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domingo, 1 de septiembre de 2019

ESTRÉS POSTRAUMÁTICO

Hace algunos días me sucedió una experiencia difícil que desafortunadamente es muy común en los tiempos actuales que como sociedad nos toca vivir.

Resulta que un jueves por la tarde cuando me dirigía al trabajo, pasé a una tienda de conveniencia a comprar una botella de agua. Justo en el momento que me tocaba pagar, estando de espaldas a la puerta principal, entraron dos individuos armados para asaltar el establecimiento.

Los delincuentes nos apuntaron con pistolas, separándome del resto del grupo por ser el único hombre adulto. Todo el tiempo que duró el atraco, uno de ellos me apuntaba con el arma a una distancia menor a metro y medio, le temblaba la mano con la que sujetaba la pistola mientras me daba órdenes a gritos, traía los ojos rojos y un sudor profuso, signos de que estaba intoxicado con alguna droga.

La situación fue de extremo peligro y al ver lo alterado que estaba el ladrón pensé: A éste se le va a escapar un tiro y me va a matar. Sin embargo, sacando fuerzas de mi interior, no perdí la calma y me mantuve ecuánime. Posteriormente, los asaltantes nos encerraron en la bodega de la tienda y huyeron. Es así como salimos para hablar con la policía, que  ya estaba ahí.

En el momento de hacer las declaraciones, empecé a temblar de una manera incontrolable y no pensaba con claridad. Al darme cuenta de esto, respiré profundo, tomé agua y poco a poco recuperé la calma para concluir mi testimonio. Enseguida  me retiré de la tienda para continuar hacia el trabajo como si nada hubiera pasado.

Durante las consultas varios pacientes me preguntaron  si estaba bien e  hicieron comentarios como que me veía pálido y notaban una expresión diferente en mi semblante. Escuchaba lo que me decían sin darle mayor importancia, pues en realidad no experimentaba malestar alguno, me sentía bien, por lo que realicé mi trabajo sin ningún contratiempo, más que unos minutos de retraso al inicio.

Por la noche, en casa le platiqué a mi familia lo que me había sucedido, pues aunque ya les había informado por teléfono, ahora les narré a detalle la amarga experiencia que tuve. Reviví aquellos momentos  tan difíciles y nuevamente empecé a temblar, a ponerme nervioso. Para no alargarme más en este relato, les comento que  así estuve  casi 48 hrs, con un sueño difícil de conciliar y frágil, falta de concentración y un dolor muscular intenso.
Los síntomas y el malestar que experimenté después del estresante evento, reciben el nombre de  shock postraumático, también conocido como trastorno  de estrés postraumático.

Está patología aparece en personas que han sufrido o vivido un episodio dramático en su vida: asalto, violación, secuestro, accidentes, ataques terroristas, tiroteos, guerras, derrumbes, muertes violentas o inesperadas de seres queridos o cercanos, incendios, encarcelamientos, pérdida inesperada del trabajo o patrimonio, fenómenos naturales como huracanes, temblores, inundaciones, o cualquier otro suceso que se caracterice por ser dramático e imprevisto.

Es importante recalcar que cada individuo tiene una respuesta diferente en las situaciones antes descritas y que no todos presentan la misma intensidad postraumática, ni el tiempo de duración de la misma, incluso hay personas en las que no se les presenta este trastorno.

Hasta el día de hoy, los especialistas en esta rama (psiquiatras) no saben a ciencia cierta el por qué los individuos responden de diferente manera, pero se cree que la cuestión genética y la situación familiar son factores determinantes en la aparición de esta patología. De igual manera, el antecedente de traumas emocionales del pasado aumenta el riesgo de padecer este trastorno después de un acontecimiento reciente.

El término estrés, tiene sus raíces de la palabra en latín STRIGERE que significa provocar tensión. Durante un evento agudo de estrés, nuestro cuerpo libera unas sustancias que se llaman ADRENALINA y NORADRENALINA (sustancias llamadas catecolaminas) que provocan aumento de los latidos cardiacos (taquicardia), la frecuencia respiratoria (taquipnea), la sudoración (transpiración profunda o diaforésis), los niveles de glucosa en la sangre (hiperglucemia) dilatación de las pupilas (midriasis), se altera el tono muscular (los músculos se tensan) y la digestión se vuelve más lenta (bradipepsia). Las catecolaminas causan en la mayoría de los casos, cambios fisiológicos que preparan al cuerpo para la actividad física. De igual manera se libera el CORTISOL, que es una hormona  secretada por la glándula suprarrenal y provoca la elevación de la glucosa en la sangre para producir energía. Es por lo anterior que existe la creencia de que un susto, disgusto o actividad estresante puede causar diabetes. Sin embargo, las hiperglucemias transitorias o aisladas no se pueden considerar como diabetes.

Después del evento agudo, el cuerpo entra a una fase de resistencia para equilibrar y reparar toda la descarga hormonal que recibió y lo que ésta condicionó, a fin de estabilizarse. Como parte de este ajuste, las glándulas suprarrenales siguen liberando grandes cantidades de cortisol.

Cuando a alguien se le detecta diabetes después de un evento estresante, no significa que se le haya presentado por esto, sino que ya tenía una diabetes no diagnosticada que aún no producía malestares. La hiperglucemia que se genera durante esta situación provoca que los síntomas sean evidentes.

Posterior a la fase de resistencia durante el evento traumático, se inicia una fase conocida como de agotamiento, en la cual el cuerpo consume sus reservas de adaptación y provoca síntomas como dolor de cuerpo, agotamiento, presión arterial alta, cefalea, bajas defensas (alteración del sistema inmunológico), alteraciones en la piel, ansiedad y depresión entre otros. Esta etapa es transitoria y se autolimita, es decir, las molestias desaparecen por sí mismas. Pero,  cuando la persona persiste con estos síntomas, debe acudir al médico ya que puede necesitar medicamentos que le ayuden a superarla.

El conocer todo esto, permite al paciente o su familia, identificar síntomas que indiquen la presencia de estrés postraumático, padecimiento que requiere atención médica inmediata. 

La persistencia del mismo sin atención, puede derivar en enfermedades psiquiátricas que afecten a la persona en su funcionalidad social, laboral y/o familiar. De aquí la importancia de no considerarlo como algo que se pueda resolver sin atención médica.

Deja tu salud al cuidado de los profesionales.



Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Septiembre del 2019





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sábado, 1 de diciembre de 2018

LESIONES Y DELINCUENCIA

En los últimos tiempos, he visto con gran sorpresa y estupor a pacientes que acuden a consultar con lesiones importantes recibidas  al momento de ser víctimas de la delincuencia.

Los robos han existido en todos los tiempos, sin embargo ahora podemos observar que cada vez más violentos en nuestra entidad. Tal pareciera que la premisa es primero dañar y luego robar.

Como en la selva lo hacen los depredadores al atacar a las presas más débiles, en la actualidad los delincuentes no tienen el menor recato en robarle a ancianos, embarazadas y niños. Primero agreden y luego roban.

¿Por qué está sucediendo esto? La explicación puede estar relacionada con lo siguiente: La Encuesta Nacional del Consumo de Drogas, Alcohol y Tabaco 2016-2017 reveló que el consumo de drogas aumentó en México un 47% en los últimos años entre la población de 12 a 65 años de edad, esto quiere decir que se ha incrementado el número de adictos a drogas prohibidas y legales. Al aumentar la drogadicción, aumenta en consecuencia la delincuencia por la necesidad de conseguir dinero rápido para poder sostener la adicción.

De igual forma, las redes sociales se han vuelto una escuela de delincuencia y muestran a la violencia como algo habitual, un modelo a seguir que rebasa muchas veces lo que se nos ofrece en ficción en las películas y series.

La delincuencia es un problema en el que intervienen muchos factores sociales, económicos  y políticos. Nosotros podemos contribuir a prevenir ser víctimas del delito y en consecuencia de las lesiones que se puedan derivar de este.

En líneas anteriores mencioné que en la actualidad los grupos más débiles de la sociedad están siendo atacados. Esto sucede porque no existe la cultura de la prevención y los niños y ancianos no se imaginan de que puedan ser agredidos por delincuentes (sobre todo si nunca han sido víctimas de violencia), aunque esta  falta de cuidado no es exclusiva de ellos, ya que los adolescentes e incluso algunos adultos jóvenes andan en la calle sin ningún tipo de precaución, exponiéndose a ser objeto de un asalto, secuestro o violación.

Por lo anterior es importante tener en cuenta las siguientes observaciones:

No camines solo a altas horas de la noche. Si es necesario andar en la calle, preferentemente lo debes hacer acompañado de otras personas. Sin embargo recuerda que puedes ser víctima de un delito en cualquier horario.

Evita pasar por lugares alejados de la gente, como lo pueden ser zonas con vegetación extensa, lotes baldíos o predios abandonados.

Ser ostentoso es atractivo para los delincuentes, así que evita usar alhajas de alto valor o excesivas en cantidad.

No utilices tu celular mientras caminas. Esto puede hacer que te distraigas además de alertar a los ladrones de que tienes un celular. Lo mismo sucede cuando se utilizan audífonos mientras estás en la calle, por lo mismo previamente mencionado. Es recomendable memorizar cuando menos 2 números telefónicos de personas conocidas. En la actualidad, los teléfonos inteligentes únicamente nos muestran el nombre de nuestros contactos y al no ver o marcar el número, evitan que nos los aprendamos de memoria.

Pon tu cartera en un lugar que no sea visible. Recuerda que la ocasión hace al ladrón. Evita sacar tu dinero en medio de la gente, mucho menos contarlo en frente del público. Así mismo, no pongas en el asiento del auto tu bolso o mochila y si tienes que bajarte no lo dejes dentro del auto. Tampoco dejes aparatos electrónicos que tenga pilas de litio. Los delincuentes utilizan escáneres para detectarlos, poniendo así la integridad de tu auto.

Cuando acudas al cajero automático, acude acompañado, no lo hagas de noche y evita los cajeros solitarios. No te distraigas, mira para todos lados y asegura de retirar tu tarjeta del cajero, no la pierdas de vista. No aceptes ayuda de extraños ni platiques con nadie mientras haces tú transacción.

Planifica tu salida. Calcula la cantidad de dinero que necesitaras y no lleves dinero de más. Con respecto a tus tarjetas de crédito o débito, no las lleves todas si tienes varias. Se previsor y guarda alguna cantidad extra de dinero en un lugar que no sea tu cartera en caso de emergencia.

Cuando te asalten, no pelees ni forcejees con el delincuente, vale más la vida que lo material. Los ladrones pueden estar drogados o nerviosos lo que condicionará que te lastimen más de la cuenta. Si no sabes estrategias de defensa personal, lo más adecuado es tratar de huir, cuando hagas esto, realízalo gritando. No grites si el agresor está cerca de ti, esto puede hacer que seas agredido. En caso de recibir golpes, cúbrete la cara y el cuello con los brazos.

Cuando vayas a fiestas, no bebas en exceso. Estar alcoholizado te vuelve vulnerable. En case de haber bebido más de la cuenta, pide a un familiar o amigo te lleve a casa. El conductor designado es una buena opción.

Al subir a un taxi, primero debes ver el número económico del auto, fíjate que el operador tenga uniforme y que el coche esté vacío. No subas a un taxi que lleva pasajero (mucho menos si va en el asiento de atrás, ya que te puede amagar fácilmente) ni permitas que lleven a personas desconocidas junto contigo.

Si conduces tu auto, hazlo con los cristales arriba. Será mucho más fácil que te asalten si llevas los cristales abajo.

En caso de recibir heridas, evita que sangren. Las heridas de la cabeza son muy sangrantes porque el cuero cabelludo es muy vascularizado. Con un trapo, pañuelo o ropa, haz compresión en la herida hasta que seas atendido en un servicio médico. No apliques sustancias como café o violeta de genciana a las heridas. Una herida que permanece abierta por más de 6 horas, está potencialmente infectada y ya no se puede suturar. Por tal motivo, acude lo más pronto posible a un servicio médico para ser valorado, aunque pienses que es una herida leve no dejes de asistir, pues durante el asalto existe una descarga de adrenalina y cortisol que pueden enmascarar la gravedad de las lesiones.

En caso de que las lesiones sean de gravedad, es importante que el lesionado permanezca inmóvil en donde se encuentra  hasta que los servicios de emergencia y paramédicos se hagan cargo de la situación. Se puede causar más daño cuando se intenta movilizar sin conocimiento de primeros auxilios a un lesionado.

Todos somos susceptibles de ser víctimas de la delincuencia, sin embargo, sin caer en histeria o pánico, es importantes estar alertas.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Diciembre del 2018


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