismo, fugas de agua y gas, recipientes con sustancias peligrosas al alcance de los niños, objetos punzocortantes, armas de fuego, implementos de caza deportiva, fuego (encendedores, cerillos, velas, veladoras), cristales rotos, ventiladores sin protección, muebles en mal estado, objetos pequeños (los cuales se puedan introducir en boca o nariz), medicamentos, bebidas alcohólicas, joyería, avíos de costura y confección, bolsas de plástico (con las cuales se  pueden asfixiar), electrodomésticos y cualquier objeto o sustancia que represente un riesgo para producir accidentes.

El aburrimiento puede convertirse en una gran idea en la cocina, lavar el coche, bañar al perro, y en otras muchas cosas sencillas como caminar de las manos, y platicar. El  me aburro, es una forma de llamar la atención, ya que en realidad los niños no tienen razones convincentes para aburrirse de verdad.

Debemos enseñar a los hijos que con el aburrimiento también se aprende, y que hay un tiempo para todo incluso para no hacer nada. Además, que se puede transformar el aburrimiento en una carrera, jugar al aire libre con la arena de la playa, del parque, o también  disfrazarse para despertar la imaginación y creatividad. Claro que esto depende de la edad y debemos ajustarnos  a eso. Si son pubertos o adolescentes una noche  de refrescos y botanas acompañadas de chistes y contar historias de nuestra niñez o juventud pueden generar sonrisas, admiración y aumentar lazos de amor.

Cuenten su historia de vida, su niñez, travesuras, errores, triunfos, fracasos, victorias, logros, su vida sentimental, en como conocieron a su pareja, como se enamoraron y decidieron una vida en común. En cómo fue el embarazo de ellos, la alegría que significo su nacimiento, los sentimientos que se generaron en su corazón. Cuéntenles también en las travesuras de cuando eran chiquitos, su primera palabra, sus primeros pasos,  cuando los dejaron en escuela y muchas cosas que hayan realizado y que tal vez no recuerden. Podemos apoyar las charlas con fotos o videos. Revisar fotografías antiguas es una buena forma de crear identidad en los niños.

El aburrimiento en los niños es algo que podemos combatir sacándoles del uso en exceso de los aparatos electrónicos y dedicándoles en la medida posible tiempo de calidad. El crear recuerdos de convivencia familiar en nuestros hijos, será el mejor legado que podemos otorgarles, legado que algún día trasmitirán a otras generaciones que nos harán eternos en su amor.

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Julio del 2016

Visita mi página: www.cbaquedano.com.mx