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jueves, 1 de marzo de 2018

¿PAREJAS FELICES?

¿Cuál es la fórmula que las parejas deben poner en práctica para tener una relación conyugal duradera y feliz? Es una pregunta muy interesante que un paciente me planteó durante el desarrollo de una consulta.

El paciente, con gesto de angustia, me refirió que cuando decidió unirse a su esposa, inicialmente lo hicieron en unión libre a una edad muy joven. Al principio todo era maravilloso a pesar de que no existía una solvencia económica. La precariedad era algo de todos los días, sin embargo, vivían una vida llena de ilusiones. Con el paso de los meses, su mujer resultó embarazada, situación que no se esperaban pues no habían planeado tener hijos, pero tampoco habían llevado algún método de planificación familiar.

Al estar embarazada su pareja, deciden casarse por el registro civil y de forma religiosa a fin de que ella pudiese disfrutar de los beneficios de la seguridad social que él como trabajador tenía. 

El embarazo de su esposa fue de alto riesgo, con complicaciones que ameritaron que tuviera reposo y en consecuencia se le prohibiera tener relaciones sexuales. En este tiempo del embarazo, ellos vivían solos en esta ciudad, lejos de sus familias de origen.

Refiere mi paciente, que se experimentaba angustiado y agobiado ante los problemas económicos que se acrecentaban, además de que su relación de esposos se había vuelto distante ya que la esposa lo rechazaba físicamente al estar sumamente aprehensiva por su condición de salud.

Finalmente nació una hermosa niña que vino a llenar de alegría sus vidas, pero también a incrementar la carga económica al aumentar los gastos en casa, por lo que él tuvo que buscar un segundo trabajo que lo mantenía fuera de su hogar durante el día. Al término de su jornada llegaba demasiado cansado y además a recibir las quejas de su esposa por los apuros económicos. También se presentó una situación que vino a agravar su ya deteriorada relación de pareja: La esposa continuaba rechazándolo en la intimidad, argumentaba estar cansada y adolorida por cuidar y amamantar a su bebé. Cuando él la convencía de tener relaciones sexuales, de forma automática, la bebé empezaba a llorar ocasionando que la esposa abandonara de inmediato el tálamo nupcial para acudir a cuidar a su hija, dejando perplejo y mal humorado al esposo. Sin embargo, él recapacitaba en que la hija era de ambos y pues que tenía que hacer un esfuerzo y sacrificio, así como entender a su esposa, por lo que callaba su molestia e intentaba descansar, situación que era un tanto difícil pues la nena sufría cólicos del recién nacido que le causaban llanto frecuente y alimentación pronta de seno materno, así que al levantarse la esposa a cada rato, condicionaba que también su esposo se despertara, por lo que al día siguiente se sentía más cansado que la noche anterior.
Los problemas económicos continuaron, situación que los llevó a decidir dejar a su niña en una guardería (que era parte de sus beneficios de seguridad social) para que la esposa pudiera trabajar. 

Poco a poco fueron solventando sus necesidades primarias y empezaron a prosperar. Sin embargo, las discusiones entre ellos eran frecuentes, pues su diálogo de esposos casi siempre eran reclamos y desavenencias.

En consecuencia, el empezó a retardar su regreso a casa, se iba con sus compañero de trabajo a beber o a realizar actividades deportivas que lo alejaban más del hogar. Cuando regresaba, ya sabía que sería recibido con reproches y quejas. En consecuencia, su relación marital se fue debilitando al grado tal que se sentía prisionero en su hogar, se decía continuamente así mismo que su hija merecía un hogar y papás como él los tuvo en su infancia.

Este debilitamiento en la relación condicionó que empezara a socializar con una compañera de su trabajo, la cual pasó de ser amiga a confidente y sin darse cuenta ya estaba involucrado en una relación extramarital que vino a causar más ansiedad al temor de verse descubierto por su esposa. Después de un tiempo, terminó esta relación con su amante sin ser descubierto lo que le dio confianza para continuar con este tipo de relaciones.

Al paso de los años, ha continuado junto a su esposa, no existe una buena relación, los pleitos son constantes incluso en presencia de su hija quien ya es adolescente, misma que tiene mala conducta, tiene bajo aprovechamiento escolar y múltiples reportes. 

En palabras del paciente, todo lo anterior le hace experimentar una vida miserable.

En este breve relato podemos observar las consecuencias de las malas decisiones, como el no hacer una adecuada planeación del matrimonio y unirse muy jóvenes, la falta de orientación en la planificación familiar, el desconocimiento de las diferentes etapas críticas del desarrollo de la familia que corresponden a su ciclo familiar acompañadas de sus crisis normativas y paranormativas (Crisis normativas: situaciones convencionales que cada familia presenta durante su desarrollo. Crisis paranormativas: problemas que presentan de forma inesperada durante el desarrollo del ciclo familiar), de la falta de comunicación a través del diálogo, las crisis económicas, la infidelidad, la falta de entendimiento, todos éstos son factores que propician el fracaso en la pareja, que tarde o temprano termina en ruptura. Pero mientras esto sucede, se generan en los integrantes de la familia, condiciones idóneas para infelicidad, enfermedades, adicciones y deterioro de la economía familiar. 

Los hijos, mudos testigos de esta problemática,  adquieren modelos de vida que  repetirán en su etapa de adultos y los expone en la adolescencia a caer en  adicciones, embarazos tempranos y no deseados, deserción escolar, delincuencia e incluso suicidio como consecuencia de esta VIOLENCIA FAMILIAR. Hacer felices a los que amas debe ser una de las metas principales en nuestra existencia.

Asesorarse sobre sexualidad, métodos de planificación familiar, etapas del ciclo familiar son parte fundamental para que los jóvenes que deciden unir sus vidas, lleven a puerto seguro su unión conyugal. 

Un matrimonio que es feliz, tendrá hijos felices y buenos ciudadanos. Un matrimonio que vive en crisis constante, corre el riesgo de criar hijos con problemas que posteriormente traspolarán a su vida. 

Es en este momento donde participamos los Médicos Especialistas en Medicina Familiar, desafortunadamente, no existe en la población, la cultura de la educación en esta área. Se sigue acudiendo al médico cuando el problema ya está presente y es más difícil de solucionar.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Marzo del 2018.






jueves, 1 de mayo de 2014

Felicidad

¿Qué es la felicidad?  Acaso la felicidad, ¿es un sentimiento, un estado o una decisión? Esto va a depender de cada individuo y de la forma como quiera aplicarlo en su vida. Sin embargo, lo verdaderamente importante es que el ser humano necesita estar feliz para sentirse pleno.

Escuché de una paciente mayor la siguiente frase: ¡No permitas que un pasado que aceptaste, lastime tu futuro! Resulta que uno de sus hijos se casó con una mujer que ya tenía un bebé, a quien  él acepto como propio y el cual ha crecido con amor. Pero el día de hoy, tiene miedo de que el niño se entere  que no es su verdadero padre y no quiere que se sepa esta situación, aunque el resto de los familiares lo sabe. Cuenta con un buen trabajo que le permite tener una solvencia económica y también goza de unidad familiar, pero la sombra del pasado le agobia y no lo deja ser feliz.

En mi práctica profesional, después de estar atendiendo por mucho tiempo a las mismas personas, es fácil identificar los problemas familiares (crisis normativas y paranormativas) por los que atraviesan y que interactúan con su estado físico, desencadenando síntomas que no concuerdan con sus problemas de salud. En pocas palabras, puedo percibir que tienen un problema que probablemente no es físico.

Es común escuchar quejas sobre la economía, la inseguridad, la falta de oportunidades, el desempleo  y muchas otras cosas que son parte de la vida y que causan infelicidad en las personas. ¿Podemos cambiarlo? Tal vez sí hay situaciones que están en nuestras manos poder mejorar, pero también hay otras en las que no depende de nosotros generar este cambio. Sin embargo, lo que sí queda claro es que  no podemos vivir quejándonos de lo mal que está la vida. Aun tenemos un cielo y un sol que admirar por las mañanas, un aire que respirar.

Sin el afán de subestimar tus vivencias, cuando crees que en la vida te va mal, sólo mira a tu alrededor y te encontrarás con personas en peor situación que la tuya. Las desgracias de los demás no nos deben confortar, sino que más bien deben  hacer que valoremos lo que tenemos y le demos más importancia en lugar de estarnos quejando por lo adverso o lo que no tenemos.

En la actualidad la inconformidad es parte de la vida diaria. Quieres tener el teléfono más nuevo o el que tiene tu amigo, la tablet de última generación, el auto último modelo, la ropa de marca, etc. Es cierto que las comodidades hacen la vida más amena, pero no es sinónimo de felicidad. El tener muchas cosas, como una casa, un auto, un buen trabajo, la mejor ropa, los mejores perfumes, lo más avanzado de la tecnología; no te asegura ser feliz. Y tristemente nos damos cuenta que para muchas personas el bienestar está en relación a cosas materiales, sin enfocarse en el fortalecimiento de las relaciones intrafamiliares o interpersonales. Es ahí en donde radica la verdadera riqueza del hombre. Cuando nos preocupamos de lo material y no nos ocupamos de lo sentimental perdemos tiempo invaluable que en muchas ocasiones es difícil de recuperar. Lo material es efímero, transitorio, caducable. Las relaciones son duraderas si las sabemos preservar. Un claro ejemplo de esto sucede en las parejas de esposos, pues uno de los principales errores que comenten los matrimonios es interponer a sus hijos en su relación esponsal, convirtiéndolos en algo prioritario y el principal motivo de su vida. Pero como parte del ciclo familiar, los hijos tienen que emigrar del hogar, quedando los padres como al inicio de su  relación marital, ¡solos! Es entonces cuando vienen las crisis plateadas (en alusión a las canas), pues la relación de los esposos se debilitó al interponer a los hijos, pero al irse los hijos, la relación de pareja es muy difícil de retomar, situación que se complica con la menopausia, la cesantía,  el retiro y  las dificultades económicas.

Si por las mañanas al levantarte dices: ¡Qué flojera y tengo que trabajar!, ten por seguro que ese va a ser un día muy pesado. Por el contrario, si al levantarte, te regalas 1 minuto para asomarte por la ventana y ver el esplendor del amanecer o te paras frente al espejo y dices: ¡Hoy es un excelente día y va a estar súper!, te aseguro, sin temor a equivocarme, que así será. Y aunque en el transcurso del día se presenten dificultades, son pruebas que deberás afrontar con optimismo para que  al final de la jornada te sientas satisfecho y recuerdes las muchas cosas buenas que hiciste o recibiste. Si de plano el día tuvo muchos problemas, cuando reflexiones antes de dormir piensa que mañana será un día mejor y eso te dará tranquilidad. Todo es cuestión de vencer la negatividad que nos convierte día a día en seres inconformes, tristes o molestos con la vida.

En cierta ocasión iba conduciendo y me tocó hacer alto. El taxi que venía detrás de mi tuvo que frenar de repente pues no bajó su velocidad y no guardó su distancia. Afortunadamente no me impactó,  pudiendo evitar el golpe. ¿Cuál debió haber  sido mi actitud? ¿Insultar al taxista y recriminarle su imprudencia al conducir? O pensar: ¡qué bueno que no chocó contra mí, alguien pudo haberse lastimado y además, aunque yo no tuviera la culpa, también hubiese tenido un costo a mi bolsillo! Mi reacción dependerá de la actitud con la que afronte la situación.

¿En cuántas ocasiones te has encontrando (o tal vez tu mismo) a gente recriminando a otra por sus impericias, falta de respeto o descuidos? Seguramente en muchas. Pero en realidad, ¿se tiene la calidad moral de hacer reclamos? Todos cometemos errores, todos estamos expuestos. Luego entonces, no desperdiciemos tiempo y energía en enojos. Además, lo que nosotros como adultos hacemos, es un modelo de conducta que los niños adquieren y repiten. Seamos responsables en nuestro actuar, pues sin darnos cuenta, con nuestras actitudes preservamos la conducta equivocada que nos impide ser felices.

Leí en un pequeño libro (no recuerdo el nombre del autor) una frase que me conmovió y que les comparto: No des trascendencia a comentarios desagradables a tu persona, simplemente vive de tal manera que nadie los crea. Y es que debemos tener congruencia en nuestro decir y nuestro actuar. No te aflijas por lo que digan de ti, más bien preocúpate por lo que PIENSAS DE TI MISMO.

Dice una canción del cantautor mexicano José María Napoleón: NADA TE LLEVARÁS CUANDO TE MARCHES, CUANDO SE ACERQUE EL DIA DE TU FINAL, VIVE FELIZ AHORA MIENTRAS PUEDES, TAL VEZ MAÑANA NO TENGAS TIEMPO PARA SENTIRTE DESPERTAR. La canción se llama VIVE


La felicidad es un sentimiento, efectivamente, que nosotros mismos nos encargamos de construir cuando tenemos pensamientos y actitudes positivas.  No añores lo que no tienes, lo que tuviste o lo que algún día quizá tendrás. Mejor disfruta lo que tienes, lo que eres y de los que te rodean. En muchas ocasiones la felicidad la encontramos en las cosas más pequeñas y a nuestro alcance.

Está comprobado científicamente que las personas que no son felices son más susceptibles de padecer enfermedades porque su estado inmunológico se deprime (bajan sus defensas). Pero también es cierto que no todas las personas que están enfermas son infelices. Todo es cuestión de actitud.

Mi consejo: Sé feliz y haz feliz a los que te rodean.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Cancún, Quintana Roo, México. Mayo del 2014


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martes, 7 de diciembre de 2010

La Muerte

Lo único que tenemos seguro cuando nacemos es la muerte…

De algo nos tenemos que morir…

Velo y mortaja, del cielo bajan…

Cada minuto que pasa, no nos hacemos más jóvenes…

Estas aseveraciones, entre otras, son las que he escuchado a lo largo de mi quehacer profesional como médico.

Efectivamente, la muerte es un tema en el cual invariablemente estaremos involucrados de una u otra forma algún día.

Como profesional de la salud, mi contacto con la muerte ha sido necesario. Se pueden decir miles de cosas en torno a ella, pero no existe una realidad de lo que sucede después de este proceso fisiológico. Todo lo que se comente con respecto a lo que sucede más allá de la muerte, irá en relación a la creencia, a la religiosidad, al entorno social, a la cultura. Sin embargo, he tenido experiencias bastante fuertes de personas que en medio del sufrimiento que les causa la enfermedad, piden por piedad morir.

Pero la pregunta es: ¿Estás preparado para la muerte?

De lo menos que hablan las personas jóvenes (incluso, aunque estén enfermas) es de la muerte. Muy pocos hablan de esto con su familia, con sus seres queridos. Grave error, pues al ser la muerte un proceso inminente en nuestra vida, se debería tener en cuenta.

Todos los días, sufrimos la muerte de miles de células, claro que también tenemos la formación de otras. De tal forma, que la muerte es un proceso en el cual ya estamos inmersos.

Cuando tenemos una vida disipada, cuando comemos mal y en exceso, cuando no realizamos ejercicio, cuando ingerimos sustancias nocivas como el alcohol, tabaco y otras drogas, estamos acelerando nuestro proceso de muerte. Y en muchas ocasiones, una muerte muy dolorosa.

Pero el ser humano, al ser un ente biopsicosocial (compuesto por la interacción de lo biológico, lo psicológico y lo social), no solo muere biológicamente, también muere en sus relaciones afectivas y sociales.

Les comparto un caso que recientemente tuve en mi consulta:

Panchita (nombre ficticio) de 35 años de edad, de oficio camarista de un hotel, madre de 3 hijos de 18, 11 y 5 años de edad, llega a la consulta muy preocupada por que su esposo le reclama que no lo quiere, pues en la noche, ella no accede a tener relaciones sexuales. Ella ha comentado este suceso a sus compañeras de trabajo quienes le dicen que a lo mejor es su menopausia, comentario que la preocupa aun más. Después de una revisión médica exhaustiva, solo se le encuentra sobrepeso. Sin embargo al hacer un análisis del diario vivir de Panchita, encuentro que trabaja en la Riviera maya, por lo que todos los días se levanta a las 04:00 am, prepara el desayuno y lo necesario para la escuela de sus hijos, prepara el lunch de su esposo y corre apurada su trabajo. De su trabajo retorna a Cancún a las 17:00 hrs pues tiene que esperar el transporte laboral. Llega a casa, atiende los pendientes de la casa, ayuda a sus hijos con la tarea, prepara la cena y termina sus quehaceres. Su esposo, llega de trabajar a las 19:00 hrs, cena y se sienta a ver televisión, en lo que ella está apurada lavando los trastes y preparando la comida del día siguiente. Cuando va a su cuarto, su esposo ya está acostado viendo televisión. Y es justo en este momento cuando inician los problemas maritales.

¿Qué es lo que sucede? Panchita tiene en un trabajo muy demandante, llega a casa a seguir trabajando, sus hijos y su esposo no la ayudan, ya tiene tiempo con esta dinámica de vida que ha generado en ella un cansancio crónico de tipo físico y mental, acumulándosele rencor (aunque no lo manifieste), luego ¿vida marital? Para nada, lo que quiere es dormir, y no porque la menopausia esté generando una disminución de su apetito sexual (a esta edad sería muy raro que ella tuviera menopausia), lo que ella tiene es que está cansada. Consciente o inconscientemente, la familia de Panchita la está dejando morir, pues olvidan las redes de apoyo familiar y toda la responsabilidad se está concentrando en un solo miembro de la familia.

Así es como muere una relación de pareja. Este es uno de los problemas que pueden generar una crisis familiar.

Cuando nos enfermamos, entramos a un proceso de muerte, pues la pérdida de la salud generan etapas de duelo: Negación, Rencor, Depresión, Aceptación. Las etapas de duelo no solo son para la muerte, son para cualquier pérdida: de salud, material, social, familiar, laboral. En algunas de las primeras etapas procedemos a aislarnos como parte de un proceso de autodefensa, aislamiento que no ayuda en el desarrollo de las etapas del duelo.

Es increíble ver como personas que son exitosas, aun no superan las etapas de duelo por la pérdida de alguno de sus seres queridos. Hagamos el ejercicio de recordar aquella parranda en donde vimos a uno de los comensales al calor del licor, y libre de inhibición, recordar al ser querido y seguir llorando por su pérdida. O aquel aniversario o melodía que es capaz de desencadenar nuevamente el dolor por la pérdida del ser querido.

Los adultos no sabemos hablar de la muerte, porque de niños nunca nos hablaron de ella, argumentándose que era cosa de adultos. Y sólo cuando te enfrentas a un proceso de pérdida es cuando entonces se habla de la muerte, pero cayendo en el circulo vicioso de no hablar de esto con los menores.

Siempre será más doloroso la pérdida de un ser querido que inesperadamente fallece, la muerte de un niño o de un joven, las muertes que se producen por accidentes. En cambio, las muertes que van precedidas de un proceso de dolor crónico o problemas de salud prolongados, son un alivio (en algunas ocasiones) para las personas que han vivido de cerca ese sufrimiento, no así para las personas que aunque sabían de este sufrimiento, se encontraban lejos y no lo vivían día con día junto con el enfermo. O también está el caso de aquellos que han tenido diferencias que los ha distanciado y que el tiempo se les acaba sin tener la oportunidad de arreglar estos problemas.

De igual forma, no podemos pasar por alto otros problemas que se pueden presentar con una muerte inesperada: económicos, legales, civiles, sentimentales, etc. Les aseguro que han conocido casos de intestados que se vuelven litigios legales interminables en los cuales salen con más ganancias los abogados, o aquello que tenían una doble vida y que al momento de fallecer sale a flote todo lo oculto, así también como la situación económica que se deja al cónyuge cuando no se ha previsto el futuro, la vejez, el retiro.

Después de la última etapa de duelo, caemos en un olvido hacia la muerte. Grave error, pues muchas veces la muerte nos puede dejar enseñanzas: cuidados preventivos en nuestra salud cuando el difunto falleció por una enfermedad que como descendientes podemos padecer (como el cáncer, la diabetes o los problemas cardíacos), accidentes en los cuales se encuentre involucrado el alcohol, etc.

Es importante hablar de la muerte como un proceso natural de vida, estar preparados, hablar de esto con nuestros seres queridos, para ayudarlos así a superar las etapas de duelo y las situaciones legales que se generen. El que menos problemas tiene en un fallecimiento, es el difunto. Por eso, no dejemos problemas a nuestra familia y preparémonos para lo único que tenemos seguro al momento de nacer: la muerte, que espero sea lo más lejano en tu etapa de vida.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Cancún, Q. Roo, México. Noviembre del 2010.

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sábado, 2 de octubre de 2010

CRISIS DE PAREJA

El convivir en pareja siempre es algo muy difícil. La unión de 2 personas con diferentes formas de pensar significa un amalgamiento que en muchas ocasiones no alcanza a consolidarse por una ruptura derivada de una crisis.
No quiero caer en la controversia de quiénes deben conformar una familia. Cada forma de pensar debe ser respetable, por eso tenemos albedrio, y así como se respeta la forma de pensar de cada pareja, también las parejas deben respetar la forma de pensar de cada quién.
¿Cómo se generan las crisis? Cuando una pareja decide formar una familia, entra en un proceso dinámico, de cambio constante.
En el noviazgo, las parejas muestran el lado bonito de cada persona, donde el uno está pendiente del otro, buscando satisfacer (la mayoría de las veces) los deseos y caprichos por mas mínimos que se presenten. Es la etapa de la conquista, de idealización, de “venta”, en la cual se exponen todas las cualidades que se tienen (y hasta las que no se tienen).
Sin embargo, en el noviazgo intervienen factores que pueden generar crisis. Ejemplo: Diferencia de estratos sociales, de credos religiosos, de cultura, de política, de usos y costumbres, incluso de hábitos alimenticios. En otras ocasiones existen intromisiones de los miembros de la familia en la relación de pareja. O peor aún, sumisión en la cual uno de los novios permite abuso en todas sus modalidades, con la idea de que por amor va a cambiar su forma de ser.
En el matrimonio, cuando los novios deciden vivir juntos, casados o en unión libre, se encuentran con que lo idealizado en el noviazgo no resultó ser tan maravilloso al momento de convivir 24 horas diarias. Es la etapa más difícil, pues es donde en realidad se conoce a la pareja: sus conductas, sus hábitos, sus olores, su real forma de ser. En estos momentos pueden existir crisis severas, por problemas de índole económica, por intromisión de los familiares en la nueva familia, por inmadurez, por irresponsabilidad, por adicciones, por falta de respeto, por no establecer las reglas de convivencia necesarias en la conformación de esta nueva familia.
Comúnmente se cae en el error de pensar “entiende lo que siento”, pero en muchas ocasiones esto es una concepción completamente errónea, lo cual resulta un gran generador de conflictos.
En una ocasión un amigo me contó una anécdota:
“Íbamos por la carretera, y yo manejaba con todos mis sentidos puestos en el camino, cuando de repente mi esposa me dice – ¿tienes sed? A lo que respondí que no. Un largo rato después ella me vuelve a preguntar - ¿tienes sed?, yo sin voltearla a ver le respondí que no, pues tenía prisa por llegar. Justo antes de alcanzar nuestro destino, mire a mi esposa a la cara y observe que la tenía enrojecida por el coraje, por lo que con cierto temor le pregunté qué era lo que sucedía, contestándome ella de modo molesto –todo el camino tuve sed y tu nunca paraste a comprarme un refresco… Haciendo el análisis de esto, observamos que el hablar de forma parafraseada, o con palabras que damos por entendido que nuestra pareja debe saber, son un grave error. Lo importante de un dialogo (plática de 2) es que el mensaje llegue claro y preciso para que quede entendido.
Al nacimiento de los hijos, se siguen presentando crisis (o incluso incrementándose las existentes) pues la madre se dedica casi al 100% a la atención del nuevo hijo, poniendo en 2° plano al esposo. Aunque la responsabilidad debe ser compartida, muchas veces la atención de la mamá queda centrada en el cuidado del nuevo miembro de la familia. Ese es otro gran error de las parejas, pues el nuevo miembro es el que se debe adaptar a la familia, no la familia a él. Cuando un jugador de futbol llega a mitad de temporada a un nuevo equipo, este jugador es el que se debe adaptar, no los jugadores, que ya previamente habían entrenado y jugado juntos, adaptarse a él.

Les pongo un ejemplo de cómo se dan en los matrimonios las crisis en la etapa de crecimiento y partida de los hijos, la llamada crisis de plata (por aquello de la aparición de las canas):

Esta es una de las muchas situaciones que se pueden presentar en las parejas en forma de crisis. Otras veces, las separaciones o rupturas, solo son consecuencia de ir soportando o medio solucionando crisis, hasta que se llega un punto de quiebre.
También suele suceder, que la mamá ocupa el lugar vacio que dejan los hijos, cuidado a los nietos; doble error, debido que ya no sólo no recupera la relación con el esposo, sino también, desempeña un rol que no le corresponde en la familia que sus hijos han formado. No digo con esto que los padres no deban apoyar a los hijos, pero cada quién debe asumir el compromiso que le corresponde en el ciclo familiar, en este caso el de educación y crianza de los hijos.
Lo más delicado y grave es cuando las parejas no saben percibir o identificar estos procesos de crisis. Si no lo saben, ¿Cómo pueden enfrentarlas y/o solucionarlas?
El diálogo siempre es la piedra angular en la relación de pareja. El conocerse, el quererse, el respetarse, el común acuerdo, el aceptarse (pero sin ser sometido), son algunos de los puntos que pueden ayudar a las parejas a solventar y superar las crisis propias de la familia.
Recuerden, este es un proceso dinámico, diferente en cada pareja y obviamente lo que a una le funciona, puede que a otra no. Pero lo importante de las crisis de pareja, es buscar juntos la solución.
Termino, citando una frase de Tolstoi: “Todas las familias felices se parecen entre sí, cada familia infeliz lo es en su propia manera”.
Por último, quiero compartir con ustedes, algo que como ser humano vino a generar un gran y significativo cambio en mi vida. Esto lo pueden encontrar en la siguiente dirección: http://encuentromatrimonialmx.org/node/129

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Médico Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Septiembre del 2010

PD: Esta es una de las canciones más hermosas que he escuchado, acompañada de un emotivo video.