viernes, 1 de mayo de 2020

UNIDAD FAMILIAR EN COVID-19

Nuestra dinámica familiar ha sufrido un cambio radical ante la pandemia que estamos viviendo por el Covid-19.

El aislamiento social, el estar encerrados en casa, las pérdidas (de salud, de seres queridos, trabajo), la afección a la micro y macroeconomía, son factores que hacen más difícil sobrellevar la contingencia sanitaria.

Una situación a la que se han enfrentado muchas personas es permanecer en casa obligatoriamente como medida de prevención. Al principio, quizá fue algo atractivo que traería beneficios personales. Sin embargo, al paso de los días lo placentero dejó de ser tan agradable para dar lugar a emociones no gratas, pues estar 24 horas en convivencia con nuestra familia resultó una experiencia inusual a lo que no estábamos acostumbrados.

En circunstancias habituales una familia completa convive en promedio de 3 a 6 horas por día, dependiendo del ciclo familiar que se esté viviendo, de tal manera que el incremento en las horas de convivencia puede ser un factor causal de estrés que afecte la dinámica familiar. Y si a esto le agregamos fenómenos de abstinencia en personas con adicciones, la convivencia   puede convertirse en un verdadero infierno que conlleve a la violencia doméstica.

En la etapa productiva de una persona cuando se consigue el primer empleo existe la ilusión de iniciar una vida de autonomía económica, en la que se vislumbra la posibilidad de comprar un auto, adquirir casa propia, formar una familia, esto sin importar el orden ya que ello dependerá de la forma de pensar de cada individuo. Pero ese deseo de desarrollo personal muchas veces se tergiversa y los sueños se transforman en verdaderas pesadillas cuando se presentan crisis, como la que actualmente vivimos, que nos sorprenden de manera inesperada con múltiples situaciones adversas que trastornan o derrumban nuestro plan de vida.

Sabemos que no es fácil enfrentar y solventar una crisis, mucho menos cuando se presenta de forma súbita y de la noche a la mañana el panorama ha dado un giro radical. Pero también es cierto que los seres humanos somos capaces de experimentar una transformación constante (prueba de ello es que nacemos de una forma y morimos de otra) y que por lo mismo tenemos la capacidad de desarrollar una gran RESILIENCIA, de tal manera que podemos reinventarnos y salir adelante a pesar de todo lo adverso a lo que nos enfrentamos, es decir, como el ave fénix renacer de las cenizas para superar la crisis.

¿Cómo convivir sin colapsar?

Ante una situación de crisis lo primero es conservar la calma para valorar con objetividad nuestra realidad y así analizar las fortalezas, amenazas, áreas de oportunidad y alternativas de solución con las que contamos.

Esta perspectiva analítica permite tomar decisiones sustentadas en los recursos disponibles. Cabe hacer énfasis que es sumamente importante NO tomar decisiones en base a una reacción de estrés.

Ya analizada la problemática, el siguiente paso es hacer del conocimiento de los adultos y adolescentes (e incluso de los niños según la edad de éstos y el asunto que compete), de la afectación que se está viviendo pues involucra a todos los miembros de la familia. Una vez enterados de lo que sucede, juntos podrán elaborar estrategias que permitan mejorar la situación personal para el bien común.

Cuando nos percibimos rebasados por las circunstancias en las que vivimos, lo cual causa malestar físico y emocional que se refleja en la conducta, es inevitable que surjan sentimientos de preocupación, miedo, angustia, enojo, desesperación. Un factor determinante para superarlo es externarlos a la familia sin temor a verse vulnerable ante ellos, siendo sinceros y con el afán de crear redes de apoyo que permitan vivir en paz y armonía al entender el porqué de algunas actitudes negativas que puedan presentarse. Por consiguiente, comunicar los sentimientos en la familia es una práctica que favorece la sana convivencia, permite la ayuda mutua y brindar consuelo como respuesta a la comprensión.
Es así como el compartir las cargas emocionales con la familia vuelve más ligero el peso de las mismas y facilita sobrellevar las dificultades.

Al estar en la misma sintonía, es mucho más fácil involucrase en las actividades de los demás integrantes de la familia, participando activamente con ellos como por ejemplo hacer las tareas escolares con los hijos, propiciar de manera divertida la realización de las labores del hogar con la participación de todos, realizando proyectos que se puedan llevar a cabo como redecorar la casa, cambiando de sitio los muebles con la finalidad de reordenar la perspectiva visual del hogar, hacer mejoras como pintar, componer o dar mantenimiento, apagar los aparatos electrónicos y hacer reuniones que permitan contar historias personales de la infancia, experiencias o recuerdos, ver albúmenes de fotografías, hablar de sueños, ilusiones, miedos, temores y expectativas de vida, en fin, conocer más a la familia.

También, es un tiempo propicio para analizar nuestra relación de esposos, haciendo una evaluación de los proyectos que se plantearon el momento de iniciar su vida en pareja, de ver si se han cumplido, si han cambiado, quedaron en el olvido o fueron superados.

De igual manera, es el momento de sentarnos para hacer planes a futuro aprovechando este tiempo de espera, con la finalidad de enfocarnos en nuevas metas que nos impidan volver a la monotonía que vivíamos antes de esta contingencia. Y si eres de esos afortunados que tenían una vida en un agradable área de confort, analiza que se puede mejorar en tú relación esponsal, incluso mejorar tus relaciones sociales que propicien el bien común para mejorar la comunidad en donde vivimos.

Las relaciones con los miembros de la familia, cuando no son sanas y después de un prolongado tiempo de convivencia, generan ansiedad que propicia fricciones que a su vez desencadenan desavenencias, disgustos, conflictos incluso con violencia familiar.

Cuando esto sucede, es necesario tener prudencia, respirar profundo, evitar la confrontación, analizar si vale la pena enojarse, si existe solución, si se puede conciliar o si nos damos cuenta de que el equívoco es propio, pedir una disculpa sincera y fortalecer nuevamente la cohesión familiar.

En conclusión, la funcionalidad familiar es necesaria para superar cualquier adversidad. No permitas que las crisis te agobien. Por ejemplo, lo económico, de una forma u otra se puede solventar, pero la ruptura de una familia, en muchas ocasiones es un camino sin retorno en el cual pierden todos.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Mayo del 2020



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miércoles, 1 de abril de 2020

CUIDARNOS TODOS: COVID-19


Con la pandemia (enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región) que existe en la actualidad por la aparición del COVID-19, las redes sociales y los medios de comunicación digitales se han visto inundados de falsos especialistas en epidemiología, médicos infectólogos, farmacólogos, economistas, comunicólogos, investigadores de conspiración mundial, entre otros que, sin haber realizado algún tipo de estudio académico al respecto difunden con autoridad su libre opinión, lo cual crea confusión entre la población debido a que la mayoría de sus comentarios son erróneos, verdades a medias o simplemente conclusiones que obtienen al escuchar de todo un poco. En resumen, TODOS SE VUELVEN EXPERTOS EN EL TEMA sin tener la noción más elemental de medicina.

Como consecuencia de esta avalancha de información distorsionada que se suscita de manera alterna a la información verídica y confiable, mucha gente no está siguiendo las indicaciones emitidas por las autoridades sanitarias mundiales y locales al juzgar (después de leer o escuchar opiniones de gente que no es experta), que las recomendaciones son innecesarias o exageradas para prevenir el peligro ante el rápido contagio del COVID-19.

El COVID-19, enfermedad causada por el SARS-CoV-2, tiene un índice de contagio de 1.5 a 3.5, lo cual significa que un individuo infectado es capaz de contagiar entre 1.5 a 3.5 personas.

Cierto es que la enfermedad del COVID-19  es menos mortal comparada con otras enfermedades, de acuerdo a los datos otorgados por la OMS en las últimas semanas de marzo del 2020,  quién indica que la tasa de mortalidad es de 3 a 4% en base al comportamiento de la enfermedad observado hasta el momento. En número duros, esto significa que 3 a 4 de 100 personas enfermas de COVID-19 tienen el riesgo de morir, tasa de mortalidad nada baja si la comparamos con una gripe común que tiene una tasa de mortalidad de 0.1% pero la MALARIA tiene una tasa de mortalidad del 20% o el DENGUE HEMORRAGICO el cual tiene índice de mortalidad mayor al 20%.

Entonces ¿por qué es importante cuidarnos?

El problema real es la pandemia, pues al presentarse los casos de enfermedad del COVID-19 de una forma tan rápida, los servicios de salud se saturan y colapsan, provocando que los casos graves no reciban atención inmediata.

Te lo explico de la siguiente manera: Si existiese la pandemia que actualmente azota al mundo y yo fuera en esta ciudad la única persona que se enferma y complica de neumonía por el COVID-19, acudiría a un hospital y sería atendido de forma oportuna por el personal médico, ingresando si fuera necesario a una sala de terapia intensiva, en donde me darían apoyo mecánico respiratorio a través de un ventilador, siendo atendido por varios médicos quienes propiciarían que yo superara la enfermedad y así poder salvar mi vida. Cuando existe una pandemia, los casos complicados llegan en grandes cantidades al hospital, lo cual condicona que los servicios de hospitalización  y terapia sean rebasados en su capacidad de funcionalidad por la excesiva demanda que se requiere,  de tal manera que los ventiladores respiratorios resultan insuficientes en número para cubrir esas necesidades. Esto conlleva a que se haga una lista de espera para ocupar terapia intensiva, siendo el tiempo de esa espera un factor de riesgo para salvar la vida, pues los pacientes hospitalizados pueden tardar varios días hasta su sanación o defunción para liberar el espacio que ocupará otro enfermo.

Es por eso, que a pesar de que esta enfermedad por sí misma es menos letal que otras, su fácil contagio y rápida propagación la vuelve tan peligrosa.

Por lo anterior descrito, es molesto ver como hasta el momento, muchas personas hacen caso omiso del aislamiento social solicitado por las autoridades y continúan sus actividades sin el menor cuidado, en hacinamiento y conglomeración, sin pensar que llegaran a casa con un virus con el que pueden contagiar a toda su familia y poniendo en peligro de vida a las personas más vulnerables como lo son adultos mayores, personas inmunodeprimidas o menores que habitan en su hogar o comunidad.

Cierto es que no existe la cultura de higiene adecuada en muchos lugares del mundo, cuando recordamos esos puestos de comida en el cual el que prepara los alimentos es el mismo que cobra, que el área es insalubre o peor aún, que no existe el cuidado del lavado de manos con la técnica correcta o también, como sucede en la actualidad, sentarse a la mesa con el smartphone o equipos de cómputo. Es por ese motivo, que la propagación de las enfermedades es tan rápido por la falta de higiene y cuidados preventivos.

El cuidarnos de padecer el COVID-19 es tarea de todos, pero  también es una responsabilidad compartida, haciendo caso de las indicaciones de la autoridades sanitarias y del Gobierno, asimismo obtener información únicamente de fuentes oficiales como la OMS, la Secretaría de Salud o las diferentes instituciones de salud gubernamentales. De igual forma se debe evitar reenviar noticias cuya veracidad no sea comprobada  que, más que informar,  creen desinformación y que pongan en peligro a la población.

También es sumamente importante no acudir a centros de salud, clínicas u hospitales SI NO ES NECESARIO, como por ejemplo a un chequeo rutinario, dolores leves, piojos, hongos en las uñas (no complicados), acné o alguna otra molestia que no requiera necesariamente atención médica.

Sin embargo, si no existe otra alternativa y tienen la necesidad de acudir a consulta, se recomienda asistan solos o máximo con un familiar si se requiere apoyo, usar cubrebocas y lavarse las manos en cuanto sea posible y de forma frecuente con agua y jabón o con alcohol en gel.

Es momento de ser solidarios con aquellos ancianos que viven solos y que no deben estar saliendo a la calle y apoyarlos en su compra de víveres, siempre extremando medidas de higiene a fin  de no llevarles enfermedades.

Cierto es que en nuestro país es el gobierno el responsable de la salud de los conciudadanos, pero esta es una responsabilidad compartida.

Ante la situación mundial que vivimos en la contingencia sanitaria, unámonos como sociedad para hacer un frente común en estos momentos de adversidad y que cada quien haga lo que le corresponde hacer, ya sea trabajar o quedarse en su domicilio.

Si disminuimos la velocidad de contagio del COVID-19, la expectativa de vida de los pacientes que presenten complicaciones puede ser mayor a la que dictan las estadísticas actuales.

La salud y el cuidado de la misma es tarea y responsabilidad de todos.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Abril del 2020






domingo, 1 de marzo de 2020

CORONAVIRUS


Ante la inminente amenaza que existe por una epidemia de CORONAVIRUS, la humanidad se llena de temor por las noticias que se reciben desde las latitudes en donde esta infección se hace presente, y la desinformación incrementa el miedo del resto del mundo.
Es por tal motivo que en esta ocasión me he dado a la tarea de hacer una revisión bibliográfica de fuentes absolutamente confiables que me permitan compartirles información con respecto a esta enfermedad.

¿Qué es el CORONAVIRUS?

Los coronavirus son una familia de virus que pueden causar enfermedades como el resfriado común, el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés), y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés). En 2019, un nuevo virus llamado síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2 (SARS-CoV-2) causó un brote de enfermedades en China, al cual posteriormente la OMS lo nombra oficialmente COVID-19.

¿Cómo se transmite?

Se sugiere que la ruta de transmisión de persona a persona del COVID-19, sea a través de gotas o por contacto, así como vía aérea durante procedimientos que generan aerosoles (hablar, estornudar, toser). Estos mecanismos de transmisión se comparten con virus como la influenza u otros patógenos respiratorios.

Esta transmisión se puede dar por GOTAS de más de 5 micras producidas de la persona infectada a través del estornudo, tos o incluso hablar, ya que se pone en contacto con mucosa nasal, oral o conjuntiva de otra personas, siendo más susceptibles los inmunocomprometidos (personas con defensas bajas) como lo son embarazadas, personas que viven con VIH, obesidad, cáncer, menores de 1 a 5 años, u otras condiciones médicas en donde están bajas las defensas como pueden ser diabetes mal controlada, cardiopatías, asma, etc.

Las gotas alcanzan hasta un metro de distancia al hablar y cuatro metros al toser o estornudar. Cualquier persona que esté a 1 metro o menos de distancia de una persona enferma, es susceptible de contagiarse, así mismo, por CONTACTO DIRECTO con el paciente o de FORMA INDIRECTA CON SUPERFICIES CONTAMINADAS.

Aunque en este momento no existe evidencia del comportamiento del COVID-19, se sabe que otros coronavirus pueden permanecer activos hasta 9 días en superficies inanimadas (objetos metálicos, plásticos, madera, cemento, textiles, etc) por lo que es muy fácil contaminarse las manos y posteriormente tocarse la nariz, los ojos o incluso la boca provocándose así el autocontagio.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los signos y síntomas de infección con el nuevo coronavirus pueden aparecer de 2 a 14 días después de la exposición, y entre estos se incluyen:

Fiebre.
Tos.
Estornudos.
Flujo nasal (rinorrea).
Conjuntivitis (ojos rojos y llorosos).
Falta de aire o dificultad para respirar.

La gravedad de los síntomas del nuevo coronavirus puede variar de muy leve a extrema, y hasta la muerte. Aunque el conocimiento que tenemos de esta enfermedad sigue aumentando, la mayoría de las personas que tuvieron una infección grave han sido adultos mayores o personas que ya tenían otros problemas de salud significativos. Esto es similar a lo que se ve en las personas que tienen infecciones graves con otras enfermedades respiratorias como lo es la influenza.

¿Cómo se trata?

El tratamiento que se utiliza es el de una gripe común. Los expertos no recomiendan el uso de antivirales ya que hasta el momento no se han demostrado su efectividad.

En el tratamiento se utilizan:

Analgésicos para fiebre y dolor.

Antihistamínicos (para reducir los síntomas de flujo nasal, estornudos, picazón de la nariz y ojos).

Antitusivos (en forma de jarabe, cápsulas o comprimidos). No se recomienda el uso de expectorantes (como el ambroxol) pues la función de este tipo de medicamentos es volver más líquido el moco para expulsarlo más fácilmente, pero no quitan el reflejo de la tos, por el contrario, pueden incluso aumentar la intensidad de la misma.

Tomar abundantes líquidos, preferentemente agua.

Comer como mínimo 3 veces al día. Esto se debe hacer, aunque no se tenga apetito, ya que es una parte importante del tratamiento, pues permite a nuestro cuerpo fortalecer su estado inmunológico y combatir de una forma más eficaz al virus.

Consumo de alimentos ricos en vitamina C (cítricos, guayabas, kiwi, pimientos rojos y verdes, brócoli, fresas, melón, tomates, mango, papaya, piña, espinacas, chaya, papa, entre otros). Cabe comentar que la cocción de estos alimentos les hace perder propiedades por lo que se recomienda su consumo de forma cruda.

Reposo en cama y de preferencia de una manera aislada.

Evitar cambios bruscos de temperatura, baño con agua templada antes de que anochezca y no acostarse a dormir con el cabello húmedo.

Ropa acorde a las condiciones del clima.

¿Cuáles son las medidas de prevención?

El LAVADO DE MANOS constante es el punto principal de prevención. La OMS recomienda la siguiente técnica para el correcto lavado de manos:

-Mójese las manos con agua.

-Deposite en la palma de la mano una cantidad de jabón suficiente para cubrir la superficie de las manos.

-Frótese las palmas de las manos entre sí.

-Frótese la palma de la mano derecha contra el dorso de la mano izquierda, entrelazando los dedos y viceversa.

-Frótese las palmas de las manos entre sí, con los dedos entrelazados.

-Frótese el dorso de los dedos de una mano con la palma de la mano opuesta, agarrándose los dedos.

-Frótese con un movimiento de rotación el pulgar izquierdo, atrapándolo con la palma de la mano derecha y viceversa.

-Frótese la punta de los dedos de la mano derecha contra la mano izquierda, haciendo un movimiento de rotación y viceversa.

-Enjuáguese las manos con agua.

-Séquese las manos con una toalla de un solo uso

-Utilice la toalla para cerrar el grifo o llave.

DESINFECTAR ÁREAS SÓLIDAS DE USO COMÚN como lo son picaportes de puertas, llaves de lavabos, asideras de muebles, refrigeradores, estufas, vehículos; mesas, pisos, controles remotos, teléfonos, equipos de cómputo, llaves de auto, entre otros. Estas medidas se deben reforzar cuando alguien está enfermo en casa. Un potente desinfectante, económico y fácil de conseguir es el CLORO.

SEPARAR CUBIERTOS Y UTENSILIOS que el enfermo utilice. Cambio frecuente del cepillo de dientes son medidas útiles en la prevención.

El USO DE CUBREBOCAS es una buena medida para evitar la expansión de las gotas que expulsan los pacientes enfermos, además de que evitan que nos toquemos la boca y nariz. El personal de salud debe usar un cubreboca N-95 como parte de protocolo, pero la población en general puede usar un cubrebocas de tipo común. Es importante saber que el cubreboca debe CURBRIR LA NARIZ Y BOCA. Usarlo por debajo de la nariz es una práctica común e inadecuada.

El enfermo debe ESTORNUDAR USANDO EL BRAZO en la parte anterior de codo. Es incorrecto estornudar usando las manos para cubrirse la boca.

NO SE DEBEN UTILIZAR TOALLAS O PAÑUELOS DE TELA. Lo recomendable es usar servilletas o pañuelos desechables, los cuales se utilizan una sola vez y se desechan en una bolsa de plástico exclusiva para esto. Cuando esta bolsa se vaya a desechar, la persona que lo hace deberá usar cubrebocas y lavarse las manos con la técnica correcta de forma inmediata.

Como precaución general, adopte medidas de higiene cuando visite mercados de animales vivos, mercados de productos frescos o mercados de productos animales.

¿Qué tengo que hacer si hay sospecha de estar enfermo de COVID-19?

Acudir al médico.

Usar cubrebocas.

Adoptar y reforzar todas las medidas de higiene previamente descritas.

No automedicarse, evitar el uso de antibióticos, ya que esto es innecesario y contraindicado pues en muchas ocasiones en lugar de ayudar, complica más la enfermedad.

Mantener la calma y no caer en pánico.

El prevenir, combatir y evitar el esparcimiento de esta enfermedad es tarea de todos, por lo que se recomienda estar informados de fuentes fidedignas u oficiales y evitar el esparcimiento por cualquier medio de rumores o fake news (noticias falsas). De hecho, te invito a compartir esta información con otras personas.

Como decía un viejo eslogan publicitario: LA SALUD, ES TAREA DE TODOS.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Marzo del 2020




Bibliografía:







sábado, 1 de febrero de 2020

SEXUALIDAD EN LA PAREJA

Recuerdo que un punto muy difícil para mí como adolescente, fui mi despertar sexual, ya que crecí un una comunidad rural en la cual no se obtenía mucha información en la escuela y en casa papá no se dio a la tarea de explicarme nada de sexualidad, así que lo que aprendí con respecto a esto, fueron los usos y costumbres propios del pueblo que se transmitían de adolescentes mayores a los menores, en el cual a los 15 años tenías que demostrar o probar tu hombría, por lo que tu padrino o un hermano mayor te llevaba a un burdel o casa de citas para tal situación, sin pensar en las consecuencias que esto pudiera ocasionar con respecto a la salud, pues el contagio de enfermedades de transmisión sexual era muy alto. Enfermedades como la gonorrea, sífilis, VIH, virus del papiloma humano, herpes genital, clamidia, tricomoniasis, entre las más comunes, pueden cambiar la vida de una persona de forma inmediata o a largo plazo, ya que son sumamente dolorosas, caras o incluso incurables.

El Virus del Papiloma Humano o VPH, tiene la particularidad en los varones de que en ocasiones no presenta síntomas al contagiarse, pero está latente, por lo que con el paso de los años se puede transmitir a la pareja, enfermedad que al avanzar tiene el riesgo de  convertirse en un cáncer cervicouterino.

En su despertar a la vida, los adolescentes y jóvenes son una población vulnerable por su alta actividad sexual, acompañada de inexperiencia, información incompleta o inadecuada sobre los riesgos que existen de no ejercela con responsabilidad.

Así mismo, el uso inadecuado de preservativos o que estén en malas condiciones (como ese condón que se guarda en la cartera por mucho tiempo), son un factor de riesgo para enfermarse.

Durante mi práctica profesional, he tenido la tristeza de hacer diagnósticos de VIH/SIDA en hombres y mujeres menores de 20 años, algunos de ellos sin que hayan llevado una vida sexual promiscua (que no hayan tenido muchas parejas), en los cuales el denominador común es la falta de protección, por confianza en la pareja, por inexperiencia o desconocimiento. Hago mención de un comentario recurrente  entre mis colegas sin que exista la base científica para ello, en el que coincidimos por experiencia profesional  que los preservativos ultra delgados o de alta sensibilidad, pueden proteger de embarazos pero no de VIH, así que ante la duda, lo más adecuado es no utilizarlos, y mejor aun sería, la abstinencia sexual hasta tener una pareja estable.

Y es que además de las enfermedades de transmisión sexual, los embarazos en adolescentes son situaciones que vienen a dificultarles  la vida, a cambiar sus planes, sueños y crecimiento.

Al formalizar una relación, la actividad sexual de las parejas en un inicio es intensa y vigorosa, pero es importante hablar abiertamente de esto, no considerar las relaciones sexuales como un tabú en el cual no se expresen dudas o incomodidades, sobre lo que se puede hacer para mejorarlas y preguntar si la satisfacción ha sido mutua, intentando así que sea un goce pleno en cada encuentro.

Las parejas, deben recibir información amplia con respecto a esto, conocer su cuerpo, conocer el cuerpo del otro, sus reacciones, pero sobre todo, sus sentimientos.

El conocerse, brinda la posibilidad de identificar esas señales que se emiten para propiciar un acercamiento, una entrega en cuerpo y alma, con una plenitud total que permita enamorarse más cada día y fortalecer esa unión. Así mismo, el conocer al otro, conlleva a entender ese rechazo físico que se genera cuando existe alguna situación de salud, emocional u hormonal y comprender que no se trata de una falta de amor. Y es así como, hablando y conociendo lo que sucede, se pueden evitar conflictos y malos entendidos de pareja.

Con respecto a lo anterior, pongo como ejemplo el período de climaterio y menopausia que se presenta en la mujer alrededor de los 50 años de edad, tiempo en el cual su apetito sexual disminuye, lo que propicia un rechazo, situación que hace pensar al hombre que ya no es amado, que no provoca deseo sexual en su pareja o esposa o incluso que ella tiene otra relación (esto es lo más común que he escuchado en consulta). Todo lo anterior condiciona una serie de reclamos, enojos y malos entendidos que friccionan e incluso fracturan la relación.

Esta crisis se puede evitar si la pareja acude a consulta para saber que sucede con respecto a la disminución de la actividad sexual y buscar en conjunto alternativas que les permitan corregirlas.

Es necesario que la parejas sepan que la actividad sexual es dinámica, un proceso en el cual se debe crecer juntos, conociendo, aceptando y mitigando los cambios  propios de la edad o de cada etapa de vida.

El cuidado de nuestra salud sexual es una ardua tarea que se construye día con día cuando se pone en práctica la educación recibida, cuando se pregunta a profesionales sobres las dudas que existen, cuando se ejerce con libertad responsable, cuando se practica la fidelidad con la finalidad de no adquirir de forma externa, enfermedades de transmisión sexual que luego se lleven a casa.

La relación sexual tiene como requisito indispensable el ser placentera para ambos y no tratarse únicamente de un deshago físico. Uno de los regalos más hermosos que tiene el ser humano es la sexualidad, medio por el cual se puede demostrar el amor que se siente por la pareja y que además tiene la particularidad de generar nuevas vidas que permiten consolidar familias ejerciendo una maternidad o paternidad responsable.

En la actualidad, nuestros jóvenes se enferman e incluso mueren por tener información insuficiente o inexacta.

El ejercicio de la intimidad sexual en la pareja debe tener 4 aspectos para alcanzar la plenitud de su amor y consolidación de la familia:

Libre: Nadie te presiona ni te debe forzar para amar.

Total: Entregas todo de ti sin reservas.

Fiel: Exclusivo para tu pareja para su protección y cuidado.

Fecundo: Dador de vida con el nacimiento de hijos y el crecimiento como personas de la propia pareja.


Así que celebremos la vida con amor, respeto y cuidado. Aprendamos y enseñemos a nuestros hijos.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Febrero del 2020






miércoles, 1 de enero de 2020

SÍNDROME DEL CUIDADOR


Hace algunos días llegó a la consulta una paciente de 56 años de edad para su control de Diabetes Mellitus e Hipertensión Arterial. Mientras la atendía pude percibirla sumamente inquieta e irascible. Al preguntarle qué sucedía, me confío que estaba muy alterada porque ya no aguanta el seguir cuidando a su mamá mayor de 80 años, quien se comportaba como una niña berrinchuda, que no obedecía órdenes y que no colaboraba para que se le pudiese cuidar de una forma más fácil, ya que se por su edad avanzada y enfermedades crónicas, no era autosuficiente. Aunado a ello, refirió no contar con el apoyo de la familia, lo cual le causaba mayores conflictos para dedicarse a sus asuntos personales, como lo es acudir a sus citas médicas, entre otros.

Al valorarla encontré que tenía la presión alta, cuando había logrado estabilizarse con el tratamiento prescrito anteriormente, mismo que había seguido de acuerdo a las indicaciones, e incluso había bajado de peso. Dadas estas condiciones físicas de salud  y lo que ella refiere de su estado de vida familiar, que era evidente en esos momentos ante la  afección emocional significativa que demostraba, infiero que tal alteración en su presión arterial es debida a que dicha paciente padece el SÍNDROME DE CUIDADOR, patología silente y desgastante que muchas veces pasa inadvertida, tanto para quien está sometido a ella como para  la familia.

Podría citar muchos casos de pacientes con este síndrome, es decir,  personas que están al cuidado de padres ancianos, familiares con enfermedades crónicas complicadas que han dejado secuelas, insuficiencia renal, cáncer en etapas agudas o de tratamiento con radio o quimioterapia, enfermedades psiquiátricas, secuelas de accidentes, niños con enfermedades congénitas  que afectan el estado neurológico, físico o que impiden la autonomía (parálisis cerebral infantil, síndrome de Down, autismo etc.), enfermedades que no tienen cura y que necesitan del cuidado de familiares.

La principal característica de las personas que padecen Síndrome del Cuidador es el agravamiento progresivo de la sintomatología negativa, como pueden ser dolores en diferentes partes del cuerpo, fatiga física o emocional, agotamiento, desesperación, desánimo que en ocasiones se dispara a irritabilidad, enfermedades agudas recurrentes, ataque al estado físico general, mismas que se originan cuando el cuidador, sin darse cuenta,  poco a poco transforma su vida en la del enfermo,  al asumir los problemas de éste como suyos, pero que al paso del tiempo le condicionan una afección en su estado emocional que puede iniciar desde una simple depresión hasta ataques de tipo esquizoide que  causen daños graves tanto personales así como que provoquen que los enfermos cuidados sean víctimas de violencia.

Y es que lo que  inicia como una noble y humanitaria encomienda, se puede convertir en una pesada carga, pues habitualmente se deja toda la responsabilidad en una persona, ya sea porque el enfermo cuidado se vuelva dependiente y no quiera que ningún otro familiar le cuide, o bien el cuidador esté al tanto de los medicamentos, horarios y formas de administración y los demás miembros de la familia lo desconozcan,  o simple y sencillamente por falta de solidaridad.

De manera inconsciente, el cuidador del enfermo se vuelve prisionero de su propia responsabilidad, la cual acapara toda su atención y energía al convertirse en su principal o única prioridad, lo que conlleva a descuidarse a sí mismo en forma generalizada y por consiguiente, se debilita su salud siendo susceptible de enfermarse. Pero también sufre otra afectación que sin proponérselo  se vuelve parte de su dinámica de vida, como lo es el aislamiento social, ya que al  no poder separarse de su enfermo deja de acudir a fiestas, reuniones con amigos o familiares,  o asistir a centros de diversión, por no considerarlo prioritario.  Incluso  se ven afectados en el área laboral pues renuncian a sus trabajos para dedicarse al cien por ciento a cuidar de su enfermo o adulto mayor.

Cuando en mi consulta atiendo pacientes que padecen el Síndrome de Cuidador, hago énfasis en preguntar ¿Quién o quiénes en casa pueden ayudar al cuidado del enfermo?, con el objetivo de establecer grupos de ayuda para el paciente, lo que es conocido como red de apoyo, que pretende distribuir la responsabilidad del cuidado y con ello disminuirle la carga física y emocional, que es el origen de los síntomas que presenta.

En el caso de que los familiares que puedan integrar la red de apoyo estén limitados para realizar el cuidado, existe la opción de contratar a personal de enfermería especializado dedicado al cuidado de enfermos crónicos o adultos mayores. Es entendible que no haya tiempo por situación laboral, pero se debe apoyar al cuidador de tiempo completo.

Otro tema que abordo con las personas que padecen el Síndrome de Cuidador es el emocional, ya que la mayoría de las veces experimentan culpabilidad por ya no querer atender a sus enfermos, por haberlos regañado o por no tenerles paciencia. Es importante que los cuidadores sepan que esto que les sucede no tiene que ver con tener buenos o malos sentimientos o con ser desagradecidos, sino que está en relación a un desgaste físico y emocional que puede ser reversible.

Así mismo, es importante saber las condiciones del enfermo que se cuida. Por ejemplo, no tiene caso regañar o corregir a un adulto mayor con demencia senil o a un enfermo con deterioro intelectual que no tiene la facultad para razonar en este regaño, aprender o modificar su comportamiento. Es desgastante, innecesario e inútil hacerlo.

Habitualmente después de que un anciano discute con su cuidador, en poco tiempo se comportará como si nada hubiese sucedido, pero el cuidador (sobre todo si tiene enfermedades como la diabetes o presión alta) se habrá descompensado y permanecerá molesto por un tiempo relativo pero suficiente para causar desajustes en su estado de salud.

Desafortunadamente, la paciencia no se vende en farmacias ni  establecimientos comerciales, pero el cuidador de enfermos debe tener una gran cantidad de ella, pues es la que le ayudará a realizar la difícil tarea de cuidados prolongados. De ahí la importancia de tomar descansos, relajación y realizar actividades recreativas que permitan recargar esa paciencia  tan necesaria. En consecuencia, al final de su encomienda (ya sea por fallecimiento o traslado del enfermo) el cuidador podrá sentirse satisfecho y tranquilo de su labor.

Una de las funciones principales de la familia es el cuidado de los más débiles,  actividad se aprende desde la infancia. Es una enseñanza que los padres dejan en los hijos cuando éstos los ven cuidar a los abuelos, ya  que el ejemplo es más contundente que las palabras. Y así, esta acción se repita cuando a estos hijos les toque cuidar a sus padres ya mayores.

No es  tarea fácil ser cuidador de un enfermo terminal, crónico o especial. Por el contrario, es una gran encomienda. De tal manera que conocer el riesgo que existe de padecer el síndrome de cuidador, permite planear estrategias familiares que eviten padecerlo. Que el cuidador no se enferme más que el paciente, o incluso, que no muera antes que él.

La salud del cuidador de enfermo es importante ¡cuidémosla!

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Enero del 2020