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jueves, 1 de mayo de 2014
Felicidad
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martes, 7 de diciembre de 2010
La Muerte
De algo nos tenemos que morir…
Velo y mortaja, del cielo bajan…
Cada minuto que pasa, no nos hacemos más jóvenes…
Estas aseveraciones, entre otras, son las que he escuchado a lo largo de mi quehacer profesional como médico.
Efectivamente, la muerte es un tema en el cual invariablemente estaremos involucrados de una u otra forma algún día.
Como profesional de la salud, mi contacto con la muerte ha sido necesario. Se pueden decir miles de cosas en torno a ella, pero no existe una realidad de lo que sucede después de este proceso fisiológico. Todo lo que se comente con respecto a lo que sucede más allá de la muerte, irá en relación a la creencia, a la religiosidad, al entorno social, a la cultura. Sin embargo, he tenido experiencias bastante fuertes de personas que en medio del sufrimiento que les causa la enfermedad, piden por piedad morir.
Pero la pregunta es: ¿Estás preparado para la muerte?
De lo menos que hablan las personas jóvenes (incluso, aunque estén enfermas) es de la muerte. Muy pocos hablan de esto con su familia, con sus seres queridos. Grave error, pues al ser la muerte un proceso inminente en nuestra vida, se debería tener en cuenta.
Todos los días, sufrimos la muerte de miles de células, claro que también tenemos la formación de otras. De tal forma, que la muerte es un proceso en el cual ya estamos inmersos.
Cuando tenemos una vida disipada, cuando comemos mal y en exceso, cuando no realizamos ejercicio, cuando ingerimos sustancias nocivas como el alcohol, tabaco y otras drogas, estamos acelerando nuestro proceso de muerte. Y en muchas ocasiones, una muerte muy dolorosa.
Pero el ser humano, al ser un ente biopsicosocial (compuesto por la interacción de lo biológico, lo psicológico y lo social), no solo muere biológicamente, también muere en sus relaciones afectivas y sociales.
Les comparto un caso que recientemente tuve en mi consulta:
Panchita (nombre ficticio) de 35 años de edad, de oficio camarista de un hotel, madre de 3 hijos de 18, 11 y 5 años de edad, llega a la consulta muy preocupada por que su esposo le reclama que no lo quiere, pues en la noche, ella no accede a tener relaciones sexuales. Ella ha comentado este suceso a sus compañeras de trabajo quienes le dicen que a lo mejor es su menopausia, comentario que la preocupa aun más. Después de una revisión médica exhaustiva, solo se le encuentra sobrepeso. Sin embargo al hacer un análisis del diario vivir de Panchita, encuentro que trabaja en la Riviera maya, por lo que todos los días se levanta a las 04:00 am, prepara el desayuno y lo necesario para la escuela de sus hijos, prepara el lunch de su esposo y corre apurada su trabajo. De su trabajo retorna a Cancún a las 17:00 hrs pues tiene que esperar el transporte laboral. Llega a casa, atiende los pendientes de la casa, ayuda a sus hijos con la tarea, prepara la cena y termina sus quehaceres. Su esposo, llega de trabajar a las 19:00 hrs, cena y se sienta a ver televisión, en lo que ella está apurada lavando los trastes y preparando la comida del día siguiente. Cuando va a su cuarto, su esposo ya está acostado viendo televisión. Y es justo en este momento cuando inician los problemas maritales.
¿Qué es lo que sucede? Panchita tiene en un trabajo muy demandante, llega a casa a seguir trabajando, sus hijos y su esposo no la ayudan, ya tiene tiempo con esta dinámica de vida que ha generado en ella un cansancio crónico de tipo físico y mental, acumulándosele rencor (aunque no lo manifieste), luego ¿vida marital? Para nada, lo que quiere es dormir, y no porque la menopausia esté generando una disminución de su apetito sexual (a esta edad sería muy raro que ella tuviera menopausia), lo que ella tiene es que está cansada. Consciente o inconscientemente, la familia de Panchita la está dejando morir, pues olvidan las redes de apoyo familiar y toda la responsabilidad se está concentrando en un solo miembro de la familia.
Así es como muere una relación de pareja. Este es uno de los problemas que pueden generar una crisis familiar.
Cuando nos enfermamos, entramos a un proceso de muerte, pues la pérdida de la salud generan etapas de duelo: Negación, Rencor, Depresión, Aceptación. Las etapas de duelo no solo son para la muerte, son para cualquier pérdida: de salud, material, social, familiar, laboral. En algunas de las primeras etapas procedemos a aislarnos como parte de un proceso de autodefensa, aislamiento que no ayuda en el desarrollo de las etapas del duelo.
Es increíble ver como personas que son exitosas, aun no superan las etapas de duelo por la pérdida de alguno de sus seres queridos. Hagamos el ejercicio de recordar aquella parranda en donde vimos a uno de los comensales al calor del licor, y libre de inhibición, recordar al ser querido y seguir llorando por su pérdida. O aquel aniversario o melodía que es capaz de desencadenar nuevamente el dolor por la pérdida del ser querido.
Los adultos no sabemos hablar de la muerte, porque de niños nunca nos hablaron de ella, argumentándose que era cosa de adultos. Y sólo cuando te enfrentas a un proceso de pérdida es cuando entonces se habla de la muerte, pero cayendo en el circulo vicioso de no hablar de esto con los menores.
Siempre será más doloroso la pérdida de un ser querido que inesperadamente fallece, la muerte de un niño o de un joven, las muertes que se producen por accidentes. En cambio, las muertes que van precedidas de un proceso de dolor crónico o problemas de salud prolongados, son un alivio (en algunas ocasiones) para las personas que han vivido de cerca ese sufrimiento, no así para las personas que aunque sabían de este sufrimiento, se encontraban lejos y no lo vivían día con día junto con el enfermo. O también está el caso de aquellos que han tenido diferencias que los ha distanciado y que el tiempo se les acaba sin tener la oportunidad de arreglar estos problemas.
De igual forma, no podemos pasar por alto otros problemas que se pueden presentar con una muerte inesperada: económicos, legales, civiles, sentimentales, etc. Les aseguro que han conocido casos de intestados que se vuelven litigios legales interminables en los cuales salen con más ganancias los abogados, o aquello que tenían una doble vida y que al momento de fallecer sale a flote todo lo oculto, así también como la situación económica que se deja al cónyuge cuando no se ha previsto el futuro, la vejez, el retiro.
Después de la última etapa de duelo, caemos en un olvido hacia la muerte. Grave error, pues muchas veces la muerte nos puede dejar enseñanzas: cuidados preventivos en nuestra salud cuando el difunto falleció por una enfermedad que como descendientes podemos padecer (como el cáncer, la diabetes o los problemas cardíacos), accidentes en los cuales se encuentre involucrado el alcohol, etc.
Es importante hablar de la muerte como un proceso natural de vida, estar preparados, hablar de esto con nuestros seres queridos, para ayudarlos así a superar las etapas de duelo y las situaciones legales que se generen. El que menos problemas tiene en un fallecimiento, es el difunto. Por eso, no dejemos problemas a nuestra familia y preparémonos para lo único que tenemos seguro al momento de nacer: la muerte, que espero sea lo más lejano en tu etapa de vida.
Dr. Carlos P. Baquedano VillegasCancún, Q. Roo, México. Noviembre del 2010.
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sábado, 2 de octubre de 2010
CRISIS DE PAREJA
No quiero caer en la controversia de quiénes deben conformar una familia. Cada forma de pensar debe ser respetable, por eso tenemos albedrio, y así como se respeta la forma de pensar de cada pareja, también las parejas deben respetar la forma de pensar de cada quién.
¿Cómo se generan las crisis? Cuando una pareja decide formar una familia, entra en un proceso dinámico, de cambio constante.
En el noviazgo, las parejas muestran el lado bonito de cada persona, donde el uno está pendiente del otro, buscando satisfacer (la mayoría de las veces) los deseos y caprichos por mas mínimos que se presenten. Es la etapa de la conquista, de idealización, de “venta”, en la cual se exponen todas las cualidades que se tienen (y hasta las que no se tienen).
Sin embargo, en el noviazgo intervienen factores que pueden generar crisis. Ejemplo: Diferencia de estratos sociales, de credos religiosos, de cultura, de política, de usos y costumbres, incluso de hábitos alimenticios. En otras ocasiones existen intromisiones de los miembros de la familia en la relación de pareja. O peor aún, sumisión en la cual uno de los novios permite abuso en todas sus modalidades, con la idea de que por amor va a cambiar su forma de ser.
En el matrimonio, cuando los novios deciden vivir juntos, casados o en unión libre, se encuentran con que lo idealizado en el noviazgo no resultó ser tan maravilloso al momento de convivir 24 horas diarias. Es la etapa más difícil, pues es donde en realidad se conoce a la pareja: sus conductas, sus hábitos, sus olores, su real forma de ser. En estos momentos pueden existir crisis severas, por problemas de índole económica, por intromisión de los familiares en la nueva familia, por inmadurez, por irresponsabilidad, por adicciones, por falta de respeto, por no establecer las reglas de convivencia necesarias en la conformación de esta nueva familia.
Comúnmente se cae en el error de pensar “entiende lo que siento”, pero en muchas ocasiones esto es una concepción completamente errónea, lo cual resulta un gran generador de conflictos.
En una ocasión un amigo me contó una anécdota:
“Íbamos por la carretera, y yo manejaba con todos mis sentidos puestos en el camino, cuando de repente mi esposa me dice – ¿tienes sed? A lo que respondí que no. Un largo rato después ella me vuelve a preguntar - ¿tienes sed?, yo sin voltearla a ver le respondí que no, pues tenía prisa por llegar. Justo antes de alcanzar nuestro destino, mire a mi esposa a la cara y observe que la tenía enrojecida por el coraje, por lo que con cierto temor le pregunté qué era lo que sucedía, contestándome ella de modo molesto –todo el camino tuve sed y tu nunca paraste a comprarme un refresco… Haciendo el análisis de esto, observamos que el hablar de forma parafraseada, o con palabras que damos por entendido que nuestra pareja debe saber, son un grave error. Lo importante de un dialogo (plática de 2) es que el mensaje llegue claro y preciso para que quede entendido.
Al nacimiento de los hijos, se siguen presentando crisis (o incluso incrementándose las existentes) pues la madre se dedica casi al 100% a la atención del nuevo hijo, poniendo en 2° plano al esposo. Aunque la responsabilidad debe ser compartida, muchas veces la atención de la mamá queda centrada en el cuidado del nuevo miembro de la familia. Ese es otro gran error de las parejas, pues el nuevo miembro es el que se debe adaptar a la familia, no la familia a él. Cuando un jugador de futbol llega a mitad de temporada a un nuevo equipo, este jugador es el que se debe adaptar, no los jugadores, que ya previamente habían entrenado y jugado juntos, adaptarse a él.
Les pongo un ejemplo de cómo se dan en los matrimonios las crisis en la etapa de crecimiento y partida de los hijos, la llamada crisis de plata (por aquello de la aparición de las canas):
Esta es una de las muchas situaciones que se pueden presentar en las parejas en forma de crisis. Otras veces, las separaciones o rupturas, solo son consecuencia de ir soportando o medio solucionando crisis, hasta que se llega un punto de quiebre.
También suele suceder, que la mamá ocupa el lugar vacio que dejan los hijos, cuidado a los nietos; doble error, debido que ya no sólo no recupera la relación con el esposo, sino también, desempeña un rol que no le corresponde en la familia que sus hijos han formado. No digo con esto que los padres no deban apoyar a los hijos, pero cada quién debe asumir el compromiso que le corresponde en el ciclo familiar, en este caso el de educación y crianza de los hijos.
Lo más delicado y grave es cuando las parejas no saben percibir o identificar estos procesos de crisis. Si no lo saben, ¿Cómo pueden enfrentarlas y/o solucionarlas?
El diálogo siempre es la piedra angular en la relación de pareja. El conocerse, el quererse, el respetarse, el común acuerdo, el aceptarse (pero sin ser sometido), son algunos de los puntos que pueden ayudar a las parejas a solventar y superar las crisis propias de la familia.
Recuerden, este es un proceso dinámico, diferente en cada pareja y obviamente lo que a una le funciona, puede que a otra no. Pero lo importante de las crisis de pareja, es buscar juntos la solución.
Termino, citando una frase de Tolstoi: “Todas las familias felices se parecen entre sí, cada familia infeliz lo es en su propia manera”.
Por último, quiero compartir con ustedes, algo que como ser humano vino a generar un gran y significativo cambio en mi vida. Esto lo pueden encontrar en la siguiente dirección: http://encuentromatrimonialmx.org/node/129
Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Médico Familiar
Cancún, Q. Roo, México. Septiembre del 2010
PD: Esta es una de las canciones más hermosas que he escuchado, acompañada de un emotivo video.


