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miércoles, 4 de julio de 2012

Grasa en la sangre: Colesterol y Trigliceridos

Las grasas que se encuentran en  la sangre (lípidos) representan una gran fuente de energía para el organismo. Básicamente existen dos tipos de grasas en nuestro cuerpo: Colesterol y Triglicéridos.
El Colesterol es una sustancia grasa presente en todas las células del organismo, cuyo mayor porcentaje se produce en el hígado; aunque existe un aporte adicional a través de los alimentos que consumimos, como  son las carnes rojas, mariscos y productos lácteos. Sirve para formar las membranas celulares y algunas hormonas como las sexuales o las tiroideas. Interviene en la formación de ácidos biliares esenciales para la digestión de las grasas que consumimos. El sol convierte el Colesterol en vitamina D para proteger la piel de agentes externos y evitar la deshidratación. Los valores normales del colesterol en nuestra sangre son de hasta 200mg/dl.
La sangre conduce el colesterol desde el intestino o el hígado hasta los órganos que lo necesitan y lo hace uniéndose a partículas llamadas lipoproteínas.
Existen dos tipos de lipoproteínas:
De baja densidad (LDL): se encargan de transportar nuevo colesterol desde el hígado a todas las células de nuestro organismo.
De alta densidad (HDL): recogen el colesterol no utilizado y lo devuelven al hígado para su almacenamiento o excreción del cuerpo a través de la bilis.
Según esta interacción podemos hablar de dos tipos de colesterol:
Colesterol malo: que al unirse a la partícula LDL se deposita en la pared de las arterias y forma las placas de ateroma.
Colesterol bueno: que al unirse a la partícula HDL transporta el exceso de colesterol de nuevo al hígado para que sea destruido.
También existen los triglicéridos que son un tipo de grasa presente en la sangre y en el tejido graso de nuestro cuerpo. Su función es aportar energía al cuerpo. Comúnmente se asocian con el colesterol para formar los lípidos del organismo, pero el aporte principal al organismo proviene de la ingesta de carbohidratos. Las calorías que se ingieren en una comida y que los tejidos no utilizan de inmediato se convierten en triglicéridos y se transportan a las células grasas para su almacenaje. Las hormonas regulan la liberación de los triglicéridos del tejido graso de modo que cubran las necesidades energéticas del cuerpo entre una comida y otra. Los valores normales de triglicéridos en la sangre son hasta 150mg/dl.
La elevación de los valores normales de colesterol y triglicéridos ponen en peligro la salud de nuestro cuerpo debido a que permiten la formación de placas llamadas ateromas, las cuales endurecen las arterias y disminuyen el calibre interior de las mismas. Las arterias del corazón llamadas coronarias, cuyo tamaño es de un hilo, son las encargadas de nutrir el musculo cardíaco, pero al disminuir su calibre ocasionan que la sangre no llegue de forma adecuada a éstos, lo que puede condicionar isquemias o incluso infartos.
De igual forma, las placas de ateromas hacen que el interior de las arterias no sean completamente lisas, por lo que al circular las células sanguíneas, las plaquetas (trombocitos) se van adhiriendo a ellas formando trombos (coágulos) que desprenderse pueden ocasionar un taponamiento de las arterias de menor calibre, produciendo también infartos o isquemias.
Por todo lo anterior, es sumamente importante que nuestros niveles de colesterol y triglicéridos se encuentren dentro de parámetros normales.
¿Cómo saber si tenemos altos los niveles de grasas en la sangre?
La dislipidemia (nombre que se le da a la elevación de grasas en la sangre) no da ningún tipo de síntoma, situación que vuelve más peligrosa la enfermedad, pero si se encuentran factores de riesgo como obesidad, malos hábitos alimenticios, sedentarismo o enfermedades como diabetes mellitus, hipertensión arterial entre otras, son datos que nos pueden hacer sospechar su presencia. Sin embargo, la hipertrigliceridemia (elevación de los triglicéridos en sangre) también se puede presentar en pacientes delgados.
Algunos pacientes refieren que el colesterol alto les puede condicionar mareos, que se les muevan los dientes, la aparición de manchas en la piel de los párpados, entumecimiento de las piernas, entre otros. Pero la mayoría de estos síntomas sólo se perciben cuando ya se ha padecido por mucho tiempo dislipidemia y existe afectación vascular. En períodos iniciales la única forma de saber si en realidad se padece esta enfermedad es haciéndose un chequeo con un examen de laboratorio.
En nuestro país por cuestiones de tipo cultural, existe una elevada ingesta de alimentos grasosos, harinas de trigo o maíz (tortillas, pan, tamales, atoles, etc). Además el olor de la grasa al cocinarse es exquisito al olfato humano, por lo que al percibirlo existe un deseo de consumir estos alimentos.
Otra fuente de estas grasas son los mariscos. Algunos tipos de pescados como el salmón, proveen grasa de tipo omega 3 que son benéficas para el corazón.
Existen medicamentos los cuales son capaces de normalizar los niveles sanguíneos del colesterol y el triglicéridos, pero únicamente deben ser prescritos por profesionales de la salud.
Los adecuados hábitos alimenticios y el ejercicio son la piedra angular en el tratamiento de la dislipidemia. Si no tienes dislipidemia, cuídate. Si ya la padeces, atiéndete y dale la importancia debida a esta enfermedad.
Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
twitter:@CBaquedano_V


Cancún, Q. Roo, México. Julio del 2012

domingo, 1 de enero de 2012

ASESINO SILENCIOSO

Era un niño cuando escuche por primera vez el término de “asesino silencioso” y es que así se refería mi padre a la enfermedad que le habían diagnosticado a los 29 años de edad, padecimiento que posteriormente lo llevo a la tumba. Se refería a la Hipertensión Arterial Sistémica también conocida comúnmente como “Presión Alta”. Con fines de simplificar, voy a referirme a esta enfermedad como Hipertensión Arterial.

De esta patología mucho se hace promoción con programas serios y reales para su prevención, detección y tratamiento. Sin embargo, a pesar de ello, muy pocos saben de qué se trata, incluyendo a las personas que la padecen.

En mi práctica profesional es común que acudan a mí, pacientes que ya han sido diagnosticados y que a pesar de que el personal de salud les ha explicado en que consiste la enfermedad, no logran comprenderla con exactitud. Es de vital importancia conocer al enemigo para poder combatirlo.

A continuación, les explicaré con ejemplos simples lo que es la hipertensión arterial.

Para empezar definamos presión arterial: Es la fuerza con que la sangre fluye al ser bombeada por el corazón a través de las arterias. Se mide en milímetros de mercurio con un esfigmomanómetro o baumanómetro. Estos últimos pueden ser manuales o electrónicos. Más adelante hablaremos de consideraciones generales y cuidados de estos aparatos de medición electrónica. La presión arterial del cuerpo en un adulto sano es de 120/80 milímetros de mercurio (mm/Hg) o menos.

Cuando hablamos de Hipertensión Arterial, nos referimos al incremento de la fuerza con que la sangre fluye a través de las arterias de nuestro cuerpo al ser bombeada por el corazón. Es importante hacer mención que cuando esta enfermedad se presenta ya no se cura, únicamente se controla y con el paso del tiempo condiciona daño a otros órganos del cuerpo (órganos blanco) como lo son el corazón, los riñones, los ojos, entre otros sino se trata correctamente. Es por eso que se llama crónico-degenerativa.

Lo delicado de este asunto, es que la enfermedad en sus etapas iniciales es ASINTOMÁTICA, (de ahí el sobrenombre de Asesino Silencioso), así que el paciente puede sentirse bien y tener la presión elevada. Si no se detecta y se controla, este incremento de la presión condiciona daño al cuerpo. Por eso la importancia de hacerse un chequeo anual desde los 25 años de edad aunque no existan ningún tipo de molestias o de acudir de forma mensual al médico para control de la hipertensión arterial.

Una tubería que está expuesta a una presión elevada de agua, la cual está cerrada, con el paso del tiempo se rompe en sus partes más frágiles. Lo mismo sucede en el organismo; al ser la hipertensión arterial asintomática, va dañando de forma gradual (y sin darnos cuenta) a los llamados órganos blanco hasta aparecer enfermedades secundarias como son la ceguera que causa la retinopatía hipertensiva, la insuficiencia renal que es condicionada por la nefropatía hipertensiva, los infartos, las anginas de pecho, los derrames cerebrales, la perdida de la erección en el hombre, etc. El paciente que no tiene un buen control y que se encuentra asintomático, está expuesto a la larga a la aparición de las mencionadas complicaciones.

También sucede que el paciente que ha tenido un diagnóstico reciente de esta enfermedad, no sabe desde cuándo la padece, con el riesgo en consecuencia de tener algún daño secundario ya presente.

Si la presión se eleva mucho (o se dispara como se dice en términos coloquiales), los síntomas en el paciente se hacen presentes y pueden ser: cefalea (dolor de cabeza), dolor o sensación de opresión del pecho, mareos, sudoración, etc. Al tener esta sintomatología, está un riesgo inmediato de daño a los órganos blanco, de ahí la importancia de lograr un rápido control de las cifras tensionales.

Existen varios factores de riesgo que contribuyen en su aparición y complicación, como lo son:
- Sobrepeso y Obesidad
- Tabaquismo (activo o pasivo)
- Sedentarismo
- Padecer colesterol y/o triglicéridos elevados (Dislipidemia)
- Ingesta alta de sal
- Carga genética o por herencia, entre otros.

Es común que el paciente hipertenso, no le dé la debida importancia al control de sus cifras tensionales por no tener síntomas, incluso no acuden de forma periódica al médico y sólo toman sus medicamentes cuando se sienten mal. Existe otro tipo de pacientes que toma su medicamento todos los días pero no acude al médico regularmente, tampoco modifica los factores de riesgo arriba descritos condicionantes de las complicaciones. Esto es un grave error, pues desafortunadamente éstas son irreversibles.

El médico pone al servicio del paciente sus conocimientos y experiencia para el control de la enfermedad, pero es responsabilidad absoluta del paciente el apego a las medidas farmacológicas (tomar el medicamento en el tiempo y forma indicados, acudir a consulta mensual, etc.) y no farmacológicas (modificar los factores de riesgo descritos) para lograr un adecuado control del padecimiento.

La tecnología ofrece a los enfermos equipos de medición electrónicos fáciles de utilizar (esfigmomanómetros digitales), sin embargo, estos no sustituyen la supervisión periódica del médico, quién de forma integral valora la evolución de esta patología y sus consecuencias. Los pacientes requieren de una capacitación por profesionales para el uso y cuidado de estos equipos, ya que se desajustan fácilmente, dando lecturas falsas.

Muchas veces, a pesar de seguir las indicaciones al pie de la letra, el paciente no logra controlar su hipertensión arterial, por lo que el médico hará los ajustes necesarios para el adecuado manejo de esta enfermedad.

Una persona puede ser hipertensa y no saberlo. Tener la enfermedad y estar asintomática con el consecuente daño descrito o peor aún, estar enfermo y no darle importancia al control de la hipertensión arterial.

Lo que es seguro, es que si se desconoce de ésta patología su origen, sus cuidados y complicaciones, la aparición de enfermedades secundarias por el daño a órganos blanco es inminente. Si agregamos a la hipertensión arterial otra enfermedad como la diabetes, el daño ocurre más rápido y de forma más severa. Los diabéticos tienen un riesgo muy alto de ser hipertensos.
El asesino silencioso me arrebató a mi padre al ganarle la batalla de vida. No permitas que te la gane a ti o a tus seres queridos. Infórmate, prevén y atiéndete.

Dr. Carlos Baquedano Villegas
twitter:@CBaquedano_Villegas



Cancún, Q. Roo, México. Enero del 2012