viernes, 1 de noviembre de 2013

Víctimas del Divorcio


Víctimas del Divorcio

Una de las crisis más importantes que sufre el matrimonio, es la disolución del mismo a través del divorcio. Existen una gran cantidad de factores que intervienen para que el divorcio se presente. Desafortunadamente, en los últimos años esta situación se ha incrementado gradualmente.

De acuerdo a datos proporcionados por el INEGI (Instituto Nacional de Estadística y Geografía), en México durante el año 2011, se tuvieron un total de 91,285 divorcios, en 2010 fueron 85,042 y en el 2009 la cifra estuvo en 84,302 divorcios. Hago la aclaración de que estamos hablando de cifras oficiales de divorcios, sin tener en cuenta a los matrimonios o parejas que vivían en unión libre y que únicamente se separaron.

Entre los causales del divorcio se encuentran: la infidelidad de alguno de los cónyuges o de ambos, problemas económicos, la presencia de discapacidades en alguno de los miembros de la familia, la crisis de los cuarentas, violencia intrafamiliar, delincuencia, adicciones (alcohol, drogas, juego, etc.), enfermedad, intromisión de la familia de origen en la relación conyugal, entre otros.

Según el INEGI, en el 2011 las mujeres se divorciaron a los 36 años de edad y los hombres a los 39 años en promedio. Edades que concuerdan muy bien con la llamada crisis de los cuarentas, también conocida como crisis de la mediana edad.

En la actualidad, son tantos los divorcios, que nuestra sociedad se ha acostumbrado a verlos como algo normal y común. Pero lo que muchas veces no se alcanza a percibir es el daño colateral que puede causar a los hijos el cual repercute en su carácter y comportamiento como adultos. De hecho, los hijos de matrimonios divorciados, son por lo general adultos que tienen un gran riesgo de divorcio en sus matrimonios.

En algunas ocasiones los niños son motivo de disputa y un botín preciado, otras veces son ignorados al estar los padres sumidos en su duelo o frustración. Un niño puede crecer con sentimientos de culpa, pensando que él fue el causante de la fractura del matrimonio.

Los hijos de matrimonios divorciados tienen problemas de aprovechamiento escolar, mala conducta, problemas de adaptación social y muchas veces caen en delincuencia y drogadicción. En otras ocasiones, los niños crecen con baja autoestimas, víctimas de bullying escolar e incluso con tendencia a la depresión y suicidio.

Sin darse cuenta, los padres dejan a los hijos en medio del conflicto matrimonial, convirtiéndolos en ocasiones en árbitros o intermediarios o peor aun buscándolos como aliados para que les den la razón o culpar al contrario de la decisión del divorcio. Esta actitud les crea un fuerte conflicto de lealtad y les causa un daño importante.

Es muy común que durante la crisis de la ruptura matrimonial o el proceso del divorcio cada quién por su lado empiece a hablar mal del cónyuge, ya sea directamente al niño o en pláticas de adultos sin tener el cuidado de ellos escuchen. Eso no es adecuado, pues el niño no logra entender y se empiezan a generar en su interior sentimientos de rencor y confusión.

Refugiarse en los hijos para buscar alivio o consuelo, es una actitud egoísta. El niño, no alcanza a entender lo que está sucediendo y el utilizarlos como confidentes, es dar a los menores una carga emocional muy pesada y difícil de manejar, situación que además incrementa su sufrimiento. Es preferible buscar la compañía de un adulto de tu confianza con quién platicar y externar tus sentimientos. Los profesionales en psicología pueden ser una buena opción.

Otro error muy común en los matrimonios que tienen crisis, es pelear delante de los hijos o aun en diferente cuarto pero al alcance de la escucha de los niños. Es generarles angustia, ansiedad, miedo, tristeza innecesaria, dolor. Para que exista una discusión se necesitan dos personas como mínimo. Si tú no participas activamente o te abstienes de entrar al conflicto, tu pareja se cansará y se irá. Es muy difícil establecer un diálogo cuando existe molestia. La discusión se puede tornar tan áspera que incluso puede derivar en violencia física. Cuando se está enojado es difícil llegar a un solución, por el contrario, sólo se generará más conflicto y el que gane de todas formas pierde, y el perdedor acumulará más rencor y en consecuencia más dificultad para dar fin al conflicto de una forma pacífica.

No es correcto usar a los hijos para averiguar cosas de tu pareja o ex-pareja. De hecho, si el niño intenta contarte algo de lo que ha visto en la nueva forma de vida que él tiene, escúchalo y no lo cuestiones, ni hagas que ahonde en explicaciones y evita comentarios.

En este tipo de problemas como lo es el divorcio, es importante mantener la cabeza fría y las ideas claras. No te compadezcas ni compadezcas a tus hijos, no victimices, eso no ayuda a superar la situación.

Otro punto importante que no se debe olvidar es que los niños o adolescentes no tienen la misma capacidad de aceptación o entendimiento que un adulto. Es importante estar pendiente de sus necesidades, de sus sentimientos. No cometas el error de centrarte en tu dolor y olvidar que ellos también sufren.

La confianza y la credibilidad es un punto que se debe fortalecer. Si tú eres el causante de la ruptura conyugal o el que necesita salirse de la casa, no hagas promesas que luego no puedas cumplir a tus hijos. Para ellos sufrir una decepción en esta etapa, puede ser más fuerte que en otras circunstancias.

Por lo general, cuando se llega a un buen arreglo, los padres que se salen de la casa tienen derecho a pasar un día de la semana en compañía de sus hijos. Es en este día en donde los padres intentan compensar la ausencia con regalos costosos, comidas en restaurantes de moda, visitas a centros comerciales y cumpliendo todos los caprichos de los hijos. Este oropel solo hace daño a los niños y adolescentes, quienes se vuelven egoístas e interesados. El amor y el perdón no se ganan con regalos ostentosos o permitiendo conductas inadecuadas que solo malcríen a los hijos.

En un divorcio, los que más pierden, son los hijos y pueden quedar desprotegidos y marcados de por vida. Si tu situación conyugal está a punto de ruptura, evalúa todas las posibles alternativas de solución que existan y trata de ponerlas en práctica. Tampoco se trata de construir castillos en cimientos de cascarón, pues hacer como que no pasa nada, es a la larga el peor remedio que se le pone al problema.

Existe una canción de Laureano Brizuela, que se llama TU ERES PARTE DE MI en la cual se plantea la duda que existe de como el hijo entenderá y juzgará la decisión que él toma al divorciarse. El estribillo dice: ¿Cómo saber si quedarme o seguir? ¿Cómo ser un buen padre, siendo un hombre infeliz? No dudes del amor que siento por ti, y aunque te deje solo, tú eres parte de mí. Te invito a escucharla y reflexionar.

Sólo tú tienes la decisión, pero antes de tomarla, valora todo lo que implicará una ruptura, un divorcio. Recuerda que las consecuencias también las sufrirán tus hijos. ¡Busca ayuda!


Dr. Carlos P. Baquedano Villegas

Cancún, Quintana Roo, México. Noviembre del 2013

 

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