martes, 1 de septiembre de 2020

VACUNA COVID-19

En los últimos días, amigos y pacientes me han cuestionado con respecto a lo que pienso acerca de la vacuna contra el Covid-19, si en verdad funcionará o si es segura, cuáles serán sus efectos adversos, e incluso si debemos aplicárnosla. Son muchas incógnitas alrededor de esta situación, todas válidas y fundamentadas en la realidad que vivimos, pues hasta el momento sabemos que los informes que se nos ha dado, tanto por parte de las autoridades sanitarias como las industrias farmacéuticas y los investigadores, no son totalmente concluyentes y que por el contrario dejan más dudas en todos nosotros. 

Así mismo, las redes sociales y la web están inundadas de noticias de personas influyentes, personajes que sólo buscan sus cinco minutos de fama, sin conocimientos científicos y que de forma imprudente esparcen información infundada o en muchas ocasiones falsa. 

Por último, tenemos las noticias oficiales, mismas que se anuncian con bombo y platillo generando esperanza en la población, pero que distan mucho de la realidad ya que su principal objetivo es levantar a una agonizante economía poniendo en peligro a la población vulnerable.

Todo lo anterior genera incertidumbre en las personas, incertidumbre totalmente comprensible, sin saber en verdad a quién hacerle caso.

Después del contexto anterior y volviendo al tema de las vacunas, he de decirles que serán una poderosa herramienta para el combate del Covid-19. Sin embargo, no serán suficientes para erradicar dicha enfermedad, ya que estamos hablando de una patología que ha cambiado mucho en relación a lo que sucedió en Wuhan, China cuando hizo su aparición a finales del 2019. A partir de entonces, los cambios radicales en su comportamiento clínico han determinado varios tipos, tanto que las autoridades en salud se han visto obligadas a modificar la forma de diagnóstico.

En un principio necesitábamos 2 de 3 síntomas principales (fiebre, cefalea o tos) y 1 síntoma secundario (rinorrea, odinofagia, dolores articulares, dolores musculares, astenia, adinamia, dolor torácico, conjuntivitis, diarrea, dificultad respiratoria) de 7 días de evolución. A partir del 25 de agosto del 2020 sólo se necesita 1 de 4 síntomas principales (fiebre, tos, cefalea, dificultad respiratoria), aunado a 1 síntoma secundario (rinorrea, odinofagia, astenia, adinamia, dolor torácico, conjuntivitis, diarrea, dolores articulares, dolores musculares, pérdida del olfato, alteraciones del gusto).

De igual manera, las complicaciones en la enfermedad también han presentado variaciones, pues, aunque sigue siendo la dificultad respiratoria uno de los problemas más graves, en el quehacer médico diario vemos casos que son totalmente diferentes a los descritos en la literatura actual. Ejemplo de ello es que hay personas que tienen polipnea (respiración más rápida de lo normal) con una saturación de oxígeno de 95%, lo que genera un riesgo inminente de paro cardíaco.

Como podemos observar en lo anteriormente descrito, el Covid-19 se ha manifestado de forma dinámica en su comportamiento y complicaciones, de manera tal que las vacunas que ahora se están realizando, probablemente en un futuro ya no funcionen, por lo que se tendrán que crear cada año nuevas vacunas, tal como sucede en la actualidad con las vacunas de la influenza, que año con año van cambiando acorde a la mutación del virus.

Entonces ¿debemos aplicarnos la vacuna? Mi opinión profesional es que, SI DEBEMOS APLICARNOS LA VACUNA, pero sin dejar de hacer lo que nos corresponde en el cuidado de nuestra salud.

Pronto, las actividades económicas y sociales regresaran a su funcionamiento en esta nueva normalidad y no debemos confiarnos y bajar la guardia. Las medidas de prevención son indispensables para evitar rebrotes. El uso de cubrebocas, el lavado de manos, la sana distancia, han demostrado su efectividad, de tal manera que debemos tenerlas como una práctica diaria y común.

Mi postura como médico, ciudadano y padre de familia es obedecer las indicaciones de las autoridades de salud

Mi postura como hombre de fe, es que esto no es nuevo, que a lo largo de la historia de la humanidad se han repetido estos desastres y pandemias, pero confiados en nuestras creencias, podremos sobrellevar lo que nos toca vivir, fortalecernos espiritualmente, reinventarnos y hacer lo que nos corresponde a cada quién.

De igual manera, me han preguntado mi opinión sobre las alternativas que existen para la cura de esta enfermedad, y aunque no es tema que he de desarrollado en este texto, me permito expresar mi posición con respecto a esto.

En esta pandemia, se hace promoción de productos mágicos y milagrosos capaces de curar el Covid-19 y todo tipo de enfermedades, productos que incluso tienen un largo historial de no ser más que eso, productos milagro y los cuales se han preservado por las ventas multinivel que permiten a algunos poco, sacar jugosas ganancias de dinero, productos para los cuales existe un gran adoctrinamiento de sus seguidores, quienes con fe ciega y ganancias monetarias los siguen promoviendo. Productos que incluso tienen estudios científicos, pero no concluyentes. Por todo lo anterior, no los recomiendo, pero tampoco tengo una postura de no utilizarlos, ya que cada quién debe ser responsable de su salud.

Insisto, la salud no es únicamente responsabilidad de las autoridades, es responsabilidad de todos, de manera tal, que tenemos la obligación de cuidarla y preservar

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Q. Roo, México. Septiembre del 2020


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sábado, 1 de agosto de 2020

ENFERMARNOS ES FÁCIL


Hace unos días tuve la necesidad de acudir a tramitar una licencia en una dependencia de gobierno de la ciudad en donde vivo.

El protocolo para entrar consistía en preguntar ¿a qué viene? Y después de responder, el personal de la entrada me tomó la temperatura en el antebrazo y al verificar que no tenía fiebre me dejó pasar.

Crucé por un túnel sanitizante y me dirigí al primer mostrador en donde recepcionaron mis documentos y después de que los revisaron me pasaron a otros módulos hasta llegar al final de los trámites. Todo esto a una temperatura ambiente de aproximadamente 32 grados, con un calor bochornoso que te hace sudar en serio.

Esa es la manera como actualmente en muchos lugares y establecimientos se ponen en práctica medidas de seguridad que permitan evitar el contagio del COVID-19, haciendo grandes esfuerzos para cumplir la normativa y permanecer abiertos.

¿Por qué a pesar de estas medidas nos seguimos enfermando?

Volvamos al relato inicial.

Al llegar, la persona que me recibió únicamente me preguntó ¿a qué viene? sin cuestionarme sobre mi estado de salud, síntomas relacionados con COVID-19 o alguna otra enfermedad respiratoria parecida, de tal manera, que si al momento de acceder a las instalaciones yo cursaba con el COVID-19, podía poner en peligro a todos los que estaban a mi alrededor.

También puede suceder que la persona encargada del hacer el filtro, hiciera el cuestionamiento debido, pero por mi interés de realizar los trámites, yo mintiera en mis respuestas. Por lo que me permiten el acceso al lugar, y junto conmigo va el virus.

Hasta este momento podemos destacar dos procedimientos que son poco confiables para evitar la propagación de la enfermedad, uno es el interrogatorio y el otro es la medición de la temperatura corporal.

La temperatura elevada puede ser un dato de alarma para el vigía. Sin embargo, me la tomaron en el antebrazo, de tal manera que la lectura pudo ser errónea. La temperatura debe ser tomada preferentemente en la frente para que reporte la medición correcta.

Ya que me autorizaron el acceso por considerarme libre del virus, porque mi temperatura fue aceptable, para eliminar cualquier riesgo debimos ser sanitizados. El túnel sanitizante fue una excelente medida para reforzar la prevención.

Al salir del mismo, inmediatamente se formaba un cuello de botella en el primer mostrador, provocando un hacinamiento de personas que no respetaban su sana distancia.

Esta conglomeración daba motivo a que el personal que recibe los documentos, los recepcionara de manera rápida con tal de desalojar el área, pero cayendo en el error de no lavarse las manos o utilizar gel antibacterial después de atender a cada persona.

¿Qué implica esto?

Pues que en algún momento hayan manipulado documentos contaminados con el virus del SARS-COV-2 (causante de la enfermedad COVID-19), contaminando sus manos y en consecuencia, contaminar todos los documentos que manipularan posteriormente, motivando un fácil esparcimiento de la enfermedad. Así mismo, el personal que recepcionaba los documentos, estaba al aire libre, con calor, sudando ante el esfuerzo de atender con rapidez, lo que motivaba que se manipularan constantemente el cubrebocas, con el riesgo de contaminación o infección.

Y así sucesivamente en los diferentes módulos en los que debí hacer mi trámite, existieron momentos en los que pude observar cómo la gente manipula sin cuidado papeles, objetos, dinero, sin el cuidado adecuado.

De igual manera, la gente que esperaba en ese cálido lugar, sudaba y se tocaba el cubrebocas con la finalidad de disminuir el bochorno que éste causa, pero es esta manipulación, la que puede condicionar que nos enfermemos.

Si a los ejemplos anteriores, agregamos que aún existen personas que piensan que son exageraciones, que no pasa nada, que es un fastidio usar el cubrebocas, pues seguirán los contagios al no observarse las medidas sanitarias pertinentes.

Desafortunadamente los contagios siguen en un pico alto en muchas ciudades de nuestro país, el COVID-19 sigue cobrando vidas, afectando la dinámica de las familias, su funcionalidad y su economía. Es por tal motivo de suma importancia que TODOS, cada quién desde su trinchera, nos cuidemos y cuidemos a los demás.

¿Cómo cuidarnos?

Con el uso de cubrebocas en las áreas públicas, con lavado de manos o el uso de gel antibacterial de forma constante, evitando acudir a lugares de alta concentración de personas, saliendo de casa únicamente si es necesario, conservando la sana distancia. Medidas de higiene preventivas en nuestro hogar.

Retomando el ejemplo anterior, si observamos que los funcionarios manipularon los documentos sin haberse lavado las manos, debo estar atento y lavarme las manos o utilizar el gel antibacterial. Si tú no tienes cuidado, yo debo cuidarme, aunque lo ideal sería que ambos nos cuidáramos.

Medidas para el uso del cubrebocas:

Lava tus manos. Debes hacerlo con agua y jabón o gel antibacterial antes de ponértelo.

Uso obligatorio y continuo en áreas comunes. De esa manera te proteges y proteges a los demás.

Evitar la manipulación durante su uso. No se recomienda que te lo quites y vuelvas a poner.

Existen cubrebocas desechables y reutilizables. No conviertas tu desechable en un reutilizable.

Evita cubrebocas improvisados. Se hacen cubrebocas con plásticos, botellas, ropa vieja, etcétera, pero este tipo de cubrebocas no reúne las condiciones necesarias de protección.

Úsalo todo el tiempo. No coloques los cubrebocas usados dentro de bolsa, mochila, bolsas de pantalón o camisas.

Mantenlo en la cara. Evita que el cubrebocas esté en tu cuello, cabeza o en contacto con tu pelo.

Antes de usarlo, verifica que te acomode. Que no lastime tus orejas, para que evites manipularlo. Existen muchos trucos que ayudan a evitar dolor por el uso excesivo de cubrebocas, mismos puedes encontrar en internet y en las redes sociales.

Desecha tu cubrebocas correctamente. Colócalos en el bote de basura, no lo dejes tirado en la calle.

Lava tus manos después de retirarte el cubrebocas. Recuerda usar agua y jabón o cuando menos gel antibacterial.

La enfermedad aún está esperando que te descuides para hacerte su víctima. Mantengamos la guardia bien alta para evitar enfermarnos y que los que conviven con nosotros se contagien.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Agosto del 2020




miércoles, 1 de julio de 2020

CUIDÁNDOME TE CUIDO

En esta ocasión no vamos hablar de síntomas, tratamientos, complicaciones u otras situaciones que están relacionadas con el quehacer médico. Por el contrario, haremos referencia al quehacer de las personas para que no lleguen al médico, que al cuidarse a uno mismo es posible cuidar a los demás.

Es increíble ver que a pesar de todo lo que hemos vivido con el virus del SARS-CoV-2 aun existan personas que piensen que la nueva normalidad es una exageración o crean que el covid-19 no es tan grave y se trata de un simple catarro. Es criminal no cuidarse por pensar que no pasa nada.

Después de tantos meses de aislamiento social, como medida drástica para frenar el avance del coronavirus, durante los cuales un gran porcentaje de la actividad económica se paralizó, estamos ahora ante un panorama en el que la sociedad afronta la cruda realidad de ver cómo los ahorros se van acabando, de no tener o estar disminuidas las fuentes de ingresos económicos. Esto ha sido un detonante para que muchas personas tengan que salir a trabajar aun en condiciones adversas, situación que admiro con mucho respeto, pues arriesgan su salud a fin de proveer a su familia.

Pero también está el lado opuesto de la moneda. La irresponsabilidad es visible en una gran mayoría de gente, que desatendiendo a las indicaciones andan por la calle sin cubrebocas, sin respetar la sana distancia, o hacen caso omiso a la disposición sanitaria actual de permanecer en semáforo naranja que sólo permite salir a la calle a realizar actividades esenciales.

En el ir y venir de cada día para cumplir mis actividades laborales, así como los fines de semana atendiendo a mis deberes familiares, me ha tocado observar familias con niños que asisten a tiendas de autoservicio, centros comerciales, comercios formales e informales, o tianguis, únicamente con el cubrebocas mal puesto y omitiendo las medidas sanitarias necesarias. Cabe destacar que los niños son por naturaleza inquietos, por lo que es muy fácil que se contaminen al manipular toda clase de objetos y superficies, e involuntariamente se toquen el rostro ante la incomodidad del cubrebocas. Y pensar en ponerles guantes no es una buena idea para protección en estos casos.

El cubrebocas parece ser un objeto muy fácil de usar. Pero es de suma importancia darle el uso correcto para que cumpla su función. De lo contrario, se convierte en un agente altamente nocivo para la salud, ya que favorece el contagio del virus. Para que un cubrebocas sea una barrera protectora es preciso que cubra completamente los orificios nasales hasta la barbilla y extendido de oreja a oreja; una vez colocado con las manos bien desinfectadas, no debe quitarse y ponerse o llevarlo por debajo de la quijada. En casa, los que son lavables, debe resguardarse en un lugar libre de contaminación, mantenerlo limpio y no intercambiarlo. Aunque su uso continuo puede resultar incómodo, lo adecuado es llevarlo puesto desde el momento de salir de casa y retirarlo al regresar para evitar manipularlo, lo cual de ser necesario debe hacerse con mucho cuidado e higiene. Se desecha poniéndolo en una bolsa de plástico y se tira a la basura. También hay que tener en cuenta que, si el cubrebocas está contaminado, al tocarlo para retirarlo o acomodarlo puede contaminar las manos y luego, éstas trasportar el virus hacia algún objeto, otra parte del cuerpo o al tocar a otra persona.

Mentir es otra práctica que puede resultar peligrosa para el cuidado de la salud, como cuando se omiten síntomas con tal de no dejar de trabajar o por el temor a ser hospitalizado. Así mismo se miente cuando llegas con el cubrebocas en la bolsa del pantalón o en el bolso de mano y lo sacas para poder entrar a un lugar que exige su uso de forma obligatoria, pues al manipular ese cubrebocas, estás contaminando tus manos, peor aún si ese cubrebocas ya tiene muchas horas de uso, incluso días.  

También propagar rumores o aseveraciones infundadas es una práctica peligrosa, como cuando dicen que en los hospitales asesinan a los pacientes de Covid-19, que si te hospitalizas únicamente saldrás en forma de cenizas, que intubarse significa muerte irremediable, que los termómetros destruyen las neuronas, que dañan la piel y así como esto, afirmaciones que no son ciertos pero que sí causan en la población un temor que les impide cuidarse o recibir atención médica oportuna.

La ignorancia (en el estricto significado de esta palabra) es el factor más importante y peligroso para la complicación de cualquier enfermedad. Por eso debemos estar atentos a los expertos en el tema y no dar credibilidad a los que hablan de todo y nada saben, diciendo discursos categóricamente, pero faltos de sustento científico.

Les comparto un caso que me tocó atender y engloba algunos de los aspectos antes mencionados.

Se trata de un paciente masculino de 67 años, hombre de campo que vive en la ciudad de lunes a viernes por su trabajo de mantenimiento y jardinería y los fines de semana se traslada a su población de origen. Llega al consultorio de enfermedades respiratorias con síntomas de fiebre, dificultad y dolor al respirar de una semana de evolución. Refiere que venía a consulta por indicación de su jefe quien le dice que no puede trabajar si no es médicamente valorado. Al interrogarlo, comenta que desde hace una semana se ha sentido mal, con síntomas respiratorios que se ha controlado con tés de hierbas según es su costumbre. Que el fin de semana convivió en su pueblo con la familia, que no usan cubrebocas porque es incómodo y una exageración. También relata que viajó de su pueblo que está a 90 minutos de la ciudad, en una camioneta de transporte colectivo, en la cual la mayoría de los pasajeros no tenían cubrebocas. Al revisarle encuentro que tiene datos de neumonía y una saturación muy baja de oxígeno que amerita ingreso a hospitalización. El paciente rechaza esta indicación argumentando que, si entra al hospital, lo van a intubar y de ahí sólo saldrá como cenizas. Después de explicarle los riesgos de las condiciones en las que se encontraba, el paciente accede a ser trasladado y fue hospitalizado.

Si analizamos este caso, podemos observar cómo el desconocimiento de esta persona propició que su salud se complicara al no atenderse a tiempo y recibir el tratamiento que necesitaba, aunado a esto, que contagiara a su familia y que pusiera en peligro a todas las personas con las que convivió.

Cuidándome te cuido y si te cuido, me cuido.

Pareciera un juego de palabras o un trabalenguas. Sin embargo, dicha frase describe la realidad del mundo de hoy. Estamos inmersos en un círculo vicioso en el que el cuidado de mi salud repercute en la salud de los demás y a su vez, la salud de los demás repercute en mi salud. Entonces si yo quiero estar bien, debo procurar que los demás también lo estén. Así es como cuidándome cuido a los demás y si yo cuido a los demás me estoy cuidando a mí mismo.

Esto lleva a reflexionar en qué radica realmente el cuidado de la salud. Que no es descubrir el hilo negro, pues todos sabemos que cuidar la salud consiste en actuar con responsabilidad, tener disciplina y dominio de sí mismo, tres valores que en el día a día permiten tomar decisiones que preservan la salud.

En la actualidad, la pandemia causada por el covid-19 ha llevado a fijar la atención en la necesidad urgente de que estos valores predominen de manera consciente en la conducta de las personas. Las autoridades de salud y gubernamentales se han desbordado a través de los medios de comunicación, en crear conciencia entre la población de lo determinante que es asumir la nueva normalidad como un estilo de vida para poder superar la crisis mundial que nos tiene atrapados.

Las medidas precautorias son del conocimiento público: lavarse las manos, usar cubrebocas sin manipularlo, aplicarse gel antibacterial, utilizar careta o máscara, no saludar de mano, beso o abrazo, no congregarse en grandes grupos, respetar la sana distancia, evitar el reloj, aretes, collares u ornamentos corporales, usar gorro o sujetarse el cabello, no comer en la calle, no utilizar las manos para estornudar y muchas otras más indicaciones en esta NUEVA NORMALIDAD que nos toca vivir en la actualidad, indicaciones que nos agobian y por hartazgo dejamos de cumplir a pesar de en estos momentos la pandemia de COVID-19 se encuentra en nuestro país en un pico muy alto de contagio.

Es responsabilidad de cada uno de nosotros luchar por el control de esta enfermedad, la cual no va a desaparecer mágicamente o de forma espontánea. Esa responsabilidad extiende sus beneficios a los más vulnerables de nuestro hogar, de nuestra sociedad.

La salud es un derecho, pero cuidarla es compromiso de todos.

Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Julio del 2020



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lunes, 1 de junio de 2020

NUEVA NORMALIDAD: COVID-19


Les comparto que desde hace mucho tiempo no había experimentado tanto temor como el que ahora me embarga ante la inminente llegada de la NUEVA NORMALIDAD como se le ha denominado al permiso que tendrán los ciudadanos de mi país, México, para salir de su confinamiento por la pandemia de COVID-19 en una etapa de contagio demasiado alta.

Durante estos casi tres meses de confinamiento, en los cuales por mi profesión he tenido la necesidad de salir a trabajar como personal del área de salud, he experimentado sentimientos encontrados de enojo y conmiseración al ver en la calle a personas en solitario o en grupos, que sin el menor cuidado preventivo no llevan cubrebocas o están realizando actividades recreativas. Es cierto que hay personas que por necesidad tienen que salir a realizar actividades económicas que les permita el sustento de sus familias, pero algunos de ellos sólo usan el cubrebocas como un requisito y no para protegerse o proteger a los demás. Lo tienen en el cuello, con la nariz descubierta, en la cabeza como diadema o peor aún en la bolsa del pantalón y al momento de estar cerca de otra persona o entrar a un establecimiento, se lo colocan sin el menor cuidado, contaminándose y esparciendo así a través de sus manos el virus por donde tocan.

Hay también personas “valientes” que piensan que no pasa nada, que esto es una mentira de la globalización o del gobierno, que es una conspiración, que no se tiene suficiente fe o confianza en Dios y bajo estos argumentos deambulan por todos lados como si nada sucediera a su alrededor, comportándose a mi juicio, de forma criminal, pues quien causa la muerte a otras personas se les llama asesinos.

Y es que a pesar de lo que hemos vivido hasta ahora, hay gente que no entiende la gravedad de la situación, y creen en la existencia del COVID-19 hasta que alguien cercano a ellos enferma o incluso muere, haciendo caso omiso a la gran cantidad de información que se recibe todos los días en los diferentes medios, en los cuales se mencionan cifras elevadas de infectados y muertos. Pero desafortunadamente, en ese proceso de creer o reconocer realmente la presencia de la enfermedad, los incrédulos se han convertido en fomites (objeto que contamina o esparce un patógeno) andantes, que han llevado la enfermedad por todos lados, afectando a los más vulnerables de nuestra sociedad.

Aun sigo viendo en la calle gente abarrotando el transporte público, gente que sale a los parques y avenidas a hacer ejercicios formando grandes grupos, existen grandes filas para comprar bebidas alcohólicas, o comida rápida en días festivos como lo fueron el 30 de abril, día del niño o el 10 de mayo, día de la madre. Lo que no saben esas personas y no dicen las autoridades, que unas 2 semanas después de esos eventos, los médicos observamos un incremento en el número de personas infectadas y en el número de muertos.

Ahora, con el arranque de la NUEVA NORMALIDAD, se dará luz verde a todas esas personas que antes no se cuidaban para que salgan a la calle haciendo como que se cuidan y de esta manera propagar la enfermedad con el riesgo de un repunte o rebrote de la infección.

Es cierto y entendible que se tiene que reactivar la economía de nuestro país, pues la gente no puede sobrevivir con una despensa cada 15 días (cuando bien les va) o con los recursos ahorrados que poco a poco ven mermándose. Y no sólo se tiene que reactivar en lo económico, sino también porque al perderse los trabajos, las personas se están quedando sin seguridad social médica, de tal manera que los pacientes con enfermedades crónico degenerativas corren el riesgo inminente de complicarse y morir al no tener su tratamiento diario, pues sin trabajo y sin dinero, es muy difícil mantener el medicamento de un paciente de este tipo comprando las medicinas.

Sin embargo, aunque es necesario, el retornar a la calle de forma precipitada es una apuesta peligrosa en la puede salir perdedor el pueblo.

Y pongo como ejemplo a la gran cantidad de compañeros del área de la salud que se han enfermado e incluso fallecido a pesar de conocer todos los protocolos de cuidado necesarios para no contagiarse (independientemente de que hayan recibido en tiempo y forma el equipo de protección necesarios). Entonces, ¿qué pasará con las personas que no saben o tienen la más mínima idea de cómo usar un cubrebocas o de realizar medidas profilácticas para el contagio?

¿Por qué nuestro país tiene una alta tasa de mortalidad (por qué se muere más gente enferma) en comparación con otras partes del mundo? ¿Será porque los médicos no tenemos las herramientas adecuadas para combatir esta enfermedad?, ¿el gobierno no está haciendo lo suficiente?, ¿la gente de nuestro país es más débil? Todos estos cuestionamientos tienen algo que ver con la alta mortalidad, pero de acuerdo a mi visión profesional y de lo que vivo en la consulta con mis pacientes, la gente tiene miedo de acudir a un hospital cuando está enferma del COVID-19, pues asocian ingreso hospitalario a muerte segura, lo cual no es real, ya que    desafortunadamente cuando acuden al hospital han dejado pasar varios días en los que la enfermedad ha evolucionado y presenta complicaciones avanzadas y difíciles de tratar. Lo cierto es que NUESTRA GENTE TIENE MIEDO DE MORIR AL HOSPITALIZARSE y este sentimiento hace que retarden acudir al hospital.

Ante esta nueva normalidad en el diario vivir, no podemos desobedecer las indicaciones de nuestras autoridades y a los que les toque salir a trabajar lo tendrán que hacer con todas las medidas preventivas posibles, siendo extremadamente cuidadosos en estas rutinas, con apego estricto a los protocolos que las empresas implementen, cambiándose de ropa, zapatos y bañándose inmediatamente lleguen a casa, evitando comer en la calle y sobre todo, creyendo que esta enfermedad si existe y que puede ser mortal para todos, pero más aún para los más vulnerables de nuestro hogar.

De valientes e ignorantes está lleno el cementerio y alrededor de su tumba, la gente que tuvo la desgracia de estar junto con ellos, víctimas de esta pandemia. Así que pensar que de algo nos vamos a morir o que es parte de una selección natural, deja de tener valor cuando la muerte es de alguien que amas.

Me disculpo por el tono de este mensaje, diferente al que acostumbro compartirles mes con mes desde hace más de 10 años, pero es desesperante para mí como médico, ver como cada semana mueren 1 o 2 personas cercanas, pacientes, amigos, colegas, compañeros de trabajo o simplemente conocidos.  Me preocupa ver que la gente no crea, no se cuide y ponga en peligro a los demás. Me angustia la angustia de las familias que tienen a uno de sus miembros infectados por COVID-19. Me duele el dolor que experimentan cuando existen fallecimientos.

Quizá resulte trillado escuchar que juntos podemos salir adelante de esta situación. Sin embargo, es mi deber como profesional de la salud insistir en que, con responsabilidad y compromiso en el bien común, unidos como sociedad podemos vencer esta pandemia, pues para cuidar mi salud debo pensar también en la salud de los demás.

Si no tienes que salir de casa, no lo hagas. Si necesitas salir, hazlo cuidándote y cuidando a los demás. No ocupes innecesariamente los servicios de salud. Si estás enfermo, acude al médico acorde a las indicaciones sanitarias actuales. Si estás sintiéndote muy mal o te das cuenta de que estás agravándote, acude al hospital, no dejes que el miedo a morir acabe con tu vida y que además contagies a otros miembros de tu familia.

El COVID-19 no es un invento y mucho menos algo con lo que se pueda jugar como en una ruleta rusa.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Junio del 2020






viernes, 1 de mayo de 2020

UNIDAD FAMILIAR EN COVID-19

Nuestra dinámica familiar ha sufrido un cambio radical ante la pandemia que estamos viviendo por el Covid-19.

El aislamiento social, el estar encerrados en casa, las pérdidas (de salud, de seres queridos, trabajo), la afección a la micro y macroeconomía, son factores que hacen más difícil sobrellevar la contingencia sanitaria.

Una situación a la que se han enfrentado muchas personas es permanecer en casa obligatoriamente como medida de prevención. Al principio, quizá fue algo atractivo que traería beneficios personales. Sin embargo, al paso de los días lo placentero dejó de ser tan agradable para dar lugar a emociones no gratas, pues estar 24 horas en convivencia con nuestra familia resultó una experiencia inusual a lo que no estábamos acostumbrados.

En circunstancias habituales una familia completa convive en promedio de 3 a 6 horas por día, dependiendo del ciclo familiar que se esté viviendo, de tal manera que el incremento en las horas de convivencia puede ser un factor causal de estrés que afecte la dinámica familiar. Y si a esto le agregamos fenómenos de abstinencia en personas con adicciones, la convivencia   puede convertirse en un verdadero infierno que conlleve a la violencia doméstica.

En la etapa productiva de una persona cuando se consigue el primer empleo existe la ilusión de iniciar una vida de autonomía económica, en la que se vislumbra la posibilidad de comprar un auto, adquirir casa propia, formar una familia, esto sin importar el orden ya que ello dependerá de la forma de pensar de cada individuo. Pero ese deseo de desarrollo personal muchas veces se tergiversa y los sueños se transforman en verdaderas pesadillas cuando se presentan crisis, como la que actualmente vivimos, que nos sorprenden de manera inesperada con múltiples situaciones adversas que trastornan o derrumban nuestro plan de vida.

Sabemos que no es fácil enfrentar y solventar una crisis, mucho menos cuando se presenta de forma súbita y de la noche a la mañana el panorama ha dado un giro radical. Pero también es cierto que los seres humanos somos capaces de experimentar una transformación constante (prueba de ello es que nacemos de una forma y morimos de otra) y que por lo mismo tenemos la capacidad de desarrollar una gran RESILIENCIA, de tal manera que podemos reinventarnos y salir adelante a pesar de todo lo adverso a lo que nos enfrentamos, es decir, como el ave fénix renacer de las cenizas para superar la crisis.

¿Cómo convivir sin colapsar?

Ante una situación de crisis lo primero es conservar la calma para valorar con objetividad nuestra realidad y así analizar las fortalezas, amenazas, áreas de oportunidad y alternativas de solución con las que contamos.

Esta perspectiva analítica permite tomar decisiones sustentadas en los recursos disponibles. Cabe hacer énfasis que es sumamente importante NO tomar decisiones en base a una reacción de estrés.

Ya analizada la problemática, el siguiente paso es hacer del conocimiento de los adultos y adolescentes (e incluso de los niños según la edad de éstos y el asunto que compete), de la afectación que se está viviendo pues involucra a todos los miembros de la familia. Una vez enterados de lo que sucede, juntos podrán elaborar estrategias que permitan mejorar la situación personal para el bien común.

Cuando nos percibimos rebasados por las circunstancias en las que vivimos, lo cual causa malestar físico y emocional que se refleja en la conducta, es inevitable que surjan sentimientos de preocupación, miedo, angustia, enojo, desesperación. Un factor determinante para superarlo es externarlos a la familia sin temor a verse vulnerable ante ellos, siendo sinceros y con el afán de crear redes de apoyo que permitan vivir en paz y armonía al entender el porqué de algunas actitudes negativas que puedan presentarse. Por consiguiente, comunicar los sentimientos en la familia es una práctica que favorece la sana convivencia, permite la ayuda mutua y brindar consuelo como respuesta a la comprensión.
Es así como el compartir las cargas emocionales con la familia vuelve más ligero el peso de las mismas y facilita sobrellevar las dificultades.

Al estar en la misma sintonía, es mucho más fácil involucrase en las actividades de los demás integrantes de la familia, participando activamente con ellos como por ejemplo hacer las tareas escolares con los hijos, propiciar de manera divertida la realización de las labores del hogar con la participación de todos, realizando proyectos que se puedan llevar a cabo como redecorar la casa, cambiando de sitio los muebles con la finalidad de reordenar la perspectiva visual del hogar, hacer mejoras como pintar, componer o dar mantenimiento, apagar los aparatos electrónicos y hacer reuniones que permitan contar historias personales de la infancia, experiencias o recuerdos, ver albúmenes de fotografías, hablar de sueños, ilusiones, miedos, temores y expectativas de vida, en fin, conocer más a la familia.

También, es un tiempo propicio para analizar nuestra relación de esposos, haciendo una evaluación de los proyectos que se plantearon el momento de iniciar su vida en pareja, de ver si se han cumplido, si han cambiado, quedaron en el olvido o fueron superados.

De igual manera, es el momento de sentarnos para hacer planes a futuro aprovechando este tiempo de espera, con la finalidad de enfocarnos en nuevas metas que nos impidan volver a la monotonía que vivíamos antes de esta contingencia. Y si eres de esos afortunados que tenían una vida en un agradable área de confort, analiza que se puede mejorar en tú relación esponsal, incluso mejorar tus relaciones sociales que propicien el bien común para mejorar la comunidad en donde vivimos.

Las relaciones con los miembros de la familia, cuando no son sanas y después de un prolongado tiempo de convivencia, generan ansiedad que propicia fricciones que a su vez desencadenan desavenencias, disgustos, conflictos incluso con violencia familiar.

Cuando esto sucede, es necesario tener prudencia, respirar profundo, evitar la confrontación, analizar si vale la pena enojarse, si existe solución, si se puede conciliar o si nos damos cuenta de que el equívoco es propio, pedir una disculpa sincera y fortalecer nuevamente la cohesión familiar.

En conclusión, la funcionalidad familiar es necesaria para superar cualquier adversidad. No permitas que las crisis te agobien. Por ejemplo, lo económico, de una forma u otra se puede solventar, pero la ruptura de una familia, en muchas ocasiones es un camino sin retorno en el cual pierden todos.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Mayo del 2020



¿Fiesta próxima? CARUDA Canta y Baila te pone la música


miércoles, 1 de abril de 2020

CUIDARNOS TODOS: COVID-19


Con la pandemia (enfermedad epidémica que se extiende a muchos países o que ataca a casi todos los individuos de una localidad o región) que existe en la actualidad por la aparición del COVID-19, las redes sociales y los medios de comunicación digitales se han visto inundados de falsos especialistas en epidemiología, médicos infectólogos, farmacólogos, economistas, comunicólogos, investigadores de conspiración mundial, entre otros que, sin haber realizado algún tipo de estudio académico al respecto difunden con autoridad su libre opinión, lo cual crea confusión entre la población debido a que la mayoría de sus comentarios son erróneos, verdades a medias o simplemente conclusiones que obtienen al escuchar de todo un poco. En resumen, TODOS SE VUELVEN EXPERTOS EN EL TEMA sin tener la noción más elemental de medicina.

Como consecuencia de esta avalancha de información distorsionada que se suscita de manera alterna a la información verídica y confiable, mucha gente no está siguiendo las indicaciones emitidas por las autoridades sanitarias mundiales y locales al juzgar (después de leer o escuchar opiniones de gente que no es experta), que las recomendaciones son innecesarias o exageradas para prevenir el peligro ante el rápido contagio del COVID-19.

El COVID-19, enfermedad causada por el SARS-CoV-2, tiene un índice de contagio de 1.5 a 3.5, lo cual significa que un individuo infectado es capaz de contagiar entre 1.5 a 3.5 personas.

Cierto es que la enfermedad del COVID-19  es menos mortal comparada con otras enfermedades, de acuerdo a los datos otorgados por la OMS en las últimas semanas de marzo del 2020,  quién indica que la tasa de mortalidad es de 3 a 4% en base al comportamiento de la enfermedad observado hasta el momento. En número duros, esto significa que 3 a 4 de 100 personas enfermas de COVID-19 tienen el riesgo de morir, tasa de mortalidad nada baja si la comparamos con una gripe común que tiene una tasa de mortalidad de 0.1% pero la MALARIA tiene una tasa de mortalidad del 20% o el DENGUE HEMORRAGICO el cual tiene índice de mortalidad mayor al 20%.

Entonces ¿por qué es importante cuidarnos?

El problema real es la pandemia, pues al presentarse los casos de enfermedad del COVID-19 de una forma tan rápida, los servicios de salud se saturan y colapsan, provocando que los casos graves no reciban atención inmediata.

Te lo explico de la siguiente manera: Si existiese la pandemia que actualmente azota al mundo y yo fuera en esta ciudad la única persona que se enferma y complica de neumonía por el COVID-19, acudiría a un hospital y sería atendido de forma oportuna por el personal médico, ingresando si fuera necesario a una sala de terapia intensiva, en donde me darían apoyo mecánico respiratorio a través de un ventilador, siendo atendido por varios médicos quienes propiciarían que yo superara la enfermedad y así poder salvar mi vida. Cuando existe una pandemia, los casos complicados llegan en grandes cantidades al hospital, lo cual condicona que los servicios de hospitalización  y terapia sean rebasados en su capacidad de funcionalidad por la excesiva demanda que se requiere,  de tal manera que los ventiladores respiratorios resultan insuficientes en número para cubrir esas necesidades. Esto conlleva a que se haga una lista de espera para ocupar terapia intensiva, siendo el tiempo de esa espera un factor de riesgo para salvar la vida, pues los pacientes hospitalizados pueden tardar varios días hasta su sanación o defunción para liberar el espacio que ocupará otro enfermo.

Es por eso, que a pesar de que esta enfermedad por sí misma es menos letal que otras, su fácil contagio y rápida propagación la vuelve tan peligrosa.

Por lo anterior descrito, es molesto ver como hasta el momento, muchas personas hacen caso omiso del aislamiento social solicitado por las autoridades y continúan sus actividades sin el menor cuidado, en hacinamiento y conglomeración, sin pensar que llegaran a casa con un virus con el que pueden contagiar a toda su familia y poniendo en peligro de vida a las personas más vulnerables como lo son adultos mayores, personas inmunodeprimidas o menores que habitan en su hogar o comunidad.

Cierto es que no existe la cultura de higiene adecuada en muchos lugares del mundo, cuando recordamos esos puestos de comida en el cual el que prepara los alimentos es el mismo que cobra, que el área es insalubre o peor aún, que no existe el cuidado del lavado de manos con la técnica correcta o también, como sucede en la actualidad, sentarse a la mesa con el smartphone o equipos de cómputo. Es por ese motivo, que la propagación de las enfermedades es tan rápido por la falta de higiene y cuidados preventivos.

El cuidarnos de padecer el COVID-19 es tarea de todos, pero  también es una responsabilidad compartida, haciendo caso de las indicaciones de la autoridades sanitarias y del Gobierno, asimismo obtener información únicamente de fuentes oficiales como la OMS, la Secretaría de Salud o las diferentes instituciones de salud gubernamentales. De igual forma se debe evitar reenviar noticias cuya veracidad no sea comprobada  que, más que informar,  creen desinformación y que pongan en peligro a la población.

También es sumamente importante no acudir a centros de salud, clínicas u hospitales SI NO ES NECESARIO, como por ejemplo a un chequeo rutinario, dolores leves, piojos, hongos en las uñas (no complicados), acné o alguna otra molestia que no requiera necesariamente atención médica.

Sin embargo, si no existe otra alternativa y tienen la necesidad de acudir a consulta, se recomienda asistan solos o máximo con un familiar si se requiere apoyo, usar cubrebocas y lavarse las manos en cuanto sea posible y de forma frecuente con agua y jabón o con alcohol en gel.

Es momento de ser solidarios con aquellos ancianos que viven solos y que no deben estar saliendo a la calle y apoyarlos en su compra de víveres, siempre extremando medidas de higiene a fin  de no llevarles enfermedades.

Cierto es que en nuestro país es el gobierno el responsable de la salud de los conciudadanos, pero esta es una responsabilidad compartida.

Ante la situación mundial que vivimos en la contingencia sanitaria, unámonos como sociedad para hacer un frente común en estos momentos de adversidad y que cada quien haga lo que le corresponde hacer, ya sea trabajar o quedarse en su domicilio.

Si disminuimos la velocidad de contagio del COVID-19, la expectativa de vida de los pacientes que presenten complicaciones puede ser mayor a la que dictan las estadísticas actuales.

La salud y el cuidado de la misma es tarea y responsabilidad de todos.

Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Abril del 2020






domingo, 1 de marzo de 2020

CORONAVIRUS


Ante la inminente amenaza que existe por una epidemia de CORONAVIRUS, la humanidad se llena de temor por las noticias que se reciben desde las latitudes en donde esta infección se hace presente, y la desinformación incrementa el miedo del resto del mundo.
Es por tal motivo que en esta ocasión me he dado a la tarea de hacer una revisión bibliográfica de fuentes absolutamente confiables que me permitan compartirles información con respecto a esta enfermedad.

¿Qué es el CORONAVIRUS?

Los coronavirus son una familia de virus que pueden causar enfermedades como el resfriado común, el síndrome respiratorio agudo grave (SARS, por sus siglas en inglés), y el síndrome respiratorio de Oriente Medio (MERS, por sus siglas en inglés). En 2019, un nuevo virus llamado síndrome respiratorio agudo grave coronavirus 2 (SARS-CoV-2) causó un brote de enfermedades en China, al cual posteriormente la OMS lo nombra oficialmente COVID-19.

¿Cómo se transmite?

Se sugiere que la ruta de transmisión de persona a persona del COVID-19, sea a través de gotas o por contacto, así como vía aérea durante procedimientos que generan aerosoles (hablar, estornudar, toser). Estos mecanismos de transmisión se comparten con virus como la influenza u otros patógenos respiratorios.

Esta transmisión se puede dar por GOTAS de más de 5 micras producidas de la persona infectada a través del estornudo, tos o incluso hablar, ya que se pone en contacto con mucosa nasal, oral o conjuntiva de otra personas, siendo más susceptibles los inmunocomprometidos (personas con defensas bajas) como lo son embarazadas, personas que viven con VIH, obesidad, cáncer, menores de 1 a 5 años, u otras condiciones médicas en donde están bajas las defensas como pueden ser diabetes mal controlada, cardiopatías, asma, etc.

Las gotas alcanzan hasta un metro de distancia al hablar y cuatro metros al toser o estornudar. Cualquier persona que esté a 1 metro o menos de distancia de una persona enferma, es susceptible de contagiarse, así mismo, por CONTACTO DIRECTO con el paciente o de FORMA INDIRECTA CON SUPERFICIES CONTAMINADAS.

Aunque en este momento no existe evidencia del comportamiento del COVID-19, se sabe que otros coronavirus pueden permanecer activos hasta 9 días en superficies inanimadas (objetos metálicos, plásticos, madera, cemento, textiles, etc) por lo que es muy fácil contaminarse las manos y posteriormente tocarse la nariz, los ojos o incluso la boca provocándose así el autocontagio.

¿Cuáles son sus síntomas?

Los signos y síntomas de infección con el nuevo coronavirus pueden aparecer de 2 a 14 días después de la exposición, y entre estos se incluyen:

Fiebre.
Tos.
Estornudos.
Flujo nasal (rinorrea).
Conjuntivitis (ojos rojos y llorosos).
Falta de aire o dificultad para respirar.

La gravedad de los síntomas del nuevo coronavirus puede variar de muy leve a extrema, y hasta la muerte. Aunque el conocimiento que tenemos de esta enfermedad sigue aumentando, la mayoría de las personas que tuvieron una infección grave han sido adultos mayores o personas que ya tenían otros problemas de salud significativos. Esto es similar a lo que se ve en las personas que tienen infecciones graves con otras enfermedades respiratorias como lo es la influenza.

¿Cómo se trata?

El tratamiento que se utiliza es el de una gripe común. Los expertos no recomiendan el uso de antivirales ya que hasta el momento no se han demostrado su efectividad.

En el tratamiento se utilizan:

Analgésicos para fiebre y dolor.

Antihistamínicos (para reducir los síntomas de flujo nasal, estornudos, picazón de la nariz y ojos).

Antitusivos (en forma de jarabe, cápsulas o comprimidos). No se recomienda el uso de expectorantes (como el ambroxol) pues la función de este tipo de medicamentos es volver más líquido el moco para expulsarlo más fácilmente, pero no quitan el reflejo de la tos, por el contrario, pueden incluso aumentar la intensidad de la misma.

Tomar abundantes líquidos, preferentemente agua.

Comer como mínimo 3 veces al día. Esto se debe hacer, aunque no se tenga apetito, ya que es una parte importante del tratamiento, pues permite a nuestro cuerpo fortalecer su estado inmunológico y combatir de una forma más eficaz al virus.

Consumo de alimentos ricos en vitamina C (cítricos, guayabas, kiwi, pimientos rojos y verdes, brócoli, fresas, melón, tomates, mango, papaya, piña, espinacas, chaya, papa, entre otros). Cabe comentar que la cocción de estos alimentos les hace perder propiedades por lo que se recomienda su consumo de forma cruda.

Reposo en cama y de preferencia de una manera aislada.

Evitar cambios bruscos de temperatura, baño con agua templada antes de que anochezca y no acostarse a dormir con el cabello húmedo.

Ropa acorde a las condiciones del clima.

¿Cuáles son las medidas de prevención?

El LAVADO DE MANOS constante es el punto principal de prevención. La OMS recomienda la siguiente técnica para el correcto lavado de manos:

-Mójese las manos con agua.

-Deposite en la palma de la mano una cantidad de jabón suficiente para cubrir la superficie de las manos.

-Frótese las palmas de las manos entre sí.

-Frótese la palma de la mano derecha contra el dorso de la mano izquierda, entrelazando los dedos y viceversa.

-Frótese las palmas de las manos entre sí, con los dedos entrelazados.

-Frótese el dorso de los dedos de una mano con la palma de la mano opuesta, agarrándose los dedos.

-Frótese con un movimiento de rotación el pulgar izquierdo, atrapándolo con la palma de la mano derecha y viceversa.

-Frótese la punta de los dedos de la mano derecha contra la mano izquierda, haciendo un movimiento de rotación y viceversa.

-Enjuáguese las manos con agua.

-Séquese las manos con una toalla de un solo uso

-Utilice la toalla para cerrar el grifo o llave.

DESINFECTAR ÁREAS SÓLIDAS DE USO COMÚN como lo son picaportes de puertas, llaves de lavabos, asideras de muebles, refrigeradores, estufas, vehículos; mesas, pisos, controles remotos, teléfonos, equipos de cómputo, llaves de auto, entre otros. Estas medidas se deben reforzar cuando alguien está enfermo en casa. Un potente desinfectante, económico y fácil de conseguir es el CLORO.

SEPARAR CUBIERTOS Y UTENSILIOS que el enfermo utilice. Cambio frecuente del cepillo de dientes son medidas útiles en la prevención.

El USO DE CUBREBOCAS es una buena medida para evitar la expansión de las gotas que expulsan los pacientes enfermos, además de que evitan que nos toquemos la boca y nariz. El personal de salud debe usar un cubreboca N-95 como parte de protocolo, pero la población en general puede usar un cubrebocas de tipo común. Es importante saber que el cubreboca debe CURBRIR LA NARIZ Y BOCA. Usarlo por debajo de la nariz es una práctica común e inadecuada.

El enfermo debe ESTORNUDAR USANDO EL BRAZO en la parte anterior de codo. Es incorrecto estornudar usando las manos para cubrirse la boca.

NO SE DEBEN UTILIZAR TOALLAS O PAÑUELOS DE TELA. Lo recomendable es usar servilletas o pañuelos desechables, los cuales se utilizan una sola vez y se desechan en una bolsa de plástico exclusiva para esto. Cuando esta bolsa se vaya a desechar, la persona que lo hace deberá usar cubrebocas y lavarse las manos con la técnica correcta de forma inmediata.

Como precaución general, adopte medidas de higiene cuando visite mercados de animales vivos, mercados de productos frescos o mercados de productos animales.

¿Qué tengo que hacer si hay sospecha de estar enfermo de COVID-19?

Acudir al médico.

Usar cubrebocas.

Adoptar y reforzar todas las medidas de higiene previamente descritas.

No automedicarse, evitar el uso de antibióticos, ya que esto es innecesario y contraindicado pues en muchas ocasiones en lugar de ayudar, complica más la enfermedad.

Mantener la calma y no caer en pánico.

El prevenir, combatir y evitar el esparcimiento de esta enfermedad es tarea de todos, por lo que se recomienda estar informados de fuentes fidedignas u oficiales y evitar el esparcimiento por cualquier medio de rumores o fake news (noticias falsas). De hecho, te invito a compartir esta información con otras personas.

Como decía un viejo eslogan publicitario: LA SALUD, ES TAREA DE TODOS.


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Cancún, Q. Roo, México. Marzo del 2020




Bibliografía: