miércoles, 1 de abril de 2026

Osteoporosis: Lo que necesitas saber para proteger tus huesos

 

La osteoporosis es una enfermedad que vuelve los huesos frágiles y porosos. Imagina que el interior de tus huesos es como un panal de abejas; con la osteoporosis, los huecos de ese panal se hacen más grandes, haciendo que el hueso sea mucho más fácil de romper.

Para muchas personas, la palabra osteoporosis evoca imágenes de dolores articulares o simplemente el paso inevitable de los años, pero lo cierto es que existe una gran brecha entre lo que se cree habitualmente y lo que realmente sucede en el cuerpo.

Uno de los mitos más comunes es pensar que la osteoporosis duele. Es muy frecuente que se confunda con la artritis o el desgaste de las articulaciones; sin embargo, la osteoporosis es una "enfermedad silenciosa" que no avisa ni causa molestias hasta que el hueso, ya muy debilitado, se rompe. Otra creencia muy extendida es que perder estatura o encorvarse es una parte "normal" de envejecer, cuando en realidad suele ser la señal de que las vértebras han sufrido pequeñas fracturas que pasaron desapercibidas.

También existe la idea de que es un problema exclusivo de las mujeres. Si bien la menopausia es un factor de riesgo importante, los hombres también la padecen, especialmente después de los 70 años, y en ellos las fracturas suelen ser incluso más serias. Por otro lado, solemos pensar que una caída es la que provoca la fractura de cadera en un adulto mayor, pero la realidad médica nos dice que, muchas veces, el hueso se rompe primero de forma espontánea debido a su fragilidad, y es esa fractura la que hace que la persona pierda el equilibrio y caiga.

Finalmente, hay quienes piensan que una vez que aparece el diagnóstico, ya no hay nada que hacer, o que basta con tomar un vaso de leche al día. La realidad es que nunca es tarde para fortalecer lo que queda: el tratamiento médico, junto con la vitamina D y el ejercicio, pueden detener el daño. El calcio es apenas el "ladrillo" para construir hueso; sin el "cemento" que es la vitamina D y el estímulo del movimiento, el cuerpo no logra reparar su estructura con éxito.

¿Qué está pasando en México?

Es un tema serio de salud pública. Actualmente, 1 de cada 3 mujeres y 1 de cada 5 hombres mayores de 50 años sufrirán una fractura por esta causa. Lo más preocupante es la fractura de cadera, ya que se espera que para el año 2050 estos casos aumenten un 400%.

¿Por qué ocurre?

Nuestros huesos están "vivos" y se renuevan constantemente: unas células (osteoclastos) eliminan el hueso viejo y otras (osteoblastos) fabrican hueso nuevo. La osteoporosis aparece cuando el cuerpo elimina más hueso del que alcanza a reponer.

El proceso de envejecimiento comienza desde el nacimiento y afecta también al sistema óseo. En las primeras etapas de la vida, predominan los osteoblastos sobre los osteoclastos. Al finalizar la adolescencia, ambas células se encuentran en equilibrio; sin embargo, con el avance de la edad, la actividad de los osteoblastos disminuye mientras que la de los osteoclastos aumenta.

El factor de la menopausia

Las mujeres tienen mayor riesgo porque los estrógenos (hormonas femeninas) protegen los huesos. Al llegar la menopausia, estos bajan y el hueso se desgasta mucho más rápido.

La pérdida acelerada: En los primeros 10 años tras la menopausia, una mujer puede perder hasta el 20% de su fuerza ósea total.

Otros riesgos 

El tabaquismo, el consumo de alcohol, la falta de ejercicio y el uso prolongado de ciertos medicamentos (como la cortisona).

 Señales de alerta

  •  Aunque la osteoporosis por si misma no duele, hay señales que no debemos ignorar:
  • Perder estatura poco a poco.
  • Empezar a encorvarse (la famosa "joroba").
  • Dolor de espalda repentino (que puede estar relacionada con fracturas o microfracturas de las vértebras).
  • Fracturas por golpes muy leves o caídas simples. Aunque se suele pensar que las fracturas de cuello de fémur en adultos mayores son causadas por una caída, lo más común es que ocurra una fractura espontánea y que sea esta la que provoque que la persona caiga.

 ¿Cómo se detecta?

El estudio principal se llama Densitometría Ósea. Es rápido, no duele y mide qué tan fuertes están tus huesos.

También existen herramientas como el FRAX, que ayuda a los médicos a calcular qué tanta probabilidad tienes de sufrir una fractura en los próximos 10 años.

¿Cómo podemos prevenirla y tratarla?

La buena noticia es que se puede actuar a tiempo:

Alimentación:

Asegúrate de consumir suficiente calcio y vitamina D.  Para fortalecer tus huesos, no es necesario depender de un solo alimento; el calcio se encuentra en muchas opciones deliciosas que puedes integrar en tu día a día.

Los lácteos son la fuente más conocida porque el cuerpo los aprovecha muy rápido. Los quesos curados como el parmesano, el gruyere y el manchego son los que más calcio concentran, seguidos por la leche y el yogur griego, que además de calcio te ofrece probióticos para tu digestión.

Si prefieres opciones vegetales, el ajonjolí es una verdadera joya nutricional: una sola cucharada aporta casi lo mismo que medio vaso de leche. También puedes incluir un puñado de almendras como colación o preparar platos con legumbres como garbanzos, frijoles blancos y soya. En cuanto a las verduras, el brócoli, el kale y los berros son excelentes; aunque las espinacas tienen mucho calcio, el cuerpo aprovecha mejor el que viene del brócoli.

Una opción práctica y muy mexicana son los pescados con hueso comestible, como los charales o las sardinas en conserva. Al comer la espina (que es muy blanda), obtienes una cantidad altísima de calcio de forma natural. Finalmente, si consumes bebidas de almendra, avena o cereales de caja, revisa la etiqueta: la mayoría vienen fortificados, lo que significa que tienen calcio añadido para ayudarte a cubrir tu meta diaria fácilmente.

Muévete:

Caminar, bailar o hacer ejercicios con pesas ligeras ayuda a que el hueso se "despierte" y se fortalezca.

Evita caídas:

Para prevenir accidentes, asegúrate de tener una buena iluminación, evita el uso de tapetes sueltos y utiliza calzado cómodo. Considera que el baño y las escaleras son las zonas de mayor riesgo, especialmente durante la noche, cuando la visibilidad disminuye.

Tratamientos médicos:

Hoy en día contamos con tratamientos muy eficaces. Algunos impiden que el hueso se debilite y otros ayudan a generar hueso nuevo. Sin embargo, es vital no automedicarse; estos medicamentos requieren una supervisión médica estricta, pues su forma de uso y dosificación dependen de la valoración previa de cada paciente.

Recuerda:

Mantener tus huesos fuertes es la clave para seguir moviéndote con libertad durante toda tu vida.

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Abril del 2026

 

EDITORIALES ANTERIORES

http://cbaquedanomedicofamiliar.blogspot.mx/2012/04/editoriales.html

 

 

Referencias Bibliográficas

 

  • CENETEC. (2018). Diagnóstico y Tratamiento de Osteoporosis en el Adulto. Guía de Evidencias y Recomendaciones: Guía de Práctica Clínica. México.
  • Fundación Internacional de Osteoporosis (IOF). (2023). The Latin America Regional Audit: Epidemiology, costs and burden of osteoporosis.
  • Salmerón, J., et al. (2017). Diagnóstico, prevención y tratamiento de la osteoporosis: Posición de la Asociación Mexicana de Metabolismo Óseo y Mineral. Revista de Endocrinología y Nutrición.

 


lunes, 2 de marzo de 2026


Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas
Especialista en Medicina Familiar

Médico graduado en la Universidad Autónoma de Yucatán, con estudios de postgrado realizados en el Instituto Mexicano del Seguro Social, con reconocimiento uiversitario por parte de la Universidad Autonoma del Estado de Quintana Roo y Certificado por el Consejo Mexicano de Medicina Familiar A.C.




Consultorio:
Médica San Vicente

Dirección:
Súpermanzana 59, Manzana 31, Lote 16, Calle Kumal N. 14 Unidad Morelos, Cancún, Q. Roo, México   (Indicaciones para llegar)

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Lunes - Martes - Jueves - Viernes: 10:30 a 13:00 hrs 
Lunes a Jueves: 17:00 a 20:00
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Fecha de última actualización: 05/02/2026






SARAMPIÓN

¿Tienes 50 años y no quisieron aplicarte la vacuna contra el sarampión? Te explico por qué, pero antes conozcamos un poco más de esta enfermedad a través de esta revisión bibliográfica.

El sarampión es una enfermedad viral altamente contagiosa que, a pesar de la existencia de una vacuna eficaz, sigue siendo una de las principales causas de muerte en niños pequeños a nivel mundial.

1. Etiología

El sarampión es causado por el virus del sarampión, un virus de ARN monocatenario perteneciente al género Morbillivirus de la familia Paramyxoviridae.

Transmisión: Se propaga por contacto directo con gotas infectadas (al toser o estornudar) o por vía aérea. El virus puede permanecer activo y suspendido en el aire hasta por 2 horas.

Huésped: El ser humano es el único huésped natural conocido

 2. Historia

Históricamente, el sarampión ha sido una plaga constante. La primera descripción clínica detallada se atribuye al médico persa Rhazes en el siglo X.

En 1954, Thomas Peebles y John Enders aislaron el virus.

En 1963 se autorizó la primera vacuna en Estados Unidos.

Antes de la vacunación masiva, se estima que el sarampión causaba aproximadamente 2.6 millones de muertes anuales.

 3. Epidemiología Actual (2024-2026)

En los últimos años, se ha observado un resurgimiento global. Esto se debe a la interrupción de las jornadas de vacunación durante la pandemia de COVID-19 y al aumento de las dudas sobre las vacunas.

Zonas críticas: África y el Sudeste Asiático mantienen la mayor carga de morbilidad.

Brotes en Occidente: Países en Europa y América han reportado brotes significativos en poblaciones no vacunadas, perdiendo en algunos casos su estatus de "país libre de sarampión" tal y como le ha sucedido a México en los últimos años.

 4. Síntomas

El cuadro clínico suele evolucionar en etapas:

Periodo de incubación: 10 a 14 días (sin síntomas).

Fase Prodrómica: Fiebre alta, tos, rinitis (moqueo) y conjuntivitis.

Manchas de Koplik: Pequeños puntos blancos en la cara interna de la mejilla (signo patognomónico).

Exantema (Erupción): Inicia en la cara y detrás de las orejas, extendiéndose hacia el tronco y extremidades.

 5. Cuidados y Tratamiento

No existe un tratamiento antiviral específico. El manejo se centra en el alivio de los síntomas y la prevención de complicaciones:

Hidratación: Reposición de líquidos para evitar la deshidratación por fiebre.

Vitamina A: La OMS recomienda la administración de dos dosis de vitamina A a todos los niños diagnosticados, lo que ayuda a prevenir daños oculares y reduce la mortalidad en un 50%.

Aislamiento: Para evitar la propagación a personas vulnerables.

 6. Complicaciones

Las complicaciones son más comunes en niños menores de 5 años y adultos mayores de 30:

Respiratorias: Neumonía (causa más común de muerte por sarampión).

Neurológicas: Encefalitis aguda o la temida panencefalitis esclerosante subaguda (PEES), que es una degeneración cerebral mortal años después de la infección. 

Otras: Ceguera, otitis media y diarrea grave. Las hijos de las mujeres que durante su embarazo se contagian de sarampión, tienen un alto riesgo de nacer con ceguera

7. Medidas de Prevención

La herramienta principal es la vacunación.

Vacuna MMR (Triple Viral): Protege contra sarampión, rubéola y parotiditis.

Esquema: Se requieren dos dosis para asegurar la inmunidad (generalmente a los 12 meses y a los 4-6 años).

Inmunidad de rebaño: Se requiere que el 95% de la población esté vacunada para detener la transmisión comunitaria.

Es importante que si tienes síntomas de una enfermedad respiratoria alta, aun que sea leve, acudas al médico, recuerda que así es como inicia el sarampión. Así mismo, revisa tu cartilla de vacunación.

¿Quiénes se deben vacunar? 

Todos los menores de 10 años, adultos menores de 50 años que tengan su esquema de vacunación incompleto, que hayan extraviado su cartilla de vacunación o que así deseen hacerlo.

¿Por qué no vacunan a las personas mayores de 50 años?

La razón principal por la que la mayoría de las personas mayores de 50 años (específicamente los nacidos antes de 1957, según criterios internacionales de salud como los del CDC) no necesitan vacunarse por la inmunidad natural adquirida.

 Aquí te explico los detalles:

Exposición Universal

Antes de que la vacuna se comercializara y distribuyera masivamente en la década de 1960, el sarampión era tan increíblemente contagioso que se consideraba una enfermedad universal de la infancia.

Se estima que casi el 100% de los niños se infectaban antes de cumplir los 15 años.

Al haber sobrevivido a la enfermedad de forma natural, sus cuerpos desarrollaron anticuerpos de por vida.

Memoria Inmunológica

A diferencia de otras vacunas (como la de la gripe o el refuerzo del tétanos), la inmunidad que genera el virus salvaje del sarampión es permanente.

Las personas que tuvieron sarampión de niños tienen una protección "de acero" que no se desvanece con el tiempo, por lo que una vacuna adicional no les aportaría un beneficio significativo.

El factor "1957"

Los organismos de salud suelen marcar el año 1957 como el punto de corte. ¿Por qué?

Porque antes de ese año no existía la vacuna.

Si alguien nació antes de 1957, vivió al menos 6 o 7 años en un entorno donde el virus circulaba libremente sin ningún tipo de control vacunal, lo que garantiza prácticamente que ya estuvieron expuestos.

Recuerda: Vacunarse es un derecho y una obligación ¡Vacúnate!

 

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Marzo del 2026

 

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http://cbaquedanomedicofamiliar.blogspot.mx/2012/04/editoriales.html

 

 

Bibliografía

·       Organización Mundial de la Salud (OMS). (2024). Notas descriptivas: Sarampión.

·       Centers for Disease Control and Prevention (CDC). (2025). Measles (Rubeola): Clinical Features and Epidemiology.

·       Kliegman, R. M., et al. (2020). Nelson Textbook of Pediatrics. 21st Edition. Elsevier.

·       Pan American Health Organization (PAHO). (2024). Epidemiological Updates: Measles in the Region of the Americas.




sábado, 31 de enero de 2026

FRÍO: EL IMPACTO EN EL CUERPO

En fechas recientes, el mundo ha experimentado temperaturas inusualmente bajas. Mientras que para algunos esto representa un motivo de diversión, para otros se traduce en una verdadera tragedia. No obstante, más allá de las implicaciones socioeconómicas, el frío, conocido popularmente como “heladez” en la Península de Yucatán, también provoca diversas afectaciones en nuestro cuerpo.

El ser humano es un organismo homeotermo, lo que significa que necesitamos mantener una temperatura interna constante para que nuestras células y procesos metabólicos funcionen correctamente. Esta temperatura ideal oscila entre los 36.5°C y los 37.5°C. Cuando el entorno nos somete a temperaturas bajas extremas, el cuerpo inicia una batalla fisiológica dramática para preservar el calor en los órganos vitales, sacrificando a menudo las extremidades y funciones periféricas en el proceso.

La Respuesta Inicial y la Hipotermia

Cuando la temperatura corporal desciende, el hipotálamo (el termostato del cerebro) activa mecanismos de defensa inmediatos. El primero es la vasoconstricción periférica: los vasos sanguíneos de la piel, manos y pies se estrechan para redirigir la sangre caliente hacia el "núcleo" (corazón, pulmones y cerebro). El segundo mecanismo son los escalofríos (tiritona), contracciones musculares involuntarias diseñadas para generar calor mediante fricción interna.

Sin embargo, si la exposición continúa y los mecanismos de compensación fallan, se presenta la hipotermia. Esta condición clínica se define cuando la temperatura corporal central desciende por debajo de los 35°C. A partir de este punto, el frío deja de ser una sensación incómoda para convertirse en una amenaza sistémica que altera el funcionamiento de todos los órganos.

El frío no afecta al cuerpo de manera uniforme; ataca sistema por sistema, reduciendo la actividad metabólica y la capacidad de respuesta.

Sistema Nervioso Central (El primero en fallar)

El cerebro es extremadamente sensible a la temperatura. A medida que esta baja, la actividad enzimática cerebral se ralentiza.

Síntomas: Inicialmente hay confusión, pérdida de coordinación motora (ataxia) y dificultad para hablar.

Fase Crítica: Si la temperatura baja de los 32°C, aparece la apatía y el letargo. El frío actúa como un anestésico progresivo; la persona deja de sentir frío y dolor, entrando en un estado de somnolencia que precede al coma.

Sistema Cardiovascular

El corazón sufre un estrés inmenso. Al principio, la frecuencia cardíaca aumenta (taquicardia) para bombear sangre, pero con la hipotermia severa, ocurre lo contrario:

Bradicardia: El corazón late cada vez más lento.

Arritmias: El músculo cardíaco se vuelve irritable y propenso a la fibrilación ventricular (un ritmo caótico y mortal).

Colapso: La sangre se vuelve más viscosa (espesa) debido al frío, lo que obliga al corazón a trabajar más duro, aumentando el riesgo de paro cardíaco.

Sistema Respiratorio

El frío deprime el centro respiratorio en el cerebro.

La respiración se vuelve lenta y superficial (bradipnea).

Los mecanismos de defensa pulmonar, como los cilios que limpian el moco, se paralizan, aumentando el riesgo de infecciones posteriores.

En casos severos, puede ocurrir edema pulmonar (líquido en los pulmones).

Sistema Digestivo y Renal

Dado que el cuerpo prioriza el cerebro y el corazón, el flujo sanguíneo al sistema digestivo se corta casi por completo pudiendo provocarse:

Íleo paralítico: El movimiento de los intestinos se detiene, lo que impide la digestión.

Diuresis por frío: Curiosamente, el frío provoca ganas de orinar. Al contraerse los vasos sanguíneos periféricos, aumenta la presión arterial central; los riñones interpretan esto como un exceso de líquido y filtran más orina, lo que irónicamente acelera la deshidratación.

Enfermedades y Lesiones Específicas

Más allá del fallo sistémico, el frío causa daños localizados en los tejidos: 

Congelación (Frostbite): Ocurre cuando se forman cristales de hielo dentro de las células, rompiendo las membranas celulares. Afecta nariz, orejas, dedos de manos y pies. Puede llevar a la necrosis (muerte del tejido) y amputación. 

Pie de Trinchera (Pie de inmersión): Causado por la exposición prolongada a frío húmedo (no necesariamente congelante). Daña los nervios y vasos sanguíneos, causando dolor crónico.

Sabañones (Eritema pernio): Inflamación dolorosa de pequeños vasos sanguíneos en la piel en respuesta al calentamiento súbito después de la exposición al frío.

Complicaciones y Cuidados Correctos

La complicación más grave es la muerte por fibrilación ventricular (paro cardíaco) al intentar mover a la víctima bruscamente o recalentarla incorrectamente.

Cuidados Correctos y Protocolo de Actuación

El tratamiento de una víctima de frío extremo requiere delicadeza:

Evitar la pérdida de calor: Retirar a la persona del ambiente frío y quitarle la ropa húmeda inmediatamente.

Recalentamiento Pasivo y Gradual: Cubrir con mantas secas y calientes. Es crucial calentar el tronco (tórax y abdomen) primero.

Advertencia: Si se calientan primero las manos y los pies, la sangre fría y ácida estancada en las extremidades volverá al corazón, causando el "choque de recalentamiento" o un paro cardíaco.

No frotar: Nunca se debe frotar la piel congelada, ya que los cristales de hielo internos actuarán como cuchillas, destruyendo los tejidos.

Hidratación: Si la persona está consciente y puede tragar, ofrecer bebidas tibias y dulces (para reponer glucosa). Nunca dar alcohol, ya que dilata los vasos sanguíneos y acelera la pérdida de calor. 

Conclusión

El frío es un enemigo silencioso que desmantela las funciones vitales del cuerpo humano de manera jerárquica, apagando primero lo prescindible y finalmente lo vital. Comprender que la hipotermia no es solo "tener frío", sino una emergencia médica que afecta la mente, el corazón y el metabolismo, es vital para brindar los cuidados adecuados y evitar daños irreversibles.

 

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Febrero del 2026

 

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Bibliografía

Hall, J. E., & Hall, M. E. (2021). Guyton y Hall: Tratado de Fisiología Médica (14.ª ed.). Elsevier.

Tintinalli, J. E., et al. (2018). Tintinalli. Medicina de urgencias: A la cabecera del paciente (8.ª ed.). McGraw-Hill Education.

Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). (2022). Hipotermia y congelación: Prevención y tratamiento. Recuperado de www.cdc.gov

Mayo Clinic. (2023). Hipotermia: Síntomas y causas. Recuperado de www.mayoclinic.org

Auerbach, P. S. (2016). Wilderness Medicine (7.ª ed.). Elsevier. (Referencia para medicina en entornos silvestres y temperaturas extremas).




jueves, 1 de enero de 2026

SUPER GRIPE

 ¿Te has enfermado en las últimas fechas de gripe? ¿Conoces a alguien que haya presentado una enfermedad de las vías respiratorias y que, junto con él, se haya enfermado toda su familia?

Es común que en esta temporada de bajas temperaturas se presenten enfermedades respiratorias, las cuales se propagan con facilidad debido a las reuniones de fin de año, convivios, festividades y actividades culturales.

El contagio suele ser rápido y sencillo, en gran parte porque hemos dejado de aplicar las medidas preventivas que nos enseñó la pandemia de COVID-19.

En fechas recientes, una nueva cepa del virus de la influenza se ha hecho presente en Europa y ya circula en el continente americano: la llamada SUPER GRIPE.

Hablemos de ella.

Se trata de una variante del virus de la influenza A (H3N2), específicamente del subclado K (una rama más específica dentro de un grupo evolutivo mayor que comparte características genéticas particulares). Esta variante ha generado alertas sanitarias a finales de 2025 debido a su alta contagiosidad y a la intensidad de sus síntomas. Aunque no es un virus nuevo, esta mutación ha facilitado su propagación en Europa, Asia y América.

A diferencia de un resfriado común, los síntomas suelen aparecer de manera repentina y con mayor severidad, siendo éstos:

Fiebre alta: generalmente entre 38 °C y 40 °C, difícil de controlar con medicamentos habituales.

Agotamiento extremo: fatiga intensa que puede prolongarse varios días o incluso semanas.

Dolores intensos: musculares (mialgias), articulares y cefalea severa.

Problemas respiratorios: tos seca persistente, dolor de garganta y congestión nasal.

Síntomas gastrointestinales: en niños es frecuente la presencia de náuseas, vómitos y diarrea.

Una gripe bien atendida suele evolucionar favorablemente en un periodo de 5 a 7 días. Sin embargo, las personas con factores de riesgo —como niños menores de 5 años, adultos mayores y personas inmunocomprometidas que padecen diabetes mellitus, hipertensión arterial, asma, cáncer, enfermedades pulmonares crónicas o enfermedades inmunológicas— tienen mayor riesgo de presentar complicaciones.

Prevención

La prevención es fundamental. Aunque en ocasiones el contagio es inevitable, ante la presencia de síntomas es indispensable evitar la transmisión a otros integrantes de la familia.

Medidas preventivas

Lavado constante de manos.

Es la principal medida de prevención. La OMS recomienda la siguiente técnica:

1.    Mójese las manos con agua.

2.    Deposite en la palma de la mano una cantidad suficiente de jabón.

3.    Frótese las palmas entre sí.

4.    Frótese la palma de la mano derecha contra el dorso de la izquierda, entrelazando los dedos, y viceversa.

5.    Frótese las palmas con los dedos entrelazados.

6.    Frótese el dorso de los dedos de una mano con la palma de la mano opuesta.

7.    Frótese el pulgar de cada mano con movimiento de rotación.

8.    Frótese la punta de los dedos contra la palma opuesta con movimiento circular.

9.    Enjuáguese con agua.

10. Séquese con una toalla de un solo uso.

11. Utilice la toalla para cerrar el grifo.

Se debe realizar desinfección de superficies de uso común, como picaportes, llaves de lavabos, manijas de muebles, refrigeradores, estufas, vehículos, mesas, pisos, controles remotos, teléfonos, equipos de cómputo y llaves de automóvil. Estas medidas deben reforzarse cuando hay un enfermo en casa. Un desinfectante eficaz, económico y fácil de conseguir es el cloro.

Separar cubiertos y utensilios del enfermo, así como realizar el cambio frecuente del cepillo dental.

Uso de cubrebocas. Es una medida efectiva para evitar la dispersión de gotas respiratorias y reduce el contacto con boca y nariz. El personal de salud debe usar cubrebocas N-95; la población general puede usar cubrebocas comunes. Es fundamental que cubra nariz y boca. Usarlo por debajo de la nariz es una práctica incorrecta.

Etiqueta respiratoria. El enfermo debe estornudar o toser en el ángulo interno del codo. Es incorrecto hacerlo cubriéndose con las manos.

Evitar toallas o pañuelos de tela. Se recomienda usar pañuelos o servilletas desechables, utilizarlos una sola vez y desecharlos en una bolsa exclusiva. Al eliminar esta bolsa, la persona debe usar cubrebocas y lavarse las manos inmediatamente.

Como precaución adicional, adopte medidas de higiene al visitar mercados de animales vivos, productos frescos o de origen animal.

Estas medidas son las mismas que se aplicaron durante la pandemia de COVID-19 y que demostraron ser altamente efectivas.

Tratamiento

El tratamiento se enfoca en aliviar los síntomas, disminuir el malestar general y, en algunos casos, utilizar antivirales. Se recomienda reposo, abundante ingesta de líquidos y una alimentación saludable.

Es importante recalcar que en las gripes NO SE DEBEN UTILIZAR ANTIBIÓTICOS, salvo indicación médica.

Acuda al médico para una valoración adecuada y para la detección oportuna de complicaciones. Si algún miembro de la familia presenta dificultad respiratoria o empeoramiento de los síntomas, debe recibir atención médica de urgencia.

Finalmente, algo muy importante que no se debe olvidar:

NO TE AUTOMEDIQUES.

 

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. 01 de Enero del 2026

 


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lunes, 1 de diciembre de 2025

NEGACION A LA ENFERMEDAD

 

Juan, de 37 años, acude a mi consultorio por presentar lesiones que afectan la piel y las uñas de los pies desde hace tiempo. Al preguntarle por sus antecedentes, refiere que su madre es diabética y que él trabaja como chofer por largos períodos, lo que lo lleva a consumir alimentos chatarra y refrescos de cola en abundancia para mantenerse despierto. Debido a esto, presenta micción frecuente y cansancio constante.

Al revisarlo, encuentro que tiene un proceso de micosis y onicomicosis avanzado. Le realizo una prueba capilar para la medición de glucosa y el resultado es de 437 mg/dL.

Le explico al paciente que, por sus antecedentes personales y familiares, los síntomas y la glucosa detectada en sangre permiten concluir que presenta Diabetes Mellitus Tipo 2, lo cual ha favorecido que los hongos presentes en los pies no mejoren, sino que, todo lo contrario, se perpetúen y progresen.

El paciente me dice que no puede ser, porque no se siente tan mal y me pide que le haga más estudios porque a su juicio él no tiene síntomas de Diabetes.

Hasta aquí el diálogo con el paciente en esa consulta. Ahora analicemos la situación, que es el objetivo de este artículo.

Médicamente, los antecedentes clínicos de una persona y su familia, junto con las pruebas de laboratorio y el examen médico en la consulta, dan la pauta confiable para emitir un diagnóstico. En el caso del paciente Juan, los tres criterios reportaron datos contundentes de Diabetes Mellitus Tipo 2.

Sin embargo, la actitud del paciente ante una realidad definitiva en cuanto a su salud, no es la más adecuada o idónea para afrontar un problema de salud. Pero sí es una actitud bastante común cuando se recibe un diagnóstico desfavorable.  

La negación de la enfermedad es un proceso psicológico y desafiante para los profesionales de la salud.

La experiencia de recibir un diagnóstico médico, especialmente cuando se trata de una condición crónica, incapacitante o potencialmente mortal, constituye un punto de inflexión en la vida de cualquier persona. No sólo se altera la percepción de la salud, sino también la identidad, los planes futuros y la relación con el propio cuerpo. En este contexto, la negación surge como una de las respuestas más frecuentes y profundas.

Comprender este fenómeno es fundamental tanto para los profesionales de la salud como para las familias y los propios pacientes, ya que influye directamente en la adherencia al tratamiento, la calidad de vida y el pronóstico.

La negación se entiende como un mecanismo de defensa psicológico que actúa para proteger a la persona del impacto inicial de una realidad dolorosa. No se trata simplemente de ignorar la enfermedad, sino de un proceso que implica minimizar, reinterpretar o incluso rechazar la información médica.

En muchos casos, la negación aparece de manera automática e involuntaria: la mente busca amortiguar el golpe emocional para evitar un colapso inmediato. Lejos de ser un síntoma de irracionalidad, es una respuesta humana que revela la dificultad de integrar una noticia que desafía la estabilidad emocional.

Este fenómeno se conecta estrechamente con las etapas del duelo descritas por Elisabeth Kübler-Ross. Ante un diagnóstico significativo, la persona entra en un proceso de duelo no por la muerte física, sino por la pérdida de su estado previo de salud, de la sensación de control sobre su cuerpo y, en ocasiones, de su identidad social. La negación constituye la primera etapa, donde se instala la idea: “Esto no puede estar pasándome a mí”. 

Posteriormente puede surgir la ira, la negociación, la depresión y finalmente la aceptación. No obstante, la negación no siempre es lineal; puede reaparecer en momentos de crisis, recaídas o decisiones difíciles, funcionando como un mecanismo de contención emocional intermitente.

Aunque la negación puede ser adaptativa en fases breves (al brindar tiempo para reorganizarse emocionalmente), sus efectos se vuelven perjudiciales cuando se prolonga o se profundiza.

Una negación persistente puede llevar a rechazar tratamientos, interrumpir medicaciones, no asistir a consultas o minimizar señales de alarma. Esto tiene implicaciones clínicas graves: se deteriora la evolución de la enfermedad, se retrasan intervenciones oportunas y se generan complicaciones que hubieran podido prevenirse. Además, la negación tiene efectos relacionales, pues puede provocar tensiones en la familia, que se debate entre respetar la autonomía del paciente y la preocupación por su bienestar.

Las enfermedades que con mayor frecuencia se niegan comparten características emocionales y sociales. Por una parte, se niegan con frecuencia las enfermedades crónicas, como diabetes, hipertensión o insuficiencia renal, porque requieren cambios significativos de estilo de vida que muchos pacientes no se sienten preparados para enfrentar. Por otra, las enfermedades psiquiátricas (como la depresión, la esquizofrenia o los trastornos por consumo de sustancias) suelen ser negadas debido al estigma social y a la falta de percepción que caracteriza algunas condiciones. Asimismo, diagnósticos graves como el cáncer, el VIH o las enfermedades neurodegenerativas generan miedo y rechazo automático, expresado en frases como: “Los estudios están mal hechos” o “Debe haber un error”.

Es importante destacar que la negación también tiene un trasfondo cultural. En sociedades donde la enfermedad se ve como un signo de debilidad, donde el acceso a información es limitado o donde predominan creencias fatalistas, la negación puede intensificarse o prolongarse. De igual modo, los sistemas de salud que no proporcionan comunicación clara y empática contribuyen a que los pacientes se aferren a interpretaciones erróneas o esperanzas poco realistas.

Frente a este fenómeno, el desafío para los profesionales de la salud recae no en confrontar al paciente con dureza, sino en acompañar su proceso emocional. La comunicación debe ser empática, clara, gradual y abierta a preguntas. Promover un espacio donde la persona pueda expresar miedo, rabia o confusión facilita el tránsito hacia la aceptación. La presencia y apoyo de la familia también juega un papel crucial, pues puede contribuir a fortalecer la adherencia y la toma de decisiones informadas.

En conclusión, la negación de la enfermedad no es un acto de obstinación, sino un proceso psicológico complejo que refleja el impacto profundo que un diagnóstico médico puede tener en la vida de una persona. Su relación con las etapas del duelo muestra que la aceptación no se da de inmediato, sino que requiere tiempo, acompañamiento y comprensión. Reconocer las implicaciones de la negación y las enfermedades que suelen gatillarla permite diseñar estrategias más humanas y efectivas de atención, donde el paciente no solo reciba tratamiento médico, sino también apoyo emocional para asumir su nueva realidad con dignidad y esperanza.

 

Dr. Carlos Primitivo Baquedano Villegas

Especialista en Medicina Familiar

 

Cancún, Quintana Roo, México. 01 de diciembre del 2025

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