lunes, 1 de octubre de 2018

VEJEZ

Una de las etapas de vida a la que no todos los seres humanos llegan es la vejez. También conocida como ancianidad, senectud o etapa del Adulto Mayor o tercera edad.

Es común que las personas empleen como sinónimo el concepto  de anciano y senil, aunque no son iguales, ya que el anciano o adulto mayor es todo ser humano a partir de los 60 o 65 años según el país en donde viva, mientras que la senilidad es un estado patológico en el cual el ser humano ha perdido en mayor grado las facultades físicas, sociales, intelectuales o psicológicas que debe tener de acuerdo a su edad.

En algunas culturas, los ancianos son un elemento muy importante en sus estratos sociales, respetados y cuidados al grado tal que son los encargados de tomar las mejores decisiones o emitir consejos para el adecuado funcionamiento de las comunidades.

En los países industrializados, el anciano pasa a ser una carga para el resto de la de la familia y la sociedad, pues al haber perdido capacidades físicas dejan de ser altamente productivos, por lo que se van rezagando en la cadena de producción de bienes e insumos. 

De igual manera, esta disminución en las actividades físicas genera necesidad de atención y apoyo por parte de los más jóvenes de la familia, quienes al encontrarse en una edad altamente productiva, no tienen tiempo o posibilidad de otorgar estos cuidados que los adultos mayores necesitan. Es así cuando la vejez se convierte en una carga para los demás miembros de la familia.

De acuerdo a cifras otorgadas por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), en México, la esperanza de vida ha aumentado considerablemente; en 1930 las personas vivían en promedio 34 años; 40 años después en 1970 este indicador se ubicó en 61; en el 2000 fue de 74 y en 2016 es de 75.2 años. Al 2010 este indicador fue de 77 años para mujeres y 71 para los hombres, en 2016, se ubicó en casi 78 años para las mujeres y en casi 73 años para los hombres.

Este envejecimiento de la población significa también mayores cargas para las instituciones de salud públicas así como para las familias que tienen integrantes longevos.

Los adultos mayores, son ancianos pero no tontos, y se dan cuenta de la violencia a las que se les somete cuando se les trata como una carga pesada o como algo estorboso. Este fenómeno recibe el nombre de VIOLENCIA SENIL y es un gran problema contemporáneo y adquiere importancia porque en algún momento de su vida, las personas geriátricas son víctimas de este tipo de violencia, misma que se manifiesta de forma física, emocional, económica, verbal e incluso sexual.

En consecuencia, el anciano al darse cuenta de su condición, cae en un estado depresivo como consecuencia de no poder  defenderse y a la vez tener que ser dependiente del resto de la familia. También, este es un fenómeno que adquiere dimensiones interminables, pues es una silente enseñanza a los niños con respecto al trato que reciben los ancianos por parte de sus familiares, creando así un patrón de conducta repetitivo.

Sin embargo, esta situación no se puede generalizar. Existen familias en las cuales los adultos mayores son una gran fortaleza y apoyo. Abuelos que cohabitan con sus hijos y comparten obligaciones en las labores del hogar, el cuidado de los nietos e incluso son un gran soporte para la economía familiar cuando han logrado un buen estatus económico o una pensión que alcance para vivir digna y decorosamente. Todo va a depender de la capacidad física o psicológica de los adultos mayores. A su vez, se da el caso de familias con alto sentido humanista que atienden a sus ancianos con amor, paciencia, cariño y respeto a  la dignidad de los mayores.

Habitualmente en estas familias existe un patrón de conducta generacional que propicia se repita de forma cíclica el cuidado de los ancianos. Son gente buena, con altos valores y principios, que fueron criados por buenos padres, quienes a su vez enseñaron  tácitamente el cuidado a los adultos mayores.

Con respecto a este tipo de familias, sucede un fenómeno recurrente: Se deja toda la carga del familiar senil (el que ya tiene problemas de salud) en un solo miembro de la familia. Esto a la larga puede causar estrés en el cuidador y condicionar VIOLENCIA SENIL en el anciano.

Desde que nacemos, por un proceso natural, empezamos a envejecer. Sin embargo, el ser humano en muy pocas ocasiones piensa en su ancianidad. Bajo la premisa de que nadie tiene la vida asegurada, muchos se dedican al hoy sin tomar acciones previsoras para el día de mañana.

No se piensa que en algún momento seremos adultos mayores, que nuestra vitalidad disminuirá y que no podremos obtener recursos económicos con facilidad. Que el cuerpo envejecerá y que dependiendo de nuestros antecedentes patológicos heredofamiliares y del cuidado que le otorguemos a nuestro organismo desde las etapas tempranas de nuestra vida (niñez, adolescencia y adultez) tendremos en consecuencia un estado de salud que nos disminuya aún más esa capacidad económica, nos generará gastos por la compra de insumos (medicamentos, ropa y calzado especiales, pañales, aparatos ortopédicos, etc.)

Son los excesos y las condiciones de vida los que dañan de una forma más rápida el estado de salud del ser humano. Los más comunes son los malos hábitos alimenticios que generan obesidad o desnutrición, el consumo de drogas permitidas (tabaco, alcohol) o no permitidas, el sedentarismo, el ejercicio mal realizado, el tipo de actividad laboral realizada, enfermedades crónicas desde tempranas etapas de vida. Todo lo sembramos en nuestro cuerpo lo cosechamos tarde que temprano. Si tenemos una vida metódica, tendremos una vejez saludable como consecuencia.

Los ancianos son parte de nuestra vida, de nuestro desarrollo, de nuestra historia. Como parte del rol familiar es importante cuidarlos, protegerlos, amarlos. Es una enseñanza a nuestros hijos que el día de mañana tendrán está encomienda, misma que realizaran como les enseñemos hacer.

Si tus familiares ancianos viven solos, no les llames preguntando ¿necesitan algo? Recuerda que aunque mayores, tienen dignidad y probablemente te dirán que no necesitan nada. Visítalos con frecuencia, háblales por teléfono todos los días, escucha pacientemente sus repetitivas historias. No les condiciones el apoyo como cuando les das dinero diciendo: pero no se lo vayas a dar a mi hermano o hermana. Si ya se lo obsequiaste, qué importa a quien ellos se lo den.

Hace unos días, una paciente adulto mayor que vive sola me confío en el desarrollo de su consulta que lo que más le alegraba era escuchar la voz de sus hijos al llamarle. Sin embargo, a veces pasaban días sin que el teléfono suene, lo que le hacía pensar si los creció de forma correcta o qué hizo mal para que sus hijos se olviden de ella.

Termino el presente escrito citando unas palabras de mi difunto padre quien me decía: cuando quieras demostrar amor a alguien, en vida hermano, en vida. De nada sirve llorar sobre un ataúd diciendo te amo, perdóname. Es en vida hermano, en vida.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo México. Octubre del 2018

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sábado, 1 de septiembre de 2018

CALVICIE

Para la gran mayoría de la personas la pérdida del cabello es un problema con tintes de tragedia. Sin embargo, la alopecia o calvicie es algo que inevitablemente tenemos que afrontar los seres humanos conforme vamos envejeciendo. Situación que es más común en los varones aunque se puede presentar en ambos géneros.

La pérdida de cabello puede afectar la autoestima del individuo y de igual forma es víctima de Bullyng o chistes de mal gusto. Por tal motivo, se recurre a cuanto remedio casero o plan terapéutico se tenga acceso para evitar la caída del cabello o la recuperación de este.

¿Para qué le sirve el cabello al ser humano?

El pelo de la cabeza mantiene el calor corporal de esta y le proporciona al cráneo cierta protección contra los golpes. Los rubios y pelirrojos tienen menos pelo que aquellos que lo tienen oscuro. Mientras más color tenga el cabello, más pelo se tiene.

En la cabeza hay alrededor de 75,000 a 150,000 cabellos, aproximadamente de 250 pelos por centímetro cuadrado en el cuero cabelludo. Cada día, perdemos entre 50 y 80  cabellos que son sustituidos por nuevos cabellos, con una vida media entre los 2 y los 7 años. Cada folículo piloso produce un cabello nuevo que crece en ciclos sucesivos antes de caerse.

El ciclo de vida del cabello se divide en tres fases: Anágena, Catágena y Telógena.

Cada cabello crece de un folículo piloso y cada folículo piloso tiene su propio ciclo de vida. Esto significa que cada cabello crece independiente del resto de cabellos. Si todos los folículos pilosos estuvieran sincronizados, el cabello crecería o se caería al mismo tiempo. 
El periodo en el que el cabello crece se llama fase Anágena. Dura de 1 a 4 años y el crecimiento aproximado del pelo es de 1 cm por mes. Este dato es importante, pues nos permite calcular en enfermedades como la pediculosis, cuánto tiempo se lleva de infestación. El piojo deposita sus huevos (liendres) al ras del cuero cabelludo, y si existe una distancia de 1 cm entre la liendre y el cuero cabelludo podremos deducir que lleva aproximadamente 1 mes de infestación.

Existen casos en los que se ha reportado que el cabello sigue creciendo en las personas fallecidas, pues al momento de exhumarlos se observa más cabello  que al momento de enterrarlos ¿Esto es real? La respuesta es no y la explicación es la siguiente: Al morir, las células del cuerpo se deshidratan y poco a poco se van deshaciendo, por lo que el pelo enterrado en el cuero cabelludo queda expuesto y asemeja un crecimiento del mismo. De tal manera que el pelo no crece después de la muerte. Misma situación se puede aplicar a las uñas.

La segunda fase se llama fase Catágena,  dura de 2 a 3 semanas. Es el final de la fase de producción de la fibra capilar. En esta etapa el cabello deja de crecer y permanece en esta fase durante unas semanas antes de pasar a la siguiente fase.

La fase Telógena, que corresponde al periodo de descanso. En esta etapa, cabello ya no crece pero permanece unido al folículo durante aproximadamente 3 meses. Después de este periodo, el pelo se cae cuando nos lo lavamos o lo cepillamos. 

Existen varios tipos de alopecia:

-ALOPECIA ANDROGÉNICA O ANDROGENÉTICA. Es la más común de todas, suele presentarse en los varones (aunque también lo pueden sufrir mujeres) y su causa está en la acción agresiva de la hormona dihidrotestosterona, que se traduce en el daño de los folículos responsables del crecimiento del cabello, lo que debilita a estos folículos los cuales producen menor cantidad de cabello y a su vez, de menor calidad.

Quienes padecen alopecia androgénica ven cómo sus cabellos son cada vez más delgados y débiles, hasta que los folículos terminan por desaparecer. Si bien el proceso puede comenzar incluso en la adolescencia, los efectos de la calvicie comienzan a ser notorios a partir de los 30 o 40 años de edad, aunque varones con predisposición genética se salvan. Esto quiere decir que si tú en familia existe calvicie, en algún momento de tu vida, padecerás esta situación.

-ALOPECIA DIFUSA. Es originada por la pérdida progresiva y generalizada del cabello que no llega a producir calvicie total Es causada por mala alimentación o enfermedades así como por el uso de medicamentos citotóxicos como lo son los utilizados en la quimioterapia.

-ALOPECIA AREATA. Se caracteriza por la pérdida del cabello en forma de parches redondos. No tiene una causa exacta pero se trata de una inflamación del área del folículo piloso.

-ALOPECIA CICATRICIAL. Es la calvicie que se produce como resultado de la malformación, daño o destrucción de los folículos pilosos

-ALOPECIA TRAUMÁTICA. Es causada por traumatismos físicos. Vienen provocadas por someter al cabello a tracciones repetidas o peinados tensos como trenzas o moños, entre otros.

-FOLICULITIS DECALVANTE. Es una inflamación destructiva y supurativa que se caracteriza por la aparición de brotes de pústulas que se extienden progresivamente de un cabello a otro a lo largo del cuero cabelludo.

Existen mitos como aquel que dice que el que usa gorros o sombreros de forma frecuente pierde rápidamente el cabello, también se dice que cortarse el cabello sirve para que te salga más, pero como mencioné, son solo mitos.

Luego entonces, ¿Qué podemos hacer?

Desafortunadamente la calvicie es un camino a donde la gran mayoría llegaremos tarde o temprano, unos más que otros. Sin embargo es válido utilizar todos los remedios que se encuentren a nuestro alcance pero evitando ser víctimas de charlatanes y remedios milagro.

De todos los tratamientos existentes, el único que realmente funciona es el injerto quirúrgico del cabello, pero tiene el inconveniente de que es muy costoso. Así que lo más recomendable es acudir con un dermatólogo quien individualizará a cada paciente y en consecuencia elegirá el tratamiento más adecuado.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo. Septiembre del 2018.

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miércoles, 1 de agosto de 2018

INFLUENZA



La INFLUENZA es una enfermedad viral febril aguda que afecta principalmente la nariz, la garganta, los bronquios y ocasionalmente los pulmones. Es llamada también Gripe Rompe-huesos o Gripe Estacional (se presenta en Otoño-Invierno) aunque pueden existir brotes en cualquier época del año.

Existen 4 tipos de virus de la Influenza: Tipo A, Tipo B, Tipo C y Tipo D. Los tipo A y B son los causantes de las epidemias estacionales. 

La Influenza A es causada por una familia de virus llamada Orthomyxoviridae. Estos virus, año con año mutan (cambian su estructura genética) por lo que la enfermedad se repite en forma cíclica, de tal manera que es necesario vacunarse cada año.


Los síntomas que observamos en la Influenza son:

-Fiebre de aparición súbita, mayor 38 grados celsius, la cual es de difícil control.

-Dolor de cabeza intenso, con la sensación que la cabeza te va a reventar.

-Dolores musculares, especialmente en espalda, brazos y piernas. El paciente se siente débil y con dolor para moverse.

-Escalofríos y sudoración.

-Estornudos frecuentes acompañados de rinorrea (flujo nasal) la cual es hialina (transparente).

-Tos persistente y seca, algunas veces en forma de accesos.

-Dificultad para respirar. El paciente siente falta de aire, lo que condiciona que respire muy rápido (taquipnea).

-Dolor de garganta (odinofagia) con la sensación de que no se puede deglutir (tragar) alimentos e incluso líquidos.

-Diarrea, la cual es transitoria y se autolimita (se quita sola). También se pueden presentar vómitos.

La influenza dura aproximadamente una semana y la intensidad de sus síntomas va a depender de la virulencia (cantidad de virus en el organismo), las condiciones inmunológicas del paciente y su estado de salud previo.

En la mayoría de las personas, la influenza desaparece sola. Sin embargo, cabe destacar que dicho  padecimiento,  tanto en el curso normal  de su misma evolución, así como en las complicaciones que pudieran derivarse de ello,   puede resultar mortal si no se le da el seguimiento y atención adecuados. Entre las personas con mayor riesgo de presentar complicaciones de la influenza se incluyen:

-Niños pequeños, de menos de 5 años y, en particular, aquellos menores de 2 años

-Adultos mayores de 65 años

-Residentes de casas de reposo y otros centros de atención médica a largo plazo

-Embarazadas y mujeres puérperas hasta las dos semanas después del parto

-Personas con el sistema inmunitario debilitado

-Personas que padecen enfermedades crónicas, como asma, enfermedades del corazón, enfermedades renales y diabetes

-Personas muy obesas, cuyo índice de masa corporal (IMC) es igual a 40 o mayor

La complicación que con mayor frecuencia se presenta es la Neumonía, la cual es la causa más común de las defunciones de los pacientes que han padecido influenza.

Esta patología pone nerviosos a los médicos y a la población en general cuando se hace presente en forma masiva, con un gran número de pacientes hasta el grado de convertirse en epidemia. Sin embargo, a pesar de que puede ser una enfermedad peligrosa e incluso mortal, es importante no caer en pánico. Por tal motivo es importante no automedicarse y mucho menos tomar antibióticos.

Es inadecuado tomar antivirales y antibióticos por presentar síntomas iniciales de influenza. Esta decisión terapéutica únicamente la utilizan los médicos en hospitales en casos de Neumonias de tipo mixto (virus con bacterias).

El tratamiento antiviral no se da a todos los pacientes que padecen influenza. El antiviral se debe otorgar a las personas con mayor riesgo de presentar complicaciones.

El Oseltamivir es en la actualidad el tratamiento de elección para la Influenza, y como ya he mencionado, este medicamento únicamente debe ser recetado por un médico. Existen también otro tipo de medicamentos como el Zanamivir y Peramivir que también pueden ser utilizados. Este último no se encuentra disponible en México. 


Con respecto a las vacunas, las compañías que las fabrican cultivan las cepas que produce la enfermedad en el año para fabricar las vacunas que se aplicaran el próximo año, de tal manera que las vacunas, no son molecularmente idénticas cada año. Por tal motivo, la vacunación debe ser anual, en especial para los grupos con factores de riesgo para  complicaciones previamente mencionados y al personal de salud.

En la actualidad, las vacunas se cultivan utilizando  huevo de gallina, por lo que las personas que son alérgicas al huevo no se deberán aplicar esta vacuna.

En las redes sociales se han difundido rumores sobre que las vacunas aplicadas por el gobierno no son ciertas, que sirven para control de natalidad y otra serie de falsedades que no tienen un fundamento científico. La Influenza es real y las vacunas ayudan, pues aunque es posible que a pesar de haberte vacunado sufras la enfermedad (recordemos la mutación del virus), el estar vacunados puede disminuir de forma importante el riesgo de una epidemia. Tenemos la obligación de vacunarnos.

Pero si a pesar de cumplir con la vacunación, la enfermedad se hace presente, existen una serie de medidas que debemos realizar para evitar el contagio de las personas que están a nuestro alrededor:

-Lavar las manos con agua y jabón de forma frecuente. El gel alcoholado puede ser una opción, pero es preferible el agua y el jabón. De igual manera se debe evitar el saludo de manos.

-Cubrir la nariz y la boca con un pañuelo (preferentemente desechable) al momento de toser o estornudar. Después de su uso, este pañuelo se debe desechar.

-El uso de cubrebocas es una excelente medida preventiva. El modelo N95 es el más seguro, sin embargo se ha demostrado que hasta un simple cubrebocas desechable puede ser de gran utilidad.

-La saliva viaja a través del estornudo o la tos hasta un metro de distancia, por tal motivo no se debe toser frente una persona. Así mismo, los besos, los abrazos pueden facilitar el contagio.

-La ropa contaminada, los cubrebocas, los pañuelos, deben ser manejados para su desecho o lavado según sea el caso con mucho cuidado.

-El virus puede sobrevir en el medio ambiente hasta una hora en las gotas de saliva que se expulsan al toser o estornudar, por lo que la manipulación de objetos contaminados puede ser fuente de contagio. Como ejemplo teléfonos celulares, Tablet, teclados de computadoras, manijas de puertas, llaves de lavabo, asas o agarraderas de muebles como los refrigeradores u hornos de microondas, controles remotos, juguetes y cualquier objeto que pueda estar expuesto.

Los virus de la influenza se destruyen en temperaturas superiores a los 75 grados Centigrados.

Los productos de limpieza del hogar comunes también pueden matar los virus de la influenza, incluidos los productos que contienen: cloro, peróxido de hidrógeno, detergentes (jabón), yodóforos (antisépticos a base de yodo), alcoholes. Los aerosoles y sustancias antisépticas embotelladas para aplicación directa pueden ser una buena opción.

En síntesis, la Influenza es una enfermedad a la que todos estamos expuestos, misma que puede ser mortal en grupos vulnerables y la cual se debe dejar para la atención por los médicos. El cuidado de la salud es un compromiso compartido.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Quintana Roo, México. Agosto del 2018

Bibliografía:




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lunes, 2 de julio de 2018

INYECCIONES: MÉTODO DE TORTURA


¡Pórtate bien o te llevo con el doctor para que te inyecte! ¡No escupas la medicina o le voy a decir al médico que te dé inyecciones! ¡No andes sin zapatos o te vas a enfermar y seguramente te van a recetar inyecciones! ¿Les recuerda algo esto?

No puedo evitar una sonrisa al recordar las muchas veces en que he escuchado estas amenazas de los padres a sus hijos. Incluso en mi infancia, mi mamá me sentenció con alguna de estas expresiones.

Luego entonces, si desde pequeños nos amenazan con inyectarnos como una forma de limitarnos nuestras travesuras infantiles, es inevitable tener miedo a las temidas inyecciones.

Cuando nacemos, entre las primeras cosas que recibimos como regalo por llegar este mundo, se encuentra la vacuna de la BCG (Bacillus de Calmette y Guérin, más conocida por su sigla BCG, que es la vacuna contra la tuberculosis), la cual se administra por medio de una inyección y muchas veces, nos despedimos de esta vida con inyecciones.

Es importante saber, como parte del conocimiento general, que existen diferentes tipos de inyecciones,  mismas que a continuación les describo:

Intramuscular: Se conocen como IM y se llaman así porque las agujas hipodérmicas tienen un largo especial que atraviesa piel, tejido celular subcutáneo hasta llegar al musculo en donde se deposita el medicamento. Un ejemplo de este tipo de inyecciones, son las penicilinas procainicas, las benzatínicas, las cefalosporinas intramusculares, los aminoglucósidos y las vitaminas. El hierro es una de las sustancias que se deben aplicar de manera IM PROFUNDA utilizando la técnica ZETA al momento de la aplicación, con la finalidad de evitar que se manche la piel. Las inyecciones intramusculares se pueden aplicar en los glúteos o nalgas en el cuadrante superior externo y en la región del hombro a nivel del músculo Deltoides. Es importante que antes de aplicar la inyección, lavarse las manos, usar una torunda con alcohol o toallita alcoholada para limpiar el sitio de la inyección de arriba hacia abajo, levantando la mano antes de repetir el movimiento. No se debe frotar con la torunda. Inmediatamente que se retire la aguja, se debe presionar con firmeza el punto de la inyección por unos segundos utilizando la torunda o toallita alcoholada. Cabe hacer énfasis que no es correcto aplicar una inyección intramuscular de pie, pues se puede producir una reacción vagal que condicione un desmayo y que se provoque una lesión grave por la caída. Las inyecciones intramusculares, en especial las del glúteo, se aplican en decúbito prono (acostados boca abajo) y preferentemente por otra persona. No se debe autoaplicar.

Una inyección intramuscular mal aplicada puede provocar lesiones del nervio ciático, abscesos o induraciones dolorosas.

Intravenosas: Conocidas como IV. Se llaman así porque las sustancias se administran directamente en las venas a través de  una aguja hipodérmica. Se deben aplicar de forma muy lenta para evitar que la vena se colapse o rompa, así como es necesario  diluirlas para evitar ardor al momento de la aplicación o que las venas se inflamen posteriormente, situación conocida como flebitis. También se pueden presentar reacciones vagales que provocan desmayos o hipotensión arterial. Este tipo de inyecciones, deben ser aplicadas únicamente por personal capacitado.

Subcutáneas: Las inyecciones subcutáneas (por sus siglas SC), son inyección que se aplican por debajo de la piel. Son poco dolorosas y esto va a depender del líquido que se administre. Su utilización es común por el uso de insulina en los pacientes diabéticos.

Intra-articular: Este tipo de inyecciones son usadas para llegar directamente a las articulaciones inflamadas o dolorosas, con una técnica muy estricta en su aplicación, por lo que sólo deben ser aplicadas por médicos especialistas.

Existen también otro tipo de inyecciones que se administran de manera específica en determinadas partes del organismo como son: la intraarterial, intracardiaca, intraósea, intratecal (columna vertebral), intraperitoneal (peritoneo el cual se encuentra ubicado en la cavidad abdominal), intravesical (vejiga urinaria).

Al introducirse la aguja en el cuerpo humano, se presenta un discreto dolor al cortarse la piel con el bisel de la aguja hipodérmica (siempre y cuando no esté despuntada), dolor que se incrementa cuando el líquido penetra en el espacio entre las células. Este dolor va a depender del tipo de líquido que se aplique. Por lo general, las sustancias oleosas son las que más duelen.

Durante el desarrollo de mis consultas, en las pocas ocasiones que he recetado inyecciones, ya que no me gusta recetar ámpulas inyectables y mucho menos a niños, es común que los adultos soliciten inyecciones para obtener mejores resultados, bajo el argumento de que son más rápidas. Esto no es del todo cierto, pues cuando un medicamento se receta de forma oral a las dosis adecuadas, produce el efecto esperado para lo que fue creado, sólo se debe tener apego al tratamiento.

En algunos casos, los papás insisten en que el tratamiento sea inyectado. La causa de dicha insistencia, radica en que para ellos es mucho más fácil llevar al niño a que se le aplique una inyección, que estar batallando en dar un medicamento oral, que el niño rechaza, escupe o llora durante su administración dificultando que lo tome. Luego entonces, ¿son mejores las inyecciones que los medicamentos orales? La respuesta es simple: cada medicamento tiene su indicación y va a depender del criterio médico de quién lo que se prescriba.

Y aunque es cierto que las inyecciones son dolorosas, en muchas ocasiones son necesarias, por tal motivo no es correcto usar las jeringas y agujas como métodos intimidatorios o de educación, para no crear el temor infundado en los niños de que las inyecciones son algo malo.

Por último, termino el presente escrito, recomendando que las inyecciones sean aplicadas de preferencia en instituciones de salud, por personal capacitado, evitar la autoaplicación y mucho menos estando el paciente parado.

Las inyecciones no son castigo o venganza, son simplemente una más de las armas con las que cuentan los médicos en su arsenal terapéutico.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar


Cancún, Q. Roo, México. Julio del 2018






viernes, 1 de junio de 2018

ABUELA ESCLAVA

Doña Josefita, una mujer de 61 años de edad la cual padece diabetes, hipertensión arterial sistémica y osteoartritis desde hace muchos años, acude a consulta por primera vez para  control mensual con un servidor.

Al momento de interrogarla, la percibo agitada y mirando con insistencia su reloj, da respuestas monosilábicas a mis interrogaciones sobre su estado de salud. El movimiento repetitivo de sus manos, su sudoración y la premura con que quiere que avance la consulta, llaman poderosamente mi atención.

En un principio pienso que ese comportamiento se debe a la falta de confianza por ser la primera vez que consulta conmigo. Sin embargo, casi al final de la atención médica, el teléfono celular de la paciente suena una y otra vez, por lo que no le queda más remedio que contestar, hablando en voz baja y respondiendo que está consciente de la hora y que ya en breves minutos terminará su consulta. Y en efecto, de inmediato se marchó.

Tiempo después, al asistir mes con mes a su consulta,  pude entender que es lo que sucedía a Josefita. Ella había enviudado a los  50 años de edad. Fue ama de casa todo el tiempo que estuvo casada con su esposo, por lo que al morir éste, se quedó viviendo sola con su hija adolescente que estaba por terminar el bachillerato técnico. Con la pensión de su esposo y uno que otro trabajo de cocina a las vecinas logró a duras penas que su hija terminara los estudios para ingresar a laborar en el ramo hotelero. Ya con el sueldo de su hija y la pensión de su esposo vivieron unos años de forma modesta pero tranquila, hasta que un acontecimiento cambió su vida. Su hija se embarazó siendo abandonada por el novio cuando supo del bebé que venía en camino. Con el apoyo de Josefita, la chica se convirtió en mamá de una niña que resultó ser enfermiza por padecer asma, situación que impidió que pudiera ingresar a una guardería participativa, por lo que Josefita a sus 55 años de edad, se hace cargo de su nieta, quien queda bajo su cuidado, está pendiente de su crianza, su salud y posteriormente su educación escolar. Es decir, en esta etapa de su vida en la que debe disfrutar ser abuela,  de nuevo asume el rol de madre.

Al inicio de esta amorosa y solidaria encomienda, Josefita realizó el cuidado de su nieta con mucho empeño y dedicación. Sin embargo, conforme los años pasaban, la nieta crecía en edad y vitalidad, mientras Josefita envejecía mermándose su salud y su energía. Por lo tanto,  la labor de ser abuela y madre exigía de ella un gran esfuerzo físico y emocional, pues las enfermedades crónicodegenerativas que ahora padece empezaban a cobrar factura en su estado de salud. Aunado a ello, debido a las responsabilidades que tenía con su nieta le resultaba complicado dedicar más tiempo al cuidado de su salud, lo que dio como  consecuencia cursar con un descontrol que condiciona la aparición de comorbilidades (enfermedades que resultan de una enfermedad inicial) y empeoran su estado de salud.

Todo este relato que les acabo de presentar, tiene un nombre. Se llama SINDROME DE LA ABUELA ESCLAVA, el cual consiste en que una mujer adulta asume compromisos de ama de casa de una forma voluntaria para apoyar en el cuidado de la casa de sus hijos (con los que cohabita), en el cuidado de sus nietos y de todo lo que esto resulte.

Se caracterizan por ser personas con un alto sentido de donación y entrega incondicional, disfrutan de la limpieza, del orden en las cosas y de la vida. Tienen un gran amor por su familia y en especial por sus nietos a los cuales cuidan como si fueran una segunda madre.

Conforme pasan los años adquieren responsabilidades que se autoimponen, aunque sobrepasen sus capacidades. Así, el tiempo avanza mermando su condición física y psicológica, por lo que sin darse cuenta empiezan a tener conductas depresivas o agresivas. Pasan de ser abuelitas dulces a viejitas regañonas. Hasta que un día se percatan que sus fuerzas y dolores articulares ya no les alcanzan para estar al cuidado de sus nietos preescolares o escolares. Sin embargo, por amor mal entendido hacia éstos y solidaridad a la familia, callan sus dolencias e incomodidades, experimentando su existencia como una pesada carga rutinaria.

La naturaleza es sabia ¿Por qué las mujeres ya no pueden tener hijos después de la menopausia? Pues porque no tendrían la fortaleza física o emocional para criar a un ser humano en sus diferentes etapas de desarrollo.

Tú puedes estar padeciendo el Síndrome de la Abuela Esclava sin saberlo. ¿Te identificas con alguna de las siguientes características?

-Vida social inexistente. Toda tu diversión gira alrededor de la familia de tus hijos.

-Agobio, cansancio o estrés por tener que cuidar o educar a tu nieto por muchas horas.

-Piensas que tu vida actual no es la forma como soñaste o planeaste tu vejez.

-Tienes temor de hablar con tus hijos de tus sentimientos de enojo, cansancio o exasperación por miedo a que se enojen.

-Te enojas fácilmente, tienes deseos de llorar sin motivo cuando estás a solas o de salir corriendo por la puerta y dejar todo tirado tras de ti.

-Has tenido problemas para conciliar el sueño o te despiertas de madrugada sin poderte dormir nuevamente.

-Cursas con dificultad en el control de tus enfermedades crónicodegenerativas.

El Síndrome de Abuela Esclava puede llegar a ser tan grave que condiciona un deterioro importante en la salud de las personas que lo padecen, mismo que puede derivar en su muerte de una forma natural o por suicidio. Incluso dejan de cuidar su salud propiciando así que sus enfermedades crónicodegenerativas se compliquen rápidamente.

Es innegable que los abuelos son una gran fortaleza en el desarrollo de las nuevas familias y que forman una excelente red de apoyo, pero se debe tener el cuidado de no convertirlos en pacientes del Síndrome de la Abuela Esclava.

Todos tenemos un ciclo que cumplir como parte de nuestro desarrollo de seres humanos y familia. Por lo que, el cuidado y crianza de los hijos, debe ser única y exclusivamente de los padres.

No acortemos el tiempo de vida ni disminuyamos la calidad de vida de nuestros adultos mayores, evitemos que se produzca el Síndrome de la Abuela Esclava.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Junio del 2018