Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta muerte. Mostrar todas las entradas

domingo, 1 de diciembre de 2024

SEÑALES DEL CUERPO

 El cuerpo, una máquina maravillosa que tenemos la obligación de mantener en buen estado.

Me resulta increíble recibir en la consulta a pacientes que llevan más de 10 años sin acudir al médico. Y me pregunto: ¿Cómo es posible que te preocupes por llevar tu auto al servicio cada 5 o 10 mil kilómetros y con tu cuerpo no tengas ese cuidado?

Bajo el argumento de que no me siento mal o no estoy enfermo, las personas no acuden a un chequeo anual rutinario. También puede ser por desidia, ahorro mal entendido, temor a enterarse de que está enfermo o por estarse automedicando.

Sea cual sea la causa, no acudir al médico de forma rutinaria o atendiendo las señales del cuerpo, es un gran error.

Desde que nacemos, nuestro cuerpo empieza a envejecer, a presentar cambios a nivel celular, como lo es la Apoptosis que consiste en un proceso natural de muerte celular programada que el cuerpo utiliza para eliminar células innecesarias o anormales. Se trata de un tipo de muerte activa a lo largo de toda la vida que involucra la utilización de energía, actividad metabólica y, en ocasiones, síntesis proteica.

Es por eso que debemos estar vigilantes de los indicios que nuestro cuerpo manifiesta y asumir una actitud preventiva que nos permita gozar de buena salud y, en consecuencia, tener una mejor calidad de vida.

En muchas ocasiones he atendido pacientes que iniciaron con síntomas leves, los cuales no tomaron en cuenta, los minimizaron, se automedicaron, decretaron que no tenían nada, pero simple y sencillamente los dejaron avanzar.

Cuando escucho esas respuestas, les pregunto: Si vas por la carretera y te percatas de un ruido anormal en tu auto, ¿lo solucionas subiendo el volumen al equipo de sonido? Creo que no, porque sabes que ese ruido puede significar una descompostura que te pone en riesgo, o bien, si sigues avanzando el problema se complica y la reparación puede ser más costosa e incluso, en ocasiones, irreparable.

Y es que el cuerpo avisa. Nadie mejor que uno mismo conoce el funcionamiento de su cuerpo y se puede dar cuenta perfectamente que algo no está funcionando bien. sin embargo, al paso de unos días pudiera ocurrir que desaparecen las señales espontáneamente. Ante ello, no te distraigas pensando que ya pasó, que no fue nada y que todo está bien, por el contrario, mantente alerta y encuentra la causa de lo que te sucedió.

Pongo por ejemplo el caso de un paciente masculino que acude a consulta refiriéndome que, al momento de defecar, veía sangre en sus heces fecales, sin presencia de dolor o algún otro síntoma. Al preguntarle cuánto tiempo tenía con esta situación, me responde que hace más de 10 años y que no había acudido a consultar porque pensaba que era normal, además que como no le dolía, pues no dedicaba tiempo para recibir atención médica. Este caso finalizó en un cáncer de colon avanzado que desafortunadamente tuvo un desenlace fatal.

Haciendo un análisis de la enfermedad de este paciente, pensé que cómo podía ser posible creer que un sangrado del tubo digestivo bajo se considere normal. Si él hubiese acudido desde el inicio de los síntomas, probablemente seguiría vivo.

Cabe recordar que el cuerpo nos manda alertas, pero a veces las ignoramos o mal interpretamos, al pensar de manera coloquial que se trata de estrés, cansancio o falta de vitaminas.

El dolor en una de las alarmas más poderosas con las que el cuerpo cuenta y dependiendo de su intensidad es la prioridad con que nos indica acudir al médico.

Es muy común automedicarse con medicamentos para el dolor o en casos peores, incluso usar antibióticos por juzgar que son necesarios, pero esto es peligroso, ya que puede enmascarar síntomas y complicar las enfermedades.

Por eso es importante estar alertas ante la presencia de dolor, sobre todo cuando éste es persistente o poco controlable con analgésicos. Considerar que es normal o que se me va a pasar, es un pensamiento equivocado.

¿Te ha pasado que cuando sufres una herida en alguna parte del cuerpo, es justo ahí donde te golpeas nuevamente?

La explicación es que, al tener un área afectada, el cerebro tiene vigilancia estrecha de ese lugar y por tal motivo experimentas esa sensación de que ahí te vuelves a golpear ante cualquier roce o contacto.

Pero también existen enfermedades que no dan síntomas de ningún tipo y hasta en momentos de gravedad o de forma fortuita es que se hacen evidentes.

Un ejemplo de esto es la Hipertensión Arterial Sistémica, que consiste en la elevación de la presión arterial, la cual puede cursar por mucho tiempo asintomática, pero es en momentos de Crisis Hipertensiva que manifiesta dolor de cabeza, ruidos en los oídos y visión con luces brillantes. Una Crisis Hipertensiva que no se atiende, se convierte en una Urgencia Hipertensiva en donde ya se comprometen órganos como el cerebro, el corazón o los riñones. Esta urgencia puede llegar a ser mortal.

Más común es que, de forma asintomática, se curse con una elevación de la grasa en la sangre, enfermedad conocida como Dislipidemia y que se caracteriza por la elevación del Colesterol, Triglicéridos o ambos.

La Dislipidemia puede padecerse por largo período sin que se presente ningún síntoma, pero con el paso del tiempo, esta elevación de grasa en la sangre produce que dentro de las arterias se formen placas duras llamadas Ateromas que, al crecer gradualmente, aumentan el riesgo de sufrir infartos o embolias.

Los Ateromas reducen el calibre de las arterias, volviéndolas más rígidas y estrechas, lo que hace que cambie la morfología del vaso sanguíneo que, de ser liso, se convierte rugoso e irregular, como un camino pedregoso, que ocasiona que el paso de la sangre por estas arterias sea más complicado.

Si alguna placa de Ateroma se rompe y desprende, viaja a través del torrente sanguíneo hasta arterias más pequeñas, obstruyendo el paso y condicionando embolismos o taponamiento. Al no tenerse flujo de sangre, los músculos o tejidos sufren isquemias o infartos.

Como podemos darnos cuenta, es indispensable estar pendientes de las alertas de nuestro cuerpo y mejor aún, acudir de forma periódica a un chequeo médico, aunque pienses que estás sano.

Esta revisión médica se recomienda en los adultos a partir de los 25 años de edad, una vez al año. Consiste en el examen físico, análisis de laboratorio y estudios de gabinete acordes a tus factores hereditarios o de riesgo.

No ahorres en tu salud, por el contrario, invierte en ella. Tú eres el responsable de tu cuerpo, ¡cuídalo y previene!

 

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Diciembre del 2024

 

EDITORIALES ANTERIORES

CHISTES ANTERIORES DE RISOTERAPIA

¿Fiesta próxima? CARUDA Canta y Baila te pone la música



miércoles, 1 de noviembre de 2023

MUERTE COMO PROCESO DE VIDA

Reza un dicho popular: La muerte está tan segura de su victoria que nos da toda la vida de ventaja. Y es que todos los seres vivos, tenemos como destino final la muerte.

La OMS define la muerte como la desaparición permanente de toda evidencia de vida en cualquier momento después de acaecido el nacimiento. Luego entonces, podemos concluir que hemos nacido para morir.

Les comparto algunos datos interesantes:

En promedio, las células de tu cuerpo son reemplazadas cada 7 a 10 años. Pero no todas tienen los mismos ritmos vitales, es decir, algunas viven unas pocas horas mientras que otras, varias décadas.

Las células cerebrales y las células de lentes oculares (ojos) viven toda tu vida, por lo que no se regeneran. Los óvulos tienen una vida de 50 años. Las células del músculo cardíaco hasta 40 años. Las células intestinales (excluyendo el revestimiento) viven un poco más de 15 años al igual que las células del músculo esquelético. Las células grasas tienen una vida de 8 años. Las células madre hematopoyéticas (que forman la sangre en la médula espinal) viven 5 años. Las células hepáticas del hígado viven entre 10 a 16 meses. Las células del páncreas tienen una vida de 1 año.  Los neutrófilos que son parte de los glóbulos blancos (leucocitos) tienen una vida promedio de 2 días a diferencia de los 120 días que duran vivos los glóbulos rojos. Los osteocitos que son células del hueso, tienen una vida media de 25 años.

Como podemos observar, todos los días nuestro cuerpo sufre muertes en sus diferentes componentes, así como también la formación de nuevas células, procesos que pueden ser afectados por enfermedades.

Es por tal motivo que la muerte forma parte de nuestra vida y, aunque nadie sabe el día ni la hora, la muerte nos acompaña en todo momento.

Es un evento inevitable al que estamos expuestos tarde que temprano. Por tal motivo, debemos estar alertas y preparados para postergar este hecho natural, a fin de que cuando llegue el momento, lo recibamos de la mejor manera.

Para eso, necesitamos prevenir la aparición de enfermedades que aceleren el suceso de muerte.

Esta prevención la debemos realizar con hábitos de vida saludable, como lo son llevar una dieta balanceada y hacer ejercicio aeróbico, de tal manera que estas prácticas nos permitan estar en un peso ideal. Aunado a ello, evitar el uso de sustancias como alcohol, tabaco u otro tipo de drogas que deterioran nuestro cuerpo.

Así mismo, debemos respetar el proceso natural de la reparación del cuerpo, mismo que se produce por las noches, por lo que dormir es fundamental y se trata de una necesidad fisiológica esencial para la salud.

Las personas que pasan mala noche y usan drogas o sustancias nocivas para el cuerpo, tienen un tiempo de vida menor en relación a quienes no las usan.

De igual forma, la exposición a agentes tóxicos, cancerígenos o contaminantes aceleran el proceso de muerte que vivimos día con día.

Sin embargo, saber que vamos a morir no significa rendirnos antes de dar la batalla, ya que tenemos que pensar que tipo de muerte deseamos tener.

Cierto que el momento de nuestro deceso es impredecible, pero pensando en una muerte como proceso final de vida, se debe llegar a ella con una calidad de vida que nos permita autosuficiencia y autonomía.

Pongo como ejemplo la diabetes, una enfermedad crónico-degenerativa que, por historia natural de la enfermedad, avanza dañando diferentes órganos del cuerpo hasta un proceso de degeneración en el cual dejan de funcionar. Es así como se presentan la ceguera, los problemas cardiacos y renales, la mala circulación, la afección del sistema neurológico y otras afecciones que condicionan que el enfermo fallezca después de sufrir dolorosas e incapacitantes molestias.

Cuando las complicaciones de las enfermedades crónico-degenerativas se presentan no solo afectan la salud, sino también la economía de las personas, pues incluso las que tienen el beneficio de la seguridad social que provee el gobierno, deben hacer gastos extras, muchas veces excesivos.

Algunas veces, enfermarse es inevitable a pesar de los cuidados y medidas preventiva que se realicen en el día a día, pero es precisamente el estar acostumbrados a estos cuidados los que permiten a los pacientes un apego a los cuidados no farmacológicos, que en consecuencia permiten postergar las complicaciones propias de la enfermedad.

El saber que vamos a morir en algún momento no nos debe permitir pensar que de nada sirve cuidarnos pues al final todos tendremos el mismo final, puesto que, al morir, también afectamos de manera directa o indirecta a las personas que forman parte de nuestro grupo familiar, situación que se torna más delicada cuando dependen económicamente de nosotros.

Así que, nadie está exento del destino final que está escrito desde el momento de nacer. La diferencia estriba en que esa vida de ventaja que la muerte nos da, cada quien la aprovecha de la mejor manera que considere, aunque a veces no sea la más correcta.

Disfruta la vida, vívela intensamente, cuida de tu salud, protege a los tuyos, para que al final de tu destino, tengas la satisfacción de haber llegado al final con la satisfacción de haber sido un gran guerrero.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México a 01 de Noviembre del 2023

 

 

EDITORIALES ANTERIORES

RISOTERAPIA

¿Fiesta próxima? CARUDA Canta y Baila te pone la música




martes, 1 de diciembre de 2020

PÉRDIDAS POR EL COVID-19

Este 2020 ha sido un año que ni en la más terrible de las pesadillas hubiésemos visualizado que sucedería lo que hemos vivido.

Esta pandemia ha venido a cambiar nuestros usos y costumbres, nuestra socialización, nuestra vida en todos sus sentidos y de una forma radical.

Ha sido un año de muchas pérdidas, entre éstas, amigos y familiares que han sido vencidos por el Covid-19 al enfermarse o como víctimas indirectas al ser valientes guerreros que en su momento se enfrentaron cara a cara a esta enfermedad. 

Y es esta misma partida inesperada la que provoca en las familias un desajuste en su dinámica, generando crisis que en muchas ocasiones no saben cómo afrontar.

Ante el fallecimiento de un ser querido, en medio del dolor y de la tristeza por la pena, surge una situación que quizá en muchas familias se desconoce, como es el gasto económico que deriva de un deceso. Prueba de ello es que a los amigos y familiares se les pide colaboración para solventar los pagos que deben cubrirse en torno a la muerte del ser querido, ya que literalmente a la familia la toma por sorpresa, aunque tenga solvencia económica. Dichas circunstancias se agudizan cuando quien fallece era el proveedor de los recursos, por lo que éstos tardan en ser liberados a los deudos beneficiarios, ya sea por medio de cuentas bancarias, pensiones o seguros de vida. Durante el transcurso de esta espera la familia atraviesa una etapa crítica, pues en medio del duelo y la crisis emocional, también pasa por una grave crisis económica debido a que las cuentas por pagar no se detienen.

Como todos saben, habitualmente los temas que abordo son de tipo preventivo en materia de salud. Sin embargo, como parte de mi especialidad médica me compete tratar con mis pacientes, las crisis normativas y paranormativas en la funcionalidad de las familias. Por tal motivo, ofrezco unos consejos que permitan afrontar estos eventos adversos de la mejor manera.

Apoyo de familia y amigos.

Cuando se desconocen los trámites que se necesitan realizar ante un fallecimiento, se recomienda buscar la asesoría de algún amigo o familiar que sepa qué hacer en estos momentos.

Desafortunadamente, en momentos de crisis existe gente sin escrúpulos que se aprovecha del dolor de la familia y hace un gran negocio con la muerte.

Si existe la posibilidad, se sugiere que el beneficiario de la cuenta conozca el NIP de la tarjeta de débito y pueda hace uso de la misma en lo que se hace el reclamo. También es importante conocer qué tipo de contrato se ha realizado al abrir la cuenta.

Con respecto a las tarjetas de crédito se recomienda no hacer cargos a las mismas después del fallecimiento del titular, pues se puede incurrir en un delito.

Se debe tener en cuenta, que los gastos que genera la manutención de una familia no se detienen y en la medida posible, se deben tomar previsiones ante una situación de crisis.

Documentos oficiales

Los documentos de cada uno de los integrantes de las familias deben estar juntos, clasificados por cada miembro y en un lugar que todos conozcan.

Entre estos documentos deben estar actas de nacimiento, acta de matrimonio, documentos de identificación oficiales (cartilla del servicio militar, pasaportes, cédulas profesionales, cartas de naturalización), copias de testamento, títulos de propiedad de casa, terrenos o posesiones, facturas de vehículos y la documentación inherente.

Parece increíble, pero existen personas que no saben dónde se encuentran estos documentos en su hogar o peor aún, desconocen los aspectos legales de estas pertenencias.

Con respecto al testamento, recordemos que, en nuestro país, el mes de septiembre es el mes del testamento, lo que permite de una forma accesiblemente económica realizarlo, aunque tus bienes sean pocos, evitando dejar problemas como herencia a tu familia.

Seguros 

La mayoría de los trabajadores sindicalizados y una cantidad menor de los no sindicalizados, cuentan con seguros de vida.

Algunos seguros incluyen pago de gastos funerarios además del beneficio económico que se otorga a los beneficiarios. Por tal motivo, es necesario conocer por todos los miembros de la familia que incluyen estos seguros, que documentos se necesitan para hacer su reclamo y en donde se puede hacer esto.

Los deudos, pueden asesorarse con compañeros de trabajo del fallecido, sus líderes sindicales o incluso con el agente de seguros que les ha vendido estos productos. También se puede pedir asesoría a abogados expertos en este tipo de situaciones, aunque esto tiene un costo por los servicios profesionales que se realicen.

Pensión 

En México, cuando el que fallece es el asegurado a alguna dependencia de salud gubernamental, hereda una pensión para la esposa o esposo, así como para los hijos menores de edad. Esta pensión consiste en una percepción económica mensual que dependerá de la antigüedad del trabajador e incluye atención médica para los beneficiarios, por lo que se deben hacer una serie de trámites que permitan disfrutar de este beneficio social.

De ahí la importancia de tener a la mano los documentos previamente mencionados.

Cuando se tienen hijos con algún tipo de incapacidad que les impidan el autocuidado o autosuficiencia, estos pueden recibir una pensión permanente por lo que se recomienda hacer con tiempo los trámites necesarios para obtenerla.

Y así como estos consejos, la familia se puede reunir y plantear estrategias que permitan solventar crisis. No es un tema fácil, pues significa hablar de la muerte de alguno de los miembros, sin embargo, es importante abordarlo, conocer lo necesario y estar preparados, formando redes de apoyo y también estando capacitados para desarrollar roles emergentes, como cuando la madre o alguno de los hijos adquiere la responsabilidad de ser el proveedor.

La familia en los momentos de crisis se debe fortalecer más y permanecer unida.

Aprovecho el presente escrito para desearles que tengan un buen fin de año, en compañía de sus seres queridos y con el deseo ferviente que el año venidero sea mejor en todos los aspectos. Así mismo, envío un fuerte abrazo y mis condolencias a todos aquellos que han tenido una pérdida en este tiempo de pandemia.

 

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas 

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. Diciembre del 2020


EDITORIALES ANTERIORES

RISOTERAPIA

¿Fiesta próxima? CARUDA Canta y Baila te pone la música




 

lunes, 1 de junio de 2020

NUEVA NORMALIDAD: COVID-19


Les comparto que desde hace mucho tiempo no había experimentado tanto temor como el que ahora me embarga ante la inminente llegada de la NUEVA NORMALIDAD como se le ha denominado al permiso que tendrán los ciudadanos de mi país, México, para salir de su confinamiento por la pandemia de COVID-19 en una etapa de contagio demasiado alta.

Durante estos casi tres meses de confinamiento, en los cuales por mi profesión he tenido la necesidad de salir a trabajar como personal del área de salud, he experimentado sentimientos encontrados de enojo y conmiseración al ver en la calle a personas en solitario o en grupos, que sin el menor cuidado preventivo no llevan cubrebocas o están realizando actividades recreativas. Es cierto que hay personas que por necesidad tienen que salir a realizar actividades económicas que les permita el sustento de sus familias, pero algunos de ellos sólo usan el cubrebocas como un requisito y no para protegerse o proteger a los demás. Lo tienen en el cuello, con la nariz descubierta, en la cabeza como diadema o peor aún en la bolsa del pantalón y al momento de estar cerca de otra persona o entrar a un establecimiento, se lo colocan sin el menor cuidado, contaminándose y esparciendo así a través de sus manos el virus por donde tocan.

Hay también personas “valientes” que piensan que no pasa nada, que esto es una mentira de la globalización o del gobierno, que es una conspiración, que no se tiene suficiente fe o confianza en Dios y bajo estos argumentos deambulan por todos lados como si nada sucediera a su alrededor, comportándose a mi juicio, de forma criminal, pues quien causa la muerte a otras personas se les llama asesinos.

Y es que a pesar de lo que hemos vivido hasta ahora, hay gente que no entiende la gravedad de la situación, y creen en la existencia del COVID-19 hasta que alguien cercano a ellos enferma o incluso muere, haciendo caso omiso a la gran cantidad de información que se recibe todos los días en los diferentes medios, en los cuales se mencionan cifras elevadas de infectados y muertos. Pero desafortunadamente, en ese proceso de creer o reconocer realmente la presencia de la enfermedad, los incrédulos se han convertido en fomites (objeto que contamina o esparce un patógeno) andantes, que han llevado la enfermedad por todos lados, afectando a los más vulnerables de nuestra sociedad.

Aun sigo viendo en la calle gente abarrotando el transporte público, gente que sale a los parques y avenidas a hacer ejercicios formando grandes grupos, existen grandes filas para comprar bebidas alcohólicas, o comida rápida en días festivos como lo fueron el 30 de abril, día del niño o el 10 de mayo, día de la madre. Lo que no saben esas personas y no dicen las autoridades, que unas 2 semanas después de esos eventos, los médicos observamos un incremento en el número de personas infectadas y en el número de muertos.

Ahora, con el arranque de la NUEVA NORMALIDAD, se dará luz verde a todas esas personas que antes no se cuidaban para que salgan a la calle haciendo como que se cuidan y de esta manera propagar la enfermedad con el riesgo de un repunte o rebrote de la infección.

Es cierto y entendible que se tiene que reactivar la economía de nuestro país, pues la gente no puede sobrevivir con una despensa cada 15 días (cuando bien les va) o con los recursos ahorrados que poco a poco ven mermándose. Y no sólo se tiene que reactivar en lo económico, sino también porque al perderse los trabajos, las personas se están quedando sin seguridad social médica, de tal manera que los pacientes con enfermedades crónico degenerativas corren el riesgo inminente de complicarse y morir al no tener su tratamiento diario, pues sin trabajo y sin dinero, es muy difícil mantener el medicamento de un paciente de este tipo comprando las medicinas.

Sin embargo, aunque es necesario, el retornar a la calle de forma precipitada es una apuesta peligrosa en la puede salir perdedor el pueblo.

Y pongo como ejemplo a la gran cantidad de compañeros del área de la salud que se han enfermado e incluso fallecido a pesar de conocer todos los protocolos de cuidado necesarios para no contagiarse (independientemente de que hayan recibido en tiempo y forma el equipo de protección necesarios). Entonces, ¿qué pasará con las personas que no saben o tienen la más mínima idea de cómo usar un cubrebocas o de realizar medidas profilácticas para el contagio?

¿Por qué nuestro país tiene una alta tasa de mortalidad (por qué se muere más gente enferma) en comparación con otras partes del mundo? ¿Será porque los médicos no tenemos las herramientas adecuadas para combatir esta enfermedad?, ¿el gobierno no está haciendo lo suficiente?, ¿la gente de nuestro país es más débil? Todos estos cuestionamientos tienen algo que ver con la alta mortalidad, pero de acuerdo a mi visión profesional y de lo que vivo en la consulta con mis pacientes, la gente tiene miedo de acudir a un hospital cuando está enferma del COVID-19, pues asocian ingreso hospitalario a muerte segura, lo cual no es real, ya que    desafortunadamente cuando acuden al hospital han dejado pasar varios días en los que la enfermedad ha evolucionado y presenta complicaciones avanzadas y difíciles de tratar. Lo cierto es que NUESTRA GENTE TIENE MIEDO DE MORIR AL HOSPITALIZARSE y este sentimiento hace que retarden acudir al hospital.

Ante esta nueva normalidad en el diario vivir, no podemos desobedecer las indicaciones de nuestras autoridades y a los que les toque salir a trabajar lo tendrán que hacer con todas las medidas preventivas posibles, siendo extremadamente cuidadosos en estas rutinas, con apego estricto a los protocolos que las empresas implementen, cambiándose de ropa, zapatos y bañándose inmediatamente lleguen a casa, evitando comer en la calle y sobre todo, creyendo que esta enfermedad si existe y que puede ser mortal para todos, pero más aún para los más vulnerables de nuestro hogar.

De valientes e ignorantes está lleno el cementerio y alrededor de su tumba, la gente que tuvo la desgracia de estar junto con ellos, víctimas de esta pandemia. Así que pensar que de algo nos vamos a morir o que es parte de una selección natural, deja de tener valor cuando la muerte es de alguien que amas.

Me disculpo por el tono de este mensaje, diferente al que acostumbro compartirles mes con mes desde hace más de 10 años, pero es desesperante para mí como médico, ver como cada semana mueren 1 o 2 personas cercanas, pacientes, amigos, colegas, compañeros de trabajo o simplemente conocidos.  Me preocupa ver que la gente no crea, no se cuide y ponga en peligro a los demás. Me angustia la angustia de las familias que tienen a uno de sus miembros infectados por COVID-19. Me duele el dolor que experimentan cuando existen fallecimientos.

Quizá resulte trillado escuchar que juntos podemos salir adelante de esta situación. Sin embargo, es mi deber como profesional de la salud insistir en que, con responsabilidad y compromiso en el bien común, unidos como sociedad podemos vencer esta pandemia, pues para cuidar mi salud debo pensar también en la salud de los demás.

Si no tienes que salir de casa, no lo hagas. Si necesitas salir, hazlo cuidándote y cuidando a los demás. No ocupes innecesariamente los servicios de salud. Si estás enfermo, acude al médico acorde a las indicaciones sanitarias actuales. Si estás sintiéndote muy mal o te das cuenta de que estás agravándote, acude al hospital, no dejes que el miedo a morir acabe con tu vida y que además contagies a otros miembros de tu familia.

El COVID-19 no es un invento y mucho menos algo con lo que se pueda jugar como en una ruleta rusa.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Junio del 2020






martes, 7 de diciembre de 2010

La Muerte

Lo único que tenemos seguro cuando nacemos es la muerte…

De algo nos tenemos que morir…

Velo y mortaja, del cielo bajan…

Cada minuto que pasa, no nos hacemos más jóvenes…

Estas aseveraciones, entre otras, son las que he escuchado a lo largo de mi quehacer profesional como médico.

Efectivamente, la muerte es un tema en el cual invariablemente estaremos involucrados de una u otra forma algún día.

Como profesional de la salud, mi contacto con la muerte ha sido necesario. Se pueden decir miles de cosas en torno a ella, pero no existe una realidad de lo que sucede después de este proceso fisiológico. Todo lo que se comente con respecto a lo que sucede más allá de la muerte, irá en relación a la creencia, a la religiosidad, al entorno social, a la cultura. Sin embargo, he tenido experiencias bastante fuertes de personas que en medio del sufrimiento que les causa la enfermedad, piden por piedad morir.

Pero la pregunta es: ¿Estás preparado para la muerte?

De lo menos que hablan las personas jóvenes (incluso, aunque estén enfermas) es de la muerte. Muy pocos hablan de esto con su familia, con sus seres queridos. Grave error, pues al ser la muerte un proceso inminente en nuestra vida, se debería tener en cuenta.

Todos los días, sufrimos la muerte de miles de células, claro que también tenemos la formación de otras. De tal forma, que la muerte es un proceso en el cual ya estamos inmersos.

Cuando tenemos una vida disipada, cuando comemos mal y en exceso, cuando no realizamos ejercicio, cuando ingerimos sustancias nocivas como el alcohol, tabaco y otras drogas, estamos acelerando nuestro proceso de muerte. Y en muchas ocasiones, una muerte muy dolorosa.

Pero el ser humano, al ser un ente biopsicosocial (compuesto por la interacción de lo biológico, lo psicológico y lo social), no solo muere biológicamente, también muere en sus relaciones afectivas y sociales.

Les comparto un caso que recientemente tuve en mi consulta:

Panchita (nombre ficticio) de 35 años de edad, de oficio camarista de un hotel, madre de 3 hijos de 18, 11 y 5 años de edad, llega a la consulta muy preocupada por que su esposo le reclama que no lo quiere, pues en la noche, ella no accede a tener relaciones sexuales. Ella ha comentado este suceso a sus compañeras de trabajo quienes le dicen que a lo mejor es su menopausia, comentario que la preocupa aun más. Después de una revisión médica exhaustiva, solo se le encuentra sobrepeso. Sin embargo al hacer un análisis del diario vivir de Panchita, encuentro que trabaja en la Riviera maya, por lo que todos los días se levanta a las 04:00 am, prepara el desayuno y lo necesario para la escuela de sus hijos, prepara el lunch de su esposo y corre apurada su trabajo. De su trabajo retorna a Cancún a las 17:00 hrs pues tiene que esperar el transporte laboral. Llega a casa, atiende los pendientes de la casa, ayuda a sus hijos con la tarea, prepara la cena y termina sus quehaceres. Su esposo, llega de trabajar a las 19:00 hrs, cena y se sienta a ver televisión, en lo que ella está apurada lavando los trastes y preparando la comida del día siguiente. Cuando va a su cuarto, su esposo ya está acostado viendo televisión. Y es justo en este momento cuando inician los problemas maritales.

¿Qué es lo que sucede? Panchita tiene en un trabajo muy demandante, llega a casa a seguir trabajando, sus hijos y su esposo no la ayudan, ya tiene tiempo con esta dinámica de vida que ha generado en ella un cansancio crónico de tipo físico y mental, acumulándosele rencor (aunque no lo manifieste), luego ¿vida marital? Para nada, lo que quiere es dormir, y no porque la menopausia esté generando una disminución de su apetito sexual (a esta edad sería muy raro que ella tuviera menopausia), lo que ella tiene es que está cansada. Consciente o inconscientemente, la familia de Panchita la está dejando morir, pues olvidan las redes de apoyo familiar y toda la responsabilidad se está concentrando en un solo miembro de la familia.

Así es como muere una relación de pareja. Este es uno de los problemas que pueden generar una crisis familiar.

Cuando nos enfermamos, entramos a un proceso de muerte, pues la pérdida de la salud generan etapas de duelo: Negación, Rencor, Depresión, Aceptación. Las etapas de duelo no solo son para la muerte, son para cualquier pérdida: de salud, material, social, familiar, laboral. En algunas de las primeras etapas procedemos a aislarnos como parte de un proceso de autodefensa, aislamiento que no ayuda en el desarrollo de las etapas del duelo.

Es increíble ver como personas que son exitosas, aun no superan las etapas de duelo por la pérdida de alguno de sus seres queridos. Hagamos el ejercicio de recordar aquella parranda en donde vimos a uno de los comensales al calor del licor, y libre de inhibición, recordar al ser querido y seguir llorando por su pérdida. O aquel aniversario o melodía que es capaz de desencadenar nuevamente el dolor por la pérdida del ser querido.

Los adultos no sabemos hablar de la muerte, porque de niños nunca nos hablaron de ella, argumentándose que era cosa de adultos. Y sólo cuando te enfrentas a un proceso de pérdida es cuando entonces se habla de la muerte, pero cayendo en el circulo vicioso de no hablar de esto con los menores.

Siempre será más doloroso la pérdida de un ser querido que inesperadamente fallece, la muerte de un niño o de un joven, las muertes que se producen por accidentes. En cambio, las muertes que van precedidas de un proceso de dolor crónico o problemas de salud prolongados, son un alivio (en algunas ocasiones) para las personas que han vivido de cerca ese sufrimiento, no así para las personas que aunque sabían de este sufrimiento, se encontraban lejos y no lo vivían día con día junto con el enfermo. O también está el caso de aquellos que han tenido diferencias que los ha distanciado y que el tiempo se les acaba sin tener la oportunidad de arreglar estos problemas.

De igual forma, no podemos pasar por alto otros problemas que se pueden presentar con una muerte inesperada: económicos, legales, civiles, sentimentales, etc. Les aseguro que han conocido casos de intestados que se vuelven litigios legales interminables en los cuales salen con más ganancias los abogados, o aquello que tenían una doble vida y que al momento de fallecer sale a flote todo lo oculto, así también como la situación económica que se deja al cónyuge cuando no se ha previsto el futuro, la vejez, el retiro.

Después de la última etapa de duelo, caemos en un olvido hacia la muerte. Grave error, pues muchas veces la muerte nos puede dejar enseñanzas: cuidados preventivos en nuestra salud cuando el difunto falleció por una enfermedad que como descendientes podemos padecer (como el cáncer, la diabetes o los problemas cardíacos), accidentes en los cuales se encuentre involucrado el alcohol, etc.

Es importante hablar de la muerte como un proceso natural de vida, estar preparados, hablar de esto con nuestros seres queridos, para ayudarlos así a superar las etapas de duelo y las situaciones legales que se generen. El que menos problemas tiene en un fallecimiento, es el difunto. Por eso, no dejemos problemas a nuestra familia y preparémonos para lo único que tenemos seguro al momento de nacer: la muerte, que espero sea lo más lejano en tu etapa de vida.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Cancún, Q. Roo, México. Noviembre del 2010.

www.cbaquedano.com.mx